Principal / Planeta Sonoro / Crónicas / The Rolling Stones
THE ROLLING STONES

Madrid 27 De Junio. Estadio Vicente Calderón

No quiero que en esta crónica se hable de los convencionalismos sobre los Rollings. Me importa un carajo lo de su pacto con el diablo, me da igual su longevidad antinatura, sus títulos de lord, y la fama que por supuesto, les precede. Observo que la boca que les representa ya tiene dientes, pero es que además le han salido colmillos, no por diablos, sino por veteranos. Y eso tiene una expresión encima del escenario, llámalo feeling, comunicación, sinergia o empatía. Pero existe, vaya si existe.

Yo no veo a cinco sexagenarios haciendo rock and roll, veo la esencia del rock and roll, como si un psicotrópico me adentrara en la esencia del arte de las cinco cuerdas, la batería y bajo al compás, y unos cuerpos, sobre todo uno, como un hilo conductor de esas sensaciones mundanas, pero especiales, únicas y repetibles. Hay un bocazas que se agita en el escenario como si estuviera poseído por un irreverente son, y lo peor de todo es que el muy Jagger, es capaz de contagiar ese gusanillo que parecía anquilosado y obsoleto. Vale que ayude que por la cavidad salgan a la primera de cambio fonemas aglutinados en forma de Brown Sugar, Star me up, Angie o Don't stop y que tan irreverentes invocaciones produzcan un precoz instinto abducidor, pero es que la cosa no queda ahí y durante más de dos horas, el hechizo se repite. No me preguntéis como, pero sigue.

Cierto es que la puesta en escena del rock and roll es espectacular, que las dimensiones del escenario son mastodónticas, el juego de luces alucinógeno y la pantalla de video cobra un protagonismo inusitado, ya sea por la especial retransmisión del concierto, por los sugerentes videoclips protagonizados por la irreverente lengua o por la cámara adherida al mástil de la guitarra de Ron Wood. Pero el artificio no lo es todo, y a veces puede despistar de lo principal como la imperdonable merma del volumen, que a los que poblábamos el ecuador de ese estadio abarrotado (y no quiero imaginar a los del final), nos hizo un poco menos intensa la magia desplegada. Una cuestión que se hizo bochornosa cuando ante el gentil gesto de los gentleman del rock de tocar tres temas en un pequeño escenario ubicado en el centro del campo para deleite de los miles de seguidores que se apiñaban al fondo de las gradas, el sonido fue absolutamente deficitario (lástima de Like a Rolling Stone)

Pero la magia puede llegar a superar a la técnica y al final ya sabéis, It´s Only Rock and Roll, que junto con el impulso de un público entregado, hicieron brillar de nuevo estos crédulos del género. Los temas de sus último trabajo Forty Licks, se diluían en los grandes éxitos que atrapan a varias generaciones, con puntos álgidos como esa simpatía por el diablo de lengua ardiente y fuegos de artificio o el postrero Satisfaction, auténtico delirio colectivo.

Potentes coros, ayuda instrumental extra, una sección de metales maravillosa fueron complementos bien recibidos por todos. El punto lánguido lo aportó Keith Richards con un par de baladas hipnóticas (Thru and thru, Happy), en un concierto cuyo desarrollo es muy parecido al de la gira Voodo Lounge, pero que sin embargo y como ocurre siempre, fueron dos horas únicas.

¡Larga vida a los Rolling!