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TESTAMENT

Sala Heineken (Madrid) 24/06/2008

Lo que debería ser una crónica extensa de un bolo muy esperado se va a quedar en algo bastante breve para lo que acostumbra a escribir este redactor. Las circunstancias eran idóneas. Un par de días antes de encarar el viaje a Graspop, uno de lo mejores macrofestivales europeos, la visita a Madrid de Testament era un excelente aperitivo. Aunque posteriormente les vería por tierra belgas, no es lo mismo hacerlo en un club que rodeado de miles de personas y con un horario más restringido. Además, durante su gira de reunión nos habían dejado un excelente sabor de boca tanto en Atarfe como sobre todo en un maravilloso concierto en el Metalway 2006.

Asimismo, los primeros rumores apuntaron a Death Angel como teloneros lo cual incrementaba aún más mi expectación porque los “filipinos” son de mis preferidos dentro del thrash de la Bay Area de San Francisco, Oakland y demás ciudades del norte de California. Poco después, esta noticia no se confirmó y nos señalaron a Sandalinas (la banda liderada por el catalán Jordi Sandalinas) con el aliciente de que mi adorado Chris Caffery (ex Savatage) colaboraría en la actuación. La gente se rasgó las vestiduras porque no pegaban nada pero a mí me hizo bastante ilusión, como siempre que algún miembro de la familia Savatage se me pone a tiro. Finalmente, esto también se frustró y todo quedó en un desafío individual de Chuck Billy y los suyos ante el público madrileño.

La última vez que Testament aparecieron por esta ciudad fue hace una década más o menos (quizá algo más que el tiempo pasa muy rápido). Apenas doscientas personas acudieron al evento. Si bien las circunstancias actuales no son iguales y el heavy metal goza de mucha más popularidad que en los noventa, el mes de junio no es el propicio para giras dada la enorme cantidad de festivales veraniegos que se celebran dentro y fuera de nuestras fronteras. Por eso, no me extrañó que Heineken fuera la sala elegida y que tampoco presentara un lleno apoteósico como, por ejemplo, el día de Kreator y Celtic Frost. No obstante, sí que había más de tres cuartos de entrada, hecho que unido a la amorfa distribución del local supuso que aquello diera una sensación de estar repleto cuando estaríamos entorno a los seis centenares de seguidores.

Las puertas se abrieron a las ocho de la tarde y un buen número de personas nos congregamos allí para pillar buen sitio. Dado que en la entrada estaba claramente reflejado que el show comenzaría media hora más tarde, cuando ese tiempo se cumplió prácticamente todos los asistentes ocupábamos nuestros puestos. Sin embargo, las manecillas del reloj seguían corriendo y ni el menor atisbo de inicio. Pasaban los minutos, el aire acondicionado hacía estragos, aumentaba la impaciencia,… total, que hasta las nueve y treinta y dos minutos no sonó la Intro con la que el quinteto dejó los camerinos y saltó a las tablas de Heineken. Sin duda, alguien debería tener algo más de consideración con la audiencia que paga religiosamente sus entradas. O pones algo distinto en el ticket o comienzas a la hora establecida.

Estos sinsabores se olvidaban porque Skolnick, Peterson, Christian, Bostaph y Billy seguro que nos daban una ración brutal de thrash metal técnico. Si a esto le añadimos que la gira servía de presentación a un discazo como “The formation of damnation”, el cóctel parecía perfecto… salvo que el sonido no fuera el adecuado. No es que esto ocurriera es que desde “Over the wall”, primer tema de la velada, comprobamos cómo aquello iba a ser completamente insufrible. Heineken había corregido en los últimos tiempos este problema, que tantos disgustos había causado en el pasado, pero este día la acústica y un negligente técnico nos hicieron volver a las andadas. La bola que se generó junto con el reverb (esto también lo hizo en Graspop) exagerado del micro de Chuck Billy impidieron la más mínima nitidez. De aquí en adelante todo lo que se cuenten son matices porque la perspectiva general de la actuación es que por mucho que Testament salieran a matar era misión imposible el disfrutar. Mira que lo intenté cambiando de ubicación pero lo que más conseguí fue distinguir la guitarra de Alex Skolnick que en la pista había que intuirla.

El repertorio tiró de nuevo de clásicos más que apostar por “The formation of damnation”. Lo mejor es que recuperaron cosas que en la gira de reunión se habían obviado. Me refiero a la época media, a la de los noventa en la que Chuck Billy y Eric Peterson mantuvieron a flote el grupo con una serie de compañeros temporales de lujo como Dave Lombardo, Gene Hogland, Steve DiGiorgio, Glen Alvelais,… y discos nada desdeñables tipo “Low”, “Demonic” o el genial “The gathering”, para mi gusto uno de los tres más destacables de su carrera. En cuanto al plano no tan bueno, es que me resultó bastante corto en número de interpretaciones, solo dieciséis canciones, y no ofreciéndonos más material de la reciente entrega. Por último, personalmente hubiera cambiado algún tema antiguo más respecto al tour precedente y habría dado cuartelillo a “The haunting” o “Burnt offerings” de “The Legacy” en sustitución de alguna de “The new order”, o introducir otras cosas de “Practice what you preach” o “Souls of black”, no sólo los temas que les dan título.

Por lo poco que se pudo apreciar, podemos afirmar que Chuck anda un poco peor de voz pero cumple con seguridad absoluta. Skolnick y Peterson, en su línea, el primero un genio, el segundo acompañamiento perfecto; Gregg Christian permaneció algo más parado, supongo que por la limitación de espacio y Paul Bostaph se ha adaptado sin dificultad al grupo y me pega más que el efímero Nicholas Barker. La descarga inicial con “Over the wall”, “Into the pit” y “Apocalyptic city” tenía que haber servido para volar las cabezas de todos los presentes y, sí, la gente se flipó y se montó un buen pogo pero los más tranquilos sabían que aquello no iba a quedar en el recuerdo si no cambian las condiciones.

“Practice what you preach” fue de las más celebradas y al no ser tan brutal como las anteriores albergaba la esperanza de que mejorara la cosa, pero no, las melodías que fluyen junto al riff principal brillaron por su ausencia y apenas la base rítmica se entendía entre aquel maremagnum. “The new order” y “Electric crown” me sirvieron de conejillos de indias para moverme por distintas zonas de Heineken sacrificando vista por sonido. Ni por esas. De todos los sitios fuera en la parte posterior izquierda donde menos horriblemente se oía y así, aunque no mucho, pudimos paladear la excelente “More than meets the eye” que abre “The formation of damnation”.

Llegó el momento de “Low” y la intensidad bajó un poco porque no todos se conocían las canciones. El tema título estuvo bien y sirvió para que Chuck se desfogara con dos o tres guturales mientras que el medio tiempo “Trail of tears” (con charla ecopacifista de Billy incluida) fue una sorpresa aunque reconozco que ya puestos me hubiera impactado más “Return to serenity” que me vuelve loco. Eso sí, a pesar de su condición lenta, aquello rebotaba por todos los lados. Vamos, que ni en un hipotético set acústico hubiera mejorado.

“Henchman´s ride” fue la segunda y última parada en “The formation of damnation” preludio de la introducción de Gregg Christian y su bajo a “Souls of black” donde los ánimos volvieron a subir. Con “The preacher” y escasamente después de sesenta y tres minutos de actuación, Testament dijeron adiós. Había gente satisfecha pero, sinceramente, si luego reflexionaron en su casa, era imposible sentirse así. Gritos pidiendo el retorno del grupo a escena y el quinteto estadounidense no se hizo esperar dejándonos en los bises lo que, para mí, fue la mejor parte de la velada.

Aunque cuando les vi en 2004 (antes de la reunión) ya las habían tocado, era una gozada volver a disfrutar de cortes del “The gathering”, en especial del impresionante “D.N.R.” que quedó unido a “Three days in darkness”. Bestial, incluso con pésimo sonido. Para cerrar, dos favoritas personales, “Alone in the dark”, demasiado estirado con “karaoke metal” y la omnipresente y fundamental “Disciples of the watch”. Casi hora y media de tortura, con una banda muy enchufada, público entregado pero un handicap demasiado importante como para que el concierto quede en nuestras retinas. Frustrante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.testamentlegions.com

Marco Antonio Romero
Fotografias: Javi Falcón