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MERCENARY + RETALIATION + BLACK DEPICTION

B Hof Club (Würzburg – Alemania) 13/04/2007

¿Qué hacen dos españoles en Würzburg viendo un concierto de Mercenary? Eso mismo me pregunto yo pero con motivo de nuestra visita al festival Keep It True, buscando alojamiento, sitios por donde hacer turismo en un fin de semana apretado y demás encontramos la preciosa ciudad de Würzburg. En la parte norte de Baviera se nota mucho dónde estás porque pertenece a la zona católica de Alemania (país de mayoría protestante) y la profusión de vírgenes en las fachadas de las casas de los pueblos es alucinante. Pues bien, justo el día antes del festival (a unos treinta kilómetros hacia el sur) y coincidiendo con el denominado Warm Up Show del KIT descubrimos que los daneses Mercenary tocaban en esta localidad. Sus dos últimas obras, “11 dreams” y “The hours that remain”, son obras maestras sin discusión posible para mí. Yo colocaría ambas entre los veinticinco mejores discos del por ahora joven siglo XXI.

Como contraposición a un festival “true” (en el buen sentido) y dado que en el Warm Up tocaban Tankard (que ya los hemos visto alguna que otra vez), Destructor (que también descargaban el sábado) y Warrant (los alemanes, que tampoco me apasionan) decidimos que la opción del sexteto de Alborg era más que atrayente. Así, una vez dejadas nuestras pertenencias en un hotel rural donde los dueños no sabían ni una palabra de inglés, recorrimos en coche los poco más de ocho minutos que nos separaban de la sala B Hof, donde se celebraba el evento. Este local está situado en pleno centro, enfrente de la Residenz o Palacio Residencial, declarado patrimonio de la UNESCO y lugar emblemático de Würzburg. La B Hof ésta valdría para albergar contenedores de basura y poco más. ¡Y hay quien se queja de Ritmo y Compás! Es evidente que no se puede comparar Madrid con una ciudad de ciento treinta mil habitantes pero si estuviera a tope, allí no cabrían ni doscientas almas.

Desafortunadamente para Mercenary y por fortuna para nosotros porque el calor era insoportable (fuera 30º durante el día y dentro aún más), apenas setenta y cinco personas se acercaron a ver esta pequeña gira que les ha llevado por diferentes clubes germanos. No sé si es que en Würzburg la escena es así o que muchos estaban en la presentación del KIT, el caso es que el aspecto era paupérrimo. Cuando entramos y después de flipar con nosotros el tour manager y el que vendía las entradas (todos nos decían, incluso la banda: “¿Viviréis aquí u os habrá pillado de vacaciones?” Pues no, venimos ex profeso) entramos en el tugurio y ya estaban tocando Black Depiction. Si el nivel de las bandas de la zona es así, “apaga y vámonos”. Un quinteto de novatos practicando un estilo indefinido y liderados (es un decir) por una muchacha cuya máxima virtud es desafinar. De vez en cuando aparece una voz gutural por cortesía de uno de los guitarristas que no sé muy bien a qué viene pero que no ayuda en nada a mejorar el desaguisado. Si me preguntaran en qué género se entroncan no sabría qué contestar. Es metal, sí, pero no es gótico ni heavy, tampoco death melódico. Se quedan en un batiburrillo infumable. Tampoco les ayudó el sonido porque la batería estaba detrás de una columna (¡!). Actuación para olvidar (la cantante también debió pensar así porque ahogó sus penas en abundante alcohol las siguientes horas).

Después de comprobar cómo la bebida era muy barata comparado con cualquier garito madrileño (2€ la botella de medio litro de cerveza de la región y 1 la lata de naranja), era el momento de Retaliation. Llamándose como un disco de la grandiosos Carnivore, uno no puede esperar otra cosa sino thrash metal. Error número dos. Sin llegar muy a adivinar una concreción en sus intenciones, diría que Retaliation se acercan más al death melódico “made in Gotemburgo”, alternando voces chillonas con otras más normales, ninguna de las dos buenas. Por cierto, el cantante era el espíritu de la golosina, qué tío más delgado. Son muy jóvenes pero uno de sus guitarristas ya apunta “maneras” porque el pájaro desplazaba a una esquina del minúsculo escenario al vocalista con el fin de “chupar cámara”. Se nota que el grupo es suyo porque hasta presentaba las canciones. Su presencia escénica, salvo la este muchacho, era penosa, en los solos el cantante no sabía dónde meterse y el resto se debían pensar que estaban en el local de ensayo. Eso sí, la mejora respecto a Black Depiction fue substancial, tanta como del cero al uno.

Los siguientes minutos nos sirvieron para reflexionar acerca de los teloneros locales que nos ponen en España. Es verdad que en muchos casos son grupos horrorosos pero son bastante más profesionales que los que habíamos sufrido esta noche. Eso sí, casi afirmaría que los pobres chavales tuvieron que pagar la entrada porque valiendo siete euros (impresionante, un regalo) a Mercenary no les daba ni para la gasolina. No obstante, los hijos de la península de Jutlandia venían hasta con un par de carteles laterales que adornaron la “minimalista” (se entiende la ironía, ¿no?) decoración del B Hof.

Sin mucha dilación saltaron a las tablas con los acordes de la genial (esto es una obviedad porque todas son sobresalientes) “Soul decision”. El sonido era la noche y el día respecto a los anteriores grupos pero aun así las guitarras estuvieron un poco bajas toda la velada teniendo que afinar el oído para distinguir las mágicas melodías de Jacob Molbjerg y Martin Buus. Lo que sí pudimos comprobar desde el minuto inicial es la fantástica voz que posee Mikkel Sandager, siempre apoyado por los inmensos coros del teclista Morten, que para eso es su hermano, y el bajo René Pedersen. Tenía mis dudas sobre si sería capaz de desplegar toda esa versatilidad en directo pero éstas quedaron disipadas de inmediato. Igual te mete un registro a lo Mikael Stanne de Dark Tranquility que se transmuta en Rob Halford o Tim Owens.

Como era lógico la historia de este show iba a transcurrir entre “11 dreams” y “The hours that remain”. Así, le tocó el turno al primero con “Firesoul”, un corte extenso con un pasaje de guitarra y teclado que quita el hipo y un estribillo muy emotivo. La gente, en general, se notaba que no tenía mucha idea del grupo pero los veinte fanáticos estábamos como locos cantando y disfrutando de los daneses. Ellos parecían agradecidos a pesar de la poca parroquia congregada. Un momento álgido llegó con “My world is ending” quizá mi tema preferido del grupo y en el que el público coreó la frase que le da título como si en ello les fuera la vida. ¡Qué canción, qué feeling, qué todo! Siguiendo con “The hours that remain” la siguiente en caer fue “Lost reality”, composición marcada por los cambios de ritmo y un magnífico solo de Martin Buus. Es verdad que no soy objetivo con este grupo pero allí donde Evergrey han ido perdiendo fuelle, Mercenary les han sustituido porque además de metal progresivo tienen elevadas dosis de caña cuando quieren. Prueba de ello es la brutal “World hate center” que abría “11 dreams” y fue recibida con vítores por sus seguidores, como también “Redefine me”, otra de las mejores (ah, ¿pero no lo eran todas? Je, je) de su última obra.

Aunque estábamos en plena ebullición y el concierto se desarrollaba de forma notable, el amigo Mikkel nos comentó que se despedían con un tema de su segundo álbum, “Everblack”, un disco muy bueno pero que queda un tanto eclipsado por las dos joyas posteriores. Supieron escoger bien porque “Seize the night” es una manera ideal de decir adiós. Pensé que se me había pasado volando el tiempo pero es que en realidad habían transcurrido solamente cincuenta minutos. Es cierto que pagamos siete euros por verles pero tampoco es de recibo esa escasez.

Rápidamente volvieron para ofrecernos casi veinte minutos más con los temas títulos de sus últimas entregas. “The hours that remain” es más oscura e introspectiva con un final hipnótico y recurrente, mientras que “11 dreams” es más directa y contiene esa frase de “No, we are you dreaming / No, the dreams you are feeling” que me parece memorable, los pelos como escarpias se me pusieron escuchando las voces en ese trozo. Por supuesto me quedé con ganas de mucho más. Nueve canciones y setenta minutos es escaso bagaje pero por ese precio estaba más que amortizada la entrada. Pudimos satisfacer nuestra ansia de Mercenary aunque en breve nos toparemos de nuevo con ellos en el Graspop. Eso sí, no será lo mismo que en esa cuasi veraniega noche bávara. Para el “libro” quedará nuestra charla informal con los daneses y los intentos del bajista por ligar con dos muchachitas. Seguro que lo consiguió pero no nos quedamos para contarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.mercenary.dk

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego