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PANZER + THE SMOKERS + GULDIN

Sala Caracol (Madrid) 14-03-2008

Pasado, presente y futuro son tres delimitaciones o muescas en la línea del tiempo que pueden ser representadas por cualquiera en una concepción simple de las mismas sin entrar en filosofías ni discutir sobre su entidad. De esa misma forma, cada cual en su fuero interno identifica situaciones, ideas y expectativas personales o generales con alguno de los miembros de este trío. Precisamente, lo que vimos esta noche nos hizo reflexionar sobre cómo pueden entrelazarse entre sí (más allá de que el tiempo pase a cada breve instante) dichos conceptos.

El futuro abrió la noche. “Moralia” es un disco de complicada, y no necesaria, clasificación en donde desembocan a un mismo mar corrientes como pueden ser el sonido de los noventa, lo atmosférico, psicodélico, o incluso, “progresivo” y “alternativo” en un concepto original y complejo, sobre todo en donde estamos, más por el hecho diferencial de expresarse en nuestra lengua común. Sin embargo, esa misma idea que separa y fluye con fuerza sirve, por otro lado, para plantear alguna duda al respecto pensando que la voz podía pulir un tanto algunos defectos (las partes relajadas y más musicales) frente a un tono abierto en espacios más cruentos y tejidos para el desgarro. Guldin demostraron en ese sentido, y sin querer desmerecer por nuestra parte el arduo menester realizado en su grabación, que su trabajo debut no demuestra un potencial que sí, de verdad, puede comprobarse en directo.

Esto nos quedó claro con sus tres primeros temas enlazados (“Púrpura”, “Azul mar”, “Gris humo”) siguiendo el espíritu de su disco dónde son nombrados como colores: nunca falta sonido. Una ligera parada donde hablaron un poco y se les vio un tanto cortados valió para reanudar la música y que sí saliera a la superficie por instantes alguna de esas pocas sensaciones negativas ya referidas en “Naranja del desierto”. Pero no volvió a ocurrir (y fue la única vez en sus aproximadamente cuarenta minutos de concierto), ni en “Verde esperanza”, ni en “Rosa” o en la rápida e instantánea despedida, porque en cuanto sonó la última desaparecieron sin rémora, con “Rojo” de una actuación muy movida (sobre todo por parte de su guitarrista), de buen sonido (a pesar de algún acople), y donde la sensación fue de muchas expectativas de cara a lo que venga. Y más demostrando que ganan onzas saltando a su “terreno de juego” frente a esas pequeñas pegas que puedan ponerse a su presentación en disco que, por cierto, también superan de sobra en acústico.

El presente se manifestó con un motor ruidoso y acelerado. La sala, que cuando habían comenzado los de Illescas presentaba aún algunos huecos importantes, fue llenándose progresivamente y cerrando filas (aunque cuando terminara todo no íbamos a llegar a algo más de la mitad de su aforo) para asistir al concierto más incendiario que hayamos podido ver de The Smokers desde la aparición (y han sido varias veces ya) de “Giving up”. “Kick that habit” y “Rock star” pusieron un buen punto de inicio para que las sensaciones posteriores con “Private and confidencial” y su buenísimo doblete de guitarras, “This is rock and roll” y “Rolling”, en donde surgió la anécdota cuando les arrojaron un sujetador al escenario, fueran que esa debía estar entre las noches más grandes de los malagueños.

Puede que el hecho de que en su anterior concierto en la capital prácticamente estrenaban batería y su cantante se encontraba un poco mermado por enfermedad o puede que también aquella vez se tratara del segundo concierto de la gira y no estaban lo suficientemente rodados a pesar de que quienes los vimos abandonamos el local satisfechos y al ser esta la fecha más cercana en el tiempo fuera lo primero que el subconsciente viene a comparar. Pero una pequeña encuesta entre amigos no falló y un ambiente a todo vapor tampoco. “She´s on fire”, “Smell the pain” y “Blast the radio” (encadenando sus notas finales con las que comienzan la versión de Aerosmith) apuntalaron los ladrillos del rascacielos que estaba construyendo esa noche el cuartero merced a una compenetración y feeling pasmosos además de por la virtud de haber dotado a los temas de una marcha más subiendo las revoluciones a un tono rojo que, en este caso, se aleja del peligro para ser todo un aliciente. “Cockteaser”, “Out of control” y un impresionante “Where are you Axl Rose?” sazonadas de un comienzo desequilibrante de Javier “Lobo” Molina terminaron la obra de ese edificio que con su presencia constató que estos amantes del humo, recurriendo a tópicos, han dejado de ser hace mucho una promesa para convertirse en una caliente realidad como quedó bien claro cuando ante la unánime petición de que volvieran de nuevo al escenario (y no fue teatro) salieron para tocar “The talent” de una manera que sería desmerecida si tratáramos de expresarla con palabras.

El pasado reivindicó un hueco ahora. Antes de relatar las impresiones este último concierto es obligatoria una explicación de la perspectiva sobre la cual va a ser contado: nunca he visto a Panzer en directo y no viví la gran época del heavy en España (sí, pero con pocos años los intereses tiraban más por la despedida de David el gnomo que por el cuero y los cuernos) por lo que creo poder decir que la mirada era limpia (y tendré supersticiones, pero entre ellas no se incluye el no poder decir el nombre del grupo). Para completar esto mi imagen de Carlos Pina es la del locutor de radio más que cantante, el mismo locutor que hace algunos años entrevistamos en esta revista y negó rotundamente la posibilidad de que algo como lo que contemplamos fuera posible y que, si volviera a la música de un modo activo, lo haría en un estilo diferente. “Algo más industrial” llegó a decir.

Pues bien, el mismo que dijo eso era el hombre que parecía querer ocultarse, estaría bien saber qué ha ocurrido en este periodo, tras una ropa negra acompañada de gorro oscuro y gafas de sol. El único miembro de la formación original de Panzer junto al batería y el mismo que con “Dios del rock” y “No hay quien nos pare” inició su tiempo. “Bienvenidos al paraíso de Panzer” sirvió como guiño y presentación de la banda entre problemas de sonido retomando de nuevo con “Gedeón” y “Caballeros de sangre”, donde pareció tener algún contratiempo con la voz al parar y dirigirse al baterista con gestos. Es cierto que después de tantos años las facultades no pueden ser las mismas y, por eso mismo, ante posibles eventualidades al no poder desarrollar agudos y como nuevo recurso ahora se apoya en la armónica (así pasó en “Sube un escalón”) u oscilaciones de voz más propias del rock sureño. La verdad es que el apoyo no tardó mucho en llegar y la gente coreó todos los temas desde el comienzo como agradecieron tras “Fuego prohibido”. “Gracias por abrazarnos cantando las canciones”. Sin embargo, los grandes himnos estaban por llegar: “Panzer”, “Perro viejo” que fue cantada casi en exclusividad por el público e incluyó un breve y correcto solo de batería en su ecuador, “Toca madera” o “Galones de plástico”, que tuvo una introducción muy acertada tanto para ella como para la sensación del grupo hacia nosotros: “Un poco anticuada pero está guay”.

“Junto a ti”, imprescindible, supuso el momento álgido coincidiendo con el término de la hora que el quinteto estuvo sobre el escenario en un nuevo agradecimiento “por haber esperado veinte años” y despedida conjunta con un abrazo múltiple y saludos al público. La idea a extraer, para mí, fue que el grupo ha vuelto activo y con ganas a pesar del paso del tiempo y que todo pueda parecer un ejercicio de recuerdo nostálgico, que si bien no es lo mismo ni podrá llegar a ser se mantienen con cierta dignidad reforzada por la imagen que van dando algunos de los que fueron sus contemporáneos, y hay cariño por lo que hacen y hacia quien lo hacen. Porque si salieron bien parados después de ver a quienes les precedieron se merecen una oportunidad con todas las ciertas y razonadas circunstancias que puedan tener en contra.


Panzer

 


Guldin

 

 


The Smokers

 


Panzer

 

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Luis Alberto Martín
Fotografías. Javi Falcón