Principal / Planeta Sonoro / Crónicas / Symphony X + Circus Maximus + Dreamscape
SYMPHONY X + CIRCUS MAXIMUS + DREAMSCAPE

Sala La Riviera (Madrid) 01-03-2008

Finalmente, la lógica se impuso. Después de haberse anunciado las fechas de la gira de Symphony X por España se comprobó que dos de ellas, Madrid y País Vasco si mal no recuerdo, coincidían con Megadeth. Era tan sencillo como intercambiar los días pero claro, hablamos de promotores de aquí y uno se puede esperar cualquier cosa. Menos mal que la cordura imperó y pudimos disfrutar de las descargas de dos grupos importantes, uno de los más grandes de la historia de este género y otro que, ya con larga trayectoria, se encuentra en un momento muy dulce gracias al excelente “Paradise lost”, uno de los mejores álbumes del pasado ejercicio. Además, y centrándonos ya en el concierto que nos ocupa, el pack se completaba con dos magníficas formaciones de metal progresivo, Dreamscape y Circus Maximus.

Pensaba que acercarse a La Riviera iba a resultar muy complicado porque a esas horas estaba programado en el Vicente Calderón un trascendental Atlético de Madrid Vs. Barcelona. Dada la cercanía entre el estadio y la sala supuse que el tráfico sería horrible pero, por una vez, hubo suerte para aparcar y llegamos justo a tiempo de ver cómo se habrían las puertas. Quince minutos después los alemanes Dreamscape saltaban a escena ante apenas un centenar de personas. Dada la capacidad del recinto (tres mil) imaginaos el desolador aspecto que se encontraron los de Munich.

El quinteto germano es una notable formación con cuatro álbumes a sus espaldas bastante separados temporalmente y que han visto cómo cada uno de esos trabajos de estudio ha sido grabado por un vocalista diferente (sólo Roland Stoll ha puesto su voz en dos), hecho ciertamente curioso. El disco que venían a presentar, “5th season”, no lo registró su actual cantante Mischa Mang, de reciente entrada. Precisamente, Mischa causó baja en un par de conciertos (Bergara y París) porque compagina su labor en Dreamscape con la de participar en musicales y le coincidían funciones por lo que no pudo estar presente en estos dos shows siendo sustituido por Roland Stoll, su antecesor en el puesto. Desde luego, era Stoll el idóneo, no sólo por estar en “5th season” y “End of silence” sino también porque Dreamscape en 2005 hicieron “Revoiced”, recopilación de sus dos primeros discos regrabada por el propio Roland.

Sea como fuere, según comenzaron nos dimos cuenta de que los bávaros no iban a disponer de un sonido decente para que pudiéramos disfrutar de su actuación. Además, ellos no colaboraban en exceso y su actitud, un tanto errática, les dejaba en evidencia y no lograron compensar las carencias que se reflejaron desde la mesa de mezclas. Una pena porque me parece un muy buen grupo. La guitarra de Wolfgang Kerinnis, líder y único superviviente desde sus inicios, había que intuirla, no sólo en los riffs sino también en solos. Los teclados de su nuevo componente, David Bertok, inaudibles. Total, que el peso recayó en Mischa, intachable vocalmente aunque con unos movimientos extraños, un tanto simiescos.

El repertorio, muy equilibrado, con dos temas de “5th season”, “End of silence” y “Very”, dejando de lado su debut “Trance-like state”. El hecho de ser un grupo con demasiada influencia Dream Theater les condiciona porque siempre estarán sujetos a la comparación de la que, obviamente, saldrán perdiendo. Sus canciones, por norma general, no poseen cambios vertiginosos sino que siguen un ritmo medio, no muy rápido, que tampoco hace que la gente que no les conoce se meta en su propuesta. Por muy buena que me parezca a mí “Thorn in my mind”, es complicado que un profano en la banda sienta lo mismo en su primera escucha.

Precisamente “Thorn in my mind” levantó el ánimo de sus escasos seguidores que aplaudimos también “Somebody”, un gran corte de “5th season”, de los más accesibles. Después de algo más de media hora se despidieron con la fantástica “When the shadows are gone”, quedándome la sensación de que las circunstancias no les ayudaron, que ellos tampoco dieron todo lo que cabría esperar y que sus composiciones valen más de lo que el público pudo percibir. No se puede decir que estuvieran mal pero no suscitaron expectación entre una audiencia que ya entonces llegaba a las cuatrocientas personas.

Con Circus Maximus fue otro cantar. Tenía muchísimas ganas de ver a los noruegos. Cuando hice la reseña de “Isolate”, su segunda entrega, comenté que siendo un muy buen disco, no me había impactado tanto como me esperaba por las alabanzas que leía sobre ellos. Era el momento de comprobar qué tal se defendían en directo. Como era previsible la potente “A darkened mind” dio inicio a cuarenta y tres minutos brillantes. Con un sonido un pelín alto pero lo suficientemente nítido para ser el mejor de la velada, los de Oslo dieron una lección de elegancia y clase.

Visualmente no parecen una formación metalera porque, salvo Truls Haugen, el resto llevaban el pelo recortado o, directamente, corto. Es más, su vocalista, el ex Carnivora Michael Eriksen, bien podría haber aguantado hasta la sesión nocturna de La Riviera y marcarse unos bailes cool. Por supuesto esto no importa lo más mínimo porque el tío clavó las notas más altas y únicamente en las voces bajas se veía tapado por el resto de instrumentos. Si “a darkened mind” ofreció su lado más heavy, los verdaderos Circus Maximus se destaparon en la genial “Abyss”, no tanto por su estilo casi rallando el power metal, sino por los alucinantes coros. ¡Qué manera de cantar! En particular, querría pararme en el baterista, Truls Haugen, impresionante su voz. Mis ojos se concentraban en su forma de compaginar el golpeo a los tambores con la habilidad de colocar la boca junto al micrófono.

En “Wither” mostraron su vertiente más clásica, esa que recupera pasajes de hard rock travestidos de progresivo y llena de melodías. Sus numerosos seguidores (para lo que me esperaba), no obstante, aguardaban temas de su primer álbum, “The 1st chapter”. Así, reaccionaron con alegría cuando interpretaron “Sin”, con excelente labor de Mats Haugen a la guitarra y Lasse Finbroten a los teclados. A lo largo de la gira han cambiando temas. Desgraciadamente en Madrid no cayeron las monumentales “Glory of the empire” o “”Mouth of madness” pero sí que sorprendieron con “Arrival of love”, canción mucho más sencilla y “comercial” que en directo ganó enteros.

“Alive” resultó ser la segunda y última aparición de “The 1st chapter” cerrando con mi favorita, “Ultimate sacrifice”, con el quinteto dando una auténtica exhibición de buen gusto durante sus más de nueve gloriosos minutos. No creo que nadie saliese decepcionado con Circus Maximus. Es más, en mi modesta opinión, fueron los triunfadores objetivos de la noche. Ojalá haya más oportunidades de verles en fechas venideras con un repertorio más extenso porque estamos ante un grupo con potencial para ascender muchos peldaños en la escena europea.
Por mucho que Symphony X sea una formación en estado de gracia se me hacía extraño pensar que fueran capaces de llenar La Rivera. Mis temores eran fundados porque a pesar de que la entrada era francamente buena para un grupo como ellos (900 personas más o menos), el aspecto del recinto era un tanto triste aunque nada comparado con alguna otra parada española donde no pasaron de doscientas personas. Me encantan los de Nueva Jersey pero tres veces en cuatro meses y dos en una semana, es demasiado. Sin embargo, ésta era, en principio, la cita esencial. Su propio show como cabezas de cartel y sin las restricciones de tiempo propias de un festival o por su condición de teloneros. Como en ocasiones no todo sale a pedir de boca, el concierto no fue tan grande como preveía.

En las semanas que precedieron al periplo europeo se promovió a través de su página web una encuesta para elegir qué canciones eran las más solicitadas por los fans para ser interpretadas en directo. No sé si se habrá tenido en cuenta pero, si es así, los seguidores de Symphony X que votaron son bastante predecibles aunque me extraña que por abrumadora mayoría ganaran las nuevas, por muy buenas que sean. Cuando les vaya a ver al Graspop en junio, me voy a saber de memoria y por orden el set list porque “Occulus ex Inferni” me resulta tan familiar como la sintonía de la NBA en la televisión digital.

Tras la intro, la estupenda “Set the world on fire” nos dio de bruces con un aspecto lamentable. Desde donde yo estaba (parece que en otros puntos de la sala no fue tan grave) el sonido era pésimo. Es verdad que se mejoró según avanzaba la descarga pero los teclados y la guitarra en ningún momento pudieron obtener la nota de aprobado, obviamente no por culpa de los Michael, Romeo y Pinella, sino por unos técnicos que no supieron adecuar a Symphony X la buena mezcla conseguida con Circus Maximus. Si abriendo para Dream Theater fue flagrante, aquí no podemos decir que estuviera mucho mejor la cosa. Y es una pena porque, otra vez, Russell Allen se salió.

El enorme cantante salió un poco frío pero, poco a poco, se fue calentando y en tres o cuatro temas estaba al 100% y tan simpático como en noviembre (incluso recordó la anécdota de “María”). Para dar rienda suelta al material reciente y repetir esquemas, la poderosa “Domination” y la contundente “The serpent´s kiss”, siempre con ese aire moderno a lo Nevermore. La teoría nos llevaba al tema título para seguir en la línea de lo ofertado con Dream Theater pero tras una breve charla Allen nos introdujo en el pasado, en la canción más antigua que iba a sonar, ni más ni menos que “The damnation game”, sorpresa porque en el tour habitualmente estaban tirando de “Masquerade”. Para mí, muy bien porque me gusta más “The damnation game”.

El sonido seguía siendo igual de malo pero sí que quedó demostrado con este inicio que Symphony X es una banda de heavy metal, tanto en desarrollo musical como en actitud, si bien los protagonistas absolutos encima del escenario son Romeo y Russell permaneciendo los restantes componentes en un plano más secundario y gris. Ya llegaba el turno de “Paradise lost”, esa mágica canción que se han sacado de la manga y que pasarán los años y permanecerá como uno de los hitos de su carrera. Su ejecución no fue impecable pero sí brillante y emotiva. En la parte central de su actuación es donde más cambios han ido introduciendo. Unas veces han interpretado “Egypt”, otras “Death of balance”, hasta “Evolution” ha tenido cabida. No obstante, la elegida resultó ser la larga y variada “Through the looking glass” de “Twilight in Olympus”. Sin duda, es una grandísima canción que sirvió de lucimiento para todos los componentes de Symphony X alcanzando cotas de éxtasis entre los asistentes.

Un acierto su inclusión aunque viendo la duración del concierto uno siente estupor por la ausencia total de temas de “V: The new mithology suite”. Asimismo, esperaba que “Odyssey” tuviera más cancha y no quedara restringido a “Inferno (unleash the fire)”, con Michael Romeo haciendo un poco de headbanging y todo. “Smoke and mirrors” es otra de esas canciones que no suelen faltar en los repertorios de los estadounidenses desde su aparición en “Twilight in Olympus”. Los fans la aplaudieron tanto como a la inevitable “Sea of lies”, muy buena pero considero que “The divine wings of tragedy” es tan grande que no le vendría mal que “Sea of lies” o “Of sins and shadows” pasaron al banquillo para dejar foguearse a maravillas como “The accolade” (también me vale la segunda parte), “Pharaoh” o “The eyes of Medussa”.

Por ahora, todo esto es ciencia ficción porque Symphony X llevan un set list bastante rígido en el que la magnífica “Revelation” pone el punto y seguido al show, no sin antes culminar con la séptima y última parte del tema “The divine wings of tragedy”, “Paradise regained” y la ovación de la gente que pasó por alto el pésimo sonido y vitoreó a sus ídolos. El concierto había estado bien, eso no tiene vuelta de hoja, pero, sinceramente, sigo sin ver en vivo la majestuosidad que sí me llega a emocionar cuando los oigo en mi casa. Por cierto, setenta y cinco minutos es un tiempo sumamente escaso para lo que un grupo como Symphony X puede y debe dar. Así se quedaron fuera la cantidad de temas que faltaron.

En la espera, una especie de rebelión popular hizo que, casi al unísono, los allí presentes gritaran “The odyssey”. Cuando el quinteto volvió al escenario de La Riviera, Romeo y Allen hablaron un instante. A mí me pareció que el cantante le decía a Michael si la tocaban pero no, el primer bis fue otro tema nuevo, “Eve of seduction”, para completar la extensísima aportación de “Paradise Lost”. A mí “Eve of seduction” me sobró, no porque fuera mala sino debido a que tan corto repertorio no merecía concentrarse mayoritariamente en un solo disco. Como todos suponíamos “Of sins and shadows” supuso el adiós definitivo después de una hora y media corta, demasiado corta.

La semana siguiente en Atarfe sí que, por fin, escuché a Romeo y Pinella, pero en la localidad granadina Russell ya estaba a medio gas y no despuntó tanto como en Madrid. Como resumen de lo ocurrido en La Riviera, sigo esperando un grandioso concierto de Symphony X. Lo achaco a la mala suerte y que sólo en esta ocasión ellos eran las estrellas y todo se alió en su contra, pero ya van cuatro veces. Eso sí, mi paciencia con ellos es casi inagotable porque estoy convencido de que quieren, pueden y, si se dan las condiciones adecuadas, lo conseguirán.


Symphony X


Dreamscape

 

 

 


Cricus Maximus

 

 


Symphony X

 

http://www.symphonyx.com --- http://www.circusmaximussite.com ---
http://www.dreamscape.de

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego