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Cada día
que pasa pienso que resulta
más complicado quedar
satisfecho al 100% de un concierto
o un disco nuevo que escucho.
Tantas actuaciones e infinidad
de álbumes llegan a provocar
una sensación extraña.
Por un lado, quieres ver cuanto
más música en
directo mejor y empaparte de
las últimas novedades
pero es cierto que, a veces,
sales de un evento o terminas
de oír algo y dices:
“¿He perdido el
tiempo?”. Por eso da gusto
asistir de tarde en tarde a
un show que permanece en tu
retina durante unos cuantos
meses. Salir de un local con
una sonrisa en la boca es uno
de los mayores placeres que
te puede dar este maravilloso
arte.
Y eso que la
cosa presagiaba negros nubarrones.
Un grupo tan increíble
como Thunder, capaz de seguir
editando joyas de tanta calidad
como en los días de su
eclosión, había
visto en las últimas
semanas cómo sus conciertos
de Dinamarca, Finlandia, Noruega,
República Checa, Polonia
y hasta el de Bergara en el
País Vasco se cancelaban
por la baja demanda de tickets.
¡Cómo está
el mundo para que ocurra esto!
¿Acaso no han escuchado
el glorioso “Robert Johnson´s
tombstone”? Una vergüenza
pero doctores tiene la iglesia
del hard rock…
Me temía
una asistencia paupérrima
este jueves que inauguraba marzo
pero cuál fue mi sorpresa
que al final Heineken presentó
tres cuartos de entrada con
más de quinientas personas
ávidas de deleitarse
con los ingleses. Quien haya
escuchado el tremendo directo
“Thunder live”,
la prueba videográfica
que le acompaña o su
ya lejana en el tiempo descarga
en España tendría
una ligera idea de lo que se
iba a encontrar pero creo sinceramente
que nadie esperaba un grupo
tan fantástico encima
de las tablas. Vayamos por partes
y comencemos dando unas pinceladas
de los teloneros.
A priori, Glyder
no llamaban la atención.
Provenientes de Irlanda, tocando
hard rock con influencias de
los setenta, un nombre viene
a la cabeza de inmediato: Thin
Lizzy. Y, efectivamente, las
conexiones con la banda de Phil
Lynott no quedan en simple anécdota
sino que van más allá.
Han girado con los actuales
“Thin Lizzy” de
John Sykes, se formaron tocando
un concierto en “The vibe
for Philo” (dedicado a
la madre de Phil) y su debut
salió por una discográfica
francesa llamada Bad Reputation.
Todo esto sólo tiene
un camino, que su música
se parezca a la de nuestros
amados héroes de Eire.
No es que sea
un clon pero el cantante y bajista
(¡más semejanzas!),
Tony Cullen, a pesar de ponerse
el micrófono para arriba
a lo Lemmy y darse un aire a
Eddie Vedder, posee unos registros
que le harían cantar
de cine cosas como “The
boys are back in town”
o “Black rose”.
Las dobles melodías de
guitarra, cortesía de
Bat y Pete Fisher, evocan atmósferas
más que conocidas para
cualquier seguidor de “Jailbreak”
o “Johnny the fox”.
Lo único que canta es
que en la base rítmica
sí se notan las distancias
porque ni Cullen ni el batería
Davy Rian se acercan al dúo
Lynott – Brian Downey.
En los treinta
y cinco minutos que les dejaron
mostraron ciertas carencias
en su dominio del escenario
y el contacto con el respetable.
Tienen composiciones interesantes
(algunas demasiado derivativas)
como “You won´t
bring down” o Die or dance”
aunque mi favorita, “Stargazer”,
no la interpretaron (salvo error
o despiste). La audiencia, en
principio, estaba buscando ubicación
en el recinto pero acompañaron
cada canción con un respetuoso
aplauso, en especial, cuando
cayó “PUP”,
tema del que han grabado un
videoclip y que un par de personas
de las primeras filas conocían.
Por lo poco
que les controlo y me he podido
acercar a su propuesta, me atraen
más en estudio que en
directo pero puede que la impresión
que me llevara fuera algo equivocada
por quedar eclipsada ante lo
que vendría después.
Gozaron de un sonido decente,
las canciones están bien
y no desentonaron. Considero
que debe ser un grupo a seguir
para el amante del hard “lizzyniano”.
La sintonía
de “Los Soprano”
(tienen buen gusto hasta para
esto) sirvió de bienvenida
para los británicos que
ya, de inicio, sorprendieron
abriendo con “Loser”,
la única aparición
de “Shooting at the sun”.
Normalmente comenzaban con “Welcome
to the party” pero ya
en el DVD japonés del
año pasado daban inicio
con este tema notable de un
disco “menor” en
su trayectoria. Aunque los más
fanáticos lo vean de
otra manera, un repertorio complicado
de elegir quedaba restringido
a sus dos primeras y sus dos
últimas obras, pasando
de puntillas por el resto. A
muchos nos hubiera gustado oír
“Just another suicide”
o “Moth to the flame”
pero es lo de siempre, ¿cuál
quitamos? Simplemente haré
un par de referencias al set
entre canciones de un mismo
disco.
El sonido era
magnífico, únicamente
la guitarra (y cuando tocaba
en pasajes lentos, el Hammond)
de Ben Mathews parecía
estar un tanto por debajo de
la de Luke Morley, uno de los
líderes de Thunder, sea
con la eléctrica o acústico.
Chris Childs cumple con el bajo
y los coros mientras que el
bueno de Harry James sigue siendo,
detrás de la batería,
tan carismático como
en sus inicios. Caso aparte
es lo del señor Danny
Bowes. Con esa apariencia de
hombre maduro, tan distinta
a la que ofrecía en “Backstreet
symphony”, y esos bailes
de discoteca ochentera, uno
nunca diría que este
hombre clavó absolutamente
todas las notas que dio, además
de aportar un inmenso feeling.
Ni tan siquiera Ronnie James
Dio(s) ha sido capaz de hacer
esto. Me quedé impresionado
con cómo domina los registros,
las emociones, lleva al público
en volandas… perfecto.
La presentación
de “Robert Johnson´s
tombstone” comenzó
con “Dirty dream”,
en mi opinión la mejor
composición del álbum,
y prueba evidente de que no
desentona para nada en el conjunto
de su discografía. En
esta dualidad clásico
moderno, sus inicios tuvieron
rápido recuerdo con una
“Higher ground”
coreada y vitoreada aunque,
si de momentos especiales hablamos,
uno de ellos fue cómo
ejecutaron la balada “Low
life in high places”.
A más de uno se le puso
la carne de gallina con el sentimiento
que impregnaron en la antigua
Arena. Ahí me di cuenta
de que la comunión público
banda era impresionante y el
respetable había caído,
en poco más de un cuarto
de hora, entregado a los encantos
de Thunder.
La segunda
y última canción
de “Laughing on judgement
day” fue el tema título,
un buen corte pero que palidece
ante otras del disco y así
lo percibí en la reacción
de la gente. No obstante, esto
puede ser debido a que “Laughing…”
quedó ubicada entre el
clímax de “Low
life in high places” y
la marcha de “Gimme some
lovin´”, el sempiterno
himno de The Spencer Davis Group,
que les acompaña en todos
sus shows desde que lo grabaron
en “Backstreet symphony”
y que sirve de vehículo
de interconexión con
los seguidores. Personalmente
elegiría otras cosas
pero reconozco que cumple a
la perfección su papel.
A continuación,
entramos en una fase más
actual. La acústica y
el lap steel nos adentraron
en el espectacular inicio de
“Robert Johnson´s
tombstone”, de las mejores
de la noche, a la que siguió
“A million faces”,
otra canción pausada,
que hubiera sustituido por,
por ejemplo, “Empty city”
o la emotiva “Until my
dying day”, pero que sirvió
para bajar el pistón
por unos instantes ya que la
roquera “River of pain”
elevó de nuevo la temperatura
que se mantuvo con el reciente
single, “The devil made
me do it” que, si bien
en estudio me parece buena,
sin más, en la actuación
me encantó con ese estribillo
tan vacilón.
Curiosamente,
del fantástico “The
magnificent seventh” no
había sonado nada aún
pero hasta el final el repertorio
parecía una pelea entre
ese disco y “Backstreet
symphony”. La buenísima
“Fade into the sun”
allanó el camino para
otro de los instantes definitivos,
la power ballad, medio tiempo
o, sencillamente, esa obra maestra
llamada “Love walked in”
con Bowes y Morley pletóricos,
disfrutando cada segundo, felices
después de los sinsabores
que se habrán llevado
por las mencionadas cancelaciones.
Para cerrar el set, la no menos
brillante y cachonda “I
love you more than rock and
roll” con todos los allí
presentes pensando que esa frase
era una falacia si todas las
bandas de rock fueran como Thunder.
Menos de noventa minutos que
se habían pasado en un
suspiro y ya se habían
despedido.
No podía
ser, evidentemente, pero se
me antojaba que merecíamos
algo más. Aquí
viene el único pero que
le saco a la actuación,
máxime viendo la hoja
del repertorio previsto. Supongo
que no tocan seis bises como
los que estaban escritos pero
sí se podían haberse
estirado y en vez de alargar
un poco más de lo necesario
las tres canciones que quedaban,
hubiera sido más aplaudido,
si cabe, ese “Better man”
o incluso la más moderna
“Don´t wanna talk
about love”. Sin embargo,
esto es sólo un comentario
que no tiene mayor importancia
porque el regreso coincidió
con “Backstreet symphony”
seguida de “You can´t
keep a good man down”
(a la que hubiera sustituido
por “Amy´s on the
run”, mi favorita de “The
magnificent seventh”)
que casi fue la que menos disfruté
de la velada.
Un pequeño
juego vocal de Danny acabó
en dos palabras: “Dirty
love”. El emblema de Thunder,
su single más famoso
y que iba a ser epílogo
de una sobresaliente descarga.
Ninguno de los asistentes quería
que aquello concluyera pero
llevaban hora y cincuenta minutos
por lo que se marcharon, esperemos
que no definitivamente, agradeciendo
el apoyo de su público
madrileño que tan calurosamente
les había acogido.
No tengo ni
idea de qué tal les irán
las ventas del último
álbum, siempre en un
tono modesto; tampoco si se
sentirán muy decepcionados
con el asusto de las suspensiones;
pero si por estos motivos un
grupo tan increíble como
Thunder dejara de existir sería
imperdonable para el aficionado
al hard, al rock, al blues cañero,
a la esencia de todo esto, al
buen gusto. Como siempre que
hablo de ellos hago la misma
comparación, no me resisto
a dejar caer, una vez más,
esta reflexión sobre
su estado de forma. Si pongo
en una balanza la trayectoria
de Whitesnake y Thunder (grupos
con base similar aunque ejecución
y repercusión distinta),
no hay color, me quedo con la
Serpiente Blanca que para eso
es una de las bandas de mi vida;
pero si me dicen, ¿qué
quieres oír en 2007,
un disco de Coverdale y sus
mercen… perdón
muchachos o de Morley, Bowes
y cía.? o, si me ofrecen
ir un concierto de uno de los
dos el mismo día; en
ningún caso tendría
dudas.
Thunder fueron
un trueno, un relámpago,
una tormenta… todos los
fenómenos meteorológicos
en uno. Para recordar.
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Thunder

Glyder




Thunder






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