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Que la figura
de Dave Mustaine levante pasiones
no debe extrañar a nadie.
Ya hemos hablado bastantes veces
de este asunto. Es uno de los
personajes más carismáticos
de la historia del heavy metal,
siempre visto desde el atractivo
que produce el proscrito. Indudablemente,
si Megadeth no hubieran editado
discos memorables el efecto
estaría mitigado pero
la personalidad de MegaDave
y rodearse de un conjunto cambiante
de músicos excelentes
completaron el proceso de canonización
metalera de nuestro protagonista.
La gira de
“United abominations”
tenía parada en Madrid
en este día tan atípico
del calendario. Según
se desprendía de las
distintas crónicas, el
periplo europeo estaba siendo
todo lo exitoso que se preveía.
El disco ha cosechado multitud
de elogios y la combinación
entre composiciones nuevas y
clásicos inmortales no
suele fallar. Asimismo, el tour
contaba con la primera aparición
del gran Chris Broderick a las
seis cuerdas sustituyendo a
Glenn Drover. Para mí,
este hecho era menor porque
si bien el mayor de los Drover
es un magnífico guitarrista,
el ex Jag Panzer es una máquina,
una de las joyas ocultas del
underground americano.
La expectación
era tal que casi con un mes
de antelación se agotaron
las aproximadamente mil setecientas
localidades que componen el
aforo de Macumba. Por desgracia,
no se pudo reubicar (La Riviera,
el lugar idóneo, albergaba
un concierto de The Mars Volta
y un pabellón hubiera
sido excesivo) por lo que mucha
gente se quedó con las
ganas de ver, de nuevo, al cuarteto,
nueve meses después de
su descarga en el Monsters Of
Rock de Zaragoza. No obstante,
he de apuntar que si bien la
sala estaba repleta aquello
no era un hervidero insoportable.
A pesar de que me cuentan que
se puso un último taco
a la venta los días previos,
el ambiente era cargado, muy
animoso, pero lo suficientemente
respirable para no ahogarnos.
Con puntualidad
británica, no era para
menos porque los teloneros venían
de la otrora Pérfida
Albión, se abrieron las
puertas a las siete y media.
A esa hora, la cola en la estación
de Chamartín (Macumba
está en sus instalaciones)
era enorme, propia de las grandes
tardes, tipo Dio o Within Temptation.
El público estaba ávido
de Megadeth pero muchos también
tenían curiosidad por
escuchar a Evile, la joven formación
británica que tan buenas
críticas ha tenido con
su debut “Enter the grave”.
Debido a esto y, sin duda, a
la promoción de la que
han gozado, consiguieron el
puesto en detrimento de una
encuesta de Internet que dio
vencedores a los canadienses
Warmachine pero que, posteriormente,
el propio Mustaine tomó
como referencia pero invalidó
su resultado.
Con Macumba
medio llena, la banda de Huddersfield
saltó a escena bajo los
acordes de la típica
intro de presentación
y se dispuso a atacar “First
blood”. Esta gente empezó
como tributo a Metallica, denominándose
Metal Militia aunque, curiosamente,
no son Hetfield, Hammett, y
demás su principal influencia
ya que el nombre de Slayer sobrevuela
continuamente cada una de sus
composiciones. Siendo Evile
un grupo que me ha sorprendido
positivamente creo que, hoy
por hoy, aún no son tanto
como se comenta porque sobre
todo en estos primeros temas
se notó que les falta
algo de sentido de la melodía.
¡Ojo! No quiero decir
que sean melódicos, que
para eso son thrash, sino que
el nivel que demuestran en los
riffs no se ve correspondido
en el punteo de guitarras ni
en la forma de cantar de Matt
Drake, un tanto lineal. Esto
se manifestó en la mencionada
“First blood” y
“Thrasher”, dos
cortes muy directos, apañados,
pero no excesivamente destacables.
Con “We
who are about to die”
la cosa mejoró sustancialmente
porque sus más de siete
minutos de duración permitieron
la irrupción de cambios
de ritmos y diversos pasajes
que no hicieron sino dar frescura
a la propuesta del cuarteto.
Además, se pudo ver en
acción a la potente base
rítmica que complementa
bien la actuación de
de Matt y Ol Drake. Evile no
es una banda con una puesta
en escena espectacular, quizá
les falte aún acostumbrarse
a estos recintos de capacidad
media alta, pero sí que
ofrecieron una dosis notable
de headbanging, algo a lo que
los presentes respondieron de
forma similar.
De todas las
que interpretaron, sin duda,
mi favorita es “Bathe
in blood”, con un aroma
Bay Area acusado y que supuso
el cenit de su descarga gracias
a ese demoledor y marcial comienzo.
Para concluir, el tema título
y su hasta ahora canción
estrella, “Enter the grave”.
En las primeras filas se montó
un pequeño pogo que pareció
ser el signo de aprobación
para la formación inglesa.
Obviamente no han inventado
nada y tienen algunas cosas
que mejorar que ya hemos ido
apuntando, pero su debut es
un álbum que contiene
un puñado de buenas composiciones
que en directo superaron la
prueba. El futuro del género
pasa, entre otros grupos, por
ellos.
Como ocurre
normalmente en este tipo de
eventos relacionados con bandas
míticas, aguardando la
salida de Megadeth uno se imaginaba
por dónde discurriría
el repertorio. Siempre han sido
bastante dados a presentar un
número apreciable de
temas nuevos para validar la
vigencia actual de su obra.
Junto a ellos, existen determinados
cortes que jamás pueden
faltar pero no se puede nunca
dejar de lado la capacidad de
impactar al fan con algo menos
predecible y más oscuro.
A las nueve de la noche ya no
faltaba nadie. Todo el mundo
se aprestaba a disfrutar del
show de los californianos.
Mis antecedentes
con Megadeth no habían
sido completamente satisfactorios.
Incomprensiblemente sólo
les había visto dos veces
y en ambas, siendo conciertos
buenos, me quedé con
la sensación de que son
inferiores a sus discos de estudio.
La razón es muy sencilla.
Mustaine no es un gran cantante
(ni falta que hace) por lo que
el hilillo de voz que tiene
no debe quedar opacado por el
resto de instrumentos. Si el
sonido no es, cuanto menos,
notable, las actuaciones se
resienten. Básicamente,
a mí me volvió
a quedar esa impresión
este viernes.
La excelente
“Sleepwalker”, apertura
de “United abominations”,
fue la bienvenida con que nos
dispensaron. El barullo era
importante, tanto entre la gente
(por su euforia) como en las
tablas (por la escasa nitidez).
Esto último se fue corrigiendo
pero no hasta alcanzar los parámetros
deseados, no sólo por
el problema de que Mustaine
quedaba tapado por la música
sino también porque las
guitarras, en especial la de
MegaDave, chirriaba en exceso,
tenía una tonalidad tremendamente
aguda lo que alteraba la esencia
de las composiciones.
Sin mediar
palabra encararon “Wake
up dead” que parece cómoda
en segunda posición del
cartel porque casi siempre ocupa
ese lugar y a continuación
“Take no prisoners”,
una de mis preferidas que no
me convenció al no acabar
de escuchar bien sus distintos
matices. Además de lo
comentado sobre el líder,
me gustaría añadir
que el resto de músicos
estuvieron como se espera de
ellos, sobresalientes. James
Lomenzo parece haber abandonado
el papel de borrachuzo que tenía
en Black Label Society y hoy
en Megadeth recuerda más
al de sus días de White
Lion (pelo liso, sin barba,
decentemente vestido) que al
secuaz de Zakk Wilde en sus
delirios etílicos. En
teoría era el apoyo de
Dave en los coros pero poco
se le escuchó. Shawn
Drover suscita opiniones encontradas
pero a mí me gustó
mucho su ejecución. Por
su parte, las miradas se centraban
en Chris Broderick. Le considero
un privilegiado y capaz de afrontar
los más difíciles
retos, como puede ser el estigma
Marty Friedman, pero es evidente
que Chris estuvo francamente
bien aunque considero que desde
que se marchó Marty todos
los sustitutos (Al Pitrelli,
Glenn Drover y Broderick) son
más que dignos. ¿Que
no llegan al genial guitarrista?
A lo mejor sí, pero mancos
no son.
Con “Skin
of my teeth” llegó
uno de los momentos más
calientes de la noche porque
este canción se encuentra
entre las más populares
y aciertan de pleno recuperándola
en esta gira en detrimento de
“Sweating bullets”
que también mola pero
queda por debajo de “Skin”.
La euforia se mantuvo en “Washington
is next!”, la elegida
para perdurar de “United
abominations”, que fue
de las que mejor cantó
Mustaine y, por lo tanto, de
las que brillaron más.
“Kick the chair”
se ha convertido por derecho
en un clásico de la última
etapa. Fue la única representante
de “The system has failed”
aunque este álbum tuvo
mejor que trato que otros como
“Risk”, “The
world needs a hero” (estos
dos con razón) o, incomprensible,
“Killing is my business”,
que quedaron vírgenes.
No obstante,
Megadeth tuvieron la inteligencia
de crear un repertorio muy equilibrado
porque las nuevas las esparcieron
entre distintos cortes de su
carrera por lo que el presumible
efecto narcótico de la
falta de costumbre ante material
reciente quedó completamente
diluido. Con “In my darkest
hour” noto que el oscuro
sentimiento que desprende no
se logra captar encima del escenario.
Sí, es muy buena pero
no llega al feeling original,
al menos para mí. Quizá
la permitiría descansar
una temporada para introducir
“Liar”, “Hook
in mouth” o “Mary
Jane”. No hablo de “Anarchy
in the U.K.” porque es
imposible. Nada de eso sucede
con “Hangar 18”,
y casi podríamos extrapolarlo
a cualquier composición
de “Rust in peace”,
celebrada con algarabía.
“Gears
of war” pasa por ser la
canción más accesible
de “United abominations”
y fue presentada (en las pocas
intervenciones que tuvo Mustaine
en la velada) como el tema de
los videojuegos. Personalmente
me resulta un poco insulsa pero
la gente parecía disfrutar.
No se sabía si “A
tout le monde” sería
ejecutada en su versión
“Youthanasia” o
con el lavado de cara que le
han dado en “United abominations”.
Si hubiera sido esto último,
la voz de la Scabbia (Lacuna
Coil) aparecería sampleada
pero no, fue un “A tout
le monde” en estado puro
cosa que es de agradecer aunque,
desgraciadamente, también
supuso denostar “Reckoning
day” o “Train of
consequences”.
Para retornar
a la tralla, otra de “Rust
in peace” para deleite
del respetable, la genial “Tornado
of souls” que puso Macumba
patas arriba con una canción
que no por habitual deja de
ser imprescindible. En el apartado
de no esperadas hay que marcar
a fuego “Ashes in your
mouth”. Es increíble
pero aun aplaudiéndolo,
es una pena porque no se encuentra
entre mis favoritas. Quizá
resultó el corte que
menos comunión suscitó
entre banda y público
pero Megadeth se anotaron un
tanto porque “Ashes in
your mouth” sí
que se puede considerar rara
de oír en directo. Esta
calma se mantuvo con “Burnt
ice”, que cierra “United
abominations” con uno
de los mejores solos del disco
que tuvimos oportunidad de disfrutar
esta noche. Sin embargo, no
creo que “Burnt ice”
pase el corte en futuras giras.
Broderick permaneció
en el escenario y tras hacer
un breve pero impresionante
ejercicio de rapidez de dedos
en el mástil dibujó
el riff más conocido
del grupo, “Symphony of
destruction”. Habiendo
visto “That one night:
Live in Buenos Aires”
me temía lo peor mas
esperaba que la audiencia no
lo hiciera. Con la primera estrofa
se disiparon las dudas. Sí,
el “Megadeth, aguante
Megadeth” por encima del
riff fue coreado por la inmensa
mayoría. A mí
me fastidió la canción
pero a otros, supongo que a
todos los que cantaban, les
parecería estupendo.
Cuestión de gustos…
como también lo es “Trust”,
tema que no me dice nada, me
resulta demasiado comercial
para Megadeth pero que recibió
sensacional acogida, en especial
cuando Mustaine cantó
el último estribillo
en castellano.
Casi sin quererlo,
la actuación llegaba
a su final cuando James Lomenzo
se quedó con el bajo
y a golpe de pulsión
desembocó en “Peace
sells”. Teóricamente
justo antes del genial cambio
debe meter “Mechanix”
como así sucedió
en tours pretéritos y
en algunas fechas de éste,
pero no, MegaDave decidió
que el “mecánico”
no tenía que arreglar
nada por lo que “Peace
sells” dio carpetazo a
ochenta y dos minutos de descarga.
Lógicamente, quedaba
algo más pero cuál
fue mi sorpresa que ese “algo”
era sólo un tema como
bis porque Mustaine anunció
“Holy wars” y, entonces,
ya estaba todo el pescado vendido.
Mencionar que Chris Broderick
pifió una línea
pero eso no empañó
su gran actuación.
Con la ovación
pertinente y tras, exactamente,
una hora y media, Megadeth se
despidieron. Había sido
un buen concierto pero, una
vez más, en mi cerebro
quedó como algo inconcluso.
Me vuelvo a marchar con la idea
de que pueden y deben ofrecer
más. Poseen los argumentos
para ello y, encima, están
en un buen estado de forma en
cuando a inspiración
con los discos de estudio. Es
una pena que siga sin ver mi
show soñado. Otra vez
será.
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Megadeth

Evile




Megadeth







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