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Hacía
tanto calor en Madrid a mitad
de julio que nos pareció
estar por unas horas en el mismísimo
Kingston, capital de Jamaica.
El espíritu reggae inundó
la sala Aqualung, ahogándola
con sus sugestivos aromas y
esos sonidos rítmicos,
alegres y pausados que te impiden
parar de contonearte. Desde
lo alto, las cabezas de los
asistentes parecían péndulos
que se habían salido
de su rutilante orbita, alcanzado
nuevas dimensiones de movimiento.
TOOTS &
THE MAYTALS volvieron a Madrid
a presentarnos su último
disco "World Is Turning".
Y menuda fiesta nos tenían
preparada. Me sorprendió
que la sala no estuviera a rebosar,
no sabia que Madrid presentará
muchas alternativas de ocio
un viernes por la tarde mejores
que disfrutar de una leyenda
viva del reggae jamaicano. Pero
viendo el lado positivo del
asunto, sin agobios, pudimos
bailar y seguir el incansable
ritmo de Mr. Toots, que salió
a escena animando al personal,
hermanándose con el público
y dedicando todas las canciones
de corazón, esto literalmente,
porque uno de los movimientos
clásicos de la noche
fue tocarse el pecho con el
puño y chocarlo con todos
los que se acercaban a las primeras
filas en señal de afecto,
buen rollito en todo momento.
Y es que su
música es la banda sonora
de una gran fiesta en la playa.
Mezcla con extraordinario dominio
el soul que corre por sus venas,
el ska mas sofisticado y los
ritmos contoneantes del reggae
jamaicano, al que dieron nombre
con su canción "Do
the reggay" a finales de
los sesenta. Música para
gente “regular”,
del pueblo diría yo,
haciendo una traducción
algo menos literal de lo que
nos confiesan en su canción.
El caso es que ese ritmo es
contagioso y nos lo estábamos
pasando en grande, sobre todo
cuando comenzaron con el repaso
de grandes éxitos como
"Funky Kingston" ó
"54-46", que hasta
los mas profanos a su música
podían tararear ya que
muchas compañías
han utilizado las melodías
de Toots and the Maytals para
conquistarnos con sus campañas
publicitarias en televisión.
Toots con sus
57 tacos, sin ser el chaval
de la foto de la entrada, demostró
que esta en plena forma, bailando,
con coreografía incluida,
saltando, animando a la gente.
Alguno que otro se animó
tanto que se subió al
tablao a compartir protagonismo
con el bueno de Toots Hibert,
que lejos de echarlo invitó
a todo el que quisiera a subirse
al escenario, de modo que rápidamente
estaba rodeado de espontáneos
con ganas de bailar, toquetear
e incluso hacerse fotos con
sus ídolos.
En resumen
fue un concierto realmente entrañable,
repaso de grandes clásicos
y nuevos temas como “World
Is Turning”, “Borderline”
o “Half Way Tree”,
frescos, fuertes y entonados
por ese chorro de voz, apenas
educada, que no parece salir
de una garganta humana si no
de la cueva de alguna divinidad
enfurecida. Todo un espectáculo,
que a pesar de su corta duración
y de despedirse sin sumarle
ningún bis, bastó
para impulsar el comienzo de
la noche del viernes a toda
la caravana reggae madrileña.
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