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MEGADETH+EVILE

Sala Macumba (Madrid) 29-02-2008

Que la figura de Dave Mustaine levante pasiones no debe extrañar a nadie. Ya hemos hablado bastantes veces de este asunto. Es uno de los personajes más carismáticos de la historia del heavy metal, siempre visto desde el atractivo que produce el proscrito. Indudablemente, si Megadeth no hubieran editado discos memorables el efecto estaría mitigado pero la personalidad de MegaDave y rodearse de un conjunto cambiante de músicos excelentes completaron el proceso de canonización metalera de nuestro protagonista.

La gira de “United abominations” tenía parada en Madrid en este día tan atípico del calendario. Según se desprendía de las distintas crónicas, el periplo europeo estaba siendo todo lo exitoso que se preveía. El disco ha cosechado multitud de elogios y la combinación entre composiciones nuevas y clásicos inmortales no suele fallar. Asimismo, el tour contaba con la primera aparición del gran Chris Broderick a las seis cuerdas sustituyendo a Glenn Drover. Para mí, este hecho era menor porque si bien el mayor de los Drover es un magnífico guitarrista, el ex Jag Panzer es una máquina, una de las joyas ocultas del underground americano.

La expectación era tal que casi con un mes de antelación se agotaron las aproximadamente mil setecientas localidades que componen el aforo de Macumba. Por desgracia, no se pudo reubicar (La Riviera, el lugar idóneo, albergaba un concierto de The Mars Volta y un pabellón hubiera sido excesivo) por lo que mucha gente se quedó con las ganas de ver, de nuevo, al cuarteto, nueve meses después de su descarga en el Monsters Of Rock de Zaragoza. No obstante, he de apuntar que si bien la sala estaba repleta aquello no era un hervidero insoportable. A pesar de que me cuentan que se puso un último taco a la venta los días previos, el ambiente era cargado, muy animoso, pero lo suficientemente respirable para no ahogarnos.

Con puntualidad británica, no era para menos porque los teloneros venían de la otrora Pérfida Albión, se abrieron las puertas a las siete y media. A esa hora, la cola en la estación de Chamartín (Macumba está en sus instalaciones) era enorme, propia de las grandes tardes, tipo Dio o Within Temptation. El público estaba ávido de Megadeth pero muchos también tenían curiosidad por escuchar a Evile, la joven formación británica que tan buenas críticas ha tenido con su debut “Enter the grave”. Debido a esto y, sin duda, a la promoción de la que han gozado, consiguieron el puesto en detrimento de una encuesta de Internet que dio vencedores a los canadienses Warmachine pero que, posteriormente, el propio Mustaine tomó como referencia pero invalidó su resultado.

Con Macumba medio llena, la banda de Huddersfield saltó a escena bajo los acordes de la típica intro de presentación y se dispuso a atacar “First blood”. Esta gente empezó como tributo a Metallica, denominándose Metal Militia aunque, curiosamente, no son Hetfield, Hammett, y demás su principal influencia ya que el nombre de Slayer sobrevuela continuamente cada una de sus composiciones. Siendo Evile un grupo que me ha sorprendido positivamente creo que, hoy por hoy, aún no son tanto como se comenta porque sobre todo en estos primeros temas se notó que les falta algo de sentido de la melodía. ¡Ojo! No quiero decir que sean melódicos, que para eso son thrash, sino que el nivel que demuestran en los riffs no se ve correspondido en el punteo de guitarras ni en la forma de cantar de Matt Drake, un tanto lineal. Esto se manifestó en la mencionada “First blood” y “Thrasher”, dos cortes muy directos, apañados, pero no excesivamente destacables.

Con “We who are about to die” la cosa mejoró sustancialmente porque sus más de siete minutos de duración permitieron la irrupción de cambios de ritmos y diversos pasajes que no hicieron sino dar frescura a la propuesta del cuarteto. Además, se pudo ver en acción a la potente base rítmica que complementa bien la actuación de de Matt y Ol Drake. Evile no es una banda con una puesta en escena espectacular, quizá les falte aún acostumbrarse a estos recintos de capacidad media alta, pero sí que ofrecieron una dosis notable de headbanging, algo a lo que los presentes respondieron de forma similar.

De todas las que interpretaron, sin duda, mi favorita es “Bathe in blood”, con un aroma Bay Area acusado y que supuso el cenit de su descarga gracias a ese demoledor y marcial comienzo. Para concluir, el tema título y su hasta ahora canción estrella, “Enter the grave”. En las primeras filas se montó un pequeño pogo que pareció ser el signo de aprobación para la formación inglesa. Obviamente no han inventado nada y tienen algunas cosas que mejorar que ya hemos ido apuntando, pero su debut es un álbum que contiene un puñado de buenas composiciones que en directo superaron la prueba. El futuro del género pasa, entre otros grupos, por ellos.

Como ocurre normalmente en este tipo de eventos relacionados con bandas míticas, aguardando la salida de Megadeth uno se imaginaba por dónde discurriría el repertorio. Siempre han sido bastante dados a presentar un número apreciable de temas nuevos para validar la vigencia actual de su obra. Junto a ellos, existen determinados cortes que jamás pueden faltar pero no se puede nunca dejar de lado la capacidad de impactar al fan con algo menos predecible y más oscuro. A las nueve de la noche ya no faltaba nadie. Todo el mundo se aprestaba a disfrutar del show de los californianos.

Mis antecedentes con Megadeth no habían sido completamente satisfactorios. Incomprensiblemente sólo les había visto dos veces y en ambas, siendo conciertos buenos, me quedé con la sensación de que son inferiores a sus discos de estudio. La razón es muy sencilla. Mustaine no es un gran cantante (ni falta que hace) por lo que el hilillo de voz que tiene no debe quedar opacado por el resto de instrumentos. Si el sonido no es, cuanto menos, notable, las actuaciones se resienten. Básicamente, a mí me volvió a quedar esa impresión este viernes.

La excelente “Sleepwalker”, apertura de “United abominations”, fue la bienvenida con que nos dispensaron. El barullo era importante, tanto entre la gente (por su euforia) como en las tablas (por la escasa nitidez). Esto último se fue corrigiendo pero no hasta alcanzar los parámetros deseados, no sólo por el problema de que Mustaine quedaba tapado por la música sino también porque las guitarras, en especial la de MegaDave, chirriaba en exceso, tenía una tonalidad tremendamente aguda lo que alteraba la esencia de las composiciones.

Sin mediar palabra encararon “Wake up dead” que parece cómoda en segunda posición del cartel porque casi siempre ocupa ese lugar y a continuación “Take no prisoners”, una de mis preferidas que no me convenció al no acabar de escuchar bien sus distintos matices. Además de lo comentado sobre el líder, me gustaría añadir que el resto de músicos estuvieron como se espera de ellos, sobresalientes. James Lomenzo parece haber abandonado el papel de borrachuzo que tenía en Black Label Society y hoy en Megadeth recuerda más al de sus días de White Lion (pelo liso, sin barba, decentemente vestido) que al secuaz de Zakk Wilde en sus delirios etílicos. En teoría era el apoyo de Dave en los coros pero poco se le escuchó. Shawn Drover suscita opiniones encontradas pero a mí me gustó mucho su ejecución. Por su parte, las miradas se centraban en Chris Broderick. Le considero un privilegiado y capaz de afrontar los más difíciles retos, como puede ser el estigma Marty Friedman, pero es evidente que Chris estuvo francamente bien aunque considero que desde que se marchó Marty todos los sustitutos (Al Pitrelli, Glenn Drover y Broderick) son más que dignos. ¿Que no llegan al genial guitarrista? A lo mejor sí, pero mancos no son.

Con “Skin of my teeth” llegó uno de los momentos más calientes de la noche porque este canción se encuentra entre las más populares y aciertan de pleno recuperándola en esta gira en detrimento de “Sweating bullets” que también mola pero queda por debajo de “Skin”. La euforia se mantuvo en “Washington is next!”, la elegida para perdurar de “United abominations”, que fue de las que mejor cantó Mustaine y, por lo tanto, de las que brillaron más. “Kick the chair” se ha convertido por derecho en un clásico de la última etapa. Fue la única representante de “The system has failed” aunque este álbum tuvo mejor que trato que otros como “Risk”, “The world needs a hero” (estos dos con razón) o, incomprensible, “Killing is my business”, que quedaron vírgenes.

No obstante, Megadeth tuvieron la inteligencia de crear un repertorio muy equilibrado porque las nuevas las esparcieron entre distintos cortes de su carrera por lo que el presumible efecto narcótico de la falta de costumbre ante material reciente quedó completamente diluido. Con “In my darkest hour” noto que el oscuro sentimiento que desprende no se logra captar encima del escenario. Sí, es muy buena pero no llega al feeling original, al menos para mí. Quizá la permitiría descansar una temporada para introducir “Liar”, “Hook in mouth” o “Mary Jane”. No hablo de “Anarchy in the U.K.” porque es imposible. Nada de eso sucede con “Hangar 18”, y casi podríamos extrapolarlo a cualquier composición de “Rust in peace”, celebrada con algarabía.

“Gears of war” pasa por ser la canción más accesible de “United abominations” y fue presentada (en las pocas intervenciones que tuvo Mustaine en la velada) como el tema de los videojuegos. Personalmente me resulta un poco insulsa pero la gente parecía disfrutar. No se sabía si “A tout le monde” sería ejecutada en su versión “Youthanasia” o con el lavado de cara que le han dado en “United abominations”. Si hubiera sido esto último, la voz de la Scabbia (Lacuna Coil) aparecería sampleada pero no, fue un “A tout le monde” en estado puro cosa que es de agradecer aunque, desgraciadamente, también supuso denostar “Reckoning day” o “Train of consequences”.

Para retornar a la tralla, otra de “Rust in peace” para deleite del respetable, la genial “Tornado of souls” que puso Macumba patas arriba con una canción que no por habitual deja de ser imprescindible. En el apartado de no esperadas hay que marcar a fuego “Ashes in your mouth”. Es increíble pero aun aplaudiéndolo, es una pena porque no se encuentra entre mis favoritas. Quizá resultó el corte que menos comunión suscitó entre banda y público pero Megadeth se anotaron un tanto porque “Ashes in your mouth” sí que se puede considerar rara de oír en directo. Esta calma se mantuvo con “Burnt ice”, que cierra “United abominations” con uno de los mejores solos del disco que tuvimos oportunidad de disfrutar esta noche. Sin embargo, no creo que “Burnt ice” pase el corte en futuras giras.

Broderick permaneció en el escenario y tras hacer un breve pero impresionante ejercicio de rapidez de dedos en el mástil dibujó el riff más conocido del grupo, “Symphony of destruction”. Habiendo visto “That one night: Live in Buenos Aires” me temía lo peor mas esperaba que la audiencia no lo hiciera. Con la primera estrofa se disiparon las dudas. Sí, el “Megadeth, aguante Megadeth” por encima del riff fue coreado por la inmensa mayoría. A mí me fastidió la canción pero a otros, supongo que a todos los que cantaban, les parecería estupendo. Cuestión de gustos… como también lo es “Trust”, tema que no me dice nada, me resulta demasiado comercial para Megadeth pero que recibió sensacional acogida, en especial cuando Mustaine cantó el último estribillo en castellano.

Casi sin quererlo, la actuación llegaba a su final cuando James Lomenzo se quedó con el bajo y a golpe de pulsión desembocó en “Peace sells”. Teóricamente justo antes del genial cambio debe meter “Mechanix” como así sucedió en tours pretéritos y en algunas fechas de éste, pero no, MegaDave decidió que el “mecánico” no tenía que arreglar nada por lo que “Peace sells” dio carpetazo a ochenta y dos minutos de descarga. Lógicamente, quedaba algo más pero cuál fue mi sorpresa que ese “algo” era sólo un tema como bis porque Mustaine anunció “Holy wars” y, entonces, ya estaba todo el pescado vendido. Mencionar que Chris Broderick pifió una línea pero eso no empañó su gran actuación.

Con la ovación pertinente y tras, exactamente, una hora y media, Megadeth se despidieron. Había sido un buen concierto pero, una vez más, en mi cerebro quedó como algo inconcluso. Me vuelvo a marchar con la idea de que pueden y deben ofrecer más. Poseen los argumentos para ello y, encima, están en un buen estado de forma en cuando a inspiración con los discos de estudio. Es una pena que siga sin ver mi show soñado. Otra vez será.


Megadeth

 

 


Evile

 

 

 

 

 

 

 

 


Megadeth

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: Javi Falcón