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Si las giras
de reunión suponen ya
ciertas reticencias previas
por mi parte, planear un tour
de despedida añade una
responsabilidad importante por
un motivo fundamental: Independientemente
de lo que toques o hagas, debe
ser algo especial. No todos
los días se dice adiós
aunque algunos parecen ya acostumbrados
a amagar (¿he oído
Kiss u Ozzy?). Por ello, no
te puedes tomar el concierto
como si de uno más se
tratara. Para el grupo no existirá
un mañana y tus fans,
sean los que sean, quedarán
desprovistos de la posibilidad
de poder presenciar de nuevo
cómo se desenvuelven
sus admirados músicos
encima de un escenario.
Así,
que recuerde, me vienen a la
memoria los últimos shows
de Muro aunque, evidentemente,
no son comparables. Sí
que se notaba en el ambiente
que no volveríamos a
verles juntos cantando todos
esos temas (y mira tú
que ya lo han hecho), un aire
melancólico se respiraba
en Caracol. Desgraciadamente,
con los suecos Talisman no se
puede decir lo mismo.
La expectación
creada era notable. Jeff Scott
Soto siempre ha tenido mucho
tirón en España
y su reciente visita con Journey
seguramente le sirvió
para hacer algún seguidor
más. Asimismo, en general,
la gente prefiere las obras
con Marcel Jacob y compañía
a sus trabajos en solitario
o en otros diferentes proyectos.
Como no había teloneros,
la sala se fue llenando muy
escalonadamente hasta ocuparse
en más de tres cuartos
de su capacidad. Entre los asistentes,
intuí cierta duda porque,
teóricamente, Soto pensaba
centrarse de aquí en
adelante en Journey (a estas
alturas creo que todos sabemos
qué ocurrió una
semana después), mientras
que Marcel y Jamie Borges tienen
sus cositas en Last Autumn´s
Dream, Treat, sus producciones,
etc. Es decir, que la cautela
venía porque este tour
lo podían encarar como
un hobby para pasar un buen
rato en unos cuantos países
europeos o como un ejercicio
de agradecimiento a los fans.
Pues bien, tuvo mucho más
de lo primero.
Como veréis
he nombrado a toda la formación
clásica de Talisman excepto
a Fredrik Akesson que se desmarcó
unas semanas antes, no sé
si aún deprimido por
su marcha de Arch Enemy o embriagado
por su entrada en Opeth. A sus
compañeros no les sentó
demasiado bien pero encontraron
en Brian Young, que ha estado
con David Lee Roth, un sustituto
adecuado porque hizo bien su
labor tanto a las seis cuerdas
como en los coros. Eso sí,
el tío parece el doble
macarra de Kenny G.
Con la ovación
más intensa de la noche,
el cuarteto salió a Heineken
y atacó “Falling”,
el corte que abre su último
“7”, porque además
de despedirse, paradójicamente
debían presentar algo
de esta postrer y notable entrega.
Muy pronto cayeron dos favoritas
que el público coreó
con pasión como “Colour
my XTC” y la genial “Mysterious”
donde Jeff se empezó
a soltar. Como siempre que sale
a unas tablas y salvo, obviamente,
en Journey las miradas se centran
en el puertorriqueño
a pesar de que esta noche no
fue la más inspirada
a nivel vocal que le he visto.
Con todo, su carisma y la experiencia
tapan cualquier pequeño
problema y “únicamente”
una buena noche de Soto eclipsa
al 95% de los frontmen del hard
rock.
“Coming
home” vislumbró
lo que sería la velada,
en su mayoría concentrada
en sus dos primeros álbumes.
Es verdad que son los más
conocidos pero, en mi opinión,
las composiciones de Talisman
sobresalen en todos sus álbumes.
“Break your chains”
parecía que iba a poner
aquello patas arriba pero sólo
fue a medias, no por la inmaculada
interpretación sino más
bien porque algo flotaba en
el ambiente, la atmósfera
no era la adecuada, y es curioso
porque la otra vez que vi a
los suecos me pasó lo
mismo. Así como con Soto
y su banda, siempre salgo con
la sensación de que me
han dado más de lo que
ofrecen en estudio, con Talisman
me ocurrió hace casi
cuatro años y me ha vuelto
a pasar que no me llenan. Y
eso que lo menos convincente
estaba por llegar.
No sé
si en una mezcla extraña
o qué, pero el caso es
que “A life”, uno
de los mejores cortes de “Life”,
y “D.O.A.P.S.” formaron
un batiburrillo un tanto inconexo
que sirvió de pistoletazo
de salida para la noche de los
medleys, para desesperación
de aquellos que no comulgamos
en exceso con este tipo de prácticas.
Algunos podrán achacar
que sirven para escuchar más
canciones pero no estoy nada
de acuerdo. A mí me parece
una especie de jukebox con estructura
de estrofa/estribillo/puente/siguiente
tema. De esta forma ejecutaron
sin parar retazos de “Day
by day” (de mis preferidas
de su primer trabajo), “Here
2day, gone 2day” (¡por
qué privarnos de su totalidad!
Si es increíble…),
“Give me a sign”
y “Tears in the sky”,
dejándonos con la miel
en los labios y, personalmente,
con un sentimiento de decepción
que derivó en el tedio
durante el solo de bajo de Marcel
Jacob que supuso un punto de
inflexión negativo ya
que muchos seguidores quedaron
un tanto apagados. Intuyo que
comprendieron que aquello no
iba ser tan especial como pensaban.
Siguieron disfrutando pero moderadamente.
“All
or nothing”, esto es,
otra de “Genesis”,
retomó la senda de las
canciones enteras pero, entre
medias, apareció “Outta
my way” de “Cats
and dogs”. Extrañísimo.
Siguiendo con este álbum
que supuso su vuelta al estudio
tras cinco años de silencio,
la no muy conocida “In
make believe” me resultó
de las más agradables
del show aunque, probablemente,
la más destacada para
mí fue “Back 2
the feeling”, la balada
que cierra “7” y
en donde Soto sí dio
el 100% de sus prestaciones.
Como el mundo
no es maravilloso sino imperfecto,
paulatinamente los miembros
del grupo abandonaron el escenario
dejando a Jeff sentado en su
teclado para regalarnos un ejercicio
que calificaría de autocomplacencia.
En otro medley más, esta
vez de piano y voz, el mulato
teóricamente culminó
“Back 2 the feeling”
a la que unió “Forevermore”
(otro lento del último),
“All I want”, la
preciosa “Just between
us” (¿por qué
siempre la mutila?) y “Sorry”
donde sus compañeros
se reincorporaron con el solo
de guitarra de Brian.
Si hasta aquí
la actuación se había
desarrollado de forma rara,
pienso que la parte final me
desconcertó por completó.
Tras el cúmulo de medleys,
baladas y demás, llegó
el protagonismo de las versiones.
No esperaba su inclusión
pero el “Frozen”
de Madonna, que tanto apasiona
a Jeff, para mí careció
de trascendencia y sólo
sirvió de aperitivo para
el emblema del grupo, “I´ll
be waiting”, con toda
la sala cantándola hasta
que en mitad de la misma, les
dio por repetir la gracia que
Soto ya ha hecho en sus conciertos
en solitario, meter el “Livin´
on a prayer” de Bon Jovi.
Sinceramente, me cabreó
porque Jeff con su grupo puede
hacerlo y queda simpático
pero en Talisman no debería
estar permitido interrumpir
así su himno por excelencia.
Por si esto
no fuera poco, retomaron en
medley (¿cómo
si no?) “Forevermore”
y “Back 2 to the feeling”
para marcharse entre aplausos,
sí, pero bien distintos
del éxtasis inicial.
No pasó mucho tiempo
hasta que el cuarteto volvió
a las tablas para tocar un par
de temas más. Por fin,
disfruté otro poco con
la cañera “Standing
on fire”, una de las que
sí me hizo sonreír,
y pusieron el punto final a
sus visitas a Madrid como Talisman
con otra versión, en
este caso más justificada,
porque “Crazy” de
Seal debe ser fundamental y
pieza básica en sus repertorios
aunque yo tampoco la utilizaría
como colofón.
Si cogemos
pedacitos de lo que sonó
juntaríamos veintitrés
canciones pero la realidad nos
dice que solo fueron interpretadas
en su totalidad, incluyendo
dos que no eran suyas. Esto
en menos de noventa minutos
y con una frialdad que sólo
Soto rompía por momentos.
Considero que es del todo insuficiente.
Por muy buenos que sean y por
mucho que me gusten, no sé
si para este viaje eran necesarias
las alforjas. Con Talisman se
va una de las mejores bandas
de hard rock melódico
de Escandinavia. Les echaré
en falta una cita discográfica
cada dos o tres años.
En directo, reconozco que tampoco
añoraré su ausencia
aunque con Jeff fuera de Journey
nunca se sabe qué nos
deparará el futuro y
si veremos la tercera resurrección
de Jacob y compinches. Yo apuesto
que sí.
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