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SIRENIA + NIOBETH

Sala Caracol (Madrid) 19-09-2009

Muchas veces me siento como una rata guiada por el sonido embaucador del flautista de Hamelyn. No entiendo las razones concretas pero hay algo que me lleva a acudir a conciertos que, teóricamente, me interesan poco. La pasión por la música en directo o algún pequeño idilio, aunque fuera efímero y pasado, por el grupo de turno, hacen que mueva el culo de mi casa y decida que la vida social puede pasar a un segundo plano con tal de escudriñar la posibilidad de que tal o cual conjunto vaya a regalarnos una buena noche de metal. Esta vez había eximente porque en Madrid se celebraba “La Noche en Blanco”, evento infame destinado a que toda la población, como borregos, cope las calles hasta altas horas de la madrugada con un pretexto cultural. Luego dirán que ha sido un éxito y nosotros, incautos, nos lo creemos. Veríamos a ver cuántos acuden con regularidad a museos, teatros y demás. De verdad, que a veces pienso que a la masa le mola chuparse unas colas de narices y estar todo apretados. En fin…

Nosotros, a lo nuestro, que era la gira española de los noruegos Sirenia. Como todo el mundo sabe, o debería saber si le interesa algo el combo liderado por Morten Veland, la nueva vocalista del grupo es una compatriota, Pilar Giménez, más conocida como Ailyn, en cuyo currículo siempre constará que fue concursante de la primera edición de “Factor X”, el reality/concurso de Cuatro del que, por ejemplo, también salió la actual cantante de La Oreja de Van Gogh. Digo esto porque algunos medios especializados le han comentado a la muchacha “lo de Factor X mejor no lo comentamos, ¿no?” y en esta vida lo peor que se puede ser es renegado. Los heavies, o muchos de ellos (que generalizar acarrea injusticia), nos quejamos y ponemos el grito en el cielo cuando alguno de nuestro ídolos se cambia de acera y raja del estilo que tanto amamos (¿Lars Ulrich en 1997?). Por eso, me choca ver a pseudo compañeros de prensa haciendo alusiones de éstas. Pues oye, si la chica quiso entrar ahí, nadie le pondría una pistola en el pecho.

Sea como fuere, se había generado cierta expectación que, en la práctica, no se vio materializada. Caracol presentó un aspecto decente pero, ni mucho menos, se llenó. Aproximadamente, trescientas personas acudieron a escuchar en vivo los temas de un grupo sospechoso, como después comentaremos. Unos cuantos de los asistentes vinieron de Albacete, lugar de procedencia de los teloneros Niobeth, que acompañan a Sirenia en todas las fechas por nuestro país, aportando la batería y, supongo, algo de backline. En estas páginas comentamos su debut, “The shining harmony of universe”, del que comentábamos que era un trabajo en el que se vislumbraban ideas que solo se concretaban a medias, destacando la labor de Itea Benedicto en las voces operísticas (en ocasiones, exageradas) y el multiinstrumentista Santi. No era la primera vez que actuaban en Madrid pero sí, probablemente, su cita más importante.

Por eso, cuando se abrió el telón y saltaron a las tablas, se les vio un tanto nerviosos, al menos eso noté yo. Quizá Itea era la que más dominaba la situación, si bien tiene el síndrome de todas las vocalistas femeninas de este estilo cuando no cantan, y es que no saben qué hacer en el escenario. En su caso, es más atemperado que en otros pero también sucede. Con todo, esto no sería grave si no fuera porque esta noche Niobeth no estuvieron excesivamente atinados. Así como cuando hay que loar las cosas (como las buenas intenciones del álbum) se hacen y nos alegra, sería muy cobarde no señalar esto porque estoy seguro que ellos saben que han tenido noches mejores. En primer lugar, el sonido me pareció deficiente. Es de esos casos en que todos los instrumentos se oyen pero la mezcla no encaja por ninguna parte, tanto que esa sensación que tenía en estudio de que Itea iba por un lado y la música por otro, se multiplicó por tres. Otro factor que ayudó a que mi impresión no fuera positiva fue que en cada cambio de ritmo se perdían, no sé si era culpa del baterista Alberto Trigueros (en teoría, él debe ser el “metrónomo” del resto) o qué, pero tardaban en volver al tempo adecuado creando un popurrí molesto.

El repertorio se basó, lógicamente, en “The shining harmony of universe” del que interpretaron unas cuantas canciones en los cuarenta y siete minutos que duró su actuación. Como digo, tardaron en hacerse al escenario por lo que “Tell me lord”, una de las mejores composición del grupo, perdió ese feeling épico que me encantaba en el disco. “Secrets” empezó a enderezar el rumbo y con “Queen of the night Aria”, la pieza de “La Flauta Mágica” de Mozart de la que hacen una versión, alcanzaron un nivel aceptable. Como siempre, Itea desplegó su catálogo de gorgoritos en esta buena revisión. Jesús tomó la palabra para comentar que en estos días, su álbum había sido editado en Japón. No sé si habrá tenido algo que ver el hecho de que se atrevieran con una canción en el idioma nipón, “Kowasani furuete”, que aparecía como bonus track y es una adaptación de otro de sus temas, “A frightening shiver”.

En la última parte de la actuación, Santi Tejedor dejó un poco sus teclados para tocar la gaita en “Reflected light´s garden” y el violín en la breve “The awakening”, paso previo a la despedida “The whisper of rain”, tema del que han grabado un vídeo. Algo más de tres cuartos de hora y una sensación agria la que me dejaron Niobeth. No me parecieron que en directo tengan aún las tablas requeridas y que les darían el empujón para ascender dentro del panorama patrio. Quizá fue producto de un día aciago (repito que salvo en el caso de Itea que estuve bien) pero en Caracol no lucieron sus mejores galas. Esperemos verles en otra ocasión para corroborar eso de que hasta el mejor escribano hace un borrón.

Una vez que los incondicionales de los manchegos descansaron, las primeras filas se fueron copando de un público que, hasta entonces, había permanecido disperso por todo el local. Mientras veíamos en una pantalla como el Barça masacraba al Atlético de Madrid charlábamos sobre el devenir de Sirenia en sus ocho años de carrera, desde que Morten Veland abandonara Tristania para buscar un proyecto muy similar. Si comparamos, sus ex compañeros han ido a la deriva pero tampoco pienso que Sirenia, salvo en su debut “At sixes and sevens”, fueran mucho más allá. Sin ir más lejos, su último álbum, “The 13th floor”, es un disco que no está mal pero que incide en lo que Morten ha querido hacer con Sirenia cosa que, personalmente, no me agrada. Me refiero a una banda de metal con voz femenina al uso. En “At sixes and sevens”, Fabienne Gondamin no tenía una voz tan “popera” como Monika Pedersen o la propia Ailyn. Además, Veland cantaba mucho más, si bien en “The 13th floor” ha recuperado un poco este apartado.

Mis expectativas previas al concierto eran nulas, lo reconozco. ¿Por qué? He visto anteriormente a los noruegos. En Madrid vinieron a presentar su debut, junto a Trail Of Tears, Battlelore y, creo recordar, Nightmare. No estuvieron mal pero resultaron ser un grupo muy frío. Además, eso de que no suenen en vivo todos los instrumentos y vayan bastantes cosas enlatadas, buff, me tira para atrás. Posteriormente, llegó el Graspop 2007 y la cosa empeoró. Aguanté dos canciones viendo las horribles prestaciones de Monika y lo desenchufados que estaban el resto de miembros. Por fin, había pasado un cuarto de hora de las diez de la noche cuando se apagaron las luces, nos olvidamos del Camp Nou y con aplausos, pero sin excesos, apareció el cuarteto en Caracol. ¿Cuarteto? Pues sí, porque estaban Ailyn, Morten, el guitarra solista Michael Krumins (ex Green Carnation) y el batería Jonathan Pérez que ha permanecido fiel a Veland todo este tiempo.

Me sorprendió que comenzaran con “The path of decay”, el single del que grabaron un vídeo. No obstante, es una buena manera de conectar con una audiencia que, ahora sí, reaccionó con calor. El sonido no era malo pero, recapitulemos: bajo, teclados, coros y alguna segunda voz de Ailyn, ¡todo sampleado! Estamos acostumbrados pero es que tantas cosas es demasiado. Daba la impresión de ser una especie de karaoke con un par de melenudos acompañando. Además, es curioso porque Morten es un tío muy soso. En cierta medida, le comparo con Christopher Johnsson de Therion. Ambos son el epicentro compositivo y alma mater de sus respectivas formaciones pero se limitan a la guitarra rítmica y a la voz (Christopher ya no). La diferencia es que el sueco es mucho más activo que el noruego. Sin embargo, su compañero Michael Krumins es lo contrario. Pone tantas posturitas que queda un poco ridículo en contraposición. ¿Y Ailyn? Bueno, pues como cantante no está mal. Tiene problemillas en los tonos agudos más altos pero, en general, cumple por su bonito timbre, no muy potente pero agradable de escuchar.

El concierto fue de perfil bajo. Sirenia ofrecieron lo que se espera de ellos y, personalmente, esperaba un nivel de tres sobre diez, y así lo calificaría. No son, ni mucho menos, unos “animales de escenario”. Es más, su directo ha de calificarse como pobre pero los fans del grupo seguramente disfrutaron más que yo con una selección de temas bastante previsible pero no por ello acertada. Empezaron amagando porque después de “The path of decay” llegaron “Sundown” de “Nine destinies and a fall” y la notable “Euphoria” extraído de “An elixir of existence”, es decir, parecía haber vocación de equilibrar el repertorio pero la realidad es que parecía bis a bis entre “The 13th floor” y “Nine destinies…”. De esta forma, a las tres mencionadas le siguieron “Absent without leave” y “The seventh summer”. Esta última me gustó mucho; de entre las nuevas, la destacaría del resto. Por cierto, no querría dejar de comentar lo “filtrada” que estaba la voz de Morten. No digo que fueran samplers pero algún efecto tenía que utilizar fijo porque sonaba muy metalizada.

Ailyn estuvo casi callada hasta que el “jefe” la dejó dirigirse a la gente. Como el público latino es agradecido, se aplaudió mucho a la chica. Hasta entonces, Veland había presentado las canciones. Esto un nórdico nunca lo entenderá pero ya que tienes una española como vocalista tocando “en casa” déjala protagonismo, campeón. “Star crossed” nos volvió a llevar, momentáneamente, a “An elixir for existente” pero pronto continuaron con “One by one” y una “Lost in life”, caso evidente de lo que comentaba respecto a “The 13th floor”. Es una buena canción, sin duda, pero es demasiado suave para lo que yo preferiría que fueran Sirenia. Lógicamente, no soy quién para decirle a Morten nada y él sabrá lo que hace con su grupo pero claro, no me extraña que la mayoría de los seguidores de los inicios les hayan dejado, siendo significativo comprobar cómo la fantástica “Meridian”, primera parada en “At sixes and sevens” fue recibida con indiferencia, cuando no desconocimiento.

Paralelamente, otras cosas como “Downfall” o la reciente “Led astray” parecían más “clásicas” dentro del grupo. Menos mal que cuando Veland dijo “the next one is called “Sister…” bastantes asistentes respondieron “…nightfall” porque, de lo contrario, menudo papelón. Composición accesible para muchos públicos, el acercamiento a la comercialidad que hicieron Sirenia me pareció más inteligente y atractivo que el actual, pero vamos, no quiero ser pesado. A Ailyn se la escuchó muy de fondo aunque el papel principal lo tomó Veland que, al concluir, se despidió de los fans agradeciendo su presencia. Habían sido setenta minutos pelados, bien aprovechados y un tanto insulsos pero que dejaron a la audiencia con ganas de más. Aunque durante el sow tampoco habían derrochado pasión (la banda tampoco hizo mucho, salvo Ailyn, y pienso que forma errónea en un concierto de metal), el público se vino arriba y gritó para que Sirenia regresaran a Caracol.

No se hicieron esperar demasiado y para el bis habían reservado un par de temas de “Nine destinies and a fall”, como el single “My mind´s eye” y “The other side”, de las más celebradas, y dijeron adiós de forma casi abrupta con “Lithium and a lover”. Incluso, la propia Ailyn miró a los demás sorprendida… pero Morten esperaba una segunda reacción popular para salir de nuevo. Tuvo la suerte que se produjo de forma inmediata por lo que nos ofrecieron un segundo bis, en esta ocasión compuesto únicamente por “The lucid door”, para mí, incomprensible porque se trata de otro corte nuevo, manera extraña de cerrar una actuación que, reitero, supongo que a sus seguidores más enfervorizados les gustaría pero que a mí me pareció un ejercicio de impotencia por parte de un grupo destinado a grabar discos muy por encima de ser un combo diseñado para los directos.


Sirenia

 

 


Niobeth

 

 

 



Sirenia

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotos: David Ortego