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Cada cierto
tiempo es necesario cerciorarse
de que todavía quedan
“outlaws” en esta
sociedad tan esteriotipada,
tipos con el suficiente carisma
para ponerse el mundo por montera
e ir a su bola sin importarles
lo más mínimo
el qué dirán o
si algo está bien o es
contrario a lo que la masa borreguil
dicte. Angry Anderson es una
de esas excepciones. Él,
que ha sido y es la eterna imagen
de Rose Tattoo, le preocupa
bien poco si su banda es underground,
de culto o no ha logrado ni
la décima parte de éxito
y reconocimiento que otros colegas
australianos de su generación
con bastante menos talento.
Angry es un luchador, un “héroe
de la clase trabajadora”
con sus adicciones, sus errores,
sus aciertos y su punto de genialidad
extrema, para lo bueno y para
lo malo. Que la historia le
haya sido adversa no le impide
embarcarse en aventuras temporales
como este periplo europeo. Sabe
que Alemania es su hogar y allí
tiene todo ganado pero el pasearse
por otros países la da
una visión más
de conjunto de la posible validez
del grupo en pleno siglo XXI.
Con el buen, sin más,
“Blood blothers”
debajo del brazo y un gran puñado
de clásicos, sus fanáticos
no quedarían defraudados.
La duda me
asaltaba al cuestionarme cuántos
acérrimos tendrían
Rose Tattoo a estas alturas
en España. Según
te acercabas a la sala, el panorama
parecía desolador. Una
escasísima cola cuando
abrieron las puertas hizo presagiar
lo peor. No obstante, en el
momento en el que salieron los
cabezas de cartel, el aspecto
era bastante bueno. Entre cuatrocientas
y cuatrocientas cincuenta personas
de toda clase y condición
acudimos a la llamada de este
pequeño gran hombre.
Roqueros aguerridos, moteros
apasionados de la música
y heavies con pedigrí,
esa era la fauna principal de
este zoológico ávida
de grandes canciones. Eso fue
después porque la salida
de los teloneros no se vio acompañada
de tanto público ni especies
variopintas.
Gutbucket son
una banda desconocida en nuestro
país a pesar de que ya
tienen tres (o cuatro, según
se mire) discos en el mercado
y venían a presentar
el más reciente, homónimo.
Este cuarteto de Kiel, localidad
del norte de Alemania conocida
por su fantástico equipo
de balonmano, practica un estilo
muy propio de las tierras germanas.
Una especie de hard rock muy
vigoroso y macarra, por su contundencia
casi cercano al heavy metal
pero con matices punk. Cada
uno con su personalidad pero
me vienen a la mente formaciones
underground similares como Dustsucker
o mis adorados Red Aim. Para
dar una idea más cercana,
quedarían a medio camino
entre Motorhead, Warrior Soul,
los propios Rose Tattoo, etc.
De luto riguroso
saltaron a las tablas comprobando
cómo apenas medio centenar
de personas aguardaban su puesta
en escena. Como hemos apuntado,
tienen otros álbumes
menores pero su reciente entrega
es con la que se intentan abrir
paso en el difícil panorama
europeo y por ello apuraron
al máximo este “Gutbucket”
comenzando por “Light
your fire”. Musicalmente
son bastante simples y básicos.
La sección rítmica
es el vehículo conductor
con Schröderone a la batería
y Battermann al bajo que recogen
la herencia de los primeros
“pobladores” del
hard rock, cero virtuosismo,
mucha eficacia. La guitarra
de Dr. Uwe es como una máquina
de escupir riffs que aportan
la dureza necesaria para que
Peter Kaluza demuestre que si
bien como vocalista nunca romperá
cristales, sí que sabe
poner su voz al servicio de
una enérgica propuesta
y dejarse la piel para recalentar
el gélido ambiente que
en la sala se vivía.
Gracias a las
ganas que le echaron los teutones
(y alguna palabreja en “español
de Mallorca o Canarias”
por parte de Peter) consiguieron
conectar con una audiencia que
sin saber casi su nombre supo
agradecer el derroche de entrega
de Gutbucket. En su repertorio
únicamente tuvieron cabida
dos cortes del pasado, en concreto
“82 hour bus hellride”
y la notable “Dead horse
(sore ass)”, desgranando
las composiciones de este año,
entre las que me gustaría
destacar “Burn the radio”,
“Show” o “Gimme
some action” en la que
algún valiente incluso
se atrevió a dar palmas
al son de la canción.
Como digo,
los tíos estuvieron francamente
bien porque el suyo es un género
que gana en directo. Esos temas
de menos de cuatro minutos,
sin ser nada especial, ayudan
a meterte en el concierto. Por
lo tanto, cuando se despidieron
con “Engine burnin´”
y “You never”, después
de casi tres cuartos de hora,
las dos partes (público
y banda) quedaron más
que satisfecho. Seguro que ganaron
más de un adepto porque
si bien su disco tampoco me
dice demasiado, esa velada consiguieron
hacer disfrutar hasta al más
escépticos. Firmaría
porque todos los teloneros tuvieran
la mitad de ilusión que
estos cuatro norteños.
La pista de
la sala Heineken se pobló
en el intervalo que transcurrió
hasta la salida de Rose Tattoo.
Había expectación
y se notaba porque los australianos
no se pasan por la península
todos los días, ni mucho
menos. Bueno, en cuanto a lo
de australianos habría
que matizar porque a pesar de
que tanto los originales Anderson
y Mick Cocks, como el resto
de componentes, Dai Pritchard
a la guitarra solista, el bajista
Steve King y el baterista Pail
DiMarco nacieron en la tierra
descubierta por el explorador
Cook, ya digo que su actividad
más febril está
en Alemania.
Han sido meses
complicados para Rose Tattoo.
En 2006 fallecieron dos miembros,
el mítico Pete Welles
e Ian Rilen. Sin embargo, parece
que Angry ha querido tirar hacia
delante y ofrecernos disco,
gira y lo que se tercie. Los
fans le están agradecidos
porque, sinceramente, la imagen
del hombre cuando saltó
a escena era patética.
A su diminuta figura ataviada
con el mono blanco de la fábrica,
se le unía la copa en
la mano y una borrachera considerable
que le hacía tambalearse
en cuanto perdía el equilibrio.
Sin llegar a abrir del todo
los ojos, la actuación
comenzó con “Man
about town”, la primera
de las muchas que tocarían
de “Blood brothers”.
El sonido era un tanto embarullado
porque se escuchaba más
la guitarra rítmica que
la solista pero afortunadamente
la voz del divino calvo salía
del micrófono con nitidez.
Me impresionó ver cómo
después de tantos excesos,
este gran hombre mantiene intactas
sus cuerdas vocales, en eso
es un privilegiado.
Si bien ya
me pararé más
a analizar en la oportuna reseña
del álbum, señalar
que los temas de “Blood
brothers” ganan encima
de las tablas sobre todo si
los intercalas con los himnos
de Rose Tattoo. Así,
la descarga se convirtió
en una pelea desigual entre
lo último y su debut.
Los seguidores animaban en todos
los casos pero cuando caían
cosas como “One of the
boys” los cánticos
y los vítores arreciaban.
“Black eye bruiser”
es una versión que se
han marcado de un hit de los
70 en su país y que les
viene como anillo al dedo. Quizá
de las modernas, una de mis
preferidas. “Remedy”
significó el contrapunto
y “Rock ´n roll
outlaw”, uno de los clímax
del evento con todo el público
vociferando este estribillo
que tan bien se puede identificar
con un Angry cuyos monólogos
se perdían después
de inicios bastante graciosos.
“1854”
es probablemente la canción
más emblemática
de “Blood brothers”,
de esas que te enganchan tanto
por su letra como por el desarrollo
musical y que bien podría
considerarse clásico
en unos años porque no
desentonó entre dos pesos
pesados como la mencionada “Rock
´n roll outlaw”
y “Bad boy for love”,
otra de las favoritas de la
gente con ese rollo tan boggie
que sólo ellos saben
imprimir a sus composiciones.
Hasta aquí todo había
sido dual pero el quinteto se
paró en otros discos
fabulosos como “Assault
& battery” y así
interpretaron el tema que le
daba título para deleite
de los más “die
hard”.
A todo esto,
Rose Tattoo iban a saco, prácticamente
sin pausas no dejando enemigos
en el camino. Aquello era una
lección de hard rock
and roll con actitud. “Tramp”
retornó a la senda de
su debut y quizá “Sweet
meat” me parezca de las
canciones más flojas
de “Blood brothers”
pero todo tiene remedio si después
aparece la marcha de “Rock
´n´ is king”
que nos hace volver a dejarnos
la garganta aunque, en mi opinión,
esta parte central supuso un
pequeño relax respecto
al colosal inicio ya que las
neófitas “Once
in a lifetime” y “Stand
over man” sirvieron para
que todos los presentes nos
tomáramos un respiro.
El quinteto, por su parte, seguía
como un tren arrollando lo que
se ponía por delante.
Quisieron continuar
dando cancha a “Assault
& battery”, su segunda
obra, para entrar en la parte
más esperada del concierto.
“Magnum maid” y
la imprescindible “Mandil
madness” retumbaron en
Heineken con un Angry Anderson
cada vez más tambaleante.
Este “bendito sufrimiento”
se materializó en una
genial interpretación
de “Scarred for life”
que culminó con el vocalista
tirado en el suelo, el público
alargando sus manos para frotarle
su sudada calva y sus compañeros
levantándole en volandas
previendo que él solo
no podría incorporarse.
A medio camino entre lo glorioso
y lo patético.
Llevaban bastante
más de una hora encima
del escenario y aún faltaba
la traca final con “Nothing
to lose”, otra de las
más destacadas de “Blood
brothers”, y, cómo
no, su tema emblema, ese “Nice
boys” que tan bien versionearan
en su momento unos Guns ´N´
Roses en plena ebullición
pero que jamás llegaría
a la altura de la original interpretación
de nuestros protagonistas. La
gente se volvió loca
con bailes, coros, empujones
y demás parafernalia
que rodeó a una de las
mejores canciones de la historia
del hard rock. Tras más
de ochenta minutos ininterrumpidos,
Rose Tattoo se metieron en los
camerinos. Sinceramente, creo
que con esto habían cumplido
de sobra con un notable concierto
pero sus fans querían
más dosis de Angry y
sus muchachos.
Estos replicaron
rápido porque volvieron
a saltar para regalarnos tres
bises, todos pertenecientes
a su debut. A mí modo
de entender, no deberían
haber dejado para esa parte
final “The butcher and
fase Eddie”, su particular
“The jack”, tema
bluesero y, para mí,
aburrido que alargan demasiado
cortando el subidón de
adrenalina de los asistentes.
La euforia con que había
concluido “Nice boys”
se calmó y ni tan siquiera
dos magníficos cortes
como “Astra wally”
y “We can´t be beaten”
lograron las cotas anteriores
de excitación. Aún
así, es un pequeño
matiz que no puede empañar
una muy buena descarga de esta
banda comandada por un personaje
entrañable. Ojalá
tengamos Angry Anderson para
rato porque noches como ésta
son las que sus contemporáneos
wallabies de AC/DC nunca jamás
podrán conseguir, por
mucho que llenen plazas de toros,
estadios o circuitos de velocidad.
Opps, lo siento, pero tenía
que decirlo.
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Rose Tattoo


Gutbucket



Rose Tattoo




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