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SKID ROW

Madrid Ritmo & Compás 07/11/07

Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti... No, no voy a hablar de Los Suaves pero esta frase de una de sus populares canciones bien podría aplicársele al grupo que nos ocupa. Por que, aunque es difícil mantener un nivel de popularidad alto con el paso del tiempo y permanecer “en la cresta de la ola” dudo mucho que el amigo Rachel Bolan pensará que acabaría tocando para 150 personas en salas de aforo tan reducido como la madrileña Ritmo & Compás. Pues si, debe ser complicado pasar de llenar pabellones en América, aunque esto fuera hace muchos años, para ver como en sucesivas visitas a España (supongo que en otros sitios pasará igual) vas siendo relegado a tocar en salas más y más pequeñas (qué será lo siguiente, ¿tocar en el Gruta 77?) y encima, en esta ocasión, ni siquiera la llenas.

Esto, que en principio podría ser un “problema” para el grupo, por aquello del ego y demás, se convirtió paradójicamente en un punto a su favor ya que la conexión que hubo entre público y banda fue total. Supongo que son conscientes de que la situación ha cambiado respecto a su época dorada, que nunca más se volverá a repetir y esto se tradujo en que salieron a “comerse” el escenario y tratar de convencer con su directo a los seguidores que aun les quedan. Encima, otro punto a su favor fue lo increíblemente simpáticos que se mostraron en todo momento, sonriendo, haciéndose fotos con los fans entre tema y tema, dando muchísimas púas…todo un cambio respecto a su anterior visita donde la frialdad fue mucho mayor.

Tras un mítico tema de los Ramones salieron a escena los americanos para atacar “Thick is the Skin” de su penúltima entrega. Rara manera de comenzar el show pero cuanto antes fueran cayendo estos temas para dar paso a los clásicos pues casi mejor porque no creo que muchos de los presentes se hayan enganchado a la banda con sus dos últimos discos que poco o nada tienen que ver con lo que se espera de un grupo como Skid Row.

Una tímida respuesta por parte del público acogió este inicio aunque la cosa cambió radicalmente con “Piece of Me”, donde la gente si que respondió cantando y coreando el tema. En el inicio, y donde yo me encontraba (la segunda fila), el sonido era bastante deficiente y al pobre Solinger no se lo oía apenas nada a pesar de que se desgañitaba. Conforme caían los temas esto se fue mejorando hasta alcanzar un sonido aceptable que permitió disfrutar de la descarga.

La cortísima “Sweet Little Sister” mantuvo la sala patas arriba y es que en su debut no hay tema malo. Agradecí oírla ya que, inexplicablemente, su ex compañero Sebastián Bach, si mal no recuerdo, no la interpretó en su pasada visita veraniega.

Me sorprendió el hecho de ver muchas caras jóvenes entre el público y muy pocas de las de los veteranos y habituales en conciertos de hard rock. Será que muchos de los que estuvieron en la sala Caracol en su anterior visita no perdonan el giro estilístico de sus últimos álbumes y prefieren ver a Sebastián Bach (aunque la afluencia de público a sus conciertos también ha disminuido gira tras gira) que al bueno de Solinger. Sea como fuere, los allí congregados éramos pocos pero bastante ruidosos.

Vuelta a “Thickskin” con “New Generation” para bajar la intensidad del concierto bastantes enteros. Y es que ese “tufillo” a moderno que tienen esos temas no me convencen lo más mínimo. Claro que todos esos riffs “modernetes” se olvidan de golpe al escuchar, para mi gusto, una de las mejores baladas del estilo. “18&Life” volvió a arrancar los gritos del respetable y fue, como siempre, uno de los momentos álgidos del show.

Las comparaciones son odiosas y no tiene sentido comparar a Johnny Solinger con su predecesor porque está claro que no posee su carisma ni su voz pero, dicho esto, es justo reconocerle que se lo “curra” a tope sobre las tablas y se deja la piel. Además, el hecho de ser más limitado le hace no abusar de los agudos de forma innecesaria, como si que lo hace Bach, cosa que me parece muy acertada ya que creo que hay que soltar el “gritito” cuando corresponde y no a diestro y siniestro sin ningún sentido.

También se nota que le van mejor los temas rápidos y cañeros que las baladas porque, aunque en “18&Life” no lo hizo nada mal, no llegó a bordarlo y me gustó mucho más tanto su interpretación de “Monkey Business” como la de “Makin´ a Mess”.

El paso del tiempo se nota, ya que el vocalista está totalmente asentado en el seno de la banda y se le ve a gusto sobre el escenario, probablemente ya sin tanta presión como cuando era un recién llegado con la difícil papeleta de ponerle voz a canciones que “pertenecían” a otro. Scotti Hill estaba completamente desatado no sé si por la adrenalina o por otro tipo de sustancias pero el caso es que no paró de gesticular y de poner “caretos” durante todo el show. Rachel Bolan estuvo más comedido y el batería (cuyo nombre no recuerdo), que podría tocar en Backyard Babies por sus pintas, tocó a la perfección los temas y no paró de animar y jalear a los asistentes.

Una genial “Big Guns” muy bien ejecutada por la banda dio paso a la presentación (como si hiciera falta) de Rachel Bolan que se dedicó unos minutos a soltarnos un discurso. En él habló de que les da lo mismo tocar delante de mucha gente que de cien personas (ya... y yo me lo creo) y de que el público de sus conciertos es muy heterogéneo, en alusión a las diferentes camisetas de grupos que llevaba los asistentes pero que todos estábamos allí disfrutando de un concierto de rock, que no había distinción entre países y todos formábamos parte de los “United States of Rock”.

Solinger abandonó el escenario para tomarse un descanso mientras se encargaba del micro el propio Bolan para interpretar la versión de The Ramones “Phyco Therapy”, habitual en sus directos y perteneciente a su disco de versiones “B-Sides Ourselves”.

Tras ella, se quedaron solos en el escenario Johnny y el guitarrista de Hair of the Dog Ryan Cook, que sustituye a Dave Snake Sabo en la gira, no sólo a la guitarra sino también físicamente ya que el parecido entre ambos es sorprendente, para interpretar “I Remember You”.Esto no deja de ser paradójico y curioso ya que ninguno de los dos es miembro original del combo y, tal vez, hubiera sido más apropiado que fuera Scotti Hill el encargado de tocar el principio en lugar del sustituto de Dave. De todos modos el resultado hubiera sido el mismo porque el vocalista estuvo francamente mal en esta canción y el cambio de guitarrista no hubiera cambiado este hecho. Eso si, por lo menos era la versión primigenia y no esa especie de broma que incluyeron en “Thickskin”.

Otro hecho que me pareció curioso fue cuando presentaron “Disease”, perteneciente a su último trabajo “Revolutions Per Minute” comentando que les gusta tocar tanto temas clásicos como nuevos, y este fue el único que tocaron del disco que se supone venían a presentar). Si analizáis a qué discos pertenecen cada una de las canciones interpretadas creo que salta a la vista qué canciones les gusta más tocar y, sobre todo, cuales saben que queremos oír nosotros. Otro tema que pasará sin pena ni gloria ya que, sin ser abominable, tampoco será un clásico con el paso del tiempo a diferencia de otro que ya lo es como “Slave to the Grind”. La temperatura de la sala volvió a subir unos cuantos grados con su brutal riff y con un Solinger que estuvo francamente bien. Tras ella se marcharon a los camerinos. No tardaron en volver a bajar las escaleras hasta el escenario para “obsequiarnos” con un tema del infumable “Subhuman Race” como “Beat Yourself Blind” que se la podían haber ahorrado sinceramente y otra que no falta nunca como “Get the Fuck Out” animándonos a sacar a pasear nuestro dedo corazón y a gritar el titulo de la canción cuando tocaba.

Volvieron a desaparecer con la promesa de que iban a tocar dos más y mi sorpresa fue mayúscula cuando suena “Riot Act” que, si la memoria no me falla, nunca he oído ni a los “nuevos” Skid Row ni a Bach en solitario. Fue una agradable sorpresa que disfruté al máximo como todos ya que se acercaba el final. O lo que es lo mismo, el último cartucho en forma de “Youth Gone Wild” donde el karaoke Metal es protagonista y se echa el resto rejuveneciendo unos cuantos años. Inevitable y buen colofón a un concierto del que no esperaba nada (posiblemente porque en su anterior visita no me gustaron en exceso) y que me hizo pasar un rato muy entretenido.

No sé si duraran mucho más como grupo o si el desánimo y las cifras de ventas acabaran con ellos pero todavía siguen teniendo “algo”sobre las tablas y un puñado de clásicos que, de ninguna manera, caerán en el olvido para los que amamos esta música.

Sólo el tiempo lo dirá.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Crónica & fotografías: David Ortego