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ROSE TATTOO + GUTBUCKET

Sala Heineken (31/03/2007) Madrid

Cada cierto tiempo es necesario cerciorarse de que todavía quedan “outlaws” en esta sociedad tan esteriotipada, tipos con el suficiente carisma para ponerse el mundo por montera e ir a su bola sin importarles lo más mínimo el qué dirán o si algo está bien o es contrario a lo que la masa borreguil dicte. Angry Anderson es una de esas excepciones. Él, que ha sido y es la eterna imagen de Rose Tattoo, le preocupa bien poco si su banda es underground, de culto o no ha logrado ni la décima parte de éxito y reconocimiento que otros colegas australianos de su generación con bastante menos talento. Angry es un luchador, un “héroe de la clase trabajadora” con sus adicciones, sus errores, sus aciertos y su punto de genialidad extrema, para lo bueno y para lo malo. Que la historia le haya sido adversa no le impide embarcarse en aventuras temporales como este periplo europeo. Sabe que Alemania es su hogar y allí tiene todo ganado pero el pasearse por otros países la da una visión más de conjunto de la posible validez del grupo en pleno siglo XXI. Con el buen, sin más, “Blood blothers” debajo del brazo y un gran puñado de clásicos, sus fanáticos no quedarían defraudados.

La duda me asaltaba al cuestionarme cuántos acérrimos tendrían Rose Tattoo a estas alturas en España. Según te acercabas a la sala, el panorama parecía desolador. Una escasísima cola cuando abrieron las puertas hizo presagiar lo peor. No obstante, en el momento en el que salieron los cabezas de cartel, el aspecto era bastante bueno. Entre cuatrocientas y cuatrocientas cincuenta personas de toda clase y condición acudimos a la llamada de este pequeño gran hombre. Roqueros aguerridos, moteros apasionados de la música y heavies con pedigrí, esa era la fauna principal de este zoológico ávida de grandes canciones. Eso fue después porque la salida de los teloneros no se vio acompañada de tanto público ni especies variopintas.

Gutbucket son una banda desconocida en nuestro país a pesar de que ya tienen tres (o cuatro, según se mire) discos en el mercado y venían a presentar el más reciente, homónimo. Este cuarteto de Kiel, localidad del norte de Alemania conocida por su fantástico equipo de balonmano, practica un estilo muy propio de las tierras germanas. Una especie de hard rock muy vigoroso y macarra, por su contundencia casi cercano al heavy metal pero con matices punk. Cada uno con su personalidad pero me vienen a la mente formaciones underground similares como Dustsucker o mis adorados Red Aim. Para dar una idea más cercana, quedarían a medio camino entre Motorhead, Warrior Soul, los propios Rose Tattoo, etc.

De luto riguroso saltaron a las tablas comprobando cómo apenas medio centenar de personas aguardaban su puesta en escena. Como hemos apuntado, tienen otros álbumes menores pero su reciente entrega es con la que se intentan abrir paso en el difícil panorama europeo y por ello apuraron al máximo este “Gutbucket” comenzando por “Light your fire”. Musicalmente son bastante simples y básicos. La sección rítmica es el vehículo conductor con Schröderone a la batería y Battermann al bajo que recogen la herencia de los primeros “pobladores” del hard rock, cero virtuosismo, mucha eficacia. La guitarra de Dr. Uwe es como una máquina de escupir riffs que aportan la dureza necesaria para que Peter Kaluza demuestre que si bien como vocalista nunca romperá cristales, sí que sabe poner su voz al servicio de una enérgica propuesta y dejarse la piel para recalentar el gélido ambiente que en la sala se vivía.

Gracias a las ganas que le echaron los teutones (y alguna palabreja en “español de Mallorca o Canarias” por parte de Peter) consiguieron conectar con una audiencia que sin saber casi su nombre supo agradecer el derroche de entrega de Gutbucket. En su repertorio únicamente tuvieron cabida dos cortes del pasado, en concreto “82 hour bus hellride” y la notable “Dead horse (sore ass)”, desgranando las composiciones de este año, entre las que me gustaría destacar “Burn the radio”, “Show” o “Gimme some action” en la que algún valiente incluso se atrevió a dar palmas al son de la canción.

Como digo, los tíos estuvieron francamente bien porque el suyo es un género que gana en directo. Esos temas de menos de cuatro minutos, sin ser nada especial, ayudan a meterte en el concierto. Por lo tanto, cuando se despidieron con “Engine burnin´” y “You never”, después de casi tres cuartos de hora, las dos partes (público y banda) quedaron más que satisfecho. Seguro que ganaron más de un adepto porque si bien su disco tampoco me dice demasiado, esa velada consiguieron hacer disfrutar hasta al más escépticos. Firmaría porque todos los teloneros tuvieran la mitad de ilusión que estos cuatro norteños.

La pista de la sala Heineken se pobló en el intervalo que transcurrió hasta la salida de Rose Tattoo. Había expectación y se notaba porque los australianos no se pasan por la península todos los días, ni mucho menos. Bueno, en cuanto a lo de australianos habría que matizar porque a pesar de que tanto los originales Anderson y Mick Cocks, como el resto de componentes, Dai Pritchard a la guitarra solista, el bajista Steve King y el baterista Pail DiMarco nacieron en la tierra descubierta por el explorador Cook, ya digo que su actividad más febril está en Alemania.

Han sido meses complicados para Rose Tattoo. En 2006 fallecieron dos miembros, el mítico Pete Welles e Ian Rilen. Sin embargo, parece que Angry ha querido tirar hacia delante y ofrecernos disco, gira y lo que se tercie. Los fans le están agradecidos porque, sinceramente, la imagen del hombre cuando saltó a escena era patética. A su diminuta figura ataviada con el mono blanco de la fábrica, se le unía la copa en la mano y una borrachera considerable que le hacía tambalearse en cuanto perdía el equilibrio. Sin llegar a abrir del todo los ojos, la actuación comenzó con “Man about town”, la primera de las muchas que tocarían de “Blood brothers”. El sonido era un tanto embarullado porque se escuchaba más la guitarra rítmica que la solista pero afortunadamente la voz del divino calvo salía del micrófono con nitidez. Me impresionó ver cómo después de tantos excesos, este gran hombre mantiene intactas sus cuerdas vocales, en eso es un privilegiado.

Si bien ya me pararé más a analizar en la oportuna reseña del álbum, señalar que los temas de “Blood brothers” ganan encima de las tablas sobre todo si los intercalas con los himnos de Rose Tattoo. Así, la descarga se convirtió en una pelea desigual entre lo último y su debut. Los seguidores animaban en todos los casos pero cuando caían cosas como “One of the boys” los cánticos y los vítores arreciaban. “Black eye bruiser” es una versión que se han marcado de un hit de los 70 en su país y que les viene como anillo al dedo. Quizá de las modernas, una de mis preferidas. “Remedy” significó el contrapunto y “Rock ´n roll outlaw”, uno de los clímax del evento con todo el público vociferando este estribillo que tan bien se puede identificar con un Angry cuyos monólogos se perdían después de inicios bastante graciosos.

“1854” es probablemente la canción más emblemática de “Blood brothers”, de esas que te enganchan tanto por su letra como por el desarrollo musical y que bien podría considerarse clásico en unos años porque no desentonó entre dos pesos pesados como la mencionada “Rock ´n roll outlaw” y “Bad boy for love”, otra de las favoritas de la gente con ese rollo tan boggie que sólo ellos saben imprimir a sus composiciones. Hasta aquí todo había sido dual pero el quinteto se paró en otros discos fabulosos como “Assault & battery” y así interpretaron el tema que le daba título para deleite de los más “die hard”.

A todo esto, Rose Tattoo iban a saco, prácticamente sin pausas no dejando enemigos en el camino. Aquello era una lección de hard rock and roll con actitud. “Tramp” retornó a la senda de su debut y quizá “Sweet meat” me parezca de las canciones más flojas de “Blood brothers” pero todo tiene remedio si después aparece la marcha de “Rock ´n´ is king” que nos hace volver a dejarnos la garganta aunque, en mi opinión, esta parte central supuso un pequeño relax respecto al colosal inicio ya que las neófitas “Once in a lifetime” y “Stand over man” sirvieron para que todos los presentes nos tomáramos un respiro. El quinteto, por su parte, seguía como un tren arrollando lo que se ponía por delante.

Quisieron continuar dando cancha a “Assault & battery”, su segunda obra, para entrar en la parte más esperada del concierto. “Magnum maid” y la imprescindible “Mandil madness” retumbaron en Heineken con un Angry Anderson cada vez más tambaleante. Este “bendito sufrimiento” se materializó en una genial interpretación de “Scarred for life” que culminó con el vocalista tirado en el suelo, el público alargando sus manos para frotarle su sudada calva y sus compañeros levantándole en volandas previendo que él solo no podría incorporarse. A medio camino entre lo glorioso y lo patético.

Llevaban bastante más de una hora encima del escenario y aún faltaba la traca final con “Nothing to lose”, otra de las más destacadas de “Blood brothers”, y, cómo no, su tema emblema, ese “Nice boys” que tan bien versionearan en su momento unos Guns ´N´ Roses en plena ebullición pero que jamás llegaría a la altura de la original interpretación de nuestros protagonistas. La gente se volvió loca con bailes, coros, empujones y demás parafernalia que rodeó a una de las mejores canciones de la historia del hard rock. Tras más de ochenta minutos ininterrumpidos, Rose Tattoo se metieron en los camerinos. Sinceramente, creo que con esto habían cumplido de sobra con un notable concierto pero sus fans querían más dosis de Angry y sus muchachos.

Estos replicaron rápido porque volvieron a saltar para regalarnos tres bises, todos pertenecientes a su debut. A mí modo de entender, no deberían haber dejado para esa parte final “The butcher and fase Eddie”, su particular “The jack”, tema bluesero y, para mí, aburrido que alargan demasiado cortando el subidón de adrenalina de los asistentes. La euforia con que había concluido “Nice boys” se calmó y ni tan siquiera dos magníficos cortes como “Astra wally” y “We can´t be beaten” lograron las cotas anteriores de excitación. Aún así, es un pequeño matiz que no puede empañar una muy buena descarga de esta banda comandada por un personaje entrañable. Ojalá tengamos Angry Anderson para rato porque noches como ésta son las que sus contemporáneos wallabies de AC/DC nunca jamás podrán conseguir, por mucho que llenen plazas de toros, estadios o circuitos de velocidad. Opps, lo siento, pero tenía que decirlo.


Rose Tattoo


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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego