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SONATA ARCTICA + PAGAN´S MIND + VANISHING POINT

Sala La Riviera (Madrid) 08-11-2008

¿Hay que explotar hasta la saciedad la gallina de los huevos de oro, no vaya a ser que se exprima? Hace trescientos cincuenta y ocho días Sonata Arctica venían a Madrid a presentar “Unia” ante un enfervorizado público que casi llenaba la Riviera. Ahora, teníamos otra vez por aquí a los finlandeses, esta vez acompañados por dos excelentes grupos, no demasiado reconocidos, pero de calidad indudable. El problema es que con tantos eventos, la crisis económica y demás, no parecían las circunstancias apropiadas para un nuevo éxito de público.

A la hora en que se abrían puertas, la cola no era demasiado larga. Cuando accedimos al recinto vimos que el aspecto distaba bastante de lo acaecido en 2007. Eso sí, se repetía la abrumadora mayoría de fans muy jóvenes, entusiastas de Sonata Arctica, y dispuestos a disfrutar de una tarde de power metal progresivo europeo. Finalmente, y con generosidad, tal vez media entrada, más de un millar de aficionados acudieron a un evento que, reitero, nos atrajo fundamentalmente por Pagan´s Mind y Vanishing Point.

Imagino que en el término medio se encuentra la virtud y si bien no es normal (para mí) comenzar un concierto a las once de la noche tampoco es de recibo que un sábado se inicie a las siete de la tarde con mucha gente aún despertándose de la siesta. No obstante, los horarios de los locales madrileños son así de caprichosos. Por otra parte, no está mal porque luego te permite salir a una hora prudencial para encarar alguna salida nocturna pero un rato más tarde tampoco pasaría nada porque quien se resiente es la banda que debe aparecer en primer lugar.

Estos eran los australianos Vanishing Point, pedazo de formación de las antípodas, con cuatro discos a sus espaldas que rebosan elegancia. Su base de metal progresivo siempre se ha visto impregnada de toques de power europea y, sobre todo, infinidad de melodías con pasajes que casi podrían ser extraídos de álbumes de AOR o hard melódico. Esta variedad les hace poseer un sonido característico. Con muchísimas ganas saltó el sexteto de Melbourne a las tablas de La Riviera. Como algunas veces hemos comentado, el hecho de que el público sea joven les hace ser entusiastas y receptivos con los teloneros. Vanishing Point lo notaron desde el primer momento y se mostraron agradecidos y sorprendidos ya que después pudimos departir con dos de sus componentes y así lo hicieron saber. Debe ser duro recorrerte el mundo y que te reciban con indiferencia. Afortunadamente, esto no sucedió.

No disponían de demasiado tiempo por lo que el repertorio se centró exclusivamente en sus dos últimas entregas, dejando de lado “In thought” y “Tangled in dream”. Rápidamente atacaron “Embodiment” que abría su más reciente trabajo (aunque ya tiene más de un año), “The fourth season”. El sonido no era todo lo nítido que necesita esta música. Muy opaco, la voz de Silvio Massaro tenía que pelearse por florecer entre unos instrumentos que tampoco estaban ubicados en su justa medida en la mezcla. Las guitarras del sonriente Chris Porcianko y Tom Vucur sí se distinguían, incluso disfrutábamos de las melodías y los solos, pero el conjunto no funcionaba del todo bien. Ellos, impecables, pero los “elementos” no les dejaron brillar como se merecen.

Massaro demostró ser un buen cantante si bien pecó de ni tan siquiera presentar las canciones. Aunque cuando hablas con él es un tío majo, en el escenario me dejó una sensación rara. “If only I” continuó la actuación con los mismos parámetros de sonido regular y actitud notable. “Tyranny of distance” se encuentra entre las mejores composiciones de “The fourth season” y los pocos conocedores de Vanishing Point (aunque más de los que pensaba) la jalearon aunque la que casi más honores se llevó fue “Season of Sundays”, uno de sus cortes más celebrados, y el emblema de “Embrace the silence”, su tercera obra.

Como no había que perder ni un instante porque la fiesta se acababa, enlazaron prácticamente seguidas “I within I” y la magnífica “Surrender” con la que acabaron un concierto de poco más de media hora que se pasó volando. No sé cómo están organizadas estas cosas pero quizá hubiera sido pertinente un poco más ya que no según te estás metiendo y obviando las deficiencias de sonido, se termina el asunto. Además, a lo mejor habría que tener en cuenta que estos tipos no tienen la facilidad para girar por Europa como otras bandas radicadas en el viejo continente. Un tour para un telonero no es una ONG pero por una o dos canciones más que les hubieran permitido tocar, nada se habría alterado en exceso. Como está ocurriendo así en toda la gira, pues nada, nos fastidiaremos sus seguidores dándonos por satisfechos por haber tenido la oportunidad de ver a Vanishing Point cosa que, hace siete años, cuando tocaron en Macumba con Gammay Ray y, precisamente, Sonata Arctica, no tuve ocasión gracias a la incompetencia de una persona que trajo las acreditaciones cuando los australianos ya habían concluido. Esperemos que coincida con ellos en algún festival veraniego para verles algo más.

El concepto de Pagan´s Mind se podría encardinar en lo que se conoce como el ProgPower. Ya aludimos a esta expresión tan utilizada en la actualidad al hablar de último trabajo de este grupo noruego, “God´s equation”, que, precisamente, iba a convertirse en el protagonista casi absoluto de su descarga. Mi relación con ellos proviene de “God´s equation”. Hasta entonces, no les había prestado atención. Es cierto que no tienen, en mi opinión, el toque diferencial del que hablábamos en Vanishing Point pero me atrae bastante como encaran musicalmente ese concepto futurista que imprimen a portadas y letras.

Entre la audiencia se veían unas cuantas camisetas de un grupo comandado por Nils K. Rue, un tipo cuya voz aguda no siempre termina de convencer. A mí en Pagan´s Mind me gusta y considero que resulta adecuada pero en el último de Eidolon o el proyecto X-World/5 con Andy LaRocque de King Diamond y Magnus Rossen, ex Hammerfall, me resulta cansina aunque como atenuante hay que decir que el disco que han sacado es aburrido hasta límites insospechados. Quizá el hábitat natural de Nils sea el quinteto de Skien, del condado de Telemark que los aficionados a los deportes de invierno sabréis que da nombre a una técnica de esquí.

Como era previsible, la intro de su último disco, “The conception”, con un bonito ejercicio acústico, dio paso a la salida de la banda. Un redoble de batería alargado por Stian Kristoffersen anticipó el tema título. “God´s equation” es una composición que reúne todos los elementos característicos de Pagan´s Mind: Riff poderoso, voz exagerada y teclados llenando el hueco dejado por la ausencia de una segunda guitarra. Sin embargo, este comienzo resultó atropellado porque era la batería la que machaconamente se oía ahogando el trabajo de Ronny Tegner a las teclas y Jorn Viggo Lofstad con las seis cuerdas.

Paulatinamente, el problema de este último se solucionó pero a Tegner solo le adivinábamos en los solos. Por otra parte, estaba Rue. Su técnica vocal es buena pero eso de acercar y alejar el micro terminó de arruinar estos compases iniciales. En ningún momento estuvo todo en su sitio pero, al menos, según avanzaron los minutos se mitigó el desastre porque a estas deficiencias se sumaba la caña que meten encima de un escenario, superior a lo que se escucha en el estudio. Al ser un tema más accesible, “United alliance” despertó al personal que ya sí animó a los escandinavos. Nils como frontman no es especialmente comunicativo y tiene unos ademanes un tanto extraños pero los hados estaban de su parte.

Para continuar con el (excesivo) repaso a “God´s equation”, el tremendo riff de “Atomic fireflight” nos puso en órbita aunque las distorsiones vocales no llegaron a aparecer. Lo dijimos cuando reseñamos el disco, la versión de David Bowie rompe la tendencia del álbum y significa un interludio positivo. En La Riviera esta tarde-noche exactamente igual. Es más, fue lo mejor de su actuación y la canción que menos aturullados sonaron. La gente también compartió esto e, incluso, los escépticos aplaudieron. Lo malo es que habían pasado más de veinticinco minutos y el protagonismo era exclusivo para “God´s equation”. No sabía el tiempo del que disponían pero supuse que no sería mucho más que el de Vanishing Point.

Por fin, cayó algo del pasado. “Enigmatic vision”, segundo corte de “Enigmatic: calling”, su tercera obra, fue agradecida por los pocos fanáticos del grupo que se daban cita en el evento. Estuve bien pero acto seguido adiviné las notas de la increíble “Through Osiris´Eyes” e imaginé que el momento culminante del show había llegado. En mi opinión, es el tema estrella no solo de “Celestian entrance” sino de la trayectoria de Pagan´s Mind. Como no siempre se tiene lo que se desea, Nils K. Rue se encargó convenientemente de aplacar mi gozo con una interpretación bastante deficiente. De acuerdo, disfruté de la excelente labor de Jorn Viggo Lofstad pero no fue como esperaba.

Para concluir, mi canción preferida de “God´s equation”, “Alien Kamikaze”, con cantidad de toques modernos y riffs cortados que a muchos les echan para atrás pero que en el contexto de Pagan´s Mind considero que funcionan. Otra vez algo embarullada pero, al menos, la ejecución estuvo a la altura y puso el punto final a más de tres cuartos de hora. Mi conclusión es que estuvo bien pero mis expectativas eran bastante más altas. Suerte de haber presenciado una descarga de este grupo pero no resultó lo redondo que podía haber sido.

No voy a negar que, para mí, los alicientes del concierto prácticamente habían acabado. Si los teloneros hubieran sido otros, jamás me habría planteado ver a Sonata Arctica por tercera vez en doce meses. Con la del año pasado y el Graspop tenía más que de sobra dado mi escaso interés por los últimos trabajos de los finlandeses pero ya que estaba, intentaría disfrutar al máximo, aunque nunca como sus fieles que estaban nerviosos en los prolegómenos. Como decía al comienzo no sé muy bien a cuento de qué esta gira pero quizá cabría la posibilidad de que los de Kemi rescataran algunas composiciones olvidadas para regalar a sus fans. En la práctica, no fue del todo así y las sorpresas cayeron con cuentagotas.

Si bien el telón de fondo evocaba a los lobos que salen en alguna de sus ediciones, el escenario y el juego de luces eran similares a los del tour de presentación de “Unia”. Con la pasarela por detrás de la batería (no obstante, la utilizaron menos) y una cuidada iluminación, todo quedaba en manos de los técnicos de sonido y el propio grupo. La banda sonora de “La novia cadáver” sirvió de apetitivo para que, uno a uno, el quinteto saltara a La Riviera entre los gritos del público. Como casi podíamos apostar, “In black and white” comenzó la función. He leído en algún otro sitio que los finlandeses sonaron peor que los teloneros. Desde luego, y desde mi posición, resultó justo lo contrario. Sin lograr alcanzar las cotas de perfección de la anterior gira, por lo menos se distinguían claramente los instrumentos y le que estuviera en mi zona (la parte de atrás, cerca de la barra central) estará de acuerdo conmigo.

Como si reviviéramos lo sucedido en el mismo recinto en noviembre de 2007, “Paid in full” se interpretó en segundo lugar. La voz de Toni estaba aún por calentar y me temía que volviéramos a las andadas, a los gallos continuos y ahogamientos. A pesar de que a mí no me entusiasma, pensaba que sus seguidores agradecerían más que, por primera vez, cayera “White pearls, black oceans”, el tema de nueve minutos de “Reckoning night”. Ejecutado en su totalidad, sirvió para corroborar de nuevo la importancia de Elias Viljanen en Sonata Arctica. Reitero que, en mi opinión, infinitamente superior a Jani en el escenario.

Otra gozada, “Replica”. Ya la había oído en Graspop pero aquí pude deleitarme con ella y, sobre todo (quién lo diría), con un Kakko fantástico. Con las tres primeras canciones ya había entrado en calor y de las diez veces que he debido ver a este grupo, sin duda la que mejor cantó. Casi sin parar, después de la calma de “Replica” la tempestad con “8th commandment”, habitual en sus repertorios. Ya puestos, tampoco habría pasado nada si la hubieran dejado en el banquillo para acordarse de “My land” o “Unopened”. Mi percepción no era mala hasta el momento pero hubo una serie de factores que empezaron a disgustarme.

“Last drop falls” tuvo una aplaudida bienvenida de parte de los fans pero meter otra balada en tan corto espacio de tiempo no me parece la mejor idea del mundo. Y lo que es peor, aún quedaban un par más por llegar. Se nota que “Caleb” es de las favoritas del grupo porque se dejan la piel en ella y suena poderosa. Lástima que la gente no conecte tanto con este tema. Todo lo contrario ocurre en “Black sheep”, para mí, una de las tres más celebradas de la velada. Aquí es donde noto cómo me he desenganchado de la propuesta de Sonata Arctica porque compositivamente no hay color entre “Caleb” y “Black sheep” pero sus fans no dudan a la hora de elegir.

Un breve solo de Elias con la intención de crear feeling (sin conseguirlo) precedió a “Draw me”, otro balada más, esta vez la que cerraba su tercer disco, “Winterheart´s guild”. No sé yo si todos quedaron contentos del cambio porque la que desapareció fue “Victoria´ secret”. Claro que para enfadarme un poco, no comprendo ese inicio que le han dado a “Fullmoon”, uno de sus clásicos indiscutibles. Y es una pena porque Tony la cantó de lujo y se guardó donde no llegaba ni llegará nunca. Para completar mi desconcierto desaparecieron del escenario cuando apenas se había cumplido una hora y llevaban diez temas interpretados. Impresentable.

La charlotada culminó al repetir la gracia del “público batería”. En una gira esta bien pero deberían intentar buscar algo distinto. Personalmente, no me gustan estas cosas pero reconozco que al público le suele divertir pero no debes reiterar la tontería. Por ejemplo, Hammerfall son amigos de estas cosas pero en cada tour buscaban algo diferente. Aquí no, Tony hizo su trabajo durante seis o siete minutos y ya con todos de vuelta del camerino tocaron la primera estrofa del “We will rock you” de Queen. En serio, me acordé del día que vi a Green Day jugando con pistolas en vez de dedicarse a lo suyo.

Terminado el pasaje circense “It won´t fade” fue la postrer representación de “Unia”. Es curioso porque en los dos tours han hecho exactamente los mismos cuatro cortes de ese disco. ¿Qué pasa? ¿No les gusta el resto? Quedaba poco para finalizar y ya no quedaban sorpresas en el tintero. Había que ir a lo seguro tirando de preferidas del respetable. “Gravenimage”, “Don´t say a word” y “The cage” resultaron las elegidas. Parece que estas dos ya se van a quedar en ese lugar por los siglos. Como anécdota en la primera mitad de “The cage” se fue la luz pero ellos siguieron tocando sin problemas hasta que antes de llegar al segundo estribillo, retornó.

Por supuesto, todo acabó con la bufonada de “Vodka” pero eso es mejor ni mencionarlo porque casi me da vergüenza ajena. Fue un concierto con muchos altibajos que tuvo instantes brillantes, con Kakko realmente bien pero que, en general, no resultó tan distinto al anterior como esperaba. Encima, el escaso número de temas interpretados, las cuatro baladas y las dos o tres imbecilidades me derrotaron. Ya le dije a un amigo que ver a Sonata Arctica tantas veces en tan corto espacio de tiempo era peligroso. Esperemos que no nos deje secuelas.

 


Vanishing Point

 


Pagan´s Mind

 


Sonata Arctica

 

 

 

 

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Crónica: Marco-Antonio Romero
Fotografías: David Ortego