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Los sentimientos
encontrados son muy difíciles
de explicar. Muchas veces, resulta
paradójico cómo
puedes estar satisfecho con
algo y, sin embargo, percibir
cierto desaliento o decepción.
¿Inconformismo? ¿Ganas
de ejercer de Pepito Grillo?
¿Perfeccionismo? Probablemente,
un poco de todo. Siempre solemos
decir que, aunque a alguien
le pueda parecer injusto, no
exigimos lo mismo a todos los
grupos. Hay formaciones noveles
con las que puedes ser más
benevolente; hay otras que no
te atraen demasiado o no esperas
nada y, a poco que te dan, te
dejan una sonrisa en los labios;
y un último espectro
estaría compuesto por
bandas que amas, sacan discos
geniales y, encima, ya has vivido
conciertos suyos al máximo
nivel. Rata Blanca se encontrarían
en este estadio.
Casi sin hacer
ruido aterrizaron los argentinos
por nuestro país. El
contexto, la serie de actos
relacionados con el festival
Viva América que se organizó
por la Casa de América
en Madrid en fechas cercanas
al doce de octubre. Desgraciadamente,
al menos esta actuación
no fue excesivamente promocionada
aunque la sala presentó
una buena entrada, más
de tres cuartos, si bien conviene
recordar que en su visita anterior
hubo que programar un día
adicional en este local debido
a la enorme demanda.
La hora de
inicio fijada eran las nueve
de la noche pero se demoró
más de treinta minutos
hasta que saltó a escena
el quinteto argentino comandado
por el gran Walter Giardino
bajo la intro de “La llave
de la puerta secreta”.
Esta vez no tenían disco
que presentar por lo que todos
imaginábamos que el repertorio
sería una especie de
“best of”. Más
o menos podemos decir que fue
así pero no se profundizó
todo lo que se debía
en determinados álbumes,
máxime viendo los cambios
de último momento que
se hicieron en el set list,
como después comentaremos.
Eso sí, era lógico
pensar que dadas las vicisitudes
de hace dieciocho meses (por
una parte, invitados varios
y, por otra, los problemas del
baterista Fernando Scarcella)
caerían más temas.
La primera
canción de la velada
fue la que da título
a su más reciente entrega
(que ya tiene casi dos años).
El sonido no resultó
especialmente bueno ni lustroso.
Si bien se podían distinguir
todos los instrumentos era algo
opaco, no daba brillantez ni
permitía degustar la
excelente labor de los músicos.
No obstante, ahí estaban
los Rata dándolo todo
con un Adrián Barilari
impecable en la voz y tan simpático
como acostumbra. Este comienzo
se asemejó al de la gira
anterior ya que tras “La
llave de la puerta secreta”
vino la fantástica “Solo
para amarte” que sirvió
para que los pocos que aún
no estaban metidos en el show
lo hicieran. Por si esto fuera
poco, cuando anunciaron “Volviendo
a casa” la audiencia vibró
y es que “El camino del
fuego” se convirtió,
para mí inesperadamente,
en el protagonista de la noche.
Durante los
siguientes cuarenta minutos
se produjo un bis a bis entre
“El camino del fuego”
y “La llave de la puerta
secreta” que realmente
no acerté a entender.
Como ya se ha comentado en estas
páginas, ambos discos
son excepcionales y están
cerca del nivel de sus primeras
obras pero yo me quedé
con la sensación de que
esto ya lo había vivido
no hace demasiado. No digo que
haya que obviarlos, ni mucho
menos. Es más, creo que
la selección de “La
llave…” fue perfecta
pero, en mi criterio, sobró
algún corte de “El
camino del fuego”. Ahondando
en este aspecto conviene decir
que tenían escritas en
la hoja del repertorio “Ángeles
de acero” y “Nada
es fácil sin tu amor”,
increíble recuperación
de dos maravillosas composiciones
de “Guerrero del arco
iris”. Pues bien, tanto
una como otra se quedaron en
el tintero siendo “Ángeles
de acero” sustituida por
“El amo del camino”,
un notable tema pero que siempre
lo tocan. Ellos sabrán
pero creo que esto es debido
a la impresión que tiene
Giardino de que la distribución
de sus dos últimos discos,
al ser española, es mejor
que la de álbumes de
los inicios, cosa que es cierta
pero no lo es menos que cualquiera
puede acceder a ellos a un precio
razonable y, si no los encuentran,
existen otros métodos
que no aprobamos pero que se
hacen necesarios en determinadas
ocasiones. Es decir, si yo hubiera
conocido a Rata Blanca en los
últimos años y
me encantaran, os aseguro que
ya tendría trillados
sus primeros trabajos, máxime
cuando tienen ese enorme prestigio
que merecidamente poseen. Esta
fue la sensación agridulce
que mencionaba al comienzo de
la reseña.
Siguiendo con
el orden de las cosas y lo estrictamente
musical, “La canción
del guerrero” resultó
de las más emocionantes
interpretaciones de la noche.
No andaré lejos si digo
que es el mejor tema que ha
escrito Walter desde la resurrección
de los bonaerenses. “Aún
estás en mis sueños”
es otra de las que ha calado
hondo en los seguidores. Posee
ese punto comercial que te engancha
en su estribillo y no puedes
dejar de cantarlo en meses.
Una sorpresa agradable, si no
fuera por lo excesivo del tratamiento
a “El camino del fuego”,
vino de la mano de “Caballo
salvaje”, Me alegró
un montón que sonara
porque, junto a “La canción
del guerrero”, es mi preferida
de ese álbum. Buena labor
aquí de Hugo Bistolfi
a los teclados y es que casi
siempre nos fijamos exclusivamente
en Walter y Adrián obviando
que Hugo, Fernando y Guillermo
Sánchez son imprescindibles
para que la maquinaria funcione.
Precisamente en este instante
Adrián hizo una referencia
a la lesión que tuvo
Fernando en la anterior gira
española que le tuvo
más de un año
sin coger las baquetas. ¡Gran
mérito el del baterista!
Ya he comentado
la supresión de “Nada
es fácil sin tu amor”
y el cambio de “Ángeles
de acero” por “El
amo del camino” que tuvo
buena acogida pero que, personalmente,
no me aportó nada con
relación a lo que lo
hubiera hecho algún clásico
escondido de su etapa previa
al año 1993. Para completar
el repoker de “El camino
del fuego”, un tema dedicado
a la infausta etapa del “corralito”
que vivió Argentina,
“Señora Furia”,
que a mí me parece bastante
prescindible viendo lo que se
quedó fuera. Con “La
otra cara de la moneda”
la gente recuperó la
intensidad del pequeño
parón que había
supuesto “Señora
Furia”. Entonces, llegó
el momento Giardino. Bajo la
excusa de interpretar “Preludio
obsesivo”, Walter, como
buen “guitar hero”
heredero de Ritchie Blackmore
que es, desarrolla un extenso
sólo que, sinceramente,
llega a aburrir o impacientarte
esperando que vuelvan las canciones.
Un pequeño ejercicio
de Mozart, otro de Tchaikovsky
y cosecha propia para más
de doce minutos de virguerías
varias. Con la mitad, teníamos
de sobra.
Encarando ya
la última parte de la
actuación, sólo
quedaba lugar para clásicos
porque casi no habían
tenido cabida en los más
de setenta minutos que habían
transcurrido desde la intro.
Otra de las que no faltan nunca
es “Chico callejero”,
un gran tema de su debut pero,
en mi criterio, no fundamental.
No obstante, ninguna queja,
todo lo contrario. Eso sí,
la locura desatada acaeció
con las primeras notas de la
gloriosa “Guerrero del
arco iris”. Yo que ellos
me replantearía alguna
que otra cosa cuando elijan
el repertorio. Si por mí
fuera, que tocaran “Magos,
espadas y rosas” y “Guerrero
del arco iris” enteros.
Sin menospreciar sus otras grandes
producciones, es que estos dos
discos están entre lo
más grande que he escuchado
en mi vida dentro del hard &
heavy mundial. Me chocó
bastante que se montara un pogo
que ya no terminó hasta
la conclusión del show.
Está muy bien sentir
a tope la música pero
cada cosa en su momento. Si
fuera un concierto de Hatebreed,
Morbid Angel o algo así,
me parece adecuado pero no era
la ocasión.
Con “Guerrero
del arco iris” pusieron
el punto y seguido. Me temía
que la tardía salía
iba a propiciar alguna caída
postrer pero no, para los bises
nos reservaron, en primera instancia,
“El sueño de la
gitana”, otra de las no
esperadas, temazo brutal de
su lejano debut de 1988. Casi
veinte años de existencia
y vigente como en aquel septiembre
en el que Argentina pasaba por
una etapa convulsa con ruido
de sables y temores de vuelta
a la dictadura militar que propició
que, poco después, el
presidente Raúl Alfonsín
dejara su cargo y le sustituyera
Carlos Menem. Para el final
dejaron sus dos superhits. “Mujer
amante” fue interpretada
mejor que otras veces o, al
menos, así me lo pareció,
y “La leyenda del hada
y el mago” provocó
el clamor general dejando un
gran sabor de boca en un público
que disfrutó durante
una hora y cuarenta y cinco
minutos con los argentinos.
Objetivamente,
fue un notable concierto. Rata
Blanca es un valor seguro porque
tienen canciones de sobra para
confeccionar repertorios de
calidad. Sin embargo, espero
y, perdón por la osadía,
exijo que me den el máximo
porque es, quizá, el
mejor grupo de habla hispana
que jamás haya existido
en este estilo, en mi opinión
un peldaño por encima
de Barón Rojo (por cantidad
de discos brillantes) y Gillman
(una devoción personal).
Me lo pasé bien pero
tendría que haber salido
alucinando y no recordando siempre
esa primera vez que pisaron
esta tierra hace casi tres lustros.
Aún así, mereció
la pena vivir esta notable velada.
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