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RATA BLANCA

Sala Heineken Arena. Madrid 11/10/2007

Los sentimientos encontrados son muy difíciles de explicar. Muchas veces, resulta paradójico cómo puedes estar satisfecho con algo y, sin embargo, percibir cierto desaliento o decepción. ¿Inconformismo? ¿Ganas de ejercer de Pepito Grillo? ¿Perfeccionismo? Probablemente, un poco de todo. Siempre solemos decir que, aunque a alguien le pueda parecer injusto, no exigimos lo mismo a todos los grupos. Hay formaciones noveles con las que puedes ser más benevolente; hay otras que no te atraen demasiado o no esperas nada y, a poco que te dan, te dejan una sonrisa en los labios; y un último espectro estaría compuesto por bandas que amas, sacan discos geniales y, encima, ya has vivido conciertos suyos al máximo nivel. Rata Blanca se encontrarían en este estadio.

Casi sin hacer ruido aterrizaron los argentinos por nuestro país. El contexto, la serie de actos relacionados con el festival Viva América que se organizó por la Casa de América en Madrid en fechas cercanas al doce de octubre. Desgraciadamente, al menos esta actuación no fue excesivamente promocionada aunque la sala presentó una buena entrada, más de tres cuartos, si bien conviene recordar que en su visita anterior hubo que programar un día adicional en este local debido a la enorme demanda.

La hora de inicio fijada eran las nueve de la noche pero se demoró más de treinta minutos hasta que saltó a escena el quinteto argentino comandado por el gran Walter Giardino bajo la intro de “La llave de la puerta secreta”. Esta vez no tenían disco que presentar por lo que todos imaginábamos que el repertorio sería una especie de “best of”. Más o menos podemos decir que fue así pero no se profundizó todo lo que se debía en determinados álbumes, máxime viendo los cambios de último momento que se hicieron en el set list, como después comentaremos. Eso sí, era lógico pensar que dadas las vicisitudes de hace dieciocho meses (por una parte, invitados varios y, por otra, los problemas del baterista Fernando Scarcella) caerían más temas.

La primera canción de la velada fue la que da título a su más reciente entrega (que ya tiene casi dos años). El sonido no resultó especialmente bueno ni lustroso. Si bien se podían distinguir todos los instrumentos era algo opaco, no daba brillantez ni permitía degustar la excelente labor de los músicos. No obstante, ahí estaban los Rata dándolo todo con un Adrián Barilari impecable en la voz y tan simpático como acostumbra. Este comienzo se asemejó al de la gira anterior ya que tras “La llave de la puerta secreta” vino la fantástica “Solo para amarte” que sirvió para que los pocos que aún no estaban metidos en el show lo hicieran. Por si esto fuera poco, cuando anunciaron “Volviendo a casa” la audiencia vibró y es que “El camino del fuego” se convirtió, para mí inesperadamente, en el protagonista de la noche.

Durante los siguientes cuarenta minutos se produjo un bis a bis entre “El camino del fuego” y “La llave de la puerta secreta” que realmente no acerté a entender. Como ya se ha comentado en estas páginas, ambos discos son excepcionales y están cerca del nivel de sus primeras obras pero yo me quedé con la sensación de que esto ya lo había vivido no hace demasiado. No digo que haya que obviarlos, ni mucho menos. Es más, creo que la selección de “La llave…” fue perfecta pero, en mi criterio, sobró algún corte de “El camino del fuego”. Ahondando en este aspecto conviene decir que tenían escritas en la hoja del repertorio “Ángeles de acero” y “Nada es fácil sin tu amor”, increíble recuperación de dos maravillosas composiciones de “Guerrero del arco iris”. Pues bien, tanto una como otra se quedaron en el tintero siendo “Ángeles de acero” sustituida por “El amo del camino”, un notable tema pero que siempre lo tocan. Ellos sabrán pero creo que esto es debido a la impresión que tiene Giardino de que la distribución de sus dos últimos discos, al ser española, es mejor que la de álbumes de los inicios, cosa que es cierta pero no lo es menos que cualquiera puede acceder a ellos a un precio razonable y, si no los encuentran, existen otros métodos que no aprobamos pero que se hacen necesarios en determinadas ocasiones. Es decir, si yo hubiera conocido a Rata Blanca en los últimos años y me encantaran, os aseguro que ya tendría trillados sus primeros trabajos, máxime cuando tienen ese enorme prestigio que merecidamente poseen. Esta fue la sensación agridulce que mencionaba al comienzo de la reseña.

Siguiendo con el orden de las cosas y lo estrictamente musical, “La canción del guerrero” resultó de las más emocionantes interpretaciones de la noche. No andaré lejos si digo que es el mejor tema que ha escrito Walter desde la resurrección de los bonaerenses. “Aún estás en mis sueños” es otra de las que ha calado hondo en los seguidores. Posee ese punto comercial que te engancha en su estribillo y no puedes dejar de cantarlo en meses. Una sorpresa agradable, si no fuera por lo excesivo del tratamiento a “El camino del fuego”, vino de la mano de “Caballo salvaje”, Me alegró un montón que sonara porque, junto a “La canción del guerrero”, es mi preferida de ese álbum. Buena labor aquí de Hugo Bistolfi a los teclados y es que casi siempre nos fijamos exclusivamente en Walter y Adrián obviando que Hugo, Fernando y Guillermo Sánchez son imprescindibles para que la maquinaria funcione. Precisamente en este instante Adrián hizo una referencia a la lesión que tuvo Fernando en la anterior gira española que le tuvo más de un año sin coger las baquetas. ¡Gran mérito el del baterista!

Ya he comentado la supresión de “Nada es fácil sin tu amor” y el cambio de “Ángeles de acero” por “El amo del camino” que tuvo buena acogida pero que, personalmente, no me aportó nada con relación a lo que lo hubiera hecho algún clásico escondido de su etapa previa al año 1993. Para completar el repoker de “El camino del fuego”, un tema dedicado a la infausta etapa del “corralito” que vivió Argentina, “Señora Furia”, que a mí me parece bastante prescindible viendo lo que se quedó fuera. Con “La otra cara de la moneda” la gente recuperó la intensidad del pequeño parón que había supuesto “Señora Furia”. Entonces, llegó el momento Giardino. Bajo la excusa de interpretar “Preludio obsesivo”, Walter, como buen “guitar hero” heredero de Ritchie Blackmore que es, desarrolla un extenso sólo que, sinceramente, llega a aburrir o impacientarte esperando que vuelvan las canciones. Un pequeño ejercicio de Mozart, otro de Tchaikovsky y cosecha propia para más de doce minutos de virguerías varias. Con la mitad, teníamos de sobra.

Encarando ya la última parte de la actuación, sólo quedaba lugar para clásicos porque casi no habían tenido cabida en los más de setenta minutos que habían transcurrido desde la intro. Otra de las que no faltan nunca es “Chico callejero”, un gran tema de su debut pero, en mi criterio, no fundamental. No obstante, ninguna queja, todo lo contrario. Eso sí, la locura desatada acaeció con las primeras notas de la gloriosa “Guerrero del arco iris”. Yo que ellos me replantearía alguna que otra cosa cuando elijan el repertorio. Si por mí fuera, que tocaran “Magos, espadas y rosas” y “Guerrero del arco iris” enteros. Sin menospreciar sus otras grandes producciones, es que estos dos discos están entre lo más grande que he escuchado en mi vida dentro del hard & heavy mundial. Me chocó bastante que se montara un pogo que ya no terminó hasta la conclusión del show. Está muy bien sentir a tope la música pero cada cosa en su momento. Si fuera un concierto de Hatebreed, Morbid Angel o algo así, me parece adecuado pero no era la ocasión.

Con “Guerrero del arco iris” pusieron el punto y seguido. Me temía que la tardía salía iba a propiciar alguna caída postrer pero no, para los bises nos reservaron, en primera instancia, “El sueño de la gitana”, otra de las no esperadas, temazo brutal de su lejano debut de 1988. Casi veinte años de existencia y vigente como en aquel septiembre en el que Argentina pasaba por una etapa convulsa con ruido de sables y temores de vuelta a la dictadura militar que propició que, poco después, el presidente Raúl Alfonsín dejara su cargo y le sustituyera Carlos Menem. Para el final dejaron sus dos superhits. “Mujer amante” fue interpretada mejor que otras veces o, al menos, así me lo pareció, y “La leyenda del hada y el mago” provocó el clamor general dejando un gran sabor de boca en un público que disfrutó durante una hora y cuarenta y cinco minutos con los argentinos.

Objetivamente, fue un notable concierto. Rata Blanca es un valor seguro porque tienen canciones de sobra para confeccionar repertorios de calidad. Sin embargo, espero y, perdón por la osadía, exijo que me den el máximo porque es, quizá, el mejor grupo de habla hispana que jamás haya existido en este estilo, en mi opinión un peldaño por encima de Barón Rojo (por cantidad de discos brillantes) y Gillman (una devoción personal). Me lo pasé bien pero tendría que haber salido alucinando y no recordando siempre esa primera vez que pisaron esta tierra hace casi tres lustros. Aún así, mereció la pena vivir esta notable velada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.ratablanca.com.ar

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego