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¿Qué
hacen dos españoles en
Würzburg viendo un concierto
de Mercenary? Eso mismo me pregunto
yo pero con motivo de nuestra
visita al festival Keep It True,
buscando alojamiento, sitios
por donde hacer turismo en un
fin de semana apretado y demás
encontramos la preciosa ciudad
de Würzburg. En la parte
norte de Baviera se nota mucho
dónde estás porque
pertenece a la zona católica
de Alemania (país de
mayoría protestante)
y la profusión de vírgenes
en las fachadas de las casas
de los pueblos es alucinante.
Pues bien, justo el día
antes del festival (a unos treinta
kilómetros hacia el sur)
y coincidiendo con el denominado
Warm Up Show del KIT descubrimos
que los daneses Mercenary tocaban
en esta localidad. Sus dos últimas
obras, “11 dreams”
y “The hours that remain”,
son obras maestras sin discusión
posible para mí. Yo colocaría
ambas entre los veinticinco
mejores discos del por ahora
joven siglo XXI.
Como contraposición
a un festival “true”
(en el buen sentido) y dado
que en el Warm Up tocaban Tankard
(que ya los hemos visto alguna
que otra vez), Destructor (que
también descargaban el
sábado) y Warrant (los
alemanes, que tampoco me apasionan)
decidimos que la opción
del sexteto de Alborg era más
que atrayente. Así, una
vez dejadas nuestras pertenencias
en un hotel rural donde los
dueños no sabían
ni una palabra de inglés,
recorrimos en coche los poco
más de ocho minutos que
nos separaban de la sala B Hof,
donde se celebraba el evento.
Este local está situado
en pleno centro, enfrente de
la Residenz o Palacio Residencial,
declarado patrimonio de la UNESCO
y lugar emblemático de
Würzburg. La B Hof ésta
valdría para albergar
contenedores de basura y poco
más. ¡Y hay quien
se queja de Ritmo y Compás!
Es evidente que no se puede
comparar Madrid con una ciudad
de ciento treinta mil habitantes
pero si estuviera a tope, allí
no cabrían ni doscientas
almas.
Desafortunadamente
para Mercenary y por fortuna
para nosotros porque el calor
era insoportable (fuera 30º
durante el día y dentro
aún más), apenas
setenta y cinco personas se
acercaron a ver esta pequeña
gira que les ha llevado por
diferentes clubes germanos.
No sé si es que en Würzburg
la escena es así o que
muchos estaban en la presentación
del KIT, el caso es que el aspecto
era paupérrimo. Cuando
entramos y después de
flipar con nosotros el tour
manager y el que vendía
las entradas (todos nos decían,
incluso la banda: “¿Viviréis
aquí u os habrá
pillado de vacaciones?”
Pues no, venimos ex profeso)
entramos en el tugurio y ya
estaban tocando Black Depiction.
Si el nivel de las bandas de
la zona es así, “apaga
y vámonos”. Un
quinteto de novatos practicando
un estilo indefinido y liderados
(es un decir) por una muchacha
cuya máxima virtud es
desafinar. De vez en cuando
aparece una voz gutural por
cortesía de uno de los
guitarristas que no sé
muy bien a qué viene
pero que no ayuda en nada a
mejorar el desaguisado. Si me
preguntaran en qué género
se entroncan no sabría
qué contestar. Es metal,
sí, pero no es gótico
ni heavy, tampoco death melódico.
Se quedan en un batiburrillo
infumable. Tampoco les ayudó
el sonido porque la batería
estaba detrás de una
columna (¡!). Actuación
para olvidar (la cantante también
debió pensar así
porque ahogó sus penas
en abundante alcohol las siguientes
horas).
Después
de comprobar cómo la
bebida era muy barata comparado
con cualquier garito madrileño
(2€ la botella de medio
litro de cerveza de la región
y 1 la lata de naranja), era
el momento de Retaliation. Llamándose
como un disco de la grandiosos
Carnivore, uno no puede esperar
otra cosa sino thrash metal.
Error número dos. Sin
llegar muy a adivinar una concreción
en sus intenciones, diría
que Retaliation se acercan más
al death melódico “made
in Gotemburgo”, alternando
voces chillonas con otras más
normales, ninguna de las dos
buenas. Por cierto, el cantante
era el espíritu de la
golosina, qué tío
más delgado. Son muy
jóvenes pero uno de sus
guitarristas ya apunta “maneras”
porque el pájaro desplazaba
a una esquina del minúsculo
escenario al vocalista con el
fin de “chupar cámara”.
Se nota que el grupo es suyo
porque hasta presentaba las
canciones. Su presencia escénica,
salvo la este muchacho, era
penosa, en los solos el cantante
no sabía dónde
meterse y el resto se debían
pensar que estaban en el local
de ensayo. Eso sí, la
mejora respecto a Black Depiction
fue substancial, tanta como
del cero al uno.
Los siguientes
minutos nos sirvieron para reflexionar
acerca de los teloneros locales
que nos ponen en España.
Es verdad que en muchos casos
son grupos horrorosos pero son
bastante más profesionales
que los que habíamos
sufrido esta noche. Eso sí,
casi afirmaría que los
pobres chavales tuvieron que
pagar la entrada porque valiendo
siete euros (impresionante,
un regalo) a Mercenary no les
daba ni para la gasolina. No
obstante, los hijos de la península
de Jutlandia venían hasta
con un par de carteles laterales
que adornaron la “minimalista”
(se entiende la ironía,
¿no?) decoración
del B Hof.
Sin mucha dilación
saltaron a las tablas con los
acordes de la genial (esto es
una obviedad porque todas son
sobresalientes) “Soul
decision”. El sonido era
la noche y el día respecto
a los anteriores grupos pero
aun así las guitarras
estuvieron un poco bajas toda
la velada teniendo que afinar
el oído para distinguir
las mágicas melodías
de Jacob Molbjerg y Martin Buus.
Lo que sí pudimos comprobar
desde el minuto inicial es la
fantástica voz que posee
Mikkel Sandager, siempre apoyado
por los inmensos coros del teclista
Morten, que para eso es su hermano,
y el bajo René Pedersen.
Tenía mis dudas sobre
si sería capaz de desplegar
toda esa versatilidad en directo
pero éstas quedaron disipadas
de inmediato. Igual te mete
un registro a lo Mikael Stanne
de Dark Tranquility que se transmuta
en Rob Halford o Tim Owens.
Como era lógico
la historia de este show iba
a transcurrir entre “11
dreams” y “The hours
that remain”. Así,
le tocó el turno al primero
con “Firesoul”,
un corte extenso con un pasaje
de guitarra y teclado que quita
el hipo y un estribillo muy
emotivo. La gente, en general,
se notaba que no tenía
mucha idea del grupo pero los
veinte fanáticos estábamos
como locos cantando y disfrutando
de los daneses. Ellos parecían
agradecidos a pesar de la poca
parroquia congregada. Un momento
álgido llegó con
“My world is ending”
quizá mi tema preferido
del grupo y en el que el público
coreó la frase que le
da título como si en
ello les fuera la vida. ¡Qué
canción, qué feeling,
qué todo! Siguiendo con
“The hours that remain”
la siguiente en caer fue “Lost
reality”, composición
marcada por los cambios de ritmo
y un magnífico solo de
Martin Buus. Es verdad que no
soy objetivo con este grupo
pero allí donde Evergrey
han ido perdiendo fuelle, Mercenary
les han sustituido porque además
de metal progresivo tienen elevadas
dosis de caña cuando
quieren. Prueba de ello es la
brutal “World hate center”
que abría “11 dreams”
y fue recibida con vítores
por sus seguidores, como también
“Redefine me”, otra
de las mejores (ah, ¿pero
no lo eran todas? Je, je) de
su última obra.
Aunque estábamos
en plena ebullición y
el concierto se desarrollaba
de forma notable, el amigo Mikkel
nos comentó que se despedían
con un tema de su segundo álbum,
“Everblack”, un
disco muy bueno pero que queda
un tanto eclipsado por las dos
joyas posteriores. Supieron
escoger bien porque “Seize
the night” es una manera
ideal de decir adiós.
Pensé que se me había
pasado volando el tiempo pero
es que en realidad habían
transcurrido solamente cincuenta
minutos. Es cierto que pagamos
siete euros por verles pero
tampoco es de recibo esa escasez.
Rápidamente
volvieron para ofrecernos casi
veinte minutos más con
los temas títulos de
sus últimas entregas.
“The hours that remain”
es más oscura e introspectiva
con un final hipnótico
y recurrente, mientras que “11
dreams” es más
directa y contiene esa frase
de “No, we are you dreaming
/ No, the dreams you are feeling”
que me parece memorable, los
pelos como escarpias se me pusieron
escuchando las voces en ese
trozo. Por supuesto me quedé
con ganas de mucho más.
Nueve canciones y setenta minutos
es escaso bagaje pero por ese
precio estaba más que
amortizada la entrada. Pudimos
satisfacer nuestra ansia de
Mercenary aunque en breve nos
toparemos de nuevo con ellos
en el Graspop. Eso sí,
no será lo mismo que
en esa cuasi veraniega noche
bávara. Para el “libro”
quedará nuestra charla
informal con los daneses y los
intentos del bajista por ligar
con dos muchachitas. Seguro
que lo consiguió pero
no nos quedamos para contarlo.
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