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¿Hay
que explotar hasta la saciedad
la gallina de los huevos de
oro, no vaya a ser que se exprima?
Hace trescientos cincuenta y
ocho días Sonata Arctica
venían a Madrid a presentar
“Unia” ante un enfervorizado
público que casi llenaba
la Riviera. Ahora, teníamos
otra vez por aquí a los
finlandeses, esta vez acompañados
por dos excelentes grupos, no
demasiado reconocidos, pero
de calidad indudable. El problema
es que con tantos eventos, la
crisis económica y demás,
no parecían las circunstancias
apropiadas para un nuevo éxito
de público.
A la hora en
que se abrían puertas,
la cola no era demasiado larga.
Cuando accedimos al recinto
vimos que el aspecto distaba
bastante de lo acaecido en 2007.
Eso sí, se repetía
la abrumadora mayoría
de fans muy jóvenes,
entusiastas de Sonata Arctica,
y dispuestos a disfrutar de
una tarde de power metal progresivo
europeo. Finalmente, y con generosidad,
tal vez media entrada, más
de un millar de aficionados
acudieron a un evento que, reitero,
nos atrajo fundamentalmente
por Pagan´s Mind y Vanishing
Point.
Imagino que
en el término medio se
encuentra la virtud y si bien
no es normal (para mí)
comenzar un concierto a las
once de la noche tampoco es
de recibo que un sábado
se inicie a las siete de la
tarde con mucha gente aún
despertándose de la siesta.
No obstante, los horarios de
los locales madrileños
son así de caprichosos.
Por otra parte, no está
mal porque luego te permite
salir a una hora prudencial
para encarar alguna salida nocturna
pero un rato más tarde
tampoco pasaría nada
porque quien se resiente es
la banda que debe aparecer en
primer lugar.
Estos eran
los australianos Vanishing Point,
pedazo de formación de
las antípodas, con cuatro
discos a sus espaldas que rebosan
elegancia. Su base de metal
progresivo siempre se ha visto
impregnada de toques de power
europea y, sobre todo, infinidad
de melodías con pasajes
que casi podrían ser
extraídos de álbumes
de AOR o hard melódico.
Esta variedad les hace poseer
un sonido característico.
Con muchísimas ganas
saltó el sexteto de Melbourne
a las tablas de La Riviera.
Como algunas veces hemos comentado,
el hecho de que el público
sea joven les hace ser entusiastas
y receptivos con los teloneros.
Vanishing Point lo notaron desde
el primer momento y se mostraron
agradecidos y sorprendidos ya
que después pudimos departir
con dos de sus componentes y
así lo hicieron saber.
Debe ser duro recorrerte el
mundo y que te reciban con indiferencia.
Afortunadamente, esto no sucedió.
No disponían
de demasiado tiempo por lo que
el repertorio se centró
exclusivamente en sus dos últimas
entregas, dejando de lado “In
thought” y “Tangled
in dream”. Rápidamente
atacaron “Embodiment”
que abría su más
reciente trabajo (aunque ya
tiene más de un año),
“The fourth season”.
El sonido no era todo lo nítido
que necesita esta música.
Muy opaco, la voz de Silvio
Massaro tenía que pelearse
por florecer entre unos instrumentos
que tampoco estaban ubicados
en su justa medida en la mezcla.
Las guitarras del sonriente
Chris Porcianko y Tom Vucur
sí se distinguían,
incluso disfrutábamos
de las melodías y los
solos, pero el conjunto no funcionaba
del todo bien. Ellos, impecables,
pero los “elementos”
no les dejaron brillar como
se merecen.
Massaro demostró
ser un buen cantante si bien
pecó de ni tan siquiera
presentar las canciones. Aunque
cuando hablas con él
es un tío majo, en el
escenario me dejó una
sensación rara. “If
only I” continuó
la actuación con los
mismos parámetros de
sonido regular y actitud notable.
“Tyranny of distance”
se encuentra entre las mejores
composiciones de “The
fourth season” y los pocos
conocedores de Vanishing Point
(aunque más de los que
pensaba) la jalearon aunque
la que casi más honores
se llevó fue “Season
of Sundays”, uno de sus
cortes más celebrados,
y el emblema de “Embrace
the silence”, su tercera
obra.
Como no había
que perder ni un instante porque
la fiesta se acababa, enlazaron
prácticamente seguidas
“I within I” y la
magnífica “Surrender”
con la que acabaron un concierto
de poco más de media
hora que se pasó volando.
No sé cómo están
organizadas estas cosas pero
quizá hubiera sido pertinente
un poco más ya que no
según te estás
metiendo y obviando las deficiencias
de sonido, se termina el asunto.
Además, a lo mejor habría
que tener en cuenta que estos
tipos no tienen la facilidad
para girar por Europa como otras
bandas radicadas en el viejo
continente. Un tour para un
telonero no es una ONG pero
por una o dos canciones más
que les hubieran permitido tocar,
nada se habría alterado
en exceso. Como está
ocurriendo así en toda
la gira, pues nada, nos fastidiaremos
sus seguidores dándonos
por satisfechos por haber tenido
la oportunidad de ver a Vanishing
Point cosa que, hace siete años,
cuando tocaron en Macumba con
Gammay Ray y, precisamente,
Sonata Arctica, no tuve ocasión
gracias a la incompetencia de
una persona que trajo las acreditaciones
cuando los australianos ya habían
concluido. Esperemos que coincida
con ellos en algún festival
veraniego para verles algo más.
El concepto
de Pagan´s Mind se podría
encardinar en lo que se conoce
como el ProgPower. Ya aludimos
a esta expresión tan
utilizada en la actualidad al
hablar de último trabajo
de este grupo noruego, “God´s
equation”, que, precisamente,
iba a convertirse en el protagonista
casi absoluto de su descarga.
Mi relación con ellos
proviene de “God´s
equation”. Hasta entonces,
no les había prestado
atención. Es cierto que
no tienen, en mi opinión,
el toque diferencial del que
hablábamos en Vanishing
Point pero me atrae bastante
como encaran musicalmente ese
concepto futurista que imprimen
a portadas y letras.
Entre la audiencia
se veían unas cuantas
camisetas de un grupo comandado
por Nils K. Rue, un tipo cuya
voz aguda no siempre termina
de convencer. A mí en
Pagan´s Mind me gusta
y considero que resulta adecuada
pero en el último de
Eidolon o el proyecto X-World/5
con Andy LaRocque de King Diamond
y Magnus Rossen, ex Hammerfall,
me resulta cansina aunque como
atenuante hay que decir que
el disco que han sacado es aburrido
hasta límites insospechados.
Quizá el hábitat
natural de Nils sea el quinteto
de Skien, del condado de Telemark
que los aficionados a los deportes
de invierno sabréis que
da nombre a una técnica
de esquí.
Como era previsible,
la intro de su último
disco, “The conception”,
con un bonito ejercicio acústico,
dio paso a la salida de la banda.
Un redoble de batería
alargado por Stian Kristoffersen
anticipó el tema título.
“God´s equation”
es una composición que
reúne todos los elementos
característicos de Pagan´s
Mind: Riff poderoso, voz exagerada
y teclados llenando el hueco
dejado por la ausencia de una
segunda guitarra. Sin embargo,
este comienzo resultó
atropellado porque era la batería
la que machaconamente se oía
ahogando el trabajo de Ronny
Tegner a las teclas y Jorn Viggo
Lofstad con las seis cuerdas.
Paulatinamente,
el problema de este último
se solucionó pero a Tegner
solo le adivinábamos
en los solos. Por otra parte,
estaba Rue. Su técnica
vocal es buena pero eso de acercar
y alejar el micro terminó
de arruinar estos compases iniciales.
En ningún momento estuvo
todo en su sitio pero, al menos,
según avanzaron los minutos
se mitigó el desastre
porque a estas deficiencias
se sumaba la caña que
meten encima de un escenario,
superior a lo que se escucha
en el estudio. Al ser un tema
más accesible, “United
alliance” despertó
al personal que ya sí
animó a los escandinavos.
Nils como frontman no es especialmente
comunicativo y tiene unos ademanes
un tanto extraños pero
los hados estaban de su parte.
Para continuar
con el (excesivo) repaso a “God´s
equation”, el tremendo
riff de “Atomic fireflight”
nos puso en órbita aunque
las distorsiones vocales no
llegaron a aparecer. Lo dijimos
cuando reseñamos el disco,
la versión de David Bowie
rompe la tendencia del álbum
y significa un interludio positivo.
En La Riviera esta tarde-noche
exactamente igual. Es más,
fue lo mejor de su actuación
y la canción que menos
aturullados sonaron. La gente
también compartió
esto e, incluso, los escépticos
aplaudieron. Lo malo es que
habían pasado más
de veinticinco minutos y el
protagonismo era exclusivo para
“God´s equation”.
No sabía el tiempo del
que disponían pero supuse
que no sería mucho más
que el de Vanishing Point.
Por fin, cayó
algo del pasado. “Enigmatic
vision”, segundo corte
de “Enigmatic: calling”,
su tercera obra, fue agradecida
por los pocos fanáticos
del grupo que se daban cita
en el evento. Estuve bien pero
acto seguido adiviné
las notas de la increíble
“Through Osiris´Eyes”
e imaginé que el momento
culminante del show había
llegado. En mi opinión,
es el tema estrella no solo
de “Celestian entrance”
sino de la trayectoria de Pagan´s
Mind. Como no siempre se tiene
lo que se desea, Nils K. Rue
se encargó convenientemente
de aplacar mi gozo con una interpretación
bastante deficiente. De acuerdo,
disfruté de la excelente
labor de Jorn Viggo Lofstad
pero no fue como esperaba.
Para concluir,
mi canción preferida
de “God´s equation”,
“Alien Kamikaze”,
con cantidad de toques modernos
y riffs cortados que a muchos
les echan para atrás
pero que en el contexto de Pagan´s
Mind considero que funcionan.
Otra vez algo embarullada pero,
al menos, la ejecución
estuvo a la altura y puso el
punto final a más de
tres cuartos de hora. Mi conclusión
es que estuvo bien pero mis
expectativas eran bastante más
altas. Suerte de haber presenciado
una descarga de este grupo pero
no resultó lo redondo
que podía haber sido.
No voy a negar
que, para mí, los alicientes
del concierto prácticamente
habían acabado. Si los
teloneros hubieran sido otros,
jamás me habría
planteado ver a Sonata Arctica
por tercera vez en doce meses.
Con la del año pasado
y el Graspop tenía más
que de sobra dado mi escaso
interés por los últimos
trabajos de los finlandeses
pero ya que estaba, intentaría
disfrutar al máximo,
aunque nunca como sus fieles
que estaban nerviosos en los
prolegómenos. Como decía
al comienzo no sé muy
bien a cuento de qué
esta gira pero quizá
cabría la posibilidad
de que los de Kemi rescataran
algunas composiciones olvidadas
para regalar a sus fans. En
la práctica, no fue del
todo así y las sorpresas
cayeron con cuentagotas.
Si bien el
telón de fondo evocaba
a los lobos que salen en alguna
de sus ediciones, el escenario
y el juego de luces eran similares
a los del tour de presentación
de “Unia”. Con la
pasarela por detrás de
la batería (no obstante,
la utilizaron menos) y una cuidada
iluminación, todo quedaba
en manos de los técnicos
de sonido y el propio grupo.
La banda sonora de “La
novia cadáver”
sirvió de apetitivo para
que, uno a uno, el quinteto
saltara a La Riviera entre los
gritos del público. Como
casi podíamos apostar,
“In black and white”
comenzó la función.
He leído en algún
otro sitio que los finlandeses
sonaron peor que los teloneros.
Desde luego, y desde mi posición,
resultó justo lo contrario.
Sin lograr alcanzar las cotas
de perfección de la anterior
gira, por lo menos se distinguían
claramente los instrumentos
y le que estuviera en mi zona
(la parte de atrás, cerca
de la barra central) estará
de acuerdo conmigo.
Como si reviviéramos
lo sucedido en el mismo recinto
en noviembre de 2007, “Paid
in full” se interpretó
en segundo lugar. La voz de
Toni estaba aún por calentar
y me temía que volviéramos
a las andadas, a los gallos
continuos y ahogamientos. A
pesar de que a mí no
me entusiasma, pensaba que sus
seguidores agradecerían
más que, por primera
vez, cayera “White pearls,
black oceans”, el tema
de nueve minutos de “Reckoning
night”. Ejecutado en su
totalidad, sirvió para
corroborar de nuevo la importancia
de Elias Viljanen en Sonata
Arctica. Reitero que, en mi
opinión, infinitamente
superior a Jani en el escenario.
Otra gozada,
“Replica”. Ya la
había oído en
Graspop pero aquí pude
deleitarme con ella y, sobre
todo (quién lo diría),
con un Kakko fantástico.
Con las tres primeras canciones
ya había entrado en calor
y de las diez veces que he debido
ver a este grupo, sin duda la
que mejor cantó. Casi
sin parar, después de
la calma de “Replica”
la tempestad con “8th
commandment”, habitual
en sus repertorios. Ya puestos,
tampoco habría pasado
nada si la hubieran dejado en
el banquillo para acordarse
de “My land” o “Unopened”.
Mi percepción no era
mala hasta el momento pero hubo
una serie de factores que empezaron
a disgustarme.
“Last
drop falls” tuvo una aplaudida
bienvenida de parte de los fans
pero meter otra balada en tan
corto espacio de tiempo no me
parece la mejor idea del mundo.
Y lo que es peor, aún
quedaban un par más por
llegar. Se nota que “Caleb”
es de las favoritas del grupo
porque se dejan la piel en ella
y suena poderosa. Lástima
que la gente no conecte tanto
con este tema. Todo lo contrario
ocurre en “Black sheep”,
para mí, una de las tres
más celebradas de la
velada. Aquí es donde
noto cómo me he desenganchado
de la propuesta de Sonata Arctica
porque compositivamente no hay
color entre “Caleb”
y “Black sheep”
pero sus fans no dudan a la
hora de elegir.
Un breve solo
de Elias con la intención
de crear feeling (sin conseguirlo)
precedió a “Draw
me”, otro balada más,
esta vez la que cerraba su tercer
disco, “Winterheart´s
guild”. No sé yo
si todos quedaron contentos
del cambio porque la que desapareció
fue “Victoria´ secret”.
Claro que para enfadarme un
poco, no comprendo ese inicio
que le han dado a “Fullmoon”,
uno de sus clásicos indiscutibles.
Y es una pena porque Tony la
cantó de lujo y se guardó
donde no llegaba ni llegará
nunca. Para completar mi desconcierto
desaparecieron del escenario
cuando apenas se había
cumplido una hora y llevaban
diez temas interpretados. Impresentable.
La charlotada
culminó al repetir la
gracia del “público
batería”. En una
gira esta bien pero deberían
intentar buscar algo distinto.
Personalmente, no me gustan
estas cosas pero reconozco que
al público le suele divertir
pero no debes reiterar la tontería.
Por ejemplo, Hammerfall son
amigos de estas cosas pero en
cada tour buscaban algo diferente.
Aquí no, Tony hizo su
trabajo durante seis o siete
minutos y ya con todos de vuelta
del camerino tocaron la primera
estrofa del “We will rock
you” de Queen. En serio,
me acordé del día
que vi a Green Day jugando con
pistolas en vez de dedicarse
a lo suyo.
Terminado el
pasaje circense “It won´t
fade” fue la postrer representación
de “Unia”. Es curioso
porque en los dos tours han
hecho exactamente los mismos
cuatro cortes de ese disco.
¿Qué pasa? ¿No
les gusta el resto? Quedaba
poco para finalizar y ya no
quedaban sorpresas en el tintero.
Había que ir a lo seguro
tirando de preferidas del respetable.
“Gravenimage”, “Don´t
say a word” y “The
cage” resultaron las elegidas.
Parece que estas dos ya se van
a quedar en ese lugar por los
siglos. Como anécdota
en la primera mitad de “The
cage” se fue la luz pero
ellos siguieron tocando sin
problemas hasta que antes de
llegar al segundo estribillo,
retornó.
Por supuesto,
todo acabó con la bufonada
de “Vodka” pero
eso es mejor ni mencionarlo
porque casi me da vergüenza
ajena. Fue un concierto con
muchos altibajos que tuvo instantes
brillantes, con Kakko realmente
bien pero que, en general, no
resultó tan distinto
al anterior como esperaba. Encima,
el escaso número de temas
interpretados, las cuatro baladas
y las dos o tres imbecilidades
me derrotaron. Ya le dije a
un amigo que ver a Sonata Arctica
tantas veces en tan corto espacio
de tiempo era peligroso. Esperemos
que no nos deje secuelas.
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Vanishing Point




Pagan´s Mind





Sonata Arctica





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