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NOCTURNAL RITES + THUNDERSTONE + CAST IN SILENCE

Sala Heineken (Madrid) 30-10-2007

Tener que lidiar con multitud de conciertos en plena temporada supone que cueste un montón sacar rentabilidad a una gira. Si no eres una banda mítica o que es la primera vez que te pasas por aquí, la cosa se complica aún más. Añadidle que sea un día entre semana con lo que el fiasco es casi seguro. Esa impresión me dio al llegar a la sala Heineken en este último martes de octubre para presenciar un concierto “menor” dentro de la apretada agenda. Que no se me malinterprete con lo de menor pero es un hecho objetivo que ante gente como Tesla, Dream Theater, Y&T, Gorefest,… Nocturnal Rites, Thunderstone y los para mí desconocidos Cast In Silence no concitaran mi atención previa.

Esto no significa que no esperara el evento porque con Nocturnal Rites me ha pasado algo muy curioso. Hace muchos años me compré su segundo trabajo, “Tales of mistery and imagination” y desde entonces duerme el sueño de los justos en mi discoteca. Sin embargo, conforme se acercaba la fecha y leyendo muchas críticas positivas de los suecos, hice un pedido en el que incluí sus dos obras más recientes, “Grand illusion” y “The 8th sin”, un poco por probar ya que estaban a buen precio. No me arrepiento en absoluto, en especial de “Grand illusion” que es uno de los trabajos que más he oído desde que acabara el verano. El power metal europeo lo dejaron en el cajón para dar rienda suelta a un montón de influencias, entre las que predomina el hard. A mí me encanta porque no esperaba demasiado.

Con estas expectativas nos adentramos en el despoblado local y pensé: “¡Madre mía! Esto va a ser peor que Riot en cuanto a asistencia”. Y es que a las siete y media de la tarde, hora en que saltaron a escena Cast In Silence, no llegábamos al medio centenar de individuos los que nos dispersábamos por la discoteca para presenciar la descarga de este grupo del cual no había tenido ninguna referencia previa.

Uno, que es perro viejo, a veces se deja guiar por sus intuiciones y nada más comenzar los alemanes, un nombre me vino a la mente: Dark At Dawn. El día después del show, ya en mi casa, busco información y… ¡punto para el caballero! Dos de los cuatro componentes de Cast In Silence están (o estuvieron) en Dark At Dawn. Desafortunadamente para los de Osterode, Cast In Silence no son ni la tercena parte que la banda de la que proceden, y eso es decir más bien poco.

De blanco impoluto, en la más pura línea In Flames, los germanos desgranaron temas de su debut, “First”, y la verdad es que no me gustaron absolutamente nada. Su música es más bien indefinida, me cuesta arrancarles un estilo. Por un lado intentan meter un componente oscuro y melancólico; por otro, una base de metal moderno, casi nu, y lo mezclan con melodías más accesibles. El popurrí es complicado de digerir y aunque os parezca una barbaridad, decir que me recordaron de lejos a Sober. Sí, sí, a los extintos españoles aunque con mucha menor calidad.

En apenas media hora y ante la frialdad general interpretaron una serie de canciones que no produjeron muchas ovaciones sino más bien respetuosos aplausos. Los esfuerzos de Michael Lowin, el vocalista, por ser simpático no fueron demasiado correspondidos. Tampoco se puede decir que sean animales de escenario. Tocan, se mueven un poquito y ya está, el carisma no ocupa lugar preferente en Cast In Silence.

“Two minutes hate” y “The last straw” (la mejor, de largo) parecían encaminarnos hacia otros derroteros pero las moderneces mal entendidas nos asaltaron con la supuestamente triste “If mourning never comes” y no nos abandonaron hasta que concluyeron sus treinta y cinco minutos. Con “Misery inn” ya desaparecí totalmente y el inicio semi industrial de “A malady for mother earth” me hizo entrar en el sopor absoluto del cual me desperté cuando nos anunciaron que su última canción era una versión de un tema de los ochenta muy famoso y que les habían dicho que en España fijo que la coreábamos. Pues bien, el despedazamiento que hicieron del excelente himno pop “Voyage, voyage” que popularizaron Desireless, fue como para tenerlo en cuenta. Con un francés peor que el mío perpetraron un destrozo de antología que empeoró aún más la pobre impresión que me dejaron. Si han dejado Dark At Dawn para hacer esto mejor que hubieran continuado con estos porque, al menos, en materia de recuperar viejos clásicos era más duchos (muy buena aquella versión del “Don´t pay the ferryman” de Chris de Burgh en su primer álbum). Lamentable.

Larga, demasiado larga resultó la espera hasta que salieron Thunderstone. Lo único bueno es que Heineken se iba poblando y ya seríamos más de ciento veinte los que acompañamos de inicio a los finlandeses. A estos tenía ganas de verles a pesar de que no estoy excesivamente familiarizado con su música. Escuché su debut (bastante bien considerado) pero a mí no me dijo demasiado aun sin ser un mal álbum. Su segunda entrega no la caté pero sí “Tool of the devil”, un disco que me gustó muchísimo con un temazo como “I will come again” que me vuelve loco. Su reciente “Evolution 4.0” no he tenido la oportunidad de oírlo pero de él se dan opiniones radicalmente contrapuestas.

Esta gira para Thunderstone es una prueba de fuego para el futuro ya que la afrontan en condiciones muy adversas. Que te dejen tirado a menos de un mes para dar conciertos por toda Europa te condiciona. La marcha de Pasi Rantanen, cantante, y el teclista Kari Hornak es un palo del que se sobrepusieron con la llegada de Jukka Marinen y Tommi Salmela. Éste último es un caso único porque le hacía las segundas voces y coros a Marco Hietala en Tarot aun sin ser miembro oficial, hasta hace muy poco.

Sobre un gran telón de fondo con el logo del grupo el quinteto irrumpió en la sala mientras la minúscula intro de “Evolution 4.0” atronaba en los bafles. Me chocó un poco que no hubiera demasiados seguidores de la banda. Tampoco esperaba una avalancha masiva pero sí algo más parejo con Nocturnal Rites porque Thunderstone pertenecen a la escudería de la todopoderosa Nuclear Blast. Cabe preguntarse entonces si es aplicable en este caso el famoso refrán de “más vale ser cabeza de ratón que cola de león”.

El sonido no era malo del todo, sus miembros tenían ganas, en particular el guitarra Nino Laurenne y Titus Helm, bajista, pero no me convenció del todo su puesta en acción. Y eso que “Tool of the devil” se interpretó en segundo lugar pero, por desgracia, del disco al que da título esa canción poco más cayó y, por supuesto, no tocaron “I will come again”. Optaron por cortes más recientes como “Roots of anger” que, personalmente, no me aportaron una visión favorable de Thunderstone. “Welcome to the real”, segunda y última presencia de “Tool of the devil” me levantó un poco el ánimo y recobré la ilusión. No obstante, resultó un espejismo porque cuando las canciones no me eran familiares me sentía bastante alejado de su propuesta.

En cuarenta y dos minutos les dio para rememorar todos sus trabajos. De sus inicios la que más me gustó fue “Break the emotion” de su segunda obra, “The burning”, que se alternó con más de “Evolution 4.0” como “Forevermore” o “Swirled”, además de un innecesario solo de batería. El final fue realmente curioso y sintomático de la fría acogida que recibieron. Terminaron de tocar “Swirled”, si no recuerdo mal, y se marcharon sin despedirse, lo típico para que a poco que aplaudiera el público salieran rápidamente para, ya sí, terminar con otra canción. El asunto es que el silenció reinó. Creo que los técnicos también se quedaron un par de minutos sin saber qué hacer. Hubo un tímido griterío que duró menos que un caramelo en la puerta de un colegio y, visto lo visto, Thunderstone se quedaron definitivamente en los camerinos.

O mucho me equivoco o no tocaron “Face in the mirror”, el tema de su nuevo disco con el que llegaron a la semifinal de Eurovisión en su país. No sé, a lo mejor no tenían previsto nada más y se largaron de esta forma pero mira que lo dudo. Concierto irregular pero no sólo por la banda sino también por el público. Les falta acoplamiento, se te hace raro oír a Tommi Salmela porque posee registros diferentes a Pasi Rantanen y cumplen el arquetipo nórdico de trasmitir poco.

Un esguince de tobillo bastante fuerte no es el mejor compañero de viaje en un evento de este tipo. Por ello tuve que permanecer sentado todo el show. Desde mi perspectiva observé con agrado cómo en el instante álgido, calculo que unas doscientas cincuenta personas poblaban Heineken con lo que el aspecto era ya sólido. Muchísimos huecos pero la pista ocupada.

Parece mentira que Nocturnal Rites comenzaran con un grupo de death metal a comienzos de los noventa. Provenientes de la prolífica escena de Umea, en el norte del país, de aquella concepción inicial prácticamente queda el nombre como única conexión al pasado. Sólo sus dos primeras demos son reflejo de la época y ya en su debut, “In a time of blood and fire”, Anders Zackrisson se encargaba de las voces dejando al incombustible Fredrik Mannberg concentrarse solamente en la guitarra. Sin embargo, para mí el salto de calidad llega con la entrada del tremendo Jonny Lindqvist como cantante. Es ahí donde se produce la evolución desde un euro power metal lleno de tópicos hasta los Nocturnal Rites que actualmente conocemos.

Se notó que la audiencia estaba casi exclusivamente por ellos porque en cuanto se apagaron las luces el gélido ambiente mutó en uno más propio de estas latitudes. Hay que señalar que también es mérito de los suecos que constantemente alentaban a las masas para que participaran, sobre todo Jonny y Niks Eriksson el bajista. Bajo mi punto de vista, demasiado pero eso es cuestión de gustos.

Era la gira de presentación del “8th sin” y rápidamente nos lo hicieron ver ya que la descarga comenzó con “Call out to the world”. El sonido fue deficiente, muy opaco, las guitarras bajas y la voz tenía que abrirse paso sin nitidez. Decepción en ese aspecto y pérdida de puntos en la impresión global. Con “Never again” se dio el pistoletazo del exagerado “karaoke metal” casi en cada uno de los estribillos. El caso es que la gente se los sabía pero esto debería ser un recurso momentáneo y no continuo. Eso sí, Jonny demostró que es un gran vocalista.

La primera aportación del pasado llegó con la magnífica “Shadowland”, del álbum del mismo título, un corte bastante adecuado para cantar en plan himno pero no tan elegante como, por ejemplo, “Never trust”, la tremenda composición del excelso “Grand illusion”, para mí de largo su gran obra. De vuelta a temas actuales, “Not the only” también caló hondo porque Nocturnal Rites tienen gancho, son pegadizos sin pastelearse.

Las huestes más “powi” seguramente disfrutaron más con cosas como “Avalon”, casi solitaria presencia de “New world messiah”. Lo entiendo pero, sinceramente, me quedo con joyas como “Cuts like a knife” que rebosan influencia del hard rock escandinavo y en donde Lindqvist de verdad se luce. Como cuarta y última aparición de “8th sin” la potente “Strong enough” que si bien no es de mis favoritas, en directo supone disfrutar de un buen sólo de Nils Norberg, un tanto posturistas pero eficiente con su instrumento.
El tiempo pasaba bastante rápido y para los más “die hard fans” les cayó como gloria bendita que no pasaran por alto los años de Anders Zackrisson. No fue exhaustiva la revisión pero sí que, a veces, resulta triste cómo determinados grupos creen conveniente olvidar sus orígenes. Y lo dice quien no se siente atraído por álbumes como “Tales of mistery and imagination” o “The sacred talisman”, del cual enlazaron “The iron force” y “When fire comes to ice” para deleite de unos pocos agradecidos.

Quedaba el empujón final porque a pesar del pobre sonido y la interacción popular desmedida me estaba divirtiendo al ser un repertorio de mi gusto (bueno, más del “Grand illusion” me hubiera alegrado sobremanera). Aunque no es mi preferida del grupo, “Afterlife” fue, sin duda, el tema estrella de la actuación, con una audiencia entregada y Nocturnal Rites demostrando que disfrutan en el escenario. Les quedó mejor que “Against the world”, un tanto deslabazada, que sirvió para poner el epílogo a una hora de concierto.

Pensé que les faltarían unas cuantas aún pero descorazonadoramente sólo se iban a estirar cinco minutos para interpretar “Fools never die” que, hoy por hoy, se ha convertido en el himno del quinteto sueco. Buena descarga de Nocturnal Rites pero completamente insuficiente. Estaba seguro que no sería largo pero nunca imaginé que bajara de la hora y cuarto. Señores, que hablamos de un grupo con ocho álbumes y ya una trayectoria de más de tres lustros. No es de recibo ni aceptable pero allá ellos, considero que esta merma nos dejó a la mayoría con un sabor un tanto agridulce.


Nocturnal Rites

 

 


Cast In Silence

 

 

 

 

 


Thunderstone

 

 

 

 

 


Nocturnal Rites

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego