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Pasado, presente
y futuro son tres delimitaciones
o muescas en la línea
del tiempo que pueden ser representadas
por cualquiera en una concepción
simple de las mismas sin entrar
en filosofías ni discutir
sobre su entidad. De esa misma
forma, cada cual en su fuero
interno identifica situaciones,
ideas y expectativas personales
o generales con alguno de los
miembros de este trío.
Precisamente, lo que vimos esta
noche nos hizo reflexionar sobre
cómo pueden entrelazarse
entre sí (más
allá de que el tiempo
pase a cada breve instante)
dichos conceptos.
El futuro abrió
la noche. “Moralia”
es un disco de complicada, y
no necesaria, clasificación
en donde desembocan a un mismo
mar corrientes como pueden ser
el sonido de los noventa, lo
atmosférico, psicodélico,
o incluso, “progresivo”
y “alternativo”
en un concepto original y complejo,
sobre todo en donde estamos,
más por el hecho diferencial
de expresarse en nuestra lengua
común. Sin embargo, esa
misma idea que separa y fluye
con fuerza sirve, por otro lado,
para plantear alguna duda al
respecto pensando que la voz
podía pulir un tanto
algunos defectos (las partes
relajadas y más musicales)
frente a un tono abierto en
espacios más cruentos
y tejidos para el desgarro.
Guldin demostraron en ese sentido,
y sin querer desmerecer por
nuestra parte el arduo menester
realizado en su grabación,
que su trabajo debut no demuestra
un potencial que sí,
de verdad, puede comprobarse
en directo.
Esto nos quedó
claro con sus tres primeros
temas enlazados (“Púrpura”,
“Azul mar”, “Gris
humo”) siguiendo el espíritu
de su disco dónde son
nombrados como colores: nunca
falta sonido. Una ligera parada
donde hablaron un poco y se
les vio un tanto cortados valió
para reanudar la música
y que sí saliera a la
superficie por instantes alguna
de esas pocas sensaciones negativas
ya referidas en “Naranja
del desierto”. Pero no
volvió a ocurrir (y fue
la única vez en sus aproximadamente
cuarenta minutos de concierto),
ni en “Verde esperanza”,
ni en “Rosa” o en
la rápida e instantánea
despedida, porque en cuanto
sonó la última
desaparecieron sin rémora,
con “Rojo” de una
actuación muy movida
(sobre todo por parte de su
guitarrista), de buen sonido
(a pesar de algún acople),
y donde la sensación
fue de muchas expectativas de
cara a lo que venga. Y más
demostrando que ganan onzas
saltando a su “terreno
de juego” frente a esas
pequeñas pegas que puedan
ponerse a su presentación
en disco que, por cierto, también
superan de sobra en acústico.
El presente
se manifestó con un motor
ruidoso y acelerado. La sala,
que cuando habían comenzado
los de Illescas presentaba aún
algunos huecos importantes,
fue llenándose progresivamente
y cerrando filas (aunque cuando
terminara todo no íbamos
a llegar a algo más de
la mitad de su aforo) para asistir
al concierto más incendiario
que hayamos podido ver de The
Smokers desde la aparición
(y han sido varias veces ya)
de “Giving up”.
“Kick that habit”
y “Rock star” pusieron
un buen punto de inicio para
que las sensaciones posteriores
con “Private and confidencial”
y su buenísimo doblete
de guitarras, “This is
rock and roll” y “Rolling”,
en donde surgió la anécdota
cuando les arrojaron un sujetador
al escenario, fueran que esa
debía estar entre las
noches más grandes de
los malagueños.
Puede que el
hecho de que en su anterior
concierto en la capital prácticamente
estrenaban batería y
su cantante se encontraba un
poco mermado por enfermedad
o puede que también aquella
vez se tratara del segundo concierto
de la gira y no estaban lo suficientemente
rodados a pesar de que quienes
los vimos abandonamos el local
satisfechos y al ser esta la
fecha más cercana en
el tiempo fuera lo primero que
el subconsciente viene a comparar.
Pero una pequeña encuesta
entre amigos no falló
y un ambiente a todo vapor tampoco.
“She´s on fire”,
“Smell the pain”
y “Blast the radio”
(encadenando sus notas finales
con las que comienzan la versión
de Aerosmith) apuntalaron los
ladrillos del rascacielos que
estaba construyendo esa noche
el cuartero merced a una compenetración
y feeling pasmosos además
de por la virtud de haber dotado
a los temas de una marcha más
subiendo las revoluciones a
un tono rojo que, en este caso,
se aleja del peligro para ser
todo un aliciente. “Cockteaser”,
“Out of control”
y un impresionante “Where
are you Axl Rose?” sazonadas
de un comienzo desequilibrante
de Javier “Lobo”
Molina terminaron la obra de
ese edificio que con su presencia
constató que estos amantes
del humo, recurriendo a tópicos,
han dejado de ser hace mucho
una promesa para convertirse
en una caliente realidad como
quedó bien claro cuando
ante la unánime petición
de que volvieran de nuevo al
escenario (y no fue teatro)
salieron para tocar “The
talent” de una manera
que sería desmerecida
si tratáramos de expresarla
con palabras.
El pasado reivindicó
un hueco ahora. Antes de relatar
las impresiones este último
concierto es obligatoria una
explicación de la perspectiva
sobre la cual va a ser contado:
nunca he visto a Panzer en directo
y no viví la gran época
del heavy en España (sí,
pero con pocos años los
intereses tiraban más
por la despedida de David el
gnomo que por el cuero y los
cuernos) por lo que creo poder
decir que la mirada era limpia
(y tendré supersticiones,
pero entre ellas no se incluye
el no poder decir el nombre
del grupo). Para completar esto
mi imagen de Carlos Pina es
la del locutor de radio más
que cantante, el mismo locutor
que hace algunos años
entrevistamos en esta revista
y negó rotundamente la
posibilidad de que algo como
lo que contemplamos fuera posible
y que, si volviera a la música
de un modo activo, lo haría
en un estilo diferente. “Algo
más industrial”
llegó a decir.
Pues bien,
el mismo que dijo eso era el
hombre que parecía querer
ocultarse, estaría bien
saber qué ha ocurrido
en este periodo, tras una ropa
negra acompañada de gorro
oscuro y gafas de sol. El único
miembro de la formación
original de Panzer junto al
batería y el mismo que
con “Dios del rock”
y “No hay quien nos pare”
inició su tiempo. “Bienvenidos
al paraíso de Panzer”
sirvió como guiño
y presentación de la
banda entre problemas de sonido
retomando de nuevo con “Gedeón”
y “Caballeros de sangre”,
donde pareció tener algún
contratiempo con la voz al parar
y dirigirse al baterista con
gestos. Es cierto que después
de tantos años las facultades
no pueden ser las mismas y,
por eso mismo, ante posibles
eventualidades al no poder desarrollar
agudos y como nuevo recurso
ahora se apoya en la armónica
(así pasó en “Sube
un escalón”) u
oscilaciones de voz más
propias del rock sureño.
La verdad es que el apoyo no
tardó mucho en llegar
y la gente coreó todos
los temas desde el comienzo
como agradecieron tras “Fuego
prohibido”. “Gracias
por abrazarnos cantando las
canciones”. Sin embargo,
los grandes himnos estaban por
llegar: “Panzer”,
“Perro viejo” que
fue cantada casi en exclusividad
por el público e incluyó
un breve y correcto solo de
batería en su ecuador,
“Toca madera” o
“Galones de plástico”,
que tuvo una introducción
muy acertada tanto para ella
como para la sensación
del grupo hacia nosotros: “Un
poco anticuada pero está
guay”.
“Junto
a ti”, imprescindible,
supuso el momento álgido
coincidiendo con el término
de la hora que el quinteto estuvo
sobre el escenario en un nuevo
agradecimiento “por haber
esperado veinte años”
y despedida conjunta con un
abrazo múltiple y saludos
al público. La idea a
extraer, para mí, fue
que el grupo ha vuelto activo
y con ganas a pesar del paso
del tiempo y que todo pueda
parecer un ejercicio de recuerdo
nostálgico, que si bien
no es lo mismo ni podrá
llegar a ser se mantienen con
cierta dignidad reforzada por
la imagen que van dando algunos
de los que fueron sus contemporáneos,
y hay cariño por lo que
hacen y hacia quien lo hacen.
Porque si salieron bien parados
después de ver a quienes
les precedieron se merecen una
oportunidad con todas las ciertas
y razonadas circunstancias que
puedan tener en contra.
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Panzer

Guldin


The Smokers



Panzer

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