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SHERPA

Sala Caracol – Madrid 23-02-2008

¿Cuáles son los factores que determinan la percepción de un concierto en cada persona que acude? Indefectiblemente hay razones individuales que condicionan una opinión y, para qué negarlo, la objetividad no existe pero me resulta curioso como sistemáticamente hay gente que hay vivido actuaciones memorables, día sí, día también. Es evidente que aquel que escribe sobre un evento no debe “poner a parir” algo sin una razón porque, como siempre digo, todo aquel que se sube al escenario merece mi más absoluto respeto, pero no podemos hacer la crónica edulcorada, aquella típica de “bueno, no estuvo mal; la gente se lo pasó bien,…” por seguir consiguiendo una acreditación, ganar el favor del artista o la palmada en la espalda del “promocionero” de la discográfica de turno. Es uno de los males endémicos del periodismo roquero de este bendito país pero bueno, las luchas contra molinos de viento se las dejamos a don Miguel de Cervantes Saavedra.

Tenía miedo de cómo iba a responder Sherpa. En el álbum en vivo que acompaña a “El rock me mate” asoman todas las carencias de un tipo cincuentón aunque, como nos comentó en la entrevista que le hicimos, aquello fue una grabación sin trampa ni cartón, en una toma y con unas taras que hicieron de la descarga en Copérnico una velada peculiar. Para esta ocasión, nos citaron en otro castizo barrio de Madrid, Embajadores y su clásica sala Caracol, de capacidad más o menos similar. El local no llegó a registrar un lleno absoluto pero sí que la entrada fue bastante digna, más de cuatrocientas personas y un montón de amigos del veterano músico.

Sin teloneros, poco después de las diez de la noche, el telón rojo se corrió y el cuarteto saltó a las tablas. La formación, la habitual últimamente con Raúl Rodrigo, guitarras y voces, el ex Topo Luis Cruz también a la guitarra, y el gran Hermes Calabria detrás de la batería. Asimismo, y dada la importancia de este instrumento en algunos temas, se subió un chaval muy joven de Barcelona (creo recordar que se llamaba Jordi) que tuvo el mérito de tocar las canciones casi sin haber ensayado con el esto, como el propio Sherpa se encargó de loar. No obstante, es él, José Luis Campuzano en la “vida real”, quien dirige y comanda las operaciones.

“Guerrero en el desierto” abrió la actuación. El sonido era regular tirando a malo, circunstancia que se repitió hasta que el show terminó. La guitarra de Raúl quedaba tapada por la de Luis y la voz de Sherpa se ahogaba entre la música. La gran incógnita se cernía sobre el estado de la garganta de Campuzano. Como al principio había que intuirlo lo dejé en empate técnico porque se defendía si bien no llegaba, ni mucho menos, a los tonos más exigentes. Veríamos a ver en el resto y, sobre todo, con los temas de Barón Rojo.

Las guitarras pesadas y poderosas de “Ángeles de la ira” sirvieron de presentación de “El rock me mata”. Así como “Guerrero en el desierto” tiene un aire de “Sabina metalizado”, “Ángeles de la ira” es puro heavy, moderno, cañero y contundente. En “Ser libre” Sherpa sufrió en el estribillo porque es una octava superior a su registro habitual. A diferencia de lo que ocurrió en Copérnico en diciembre de 2006, ahora hay más canciones que interpretar por lo que el repertorio iba a estar equilibrado al 50% entre actuales y clásicos. Claro que ya podemos considerar “Flor de invernadero” como un pequeño clásico porque la audiencia la coreó con muchas ganas, un público entregado a su adorado Sherpa, consciente de las limitaciones y perdonándole gallos y algún que otro ahogo. A esto es a lo que me refiero al hablar de la psique del asistente a un concierto. Yo mismo soy más generoso con unos que otros pero tratando de no perder la perspectiva.

La tercera de las composiciones estrella, en mi opinión, de “Guerrero en el desierto”, “Cómico cósmico”, fue de las que mejor les quedó por ese aire vacilón e irónico que le confiere José Luis. Después de un buen rato de amable espera, por fin los ecos del pasado aparecieron en Caracol, primero con la instrumental “El Barón vuela sobre Inglaterra” ligada con “Campo de concentración”, eso sí, en el formato que aparece en la revisión que hacen en “El rock me mata” más fácil para la voz de Sherpa. De nuevo en este disco pero esta vez con un corte reciente, el cuarteto encaró la fantástica “Yo por ti” que quedó un tanto deslucida por la ausencia de las preciosas guitarras acústicas que sí se escuchaban en el álbum. Una pena porque es muy emotiva y conecta bien con sus seguidores en lo que fue el paso previo a una de las más celebradas, “Concierto para ellos”.

Una mínima reflexión sobre este tema. Nunca ha sido de mis preferidas de un trabajo casi prefecto como “Volumen brutal” (sólo “Hermano del rock and roll” quedaría por debajo) pero viendo por primera vez a Sherpa, y en concreto en esta canción, comprendí que si ambas facciones tienen que seguir subiéndose a un escenario (cosa discutible), por muy mal que esté de voz, elijo a Sherpa por encima de Carlos de Castro para las composiciones del binomio José Luis Campuzano – Carolina Cortés. Será un renegado, un desertor, un oportunista, estará acabado,… todo lo que se le quiera vilipendiar pero dentro de lo poco que les queda a los dos como vocalista, no hay color.

Luis Cruz acaparó, entonces, todo el protagonismo y en un breve, melancólico y más bien intrascendente sólo ocupó el espacio de tiempo necesario para que Campuzano descansara. Así, Cruz dibujó las primeras notas de “Hijos de Caín” ante el aplauso general ya que las baladas son las tesituras más típicamente Sherpa que encontramos en Barón Rojo. Dentro de su precario estado, se defiende más que dignamente en las estrofas y eso que ganamos los que acudimos a Caracol. No tan afortunada, como ya ocurriera en “Guerrero del desierto”, es la versión del clásico del Mississippi, “The house of the rising sun”, una de las más grandes canciones de la historia, en la que, simplemente, la banda y el vocalista son incapaces de alcanzar las mínimas cotas de feeling para no sucumbir ante ella.

No obstante, la gran sorpresa de la noche fue “Tierra de nadie”. No la esperaba ni por asomo y cuando Sherpa la anunció muchos sonreímos. Me parecía impensable escucharla jamás siendo una de mis preferidas de los Barones. La interpretación musical fue solo correcta y José Luis estuvo regular pero la verdad es que no me importó en exceso (a diferencia de otras) porque “Tierra de nadie” es una joya que hoy ha quedado un tanto en el olvido por no estar entre los cuatro primeros discos de Barón Rojo, algo similar, aunque aún más acusado, a lo que sucede con “Hijos del blues” de “Desafío”.

Después de la épica, volvió la caña con temas más reciente como la poderosa y rápida “El fuerte eres tú” o la excelente “Ajedrez mortal” en la que Sherpa patinaba un tanto al no engarzar bien estrofa y estribillo. Con todo, quizá esta parte fue la más interesante del concierto. Se anunció que era el momento de concluir el show, probablemente con el tema emblema de un movimiento como el heavy metal en nuestro país, “Resistiré”, en el que las cuerdas vocales de Sherpa no daban para más y tenía que recitar, más que cantar, una parte.

Mientras se despedía para hacer los correspondientes bises llegó el instante Spinal Tap de la noche… ¿He dicho Spinal Tap? ¡No! Me niego a que este personaje pueda tener un calificativo relacionado con tan gloriosa película. Quien ejerció de presentador, compareció de nuevo ante las tablas en un estado de embriaguez vergonzante e intentó decir alguna frase de su amigo. Era tan patética la situación que era incapaz de articular tres palabras coherentes seguidas. Lo que al principio le hizo gracia a alguno terminó siendo bochornoso y lamentable. El hecho de ver a un tipo que no cumple los cincuenta, que no niego que tuviera importancia en este género desde su micrófono pero que está acabado por mucho que tenga su cadena de radio, página web y organice conciertos. Un tipo que arruinó la carrera de unas cuantas formaciones y que todavía desde sectores como todas las discográficas, distribuidoras, músicos y demás se le siga rindiendo pleitesía, lo único que denota es el derecho de pernada que todavía existe en este país con Marianos, Mariscales, Piratas,… Dime con quien andas…

Visto lo visto, el cuarteto ni se bajó del escenario atacando “A los rebeldes de corazón”, el tema calimochero de “El rock me mata” y buen homenaje indirecto al individuo que acababa de desaparecer del centro pero que permanecía aún en las escaleras que dan acceso al escenario. “Los roqueros van al infierno” recuperó un tanto la compostura con muchos colegas de toda la vida abrazando en esa especie de comunión metálica cañí que culmina con el mítico: “Mi rollo es el rock”. Entre vítores y gritos de “Sherpa, Sherpa” Campuzano, Calabria, Cruz y Rodrigo encararon el pasillo hacia el camerino en lo que había sido un concierto irregular de casi dos horas de duración.

Sin embargo, el público quería más y no me percaté hasta que volvieron de que faltaba un tema fundamental, quizá mi preferida de Barón Rojo, “Siempre estáis allí”, ejecutada con menos acierto que en el disco en directo. Ya sí, para decir adiós, la versión del “Jumpin´ jack flash” de The Rolling Stones que, la verdad, se la podían haber ahorrado.

Ciento treinta minutos de descarga que me deja dudas, muchas dudas. Creo que Sherpa en directo está bastante peor que el nivel compositivo que nos ha demostrado en sus dos obras de estudio. Una vez saciada mi hambre de escuchar algunas de las canciones que han marcado mi vida por quien las interpretó originalmente, me cuesta imaginarme de nuevo en una actuación de José Luis Campuzano y su banda. Tal vez una segunda oportunidad pero no me gustaría que la cosa acabara como con sus ex compañeros, que casi me niego a verlos aunque los tenga delante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego