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Madrid es
una ciudad que en su área
metropolitana llegará
casi a los seis millones de
habitantes. Es normal que el
metal no cale en toda la población,
ni tan siquiera en una mínima
proporción, pero lo que
aconteció esa noche de
lunes en la sala Ritmo y Compás
es digno de comentar. Podemos
hablar de excusas varias, algunas
con fundamento y otras no. Avalancha
de conciertos, día entre
semana, bandas underground un
tanto especiales, nula promoción,…
todo lo que vosotros queráis
pero, sinceramente, da vergüenza
ajena que no llegáramos
a treinta, repito, treinta personas
los que acudimos a ver a The
Ocean, Intronaut y Nahemah.
Y gracias a que los alicantinos
congregaron a tres o cuatro
amiguetes que fueron a saludarles
que si no. Lo grande es que
estos combos han sido loados
unánimemente por la prensa
musical especializada.
Esto merece
una pequeña reflexión.
Internet ha supuesto una revolución
porque puede dar a conocer bandas
que difícilmente podrían
destacar por métodos
convencionales. Como contrapartida,
la lacra de las descargas ilegales
pero incluso esta práctica
puede implicar que la gente
se acerque a determinados conjuntos
y así, teóricamente,
cuando pasen por tu ciudad,
puedas acudir a su cita. Pero
no, el público es bastante
conformista y parece que cuesta
mucho ir a la sala de turno
a presenciar un evento en vivo.
Evidentemente hay circunstancias
que impiden hacer determinadas
cosas… mas ¿veinticinco
asistentes? Es que no se me
quita de la cabeza, es escandaloso
aunque a lo mejor estamos ante
una realidad, y es que The Ocean,
Intronaut y Nahemah no son capaces
de congregar a más gente
y los “sesudos críticos”
somos sus únicos fans
y claro, un crítico es
un músico frustrado (eso
dicen, ¿no? Je, je…)
y no debe dignarse a caer por
una actuación.
Sea como fuere,
e ironías aparte, a ninguna
de las tres formaciones les
importó la escasísima
audiencia y salieron a darlo
todo. Los primeros en pisar
las tablas fueron Nahemah. De
este quinteto de la Comunidad
Valenciana ya os hemos hablado
porque hace unos meses reseñamos
“The second philosophy”,
álbum que cuanto más
escucho más me gusta,
considerándole no solo
la revelación a nivel
nacional sino uno de los discos
que más me ha sorprendido
en este ejercicio 2007. Su vocalista,
Pablo Egido, es un tío
peculiar. Con unas pintas bastante
“fashion”, el pavo
tiene muchas presencia escénica
aunque detecto ciertos aires
“bunburianos” en
sus movimientos y actitudes,
algo ni malo ni bueno en sí
mismo, pero que a mí
no me gusta. En las canciones
cumple francamente bien aunque
las voces melódicas quedan
un tanto lineales.
“Siamese”
ya nos dio pistas de que estos
tíos están más
que rodados para tocar en directo.
Si Lifeforce les ha editado
el disco y ha apoyado que estuvieran
en esta gira no es precisamente
por ser españoles. Sonido
muy bueno, ayudados de algún
que otro sampler y con unas
guitarras creadoras de atmósferas.
Gran combinación la de
Miguel Palazón y Roberto
Marco. Su propuesta original
en estudio se tornó en
una especie de Katatonia más
variados en directo y con inclusión
de propuestas no habituales
dentro del metal.
Como era previsible
su repertorio se concentró
exclusivamente en “The
second philosophy”, no
podía ser de otra manera.
“Killing my architect”,
quizá de las más
prog, resultó magnífica,
como la extensa “Change”,
un monumento al buen gusto.
Los cambios de ritmo y los pasajes
melancólicos atrajeron
los aplausos de los propios
Intronaut, muy atentos a ver
cómo se desenvolvían
los alicantinos, algo que parece
ser ha sucedido toda la gira.
Y es que las notazas que les
han puesto en medios tan seguidos
como Blabbermouth de algo deberían
de servir. “Like a butterfly
in a storm” te captura
sin remedio hasta que no puedes
salir de su bucle. Es el típico
grupo que no te cansas de escuchar
nunca, de verdad que estos tipos
son la repera.
Si mal no recuerdo
se quedó en el tintero
“Subterranean airports”
pero dejaron para el final dos
de las más accesibles.
Por una parte, la etérea
“Nothing” en la
que Pablo utilizó, aparte
del micro normal, otro que proyectaba
aún más el timbre
susurrado. Terminaron con la
genial “Today sunshine
ain´t the same”
en donde demostraron que se
puede cantar con un megáfono
y que suene como tal, no como
hizo Joey Tempest en el concierto
de Europe que era un micrófono
metido en ese aparato pero sin
ningún tipo de efecto
adicional. Notable alto para
Nahemah y refrendo de lo que
apreciamos en “The second
philosophy”. Que no les
pueda el hastío ni se
les vaya la inspiración
porque son excepcionales, uno
de los mejores grupos del panorama
español.
A primera vista,
observas a los chicos de Intronaut
y no te puedes creer que tocan
metal extremo. Cuatro estadounidenses
con aspecto de cualquier cosa
menos de ser músicos.
Lo comentábamos los que
amigos que estuvimos, si es
que hasta uno de sus vocalistas,
Sacha Dunable, casi parece un
“serial killer”
en potencia, de apariencia afable
pero con una mirada perdida,
ideal para protagonizar un disco
de los dioses Macabre. Tras
una presentación de la
que hay que aplaudir el esfuerzo
en hacerla en castellano aunque
fuera rudimentario, por parte
del bajista Joe Lester, los
de Los Angeles no dieron tregua
en los cuarenta y cinco minutos
de actuación. Con “A
monolithic vulgarity”
comprobamos que el cambio de
tercio respecto a Nahemah era
enorme. De las atmósferas
melancólicas a los momentos
de poder.
La intensidad
que despliegan los californianos
es demoledora. También
en estas páginas alabamos
su debut, “Void”,
como una de las noticias positivas
del año. En las tablas
de Ritmo y Compás carecieron
de los toques jazzísticos
que se aprecian en “Void”
pero ganaron en fiereza y temas
directos. Con Lester y el batería
Danny Walker al comando, la
novedad de Dave Timnick por
León del Muerte a la
segunda guitarra y voz no ha
hecho que Intronaut se resienta.
Hablando de Danny, todo un “trotabandas”,
me impresionó no sólo
su pegada sino también
la depurada técnica que
posee.
El set interpretado
se basó en “Void”
pero también presentaron
un corte de su reciente EP,
“The challenger”,
en concreto el tema que le da
título, y se acordaron
de su primer EP, “Null”,
en “Fragments of character”,
una canción con cierto
aroma Morbid Angel en el riff.
Los instantes más épicos
de su descarga se vivieron con
la fantástica “Fault
lines”, tras la cual Sacha
comentó que es una composición
para oír un poco fumado
y que echaban de menos durante
la gira la hierba. Así,
un amable espectador les acercó
un cigarro “manipulado”
algo que Intronaut agradecieron
comentando jocosamente que si
eso lo hicieran en su país
ya nos habían “enchironado”
a todos. Me encantó la
sencillez del cuarteto porque
nunca reparaban en si éramos
dos decenas o cuatro millares.
Siempre con la palabra gracias
en la boca, diciendo que es
bonito sentirse bien acogido
cuando estás a miles
de kilómetros de casa
y demás. Eso sí,
la amabilidad se transformaba
en rabia cada vez que atacaban
un tema. “Teledildonics”
es casi la más introspectiva
y que, curiosamente, guarda
más referencias con sus
compañeros de tour y
se marcharon con, quizá,
la única un poco accesible
de todo su repertorio, “Gleamer”,
más sencilla y directa,
que recuerda ligeramente a Mastodon.
Personalmente
me pareció una actuación
brutal. Un grupo que en cierta
manera (más en actitud
que musicalmente) se podría
emparentar con los mencionados
Mastodon. Sin necesidad de moverse
mucho, su presencia es imponente.
Son un monolito bien pulido
y escarbado, demostrando de
nuevo que coges a casi cualquier
músico de los Estados
Unidos, lo plantas encima de
un escenario y es capaz de dejarte
boquiabierto. Seguro que en
su ciudad habrá muchos
como ellos que ni tan siquiera
han llegado a grabar un disco.
Queramos o no es lo que tiene
ese país. Darán
la espalda al metal, vivirán
en su particular burbuja pero
desde el underground son capaces
de lanzar joyas como Intronaut,
día sí, día
también. Probablemente
no vuelvan a pisar estas tierras
pero que les quiten lo “bailao”,
a ellos y a nosotros que lo
disfrutamos.
No sé
si llamar a The Ocean cabezas
de cartel o grupo con el que
se completaba la velada. Independientemente
de lo que uno pueda pensar o
los gustos personales, los alemanes
son una banda especial. Teóricamente,
y de acuerdo con su página
web, son más de veinte
los componentes de este colectivo.
De forma irónica si hubieran
venido todos habría rellenado
huecos en Ritmo y Compás
porque en el escenario no entrarían
pero en la gira “únicamente”
la formación está
compuesta por seis miembros
aunque es complicado adivinar
quién es quién.
A pesar de
que Nils Lindenhayn, el hombre
que se encarga de las proyecciones,
no era de la partida, sí
que los de Berlín se
preocuparon por llevar tres
luces colocadas estratégicamente
que fueron las que se utilizaron.
Es de aplaudir que a falta de
medios derrochen imaginación.
La visibilidad no era perfecta
pero se creaba un aura que ayudaba
a comprender la propuesta de
un grupo que es capaz de concebir
un disco, su reciente “Precambrian”,
dedicado a un término
geológico con el que
se refieren los expertos a la
primera era de la tierra, la
que se ubica entre el origen
del planeta y la aparición
de animales más o menos
complejos.
Nada en este
grupo te deja indiferente y
a pesar de que no había
escuchado aún “Precambrian”,
sí tenía enorme
interés por ver hacia
qué derroteros han evolucionado
The Ocean. Su primer larga duración,
“Fluxion”, me parece
una obra maestra, rompedora
y brillante, pero la continuación,
“Aeolian”, siendo
bueno me defraudó un
poco ya que hablamos de un álbum
más típico con
toques sludge, death, noise
y ambient no especialmente originales.
Pues bien, parece que las canciones
de “Precambrian”,
por lo menos las que tocaron,
nos adentran en los The Ocean
más sludge y doom, cosa
que me agrada.
Debido a la
ausencia de tantos componentes
toda la parte más atmosférica
la llevaban grabada pero ahí
estaba los guitarristas Andreas
Hillebrand y Robin Staps para
darnos la bienvenida con el
primer pasaje oscuro, “Siderian”,
bajo una luz tenue que engarzaron
con la apertura de “Precambrian”.
El sonido era lo suficientemente
bueno para distinguir con claridad
los instrumentos y la banda
tiene un directo fabuloso. La
primera toma de contacto de
la actuación se movió
en los parámetros de
su último trabajo, que
consta de un disco completo
y un EP. Los tíos son
tan ratos que titulan de forma
diferente las canciones. Así,
por ejemplo, “Orisirian”
es “For the grey blue
cold now reigns”.
Sin embargo,
y dado que “Precambrian”
había salido ese mismo
día, prefirieron desgranar
muchas canciones de “Aeolian”.
Afortunadamente, una de las
que cayeron fue “Inertia”,
mi preferida del disco y de
las más doomeras. Otras,
a su manera, rayan con el progresivo,
véase “Austerity”,
con casi diez minutos en los
que las voces de Nico Webers
y Mathias Buente se alternan
desgañitándose.
Quizá son un poco autistas
e introspectivos pero forma
parte de la actitud conjunta
de los germanos. Quizá
fueron estas dos las que más
me gustaron de “Aeolian”
si bien las menos rupturistas
y más directas como la
brutal “The city in the
sea” o “Queen of
the food Chain” eran las
conocidas entre una audiencia
perpleja ante un espectáculo
distinto.
No obstante,
mi mayor interés estaba
en qué tocarían
de “FluXion”. Así,
Nico habló poco pero
nos dijo que iban a hacer algo
más antiguo y encararon
“The human stain”,
una de las dos apariciones de
ese disco. La otra, el tema
que cerró el evento y
que daba nombre a tan magna,
la maravillosa “FluXion”
que sirvió de colofón
a, aproximadamente, una hora
sobresaliente de música
arriesgada. Aquí no es
cuestión de ser más
auténticos que nadie
ni de alabar los conciertos
menos concurridos pero estaréis
conmigo en que esta demostración
de la que hablemos merecería
algo más de público.
Últimamente
me entra cierta desazón
porque veo que existe una masa
crítica muy restringida
para determinados estilos de
música. No sé
si sucederá algo similar
en el resto de Europa pero sin
espectadores, es complicado
que las bandas puedan no subsistir,
que es imposible, sino tan siquiera
existir. Lástima para
quien le gusten estos grupos
y se lo perdiera. ¡Qué
gran noche de lunes!
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The Ocean


Nahemah




Intronaut




The Ocean




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