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Tenía
una deuda personal con Thin
Lizzy. Son uno de mis grupos
favoritos y no había
podido verlos en directo en
las dos ocasiones anteriores
que vinieron a Madrid. Es evidente
que sin Phil Lynnott todo se
hace extraño pero mientras
no se haga efectiva la crionización
o, en su defecto, la resurrección
de los muertos (algunos como
el bueno de Phil deberían
tener ese derecho) habrá
que conformarse con esto.
El curso de
la historia no siempre es justo
con los grandes. Sin que se
me tache de subjetivo (¿o
sí?) afirmaré
que esta banda de origen irlandés
(aunque ninguno de los componentes
actuales es natural de Eire)
debería ser más
de lo que representa. Son un
conjunto semiolvidado si lo
comparamos con otros contemporáneos.
Ellos no tocan en Pabellones,
ni tan siquiera en la salas
de 2500 personas. Salvo en Escandinavia,
se conforman con clubs con capacidad
para 1000 o 1500 asistentes
y, como ocurrió en Macumba,
a veces se quedan a medio llenar.
En estos casos
yo me pregunto si la gente tendrá
en mente discos como “Jailbreak”,
“Fighting”, “Black
rose” o para los más
heavies “Thunder and lightning”,
sólo por nombrar algunos
ya que considero que pocas trayectorias
son tan sólidas como
la de Thin Lizzy. Incluso sus
tres primeros trabajos, catalogados
como menores y con retazos folk,
son obras notables (¿o
toda alguien piensa que la versión
de “Whiskey in the jar”
de Metallica es mejor?). Además,
y creo recordar que esto ya
lo he comentado en alguna ocasión
precedente, si estáis
convencidos de que las mejores
guitarras dobladas de la historia
son copyright del binomio Maiden,
Smith - Murray, escuchad “Emerald”,
“The boys are back in
town” o “Black rose”.
La magia del dúo Gorham
– Robertson es irrepetible
y sólo comparable en
un plano más blues rock
a la de Marsden – Moody
en los verdaderos Whitesnake
(no los del “1987”
o el “Slip of the tongue”).
Pero vayamos
al concierto que es lo que nos
ocupa. Debe ser un poco triste
que cuando saltes al escenario
en lo que se supone es una gran
oportunidad de exponer tu propuesta
ante una gran audiencia te encuentres
delante de 15 personas. Esto
es lo que les ocurrió
a Ars Amandi. Desolador el aspecto
que presentaba Macumba al comienzo
de su actuación. Si bien
aquí hemos respetado
(en su justa medida) el trabajo
que ha hecho esta gente en su
álbum “Autóctono”,
he de precisar que su música
en directo (por lo menos ese
día) no me agradó
mucho.
Parecía una mezcla entre
rock urbano y charanga de fiesta
de pueblo. El sonido de la dulzaina
es curioso pero, a menudo, excesivo.
Puede que todo esto esté
condicionado porque al final
osaron reproducir en directo
su lamentable versión
del “Abre la puerta”
de Triana. Fue tal el “shock”
que a lo mejor se me ha olvidado
lo demás porque temas
como “Camino sin fin”
o “Tu ley” me siguen
atrayendo cuando los oigo en
casa. Quizá en otras
circunstancias y sin la personal
interpretación que hacen
del clásico de Triana
me convenzan más.
De todos modos,
no importaba demasiado lo que
había pasado antes. La
gente (ahora ya unas aproximadamente
600 personas) quería
ver a Thin Lizzy. Puede que
algunos consideren que no es
digno que el cuarteto adopte
este nombre para girar ya que
únicamente Scott Gorham
y John Sykes (sólo en
dos discos y un directo) pertenecieron
al grupo pero considero que
son una versión muy respetuosa
de lo que significó el
grupo en los 70 y principios
de los 80, además de
estar bendecidos por doña
Philomena, la madre de Phil.
“Jailbreak”
fue el comienzo de una magnífica
velada en la que repasaron casi
todos sus trabajos.
Desde “Are you ready”
a “Cold sweet”,
todos y cada uno de los temas
que interpretaron han alcanzado
la categoría de clásicos
intemporales. Pensaba que se
iban a centrar más en
los dos álbume con Sykes
pero no fue así. Incluso,
eché en falta una canción
fundamental como “Thunder
and lightning”, su composición
más heavy y que en su
directo “Life” suena
increíble. La sección
rítmica que acompañaba
a los dos guitarristas era ideal,
más sobria que la anterior
dupla Aldridge – Marco
Mendoza. En especial, me gustaría
referirme a Michael Lee, excelente
baterista que ha pasado por
combos tan variados como Little
Angels, The Cult o Page –
Plant. Casi no nos acordamos
del grandioso Brian Downey.
Capítulo
aparte para Scott Gorham y John
Sykes. Es muy difícil
escoger mi guitarrista favorito
(máxime si no soy músico)
mas este veterano rockero americano
ocuparía uno de los lugares
más altos. No sé
si os gustará mucho el
deporte pero os haré
alguna comparación. Este
tío hace que una cosa
complicada parezca sencilla.
A vuela pluma me acuerdo del
holandés Marco Van Basten
en fútbol, del desgraciadamente
retirado base de los Utah Jazz,
John Stockton, o en tenis del
ruso Marat Safin. Toda esta
gente posee un talento tan descomunal
que, al verlos, crees que es
muy fácil hacerlo como
ellos. Luego te topas con la
cruda realidad. Scott Gorham
es así. No es estridente
ni espectacular. Simplemente
es efectivo y tiene un sentido
de la melodía brutal.
Sus solos son de otra galaxia,
pertenece a una generación
en extinción.
Por su parte,
siempre he pensado que a John
Sykes le han tocado papeletas
muy complicadas. Sin duda, tengo
devoción por este rubio
de melena cuidada pero si tuviera
que escoger entre todo lo que
ha hecho me quedaría
con sus álbumes con Tygers
Of Pan Tang. ¿Por qué?.
Muy simple. Para mí,
Thin Lizzy son Gorham y Robertson;
y Whitesnake, Marsden –
Moody. Esto no quiere decir
que minusvalore su trabajo con
ambas bandas ya que, por ejemplo,
“Thunder and lightning”
es uno de mis discos favoritos.
Únicamente considero
que Sykes no es identificable
con la formación clásica
de ambos conjuntos. No obstante,
al César lo que es del
César y como sustituto
en las voces de Phil Lynnott
cumple de manera soberbia. Con
pulcritud y maestría.
Su estilo como guitarrista difiere
bastante del de Gorham. John
es más espectacular y
efectista. De cara a la galería
impacta pero en el contexto
Lizzy no puede con el gran Scott.
Por ponerle
algún pero al concierto,
uno y grande. No pueden tocar
una hora y 23 minutos. Es siempre
lo mismo, parezco un disco rallado
pero es que no es normal. ¿Por
qué cobran tanto por
la entrada y luego están
tan poco sobre el escenario?.
¿Acaso “Emerald”,
“Angel of death”
o “Thunder and lightning”
no son obligatorias?. Yo ya
no sé qué pensar.
Vale, el concierto estuvo muy
bien pero el mal sabor de boca
queda ahí presente, flotando
en el aire. Aún así,
espero volver a verles pronto.
Mi deuda está saldada.
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Ars Amadi


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