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Los comienzos
de temporada siempre son apasionantes
para los amantes de la música
en vivo. No necesariamente por
los grupos sino por el cosquilleo
de reencontrarte en un concierto
después de un tiempo,
pequeño pero que se hace
eterno, de sequía. Enero
y septiembre son los meses en
los que se da el pistoletazo
de salida a las giras europeas.
Una semana antes habíamos
disfrutado de la descarga de
Tankard y esta vez el turno
les tocaba a Obituary, unos
habituales desde su renacimiento,
y los alemanes Holy Moses que
por primera vez en veintiséis
años pisaban suelo madrileño.
Junto a ellos, y casi de comparsa,
la banda escandinava Avatar,
encargada de abrir la velada.
Es curioso
porque hasta última hora
estuve pensando si acudir o
no al show. No porque no me
gustaran los grupos, todo lo
contrario, sino porque tenía
que hacer encaje de bolillos
porque ese mismo día
teóricamente tocaban
los flamencos Ancient Rites
en Palencia. Digo lo de teóricamente
porque al final el minitour
ibérico fue boicoteado,
lo que conllevó su suspensión.
Casualmente, quienes promovieron
estas actuaciones son los que
lloran, se quejan y hablan de
falta de libertades cuando a
S.A. o Su Ta Gar se les suspende
(por supuesto que injustamente)
algún bolo por el “estado
opresor”. Manda narices…
Polémicas
aparte y ya con la elección
clara por obligación,
nos acercamos a una sala Heineken
que vistió sus mejores
galas. La anterior visita de
Obituary se había saldado
con un lleno brutal en Caracol.
Esta noche ocurrió algo
parecido. No fue el reventón
de Kreator y Celtic Frost, donde
apenas se podía respirar,
pero sí que el local
estaba a rebosar demostrando
que los de Florida son de las
bandas de death que más
tirón popular siguen
teniendo. Total, que el calor
reinante era impropio de este
extraño invierno pero
poco importaba si vivíamos
una actuación brillante.
Sin duda, tenían
una papeleta complicada. La
gente accedía poco a
poco a Heineken y Avatar ya
estaban subiendo al escenario.
Mala cosa. No era su debut en
la capital porque acompañaron
a Evergrey en el pasado pero
sí que personalmente
no había tenido ocasión
de comprobar sus prestaciones
encima de las tablas. De sus
dos discos, he escuchado “Thoughts
of no tomorrow” y no es
un mal trabajo si bien excesivamente
deudor de la escuela de la que
provienen: Gotemburgo y el death
melódico. Del más
reciente “Schlacht”
poco conocía aunque su
concierto sirvió para
una toma de contacto con la
obra.
Comenzaron
con el tema que da título
a este último álbum
y ya desde el principio corroboré
que no iba a ser una gran descarga.
El sonido era pobre, opaco,
y al quinteto se le ve poco
cuajado, en particular a su
vocalista Johannes Eckerström
que no supo conectar con el
público y cuya mayor
cualidad de “frontman”
era beber de una especie de
bidón. Tanto los dos
guitarristas como el bajista
hacían headbanging pero
de una forma un tanto fría
y mecánica. Por su parte,
el baterista, John Andersson,
es más contundente que
técnico pero cumplió
a pesar de que se le escaparon
las baquetas un par de veces.
El repertorio
se basó en “Schlacht”
y, además de la mencionada,
cayeron seguidas “All
which is black” y “The
end of our ride”. Con
relación a su debut,
las composiciones me parecieron
más contundentes y directas,
con una base casi thrash, despojadas
en buena parte de las melodías.
Sinceramente no me dejaron una
grata impresión, más
bien pasaron desapercibidas.
El recuerdo a “Thoughts
of no tomorrow” llegó
con la notable “Bound
to the wall” que abría
aquella entrega pero, desgraciadamente,
el tono mediocre tampoco se
elevó. “All hail
the queen” fue de todas
las nuevas la que más
me gustó y el final con
“War song” resultó
frío y apático,
tanto como la actitud de la
gente que aplaudió más
por educación que por
convencimiento. Probablemente
no estaban en el lugar adecuado
pero Avatar no despuntaron,
más bien al contrario,
casi aburrieron y eso que tocaron
media hora.
Con Holy Moses
la cosa era diferente. Aunque
se notó que la audiencia
estaba allí por Obituarty,
ver a Sabina Classen y los suyos
era una gran oportunidad. Para
mí era la segunda ocasión
porque en octubre de 2006 subí
a la localidad barcelonesa de
Martorell para verles en ese
divertidísimo festival
llamado Martohell. He de reconocer
que aquella noche disfruté
más por la ilusión
de verles que por la actuación
en sí, que no pasó
de correcta. Afortunadamente,
en Heineken los dioses estaban
de nuestra parte o más
bien la presencia de un excelente
baterista como Atomic Steif,
que ya grabara con Holy Moses
“Terminal terror”,
recuperado para el cuarteto.
Atomic Steif es uno de esos
nombres míticos del thrash
underground germano pues ha
pasado también por Sodom,
Living Death, Assassin o los
dioses de culto Violent Force.
Con él, Holy Moses han
dado un salto de calidad que
no se notó en Martorell
donde Asgard Niels Holub cumplió
sin alardes.
Antes de desentrañar
la descarga le pondré
dos objeciones. La primera es
el poco tiempo del que dispusieron,
escasamente cuarenta y cinco
minutos que se pasaron volando.
La segunda, el set list escogido
podía haber sido más
variado. Está muy bien
que se centren en los clásicos
pero casi parecía que
sólo existían
dos discos, “Finished
with the dogs” y “The
new machine of Liechtenstein”.
De acuerdo en que son los más
conocidos y, probablemente,
los mejores (para mí,
con “Finished with the
dogs” no hay duda) pero
alguna paradita en “Queen
of Siam” se hubiera agradecido.
No obstante, no me quejo, en
mi opinión Holy Moses
triunfaron.
Los acordes
de “Master of disaster”
acompañaron la salida
de los de Aquisgrán (o
Aachen, como se dice en alemán).
Entre todos los componentes,
por supuesto, la personalidad
de Sabina Classen, el alma de
la formación. Con algunos
kilos menos, derrochó
carisma aunque el escenario,
como comentó, era pequeño
y no se podía tirar por
el suelo como a ella le gusta.
Junto a su mano derecha, el
guitarrista Michael Hankel,
llevan todo el peso del grupo.
El público estaba animadillo
pero no desbordaba entusiasmo,
tal vez esperando, suponía,
cortes más emblemáticos.
Con “In
the slaughterhouse” se
servía en bandeja de
plata la oportunidad porque
es una canción brutal
que se presta al desfase. Pues
bien, la reacción fue
tímida, algún
pogo pero poco más, algo
que se repitió en todo
el show si bien la profesionalidad
y el derroche de los teutones
animó al respetable.
Una de las sorpresas que me
llevé fue con “Lost
in the maze”. Sé
que es típica pero ese
aire lento y oscuro, con su
cambio de ritmo posterior, que
cerraba “The new machine…”
me vuelve loco. Gran interpretación
y una Sabina en envidiable estado
vocal, con gruñidos y
alaridos por doquier.
La tralla
continuó con la “americana”
“Life destroyer”,
que, para mí, es la peculiar
forma de entender el crossover
que tenían Holy Moses
y “Def Con II” significó
otro contrapunto, al ser tema
más trabajado y menos
machacón, en la dualidad
“Finished…”
– “The new…”.
Para romper un poco esta tendencia,
“End of time” significó
su más moderna interpretación,
referencia a su último
disco, “Strenght power
will passion”, que ya
tiene casi tres años
de vida.
Efímera
resultó esta reivindicación
de lo actual porque rápidamente
enlazaron con “Finished
with trhe dogs”, siempre
grande, que abrió el
camino para dos canciones de
discos distintos, por fin. Supongo
que en honor a Atomic Steif
se acordaron de “Nothing
for my mum” de “Terminal
terror” a la que enlazaron
“Summer kills”,
sorpresa porque de “World
chaos” lo normal es que
hubiera caído la que
le da título. A mí
ya me habían ganado porque,
aunque el sonido no era todo
lo nítido que uno puede
desear, ese toque sucio contribuía
a la propuesta que han defendido
desde los días de sus
demos. “SSP (Secret Project
Service)” fue la antesala
de su canción más
celebrada, “Current of
death”, por decirlo de
alguna forma el himno de Holy
Moses.
Eso sí,
cualquiera que conozca mínimamente
su carrera sabrá que
sus conciertos concluyen con
la versión del “Too
drunk to fuck” de Dead
Kennedys que editaron como single
y también aparecía
en “World chaos”,
en la que dejan fluir su amor
por el punk. Me lo pasé
en grande con Holy Moses, más
incluso que en Martorell. Como
siempre, las opiniones pueden
ser compartidas o no, pero,
para mí, la mejor banda
de la velada. ¡Sabina
forever!
Y eso que estando
ante Obituary uno puede esperar
cualquier cosa pero por h o
por b todas las veces que les
he visto desde su reunión
me ha faltado algo, no han dado
ese grandioso concierto que,
por ejemplo, sí vi en
la gira del “Back from
the dead” en 1995. Para
colmo, esta vez hubo dos condicionantes
que ahondaron en esa sensación.
Por un lado, la sorprendente
ausencia de Frank Watkins. Posteriormente
nos enteramos de que había
vuelto a Tampa para acudir al
entierro de su abuela pero chocó
mucho la aparición de
la banda y empezar a buscar
dónde estaba Frank que
dada su envergadura no es difícil
de otear. La otra razón,
y no quiero repetirme con relación
a Holy Moses porque aquí
fue peor, hay que encontrarla
en el caótico repertorio.
Me parece increíble
que ignoren dos discos tan fantásticos
como “The end complete”
(el que más ha vendido
de Obituary) y “World
demise”. Es más,
lo considero surrealista pero
no contentos con eso, de su
debut, un epítome del
género, únicamente
la inevitable (¡faltaría
más!) “Slowly we
rot”. Para colmo, concentraron
todas las clásicas en
el comienzo y durante ¡10
temas seguidos!, es decir, casi
un 70% de la descarga se dedicaron
a tocar temas de sus dos últimos
trabajos. Hubo otras cosas que
iremos matizando pero la valoración
final no puede ser positiva.
Nos las prometíamos
muy felices con “Find
the arise” de “Cause
of death”. El pogo que
se montó fue espectacular.
Como en Caracol dos años,
la batalla campal estaba servida.
“On the floor” de
“Frozen in time”
no bajó la intensidad
que, incluso, se acrecentó
en las gloriosas “Chopped
in half” y “Turned
inside out”. Emocionantes
podía llegar a calificar
estos compases iniciales. De
cuatro canciones, tres de “Cause
of death”. Cualquiera
podía imaginarse un set
list impresionante. Es más,
aunque no sean tan míticas,
el continuar con “Threatening
skies” y “By the
light” de “Back
from the dead” era una
declaración absoluta
de intenciones, tirando de primera
etapa mezclando cosas del último
y algo de “Frozen in time”.
O, al menos, eso pensábamos
la mayoría de los presentes.
Rápidamente, nos dimos
de bruces con la realidad.
A todo esto,
como ya ocurrió anteriormente,
las pausas entre canciones eran
demasiado largas y rompían
la dinámica de una actuación
que gozaba de un sonido bastante
bueno. Sin embargo, la ausencia
de Frank Watkins parecía
incomodar a la banda porque
se intercambian miradas en medio
de los temas para no perder
el tempo marcado por Donald
Tardy. Por cierto, su hermano
John estuvo de voz mejor que
en la pasada gira pero incomprensiblemente
se le iba la cabeza olvidándose
de cantar alguna estrofa para,
de repente, volver con fuerza.
Muy raro.
Obviamente,
tenía especial interés
en contemplar las evoluciones
de Ralph Santolla. Con el convicto
Allen West entre rejas (aunque
creo que hace poco le soltaron),
el veterano y sobresaliente
guitarrista se da otro baño
de death metal tras su experiencia
en Deicide. Un tipo que ha compuesto
y grabado discos como “Hourglass”
de su banda Millenium sólo
puede ser bueno, eso es indudable,
pero no me hizo ninguna gracia
que le imprimiera su sello personal
a algunos solos, alterando el
sentido original de la canción.
Llamadme purista pero no me
parece bien.
A todo esto,
llegó el chupinazo “Xecutioner´s
return”. Hasta entonces,
nada; de aquí en adelante,
siempre presente. Como disco
reconozco que es más
de lo mismo pero, personalmente,
me encanta, como todo lo que
han hecho Obituary. Es más,
lo pondría un peldaño
por encima de “Frozen
in time” puesto que tiene
un sabor más añejo.
Por eso me apetecía oír
temas nuevos pero no tan seguidos.
“Face your god”
y la excelente “Lasting
presence” movieron a la
gente porque en poco se diferencian
del resto de su trayectoria.
Cada vez se ponía un
punto y seguido en la presentación
de “Xecutioner´s
return” era con “Frozen
in time” con lo que la
temperatura en la pista iba
bajando paulatinamente.
Si hay un tema
que me gustaría se convirtiese
en clásico en el futuro,
ése sería “Evil
ways”, increíble
canción de “Xecutioner´s
return” y uno de los momentos
álgidos del concierto.
Mi euforia continuó con
“Drop dead” pero,
claro, llegaban “Back
inside” o la larga, interesante,
oscura pero mal ubicada “Contrast
the dead” y me calmaba.
Lástima lo de “Contrast
the dead” porque en disco
me alucina pero en directo,
con tanto nuevo por medio, terminó
por entrarme el tedio. Lo más
cachondo del caso es que con
“Stand alone” y
después de cincuenta
y cinco minutos intensos pero
con demasiadas pausas se largaron
del escenario ante el estupor
general.
No tardaron
mucho en volver pero lo hizo
Donald en solitario lo cual
significaba (¡sí,
horror!) solo de batería,
infumable como no podía
ser menos, pero esta completado
con un solo de guitarra de Ralph.
Lo que faltaba. Por si fuera
poco, la pseudo batucada de
“Slow death” fue
el primer bis. Se supone que
en estos “temas extra”
retomarían los discos
antiguos… pero no, porque
además de “Slow
death” se desquitaron
con “Second chance”,
otra más del último.
Me reía por no llorar
porque llegaba el final que,
lógicamente, estaba destinado
a “Slowly we rot”
que sí, fue flipante
pero no logró compensar
lo descompensado de un repertorio
que parecía elegido con
una ruleta.
Si obviamos
todo esto, diría que
el concierto de Obituary fue
bueno pero es imposible desligar
las situaciones que hemos comentado.
Los Obituary que yo vi no se
parecen en nada a los que aparecieron
por Heineken. Quizá sean
mis paranoias pero la sensación
general fue así, si no
me equivoqué demasiado
al observar los rostros cansados,
sudorosos, pero sin esa sonrisa
de oreja a oreja de las grandes
ocasiones.
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