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THUNDER + GLYDER

Sala Arena (Madrid) 01/03/2007

Cada día que pasa pienso que resulta más complicado quedar satisfecho al 100% de un concierto o un disco nuevo que escucho. Tantas actuaciones e infinidad de álbumes llegan a provocar una sensación extraña. Por un lado, quieres ver cuanto más música en directo mejor y empaparte de las últimas novedades pero es cierto que, a veces, sales de un evento o terminas de oír algo y dices: “¿He perdido el tiempo?”. Por eso da gusto asistir de tarde en tarde a un show que permanece en tu retina durante unos cuantos meses. Salir de un local con una sonrisa en la boca es uno de los mayores placeres que te puede dar este maravilloso arte.

Y eso que la cosa presagiaba negros nubarrones. Un grupo tan increíble como Thunder, capaz de seguir editando joyas de tanta calidad como en los días de su eclosión, había visto en las últimas semanas cómo sus conciertos de Dinamarca, Finlandia, Noruega, República Checa, Polonia y hasta el de Bergara en el País Vasco se cancelaban por la baja demanda de tickets. ¡Cómo está el mundo para que ocurra esto! ¿Acaso no han escuchado el glorioso “Robert Johnson´s tombstone”? Una vergüenza pero doctores tiene la iglesia del hard rock…

Me temía una asistencia paupérrima este jueves que inauguraba marzo pero cuál fue mi sorpresa que al final Heineken presentó tres cuartos de entrada con más de quinientas personas ávidas de deleitarse con los ingleses. Quien haya escuchado el tremendo directo “Thunder live”, la prueba videográfica que le acompaña o su ya lejana en el tiempo descarga en España tendría una ligera idea de lo que se iba a encontrar pero creo sinceramente que nadie esperaba un grupo tan fantástico encima de las tablas. Vayamos por partes y comencemos dando unas pinceladas de los teloneros.

A priori, Glyder no llamaban la atención. Provenientes de Irlanda, tocando hard rock con influencias de los setenta, un nombre viene a la cabeza de inmediato: Thin Lizzy. Y, efectivamente, las conexiones con la banda de Phil Lynott no quedan en simple anécdota sino que van más allá. Han girado con los actuales “Thin Lizzy” de John Sykes, se formaron tocando un concierto en “The vibe for Philo” (dedicado a la madre de Phil) y su debut salió por una discográfica francesa llamada Bad Reputation. Todo esto sólo tiene un camino, que su música se parezca a la de nuestros amados héroes de Eire.

No es que sea un clon pero el cantante y bajista (¡más semejanzas!), Tony Cullen, a pesar de ponerse el micrófono para arriba a lo Lemmy y darse un aire a Eddie Vedder, posee unos registros que le harían cantar de cine cosas como “The boys are back in town” o “Black rose”. Las dobles melodías de guitarra, cortesía de Bat y Pete Fisher, evocan atmósferas más que conocidas para cualquier seguidor de “Jailbreak” o “Johnny the fox”. Lo único que canta es que en la base rítmica sí se notan las distancias porque ni Cullen ni el batería Davy Rian se acercan al dúo Lynott – Brian Downey.

En los treinta y cinco minutos que les dejaron mostraron ciertas carencias en su dominio del escenario y el contacto con el respetable. Tienen composiciones interesantes (algunas demasiado derivativas) como “You won´t bring down” o Die or dance” aunque mi favorita, “Stargazer”, no la interpretaron (salvo error o despiste). La audiencia, en principio, estaba buscando ubicación en el recinto pero acompañaron cada canción con un respetuoso aplauso, en especial, cuando cayó “PUP”, tema del que han grabado un videoclip y que un par de personas de las primeras filas conocían.

Por lo poco que les controlo y me he podido acercar a su propuesta, me atraen más en estudio que en directo pero puede que la impresión que me llevara fuera algo equivocada por quedar eclipsada ante lo que vendría después. Gozaron de un sonido decente, las canciones están bien y no desentonaron. Considero que debe ser un grupo a seguir para el amante del hard “lizzyniano”.

La sintonía de “Los Soprano” (tienen buen gusto hasta para esto) sirvió de bienvenida para los británicos que ya, de inicio, sorprendieron abriendo con “Loser”, la única aparición de “Shooting at the sun”. Normalmente comenzaban con “Welcome to the party” pero ya en el DVD japonés del año pasado daban inicio con este tema notable de un disco “menor” en su trayectoria. Aunque los más fanáticos lo vean de otra manera, un repertorio complicado de elegir quedaba restringido a sus dos primeras y sus dos últimas obras, pasando de puntillas por el resto. A muchos nos hubiera gustado oír “Just another suicide” o “Moth to the flame” pero es lo de siempre, ¿cuál quitamos? Simplemente haré un par de referencias al set entre canciones de un mismo disco.

El sonido era magnífico, únicamente la guitarra (y cuando tocaba en pasajes lentos, el Hammond) de Ben Mathews parecía estar un tanto por debajo de la de Luke Morley, uno de los líderes de Thunder, sea con la eléctrica o acústico. Chris Childs cumple con el bajo y los coros mientras que el bueno de Harry James sigue siendo, detrás de la batería, tan carismático como en sus inicios. Caso aparte es lo del señor Danny Bowes. Con esa apariencia de hombre maduro, tan distinta a la que ofrecía en “Backstreet symphony”, y esos bailes de discoteca ochentera, uno nunca diría que este hombre clavó absolutamente todas las notas que dio, además de aportar un inmenso feeling. Ni tan siquiera Ronnie James Dio(s) ha sido capaz de hacer esto. Me quedé impresionado con cómo domina los registros, las emociones, lleva al público en volandas… perfecto.

La presentación de “Robert Johnson´s tombstone” comenzó con “Dirty dream”, en mi opinión la mejor composición del álbum, y prueba evidente de que no desentona para nada en el conjunto de su discografía. En esta dualidad clásico moderno, sus inicios tuvieron rápido recuerdo con una “Higher ground” coreada y vitoreada aunque, si de momentos especiales hablamos, uno de ellos fue cómo ejecutaron la balada “Low life in high places”. A más de uno se le puso la carne de gallina con el sentimiento que impregnaron en la antigua Arena. Ahí me di cuenta de que la comunión público banda era impresionante y el respetable había caído, en poco más de un cuarto de hora, entregado a los encantos de Thunder.

La segunda y última canción de “Laughing on judgement day” fue el tema título, un buen corte pero que palidece ante otras del disco y así lo percibí en la reacción de la gente. No obstante, esto puede ser debido a que “Laughing…” quedó ubicada entre el clímax de “Low life in high places” y la marcha de “Gimme some lovin´”, el sempiterno himno de The Spencer Davis Group, que les acompaña en todos sus shows desde que lo grabaron en “Backstreet symphony” y que sirve de vehículo de interconexión con los seguidores. Personalmente elegiría otras cosas pero reconozco que cumple a la perfección su papel.

A continuación, entramos en una fase más actual. La acústica y el lap steel nos adentraron en el espectacular inicio de “Robert Johnson´s tombstone”, de las mejores de la noche, a la que siguió “A million faces”, otra canción pausada, que hubiera sustituido por, por ejemplo, “Empty city” o la emotiva “Until my dying day”, pero que sirvió para bajar el pistón por unos instantes ya que la roquera “River of pain” elevó de nuevo la temperatura que se mantuvo con el reciente single, “The devil made me do it” que, si bien en estudio me parece buena, sin más, en la actuación me encantó con ese estribillo tan vacilón.

Curiosamente, del fantástico “The magnificent seventh” no había sonado nada aún pero hasta el final el repertorio parecía una pelea entre ese disco y “Backstreet symphony”. La buenísima “Fade into the sun” allanó el camino para otro de los instantes definitivos, la power ballad, medio tiempo o, sencillamente, esa obra maestra llamada “Love walked in” con Bowes y Morley pletóricos, disfrutando cada segundo, felices después de los sinsabores que se habrán llevado por las mencionadas cancelaciones. Para cerrar el set, la no menos brillante y cachonda “I love you more than rock and roll” con todos los allí presentes pensando que esa frase era una falacia si todas las bandas de rock fueran como Thunder. Menos de noventa minutos que se habían pasado en un suspiro y ya se habían despedido.

No podía ser, evidentemente, pero se me antojaba que merecíamos algo más. Aquí viene el único pero que le saco a la actuación, máxime viendo la hoja del repertorio previsto. Supongo que no tocan seis bises como los que estaban escritos pero sí se podían haberse estirado y en vez de alargar un poco más de lo necesario las tres canciones que quedaban, hubiera sido más aplaudido, si cabe, ese “Better man” o incluso la más moderna “Don´t wanna talk about love”. Sin embargo, esto es sólo un comentario que no tiene mayor importancia porque el regreso coincidió con “Backstreet symphony” seguida de “You can´t keep a good man down” (a la que hubiera sustituido por “Amy´s on the run”, mi favorita de “The magnificent seventh”) que casi fue la que menos disfruté de la velada.

Un pequeño juego vocal de Danny acabó en dos palabras: “Dirty love”. El emblema de Thunder, su single más famoso y que iba a ser epílogo de una sobresaliente descarga. Ninguno de los asistentes quería que aquello concluyera pero llevaban hora y cincuenta minutos por lo que se marcharon, esperemos que no definitivamente, agradeciendo el apoyo de su público madrileño que tan calurosamente les había acogido.

No tengo ni idea de qué tal les irán las ventas del último álbum, siempre en un tono modesto; tampoco si se sentirán muy decepcionados con el asusto de las suspensiones; pero si por estos motivos un grupo tan increíble como Thunder dejara de existir sería imperdonable para el aficionado al hard, al rock, al blues cañero, a la esencia de todo esto, al buen gusto. Como siempre que hablo de ellos hago la misma comparación, no me resisto a dejar caer, una vez más, esta reflexión sobre su estado de forma. Si pongo en una balanza la trayectoria de Whitesnake y Thunder (grupos con base similar aunque ejecución y repercusión distinta), no hay color, me quedo con la Serpiente Blanca que para eso es una de las bandas de mi vida; pero si me dicen, ¿qué quieres oír en 2007, un disco de Coverdale y sus mercen… perdón muchachos o de Morley, Bowes y cía.? o, si me ofrecen ir un concierto de uno de los dos el mismo día; en ningún caso tendría dudas.

Thunder fueron un trueno, un relámpago, una tormenta… todos los fenómenos meteorológicos en uno. Para recordar.


Thunder

 


Glyder

 

 

 

 

 


Thunder

 

 

 

 

 

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