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DANGER DANGER

“ACTUACIÓN MEMORABLE”

SALA RITMO Y COMPÁS (MADRID) 26-VI-2003

No quiero que por esto que vaya a decir mi crónica resulte más creíble o aparentemente objetiva. Antes que supuesto periodista me catalogo como fan con todo lo que ello implica. No obstante, cuando juntas letras en una revista o hablas por la radio te debes a la gente y si, por ejemplo, una banda como Opeth, a la que admiro profundamente, editara un disco que fuera un pimiento lo diría sin cortapisa alguna como considero que se lleva haciendo en estas páginas desde su creación.

Dicho esto, señalar que no me considero un seguidor a muerte de Danger Danger. En su momento, los seguí pero desde que el brillo de “Skrew it!”, su segunda obra, se difuminó este grupo se perdió en el espacio y el tiempo a pesar de que han continuado en activo y editando discos. Sin embargo, la oportunidad de verles tocar en Madrid, y en un sitio tan minúsculo como Ritmo y Compás, se me antojaba única. Además, suponía que, como en la mayoría de casos, sus prometedores inicios estarían presentes a lo largo de la descarga. Lo que jamás podía imaginar es que la comunión entre público y banda hiciera de esta velada algo especial.

Sin teloneros, simplemente el cuarteto y una audiencia que abarrotaba el pequeño local. 300 personas que sumadas a la ya caldeada temperatura ambiente hacían que el mismo techo “sudase” del intenso calor. Nada importó. El concierto comenzó con Danger Danger interpretando algunas de las canciones compuestas en los últimos 10 años desde que el vocalista Paul Laine está al frente del micrófono. Conozco a gente que no comulga demasiado con el timbre de Laine pero, en mi opinión, está tan cualificado como lo pudiera estar en su momento Ted Poley. Además de un guitarrista muy heavy (perdón pero no recuerdo su nombre) que cumplía correctamente, las miradas se centraban en los dos miembros que comenzaron con el grupo: el batería Steve West (¿es primo hermano del cantante de Goo Goo Dolls?) y el bajista Bruno Ravel que, durante buena parte del show, era el que se comunicaba con el público.

La banda quedó impresionada del recibimiento ya que, desde el primer intervalo entre tema y tema, la gente coreaba “Danger, Danger...” y aclamaba la presentación de cada composición, especialmente si eran antiguas como “Monkey business” o “Bang, bang”. El cuarteto, con cada ovación, se venía arriba y echaba toda la carne en el asador encima del escenario. Evidentemente, muchos de los que estábamos allí congregados deseábamos oír material antiguo pero me sorprendió la cantidad de gente que conocía las canciones de sus discos más oscuros (posteriormente me compré “The return of the great Gilder Sleeves”, su trabajo de 2000, y me agradó bastante).

Tras hora y cuarto, aproximadamente, Danger Danger tocaron “Rock america”, un tema de su debut, y se fueron a los camerinos entre vítores. En breves instantes volvieron para interpretar lo que fue, probablemente, su hit más recordado, la buenísima balada “I still think about you” que el público conocía de memoria. Llegó el momento final cuando Bruno Ravel preguntó a la gente qué querían escuchar para terminar. Pensaba que la respuesta era obvia porque no hay concierto de la banda que no termine con ese estribillo tan quedón y comercialmente macarra de “Let´s get naughty” pero la audiencia estalló en muy diferentes peticiones oyéndose por encima de todas la de esa pequeña joya titulada “Don´t blame it on love”. No obstante, ellos interpretaron lo que tenían preparado pero en el momento central, que aprovecharon para presentar a la banda, Ravel se dirigió al público y dijo: “Esto no estaba previsto pero estamos tan alucinados con el apoyo que nos habéis mostrado que vamos a intentarlo... pero nos tenéis que ayudar porque Paul no sabe la letra y yo espero acordarme”. Entonces, empezaron a tocar “Don´t blame it on love” con el bajista como cantante principal ayudado por un público agradecido que colaboró como venía haciéndolo a lo largo de la noche. Después de este increíble impás retomaron “Let´s get naughty” para despedirse sinceramente impresionados de la acogida del público madrileño. Una vez abandonado el escenario, encendidas las luces y enchufada la música de ambiente, una gran actuación había concluido... ¿o no?

Increíblemente, más del 85% de la gente permaneció en Ritmo y Compás demandando una nueva salida al escenario de Danger Danger. Sin embargo, los encargados ya estaban recogiendo las guitarras y empezando a desatornillar los platillos de la batería cuando la puerta del camerino se abrió. Bruno Ravel miró incrédulo viendo al respetable que seguía congregado y llamó a sus compañeros para obsequiar a los fieles con un último bis no sin antes afirmar que ese concierto se les iba a quedar grabado toda su vida. Una vez puesto todo en orden de nuevo, “Slipped her the big one”, de “Skrew it!”, fue el estupendo fin de fiesta.

Danger Danger no son la mejor banda del mundo, tampoco una de mis favoritas, pero lo que hicieron esa calurosa noche de junio en Madrid fue muy grande por dos motivos: Demostraron conservar intacta la ilusión del primer y cumplieron lo que muchos hablan de boquilla pero, a la hora de la verdad, no hacen; fueron agradecidos con aquéllos que les han apoyado siempre, en los buenos momentos y en los malos, los fans y por ello se han ganado un respeto por mi parte que permanecerá siempre.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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