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Las vueltas
que da la vida, el destino se
burla de ti... No, no voy a
hablar de Los Suaves pero esta
frase de una de sus populares
canciones bien podría
aplicársele al grupo
que nos ocupa. Por que, aunque
es difícil mantener un
nivel de popularidad alto con
el paso del tiempo y permanecer
“en la cresta de la ola”
dudo mucho que el amigo Rachel
Bolan pensará que acabaría
tocando para 150 personas en
salas de aforo tan reducido
como la madrileña Ritmo
& Compás. Pues si,
debe ser complicado pasar de
llenar pabellones en América,
aunque esto fuera hace muchos
años, para ver como en
sucesivas visitas a España
(supongo que en otros sitios
pasará igual) vas siendo
relegado a tocar en salas más
y más pequeñas
(qué será lo siguiente,
¿tocar en el Gruta 77?)
y encima, en esta ocasión,
ni siquiera la llenas.
Esto, que en
principio podría ser
un “problema” para
el grupo, por aquello del ego
y demás, se convirtió
paradójicamente en un
punto a su favor ya que la conexión
que hubo entre público
y banda fue total. Supongo que
son conscientes de que la situación
ha cambiado respecto a su época
dorada, que nunca más
se volverá a repetir
y esto se tradujo en que salieron
a “comerse” el escenario
y tratar de convencer con su
directo a los seguidores que
aun les quedan. Encima, otro
punto a su favor fue lo increíblemente
simpáticos que se mostraron
en todo momento, sonriendo,
haciéndose fotos con
los fans entre tema y tema,
dando muchísimas púas…todo
un cambio respecto a su anterior
visita donde la frialdad fue
mucho mayor.
Tras un mítico tema de
los Ramones salieron a escena
los americanos para atacar “Thick
is the Skin” de su penúltima
entrega. Rara manera de comenzar
el show pero cuanto antes fueran
cayendo estos temas para dar
paso a los clásicos pues
casi mejor porque no creo que
muchos de los presentes se hayan
enganchado a la banda con sus
dos últimos discos que
poco o nada tienen que ver con
lo que se espera de un grupo
como Skid Row.
Una tímida
respuesta por parte del público
acogió este inicio aunque
la cosa cambió radicalmente
con “Piece of Me”,
donde la gente si que respondió
cantando y coreando el tema.
En el inicio, y donde yo me
encontraba (la segunda fila),
el sonido era bastante deficiente
y al pobre Solinger no se lo
oía apenas nada a pesar
de que se desgañitaba.
Conforme caían los temas
esto se fue mejorando hasta
alcanzar un sonido aceptable
que permitió disfrutar
de la descarga.
La cortísima
“Sweet Little Sister”
mantuvo la sala patas arriba
y es que en su debut no hay
tema malo. Agradecí oírla
ya que, inexplicablemente, su
ex compañero Sebastián
Bach, si mal no recuerdo, no
la interpretó en su pasada
visita veraniega.
Me sorprendió
el hecho de ver muchas caras
jóvenes entre el público
y muy pocas de las de los veteranos
y habituales en conciertos de
hard rock. Será que muchos
de los que estuvieron en la
sala Caracol en su anterior
visita no perdonan el giro estilístico
de sus últimos álbumes
y prefieren ver a Sebastián
Bach (aunque la afluencia de
público a sus conciertos
también ha disminuido
gira tras gira) que al bueno
de Solinger. Sea como fuere,
los allí congregados
éramos pocos pero bastante
ruidosos.
Vuelta a “Thickskin”
con “New Generation”
para bajar la intensidad del
concierto bastantes enteros.
Y es que ese “tufillo”
a moderno que tienen esos temas
no me convencen lo más
mínimo. Claro que todos
esos riffs “modernetes”
se olvidan de golpe al escuchar,
para mi gusto, una de las mejores
baladas del estilo. “18&Life”
volvió a arrancar los
gritos del respetable y fue,
como siempre, uno de los momentos
álgidos del show.
Las comparaciones
son odiosas y no tiene sentido
comparar a Johnny Solinger con
su predecesor porque está
claro que no posee su carisma
ni su voz pero, dicho esto,
es justo reconocerle que se
lo “curra” a tope
sobre las tablas y se deja la
piel. Además, el hecho
de ser más limitado le
hace no abusar de los agudos
de forma innecesaria, como si
que lo hace Bach, cosa que me
parece muy acertada ya que creo
que hay que soltar el “gritito”
cuando corresponde y no a diestro
y siniestro sin ningún
sentido.
También
se nota que le van mejor los
temas rápidos y cañeros
que las baladas porque, aunque
en “18&Life”
no lo hizo nada mal, no llegó
a bordarlo y me gustó
mucho más tanto su interpretación
de “Monkey Business”
como la de “Makin´
a Mess”.
El paso del
tiempo se nota, ya que el vocalista
está totalmente asentado
en el seno de la banda y se
le ve a gusto sobre el escenario,
probablemente ya sin tanta presión
como cuando era un recién
llegado con la difícil
papeleta de ponerle voz a canciones
que “pertenecían”
a otro. Scotti Hill estaba completamente
desatado no sé si por
la adrenalina o por otro tipo
de sustancias pero el caso es
que no paró de gesticular
y de poner “caretos”
durante todo el show. Rachel
Bolan estuvo más comedido
y el batería (cuyo nombre
no recuerdo), que podría
tocar en Backyard Babies por
sus pintas, tocó a la
perfección los temas
y no paró de animar y
jalear a los asistentes.
Una genial
“Big Guns” muy bien
ejecutada por la banda dio paso
a la presentación (como
si hiciera falta) de Rachel
Bolan que se dedicó unos
minutos a soltarnos un discurso.
En él habló de
que les da lo mismo tocar delante
de mucha gente que de cien personas
(ya... y yo me lo creo) y de
que el público de sus
conciertos es muy heterogéneo,
en alusión a las diferentes
camisetas de grupos que llevaba
los asistentes pero que todos
estábamos allí
disfrutando de un concierto
de rock, que no había
distinción entre países
y todos formábamos parte
de los “United States
of Rock”.
Solinger abandonó
el escenario para tomarse un
descanso mientras se encargaba
del micro el propio Bolan para
interpretar la versión
de The Ramones “Phyco
Therapy”, habitual en
sus directos y perteneciente
a su disco de versiones “B-Sides
Ourselves”.
Tras ella,
se quedaron solos en el escenario
Johnny y el guitarrista de Hair
of the Dog Ryan Cook, que sustituye
a Dave Snake Sabo en la gira,
no sólo a la guitarra
sino también físicamente
ya que el parecido entre ambos
es sorprendente, para interpretar
“I Remember You”.Esto
no deja de ser paradójico
y curioso ya que ninguno de
los dos es miembro original
del combo y, tal vez, hubiera
sido más apropiado que
fuera Scotti Hill el encargado
de tocar el principio en lugar
del sustituto de Dave. De todos
modos el resultado hubiera sido
el mismo porque el vocalista
estuvo francamente mal en esta
canción y el cambio de
guitarrista no hubiera cambiado
este hecho. Eso si, por lo menos
era la versión primigenia
y no esa especie de broma que
incluyeron en “Thickskin”.
Otro hecho
que me pareció curioso
fue cuando presentaron “Disease”,
perteneciente a su último
trabajo “Revolutions Per
Minute” comentando que
les gusta tocar tanto temas
clásicos como nuevos,
y este fue el único que
tocaron del disco que se supone
venían a presentar).
Si analizáis a qué
discos pertenecen cada una de
las canciones interpretadas
creo que salta a la vista qué
canciones les gusta más
tocar y, sobre todo, cuales
saben que queremos oír
nosotros. Otro tema que pasará
sin pena ni gloria ya que, sin
ser abominable, tampoco será
un clásico con el paso
del tiempo a diferencia de otro
que ya lo es como “Slave
to the Grind”. La temperatura
de la sala volvió a subir
unos cuantos grados con su brutal
riff y con un Solinger que estuvo
francamente bien. Tras ella
se marcharon a los camerinos.
No tardaron en volver a bajar
las escaleras hasta el escenario
para “obsequiarnos”
con un tema del infumable “Subhuman
Race” como “Beat
Yourself Blind” que se
la podían haber ahorrado
sinceramente y otra que no falta
nunca como “Get the Fuck
Out” animándonos
a sacar a pasear nuestro dedo
corazón y a gritar el
titulo de la canción
cuando tocaba.
Volvieron a
desaparecer con la promesa de
que iban a tocar dos más
y mi sorpresa fue mayúscula
cuando suena “Riot Act”
que, si la memoria no me falla,
nunca he oído ni a los
“nuevos” Skid Row
ni a Bach en solitario. Fue
una agradable sorpresa que disfruté
al máximo como todos
ya que se acercaba el final.
O lo que es lo mismo, el último
cartucho en forma de “Youth
Gone Wild” donde el karaoke
Metal es protagonista y se echa
el resto rejuveneciendo unos
cuantos años. Inevitable
y buen colofón a un concierto
del que no esperaba nada (posiblemente
porque en su anterior visita
no me gustaron en exceso) y
que me hizo pasar un rato muy
entretenido.
No sé
si duraran mucho más
como grupo o si el desánimo
y las cifras de ventas acabaran
con ellos pero todavía
siguen teniendo “algo”sobre
las tablas y un puñado
de clásicos que, de ninguna
manera, caerán en el
olvido para los que amamos esta
música.
Sólo
el tiempo lo dirá.
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