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El mes de
diciembre es sinónimo
de caos en el centro de la capital.
Los fines de semana o días
festivos intentar adentrarse
por los lugares más típicos
de la ciudad es una lotería,
no sabes si el tráfico
vendrá por norte, sur
este u oeste. Esta situación
se inaugura oficiosamente el
seis de diciembre, día
de la Constitución y
noche de autos en la que nos
aprestábamos a presenciar
una gira más que interesante
donde black y death metal se
abrazaban en lo que viene siendo
una característica habitual
de los tours en los que están
inmensos los suecos Marduk desde
que los vimos con Angel Corpse
en los tiempos del colosal “Panzer
division Marduk”.
Dirigirse a
Caracol y aparcar rozó
lo grotesco. Afortunadamente,
llegamos justo pasadas las ocho
y media, hora señalada
de comienzo, pero cuál
sería nuestra sorpresa
al ver ya a los noruegos Vreid
descargando su cuarta canción.
¡Mira que es mala suerte
la que tengo con ellos! En su
anterior visita a España,
con sus compatriotas Enslaved,
me quedé atrapado en
la nieve de Granada tras un
Atarfe Vega Rock. Ahora, me
perdí media actuación
de la banda surgida de las cenizas
de los dioses Windir, una vez
fallecido su líder Valfar.
Vreid representan
casi la antítesis a lo
que eran Windir, siempre moviéndose
ambos en el black metal. Los
de Sogndal ahondan en las tendencias
más modernas del género
y se acercarían claramente
a los actuales Satyricon, es
decir, se han despojado de toda
la esencia folk que rodeaba
a obras maestras como “Likferd”
o “Arntor”, de Windir.
Bajo mi punto de vista, la pasión
que me despertaban se perdió
si bien considero que el debut
de Vreid, “Kraft”,
era un notable esfuerzo. “Pitch
black brigade” me decepcionó
y su reciente “I Krig”
no lo he escuchado para verter
una opinión sobre el
mismo.
El rato que
les vi me pareció que
tenían un sonido sólido
con unas guitarras potentes
pero carentes de fuerza y sentimiento.
En el plano musical, se alejan
mucho del black clásico,
conservando sólo la voz
de Sture esas reminiscencias
del pasado. El cuarteto intentaba
agradar y, en parte, lo consiguió
porque sus prestaciones no son
malas pero a mí me dejaron
bastante frío. El público
que ya iba poblando Caracol
también compartía
esa sensación y aplaudían
sin demasiado entusiasmo a la
conclusión de las canciones.
Algunas atmósferas
que crean me agradan si bien
los pasajes vikingos casi oníricos
brillan por su ausencia. Entre
las composiciones que pude oír
o tocaron estuvieron “Jarnbyrd”
y “Under isen”,
que abren “I krig”,
“Pitch black” o
la hipnótica “Helvete”
de su primer trabajo. Sólo
en un momento puntual Sture
cantó con voz normal
y, como es lógico teniendo
ya tres discos, la revisión
del “1184” de Windir
ha quedado eliminada del repertorio.
Sin ser un
mal concierto, no puede decir
que me lo pasara especialmente
bien. Tal vez el estigma Windir
sea complicado de remontar pero
Vreid no terminan de arrastrar
a la audiencia con su propuesta.
Seguro que en una gira con Satyricon
la gente apreciaría mejor
sus cualidades, que no dudo
que las posean.
Con un telón
de Unleashed de fondo aún
no subido nos preparábamos
para vivir la primera descarga
de los suecos en Madrid. Exponentes
del mítico death metal
de Estocolmo, aquel que hacía
cola para grabar en los Sunlight
Studios de Tomas Skogsberg a
comienzos de los noventa, se
nota que muchos seguidores habían
acudido a su llamada, de ahí
que se notara una suerte de
“hecho diferencial”
entre los aficionados a Marduk
y a Unleashed.
A estas alturas,
la sala estaba cerca del lleno
aunque sin agobios como los
sufridos aquí en conciertos
como el de Obituary. Después
de una espera no demasiado larga,
llegó la intro casi funeral.
Con ella el grupo saltaba a
escena… ¡un momento!...
¡Estos tipos no son Unleashed
sino que van pintados! Pues
sí, en un requiebro más
propio de Manolete que de unos
hombres procedentes de las gélidas
tierras escandinavas, y sin
avisar, allí se plantaron
Marduk. La gente tardó
un poco en reaccionar porque
a todos nos pilló en
fuera de juego este cambio de
planes.
“The
levelling dust” dio inicio
a una actuación muy satisfactoria.
Tanto en estudio como en directo,
Marduk es un grupo que en los
últimos años me
ha dejado de interesar. Después
de unos inicios aplastantes,
“Panzer division Marduk”
dio un vuelco a su sonido, siendo
para mí es una especie
de “Reign in blood”
del black metal. De ahí
en adelante ni “Le grand
danse macabre” ni “World
funeral” me convencieron
con lo que dejé de lado
a los de Norrkoping. Sobre un
escenario igual evolución.
La primera vez que estuve en
uno de sus shows, aluciné
pero de ahí a su anterior
descarga en Caracol, que fue
un bochorno, dista un abismo.
Por ello, me quedé tranquilamente
en mi casa durante la gira de
“Plague Angel”.
No obstante,
las buenas críticas que
he leído de gente a la
que sigo respecto a “Rom
5:12” y el hecho de poder
ver a Mortuus, otrora en la
banda de culto Triumphator (aunque
allí se hacía
llamar Arioch), acrecentaron
las ganas de volver a estar
ante Morgan Hakansson y sus
compañeros. Curioso porque
habrán pasado cuatro
años desde la gira de
“World funeral”
y solo él, eterno alma
mater del cuarteto, permanece
entre las constantes idas y
venidas en el grupo.
Las tres primeras
canciones marcaron el devenir
de mi impresión. “The
levelling dust” me encantó.
Llena de melodías de
guitarra no oídas desde
sus inicios, este medio tiempo
ofreció una vertiente
distinta a la acostumbrada en
Marduk. En el extremo opuesto,
“Baptism by fire”,
primera que tocaron de “Panzer
division”, que no deja
enemigos en el frente de batalla.
Para completar la trilogía
monumental, “Still fucking
dead (here´s no peace),
de su debut “Dark endless”
y pieza con la que hace un montón
de años me acerqué
a su música. La fecha
de edición de cada una,
2007, 1999 y 1992, me hicieron
comprobar el desarrollo de sus
composiciones con el paso del
tiempo. Parecían tres
bandas distintas pero siempre
dentro del black metal.
El sonido,
después de los retoques
iniciales, fue notable salvo
en los últimos temas
en donde o el bajo se subió
o la guitarra perdió
fuerza. Hablando del bajo, excelente
Magnus “Devo” Andersson
creando un montón de
líneas que denotan que
su posición natural es
guitarrista, como así
pasaba en Cardinal Sin. El nuevo
baterista Lars Brodesson bastante
bien aunque, en mi criterio,
no supera ni a Emil Dragutinovic
ni a Fredrik Andersson.
Poseen tantos
discos que es complicado pararse
en todos, máxime cuando
sólo están una
hora encima de las tablas pero,
aún así, ofrecieron
diversas pinceladas de su trayectoria.
“With satan and victorious
weapons” significó
la cañerísima
aportación al repertorio
de “World funeral”.
Por su parte, “Imago mortis”,
de su reciente entrega, contiene
influencias Dark Throne debido
a su cadencia no excesivamente
rápida. También
me gustó mucho cómo
repartieron el set list, alternando
cortes brutales con otros más
rítmicos.
Cada vez que
llegaban cosas de “Panzer
division”, como “Beast
of prey”, se montaban
buenos pogos por delante aunque
la tónica general era
de excesiva tranquilidad a pesar
de que el grupo se estaba dejando
la piel, con un Morgan muy delgado
y activo, más Mortuus,
un tío que sin necesidad
de hacer el tonto como Legion
es capaz de llenar el escenario.
Otro aspecto a destacar fue
la sucesión de intros
que llenaban los huecos entre
temas creando atmósferas
rituales aunque, a veces, terminaban
y aún no habían
comenzado a interpretar la siguiente
canción.
Si hay un disco
de Marduk que me vuelve loco,
además de “Panzer
division”, es “Those
of the unlight”, para
mí un álbum esencial
dentro del black sueco, probablemente
mi preferido. El corte que le
daba título dibujó
sus increíbles melodías
entre el grandioso estribillo
“Forever dying but never
dead / The nine – Those
of the unlight”. Aunque
“Beyond the grace of god”
no sea de mis preferidas en
ese disco, nunca está
de más oír algo
de “Heaven shall burn…”.
Eso sí, reconozco que
me hubiera volado la cabeza
“Glorification of the
black god”. Dentro de
este capítulo de no esperadas,
si hubiera tenido que dar, a
priori, tres seguras, una hubiera
sido “Sulphur souls”
pero no, la otra más
celebrada de “Opus nocturne”,
“Materializad in stone”,
fue la elegida.
El último
segmento de la descarga nos
deparó unas cuantas rápidas
y tralleras que se alternaron
con el himno por excelencia
del grupo. “The hangmen
of Prague” pasó
como un suspiro, igual que “Limbs
of worship”, tercera presencia
de “Rom 5:12”. Sin
embargo, fueron “Wolves”
y “Panzer division Marduk”
(de nuevo la acertada dualidad
tema largo con melodías
– caña pura) las
que reventaron la banca poniendo
el remate a una sobresaliente
actuación, la mejor que
les he visto desde la primera
vez. De paso, gracias a los
cortes de “Rom 5:12”
que sonaron se ha renovado mi
afición por Marduk. Un
gran show.
Alto había
quedado el listón pero
estaba confiado en que Unleashed
nos destrozaran. No en vano,
eran los que quería ver.
Me agradó que más
público del que pensaba
estaba allí por los de
Estocolmo. El cambio, sobre
todo por el kit de batería,
resultó más largo
que entre Vreid y Marduk pero
cuando el cuarteto irrumpió
en las tablas Caracol, la ovación
atronó en la sala. Al
grito de “Warriors !!!”
el enorme Johnny Hedlund y sus
tres compañeros encararon
“Blood of lies”,
el tema que comienza su último
y excelso “Midvinterblot”,
un magnífico álbum,
el mejor desde su retorno y
uno de los más brillantes
de su carrera que tuvo presencia
casi permanente (y, para mí,
en demasía) durante la
velada.
Prueba de ello
es que continuaron con “Triumph
of genocide” que precedió
a una de las (inesperadamente)
pocas apariciones de material
antiguo, “Never ending
hate”. Este corte de “Shadows
in the deep”, su segunda
obra, concluyó un inicio
poderoso pero que adolecía
de un sonido lo suficientemente
bueno para hacerme caer rendido.
De aquí hasta el final,
mejoró mucho en todas
sus facetas y pudimos disfrutar
de una banda que en ejecución
no es virtuosa pero en contundencia
y cohesión parece un
rodillo, una apisonadora. De
entre los músicos destacaría
al guitarra solista, Fredrik
Folkare, de base progresiva,
y que introduce muchos solos
en temas recientes que ofrecen
una visión más
elaborada del death metal de
Unleashed.
Podemos hacer
un panegírico de los
suecos pero me gustaría
poner en el debe de su actuación
que la parte central de su repertorio
se llenó de temas a medio
tiempo, de esos con los que
te dejas el cuello haciendo
headbanging. Para equilibrarlo
un poco hubiera compensado más
pero también pienso que
es cuestión de gustos.
“Don´t want to be
born” sirvió para
recordar su retorno, “Hell´s
unleashed”, un álbum
para mí no especialmente
inspirado.
Las canciones
de Unleashed, en general, no
son muy largas, algo que quedó
palpable cuando regresaron a
su último álbum
y en menos de seis minutos se
ventilaron las notables “In
victory or defeat” y “Midvinterblot”.
Su disco de 2004, “Sworn
allegiance”, debe ser
respetado y apreciado por Hedlund
porque siempre ha tenido grandes
palabras para él y en
el set incluyen más de
un corte como “Winterland”
que no me emociona pero tampoco
desmerece. Algo parecido sucede
con “Victims of war”
de un trabajo “menor”
como “Victory” (para
mí, junto a “Hell´s
unleashed”, su peor obra).
Un apunte interesante es que
interpretaron quince canciones
y teniendo ya ocho álbumes,
todos tuvieron cabida, cosa
que muchas bandas con trayectoria
similar no hacen.
Reconozco que
estas composiciones, sin aburrirme,
sí que considero que
no me maravillaron tanto como
esperaba de un concierto de
Unleashed pero de aquí
hasta que terminaron no dejaron
títere con cabeza, ¡qué
barbaridad! “This is our
world” hizo las veces
de gran interludio, y claro,
para empezar este acoso y derribo,
qué mejor que un tema
de su debut, “Where no
life dwells”, epítome
del “sonido Estocolmo”.
“Into glory ride”
significó un arma efectiva
para traspasar las defensas
de los fans y convertir Caracol
en un pogo permanente. Muy bien
por incluir “The immortals”,
de los momentos más brillantes.
Para finalizar con cosas recientes,
otra vez mención a “Sworn
allegiance” con “Destruction
(of the race of men)”.
Faltaba algo
de “Across the open sea”,
que en su momento no tuvo muy
buena prensa por ser el tercero
de su carrera e inferior a sus
predecesores, pero con joyas
como este “To Asgaard
we fly” con el que nos
dejaron tras únicamente
cincuenta y dos minutos. Entonces
intuí que debió
ser una deferencia de Marduk
el que Unleashed ejercieran
de cabezas de cartel al no haber
tocado nunca en Madrid porque
la duración de sus descargas
fue similar, una hora.
El cuarteto
retornó pronto con Johnny
bebiendo cerveza de un cuerno
como buen vikingo. Cualquier
concierto de Unleashed que se
precie contendrá su declaración
de intenciones, “Death
metal victory”. Cuando
pensaba que no quedaban más
balas en la recámara,
Hedlund preguntó qué
tema queríamos escuchar.
Casi por unanimidad (aunque
la tenían prevista) coreamos
“Before the creation of
time” y eso es lo que
obtuvimos para cerrar una magnífica
velada. Probablemente me hubiera
gustado más (y, de hecho,
esperaba) de “Where no
life dwells” pero no me
quejo porque las prestaciones
de Unleashed resultaron más
que notables, redondeando una
tremenda noche de metal extremo.
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Marduk

Vreid


Marduk




Unleashed



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