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UNLEASHED + MARDUK + VREID

Sala Caracol (Madrid) 06-12-2007

El mes de diciembre es sinónimo de caos en el centro de la capital. Los fines de semana o días festivos intentar adentrarse por los lugares más típicos de la ciudad es una lotería, no sabes si el tráfico vendrá por norte, sur este u oeste. Esta situación se inaugura oficiosamente el seis de diciembre, día de la Constitución y noche de autos en la que nos aprestábamos a presenciar una gira más que interesante donde black y death metal se abrazaban en lo que viene siendo una característica habitual de los tours en los que están inmensos los suecos Marduk desde que los vimos con Angel Corpse en los tiempos del colosal “Panzer division Marduk”.

Dirigirse a Caracol y aparcar rozó lo grotesco. Afortunadamente, llegamos justo pasadas las ocho y media, hora señalada de comienzo, pero cuál sería nuestra sorpresa al ver ya a los noruegos Vreid descargando su cuarta canción. ¡Mira que es mala suerte la que tengo con ellos! En su anterior visita a España, con sus compatriotas Enslaved, me quedé atrapado en la nieve de Granada tras un Atarfe Vega Rock. Ahora, me perdí media actuación de la banda surgida de las cenizas de los dioses Windir, una vez fallecido su líder Valfar.

Vreid representan casi la antítesis a lo que eran Windir, siempre moviéndose ambos en el black metal. Los de Sogndal ahondan en las tendencias más modernas del género y se acercarían claramente a los actuales Satyricon, es decir, se han despojado de toda la esencia folk que rodeaba a obras maestras como “Likferd” o “Arntor”, de Windir. Bajo mi punto de vista, la pasión que me despertaban se perdió si bien considero que el debut de Vreid, “Kraft”, era un notable esfuerzo. “Pitch black brigade” me decepcionó y su reciente “I Krig” no lo he escuchado para verter una opinión sobre el mismo.

El rato que les vi me pareció que tenían un sonido sólido con unas guitarras potentes pero carentes de fuerza y sentimiento. En el plano musical, se alejan mucho del black clásico, conservando sólo la voz de Sture esas reminiscencias del pasado. El cuarteto intentaba agradar y, en parte, lo consiguió porque sus prestaciones no son malas pero a mí me dejaron bastante frío. El público que ya iba poblando Caracol también compartía esa sensación y aplaudían sin demasiado entusiasmo a la conclusión de las canciones.

Algunas atmósferas que crean me agradan si bien los pasajes vikingos casi oníricos brillan por su ausencia. Entre las composiciones que pude oír o tocaron estuvieron “Jarnbyrd” y “Under isen”, que abren “I krig”, “Pitch black” o la hipnótica “Helvete” de su primer trabajo. Sólo en un momento puntual Sture cantó con voz normal y, como es lógico teniendo ya tres discos, la revisión del “1184” de Windir ha quedado eliminada del repertorio.

Sin ser un mal concierto, no puede decir que me lo pasara especialmente bien. Tal vez el estigma Windir sea complicado de remontar pero Vreid no terminan de arrastrar a la audiencia con su propuesta. Seguro que en una gira con Satyricon la gente apreciaría mejor sus cualidades, que no dudo que las posean.

Con un telón de Unleashed de fondo aún no subido nos preparábamos para vivir la primera descarga de los suecos en Madrid. Exponentes del mítico death metal de Estocolmo, aquel que hacía cola para grabar en los Sunlight Studios de Tomas Skogsberg a comienzos de los noventa, se nota que muchos seguidores habían acudido a su llamada, de ahí que se notara una suerte de “hecho diferencial” entre los aficionados a Marduk y a Unleashed.

A estas alturas, la sala estaba cerca del lleno aunque sin agobios como los sufridos aquí en conciertos como el de Obituary. Después de una espera no demasiado larga, llegó la intro casi funeral. Con ella el grupo saltaba a escena… ¡un momento!... ¡Estos tipos no son Unleashed sino que van pintados! Pues sí, en un requiebro más propio de Manolete que de unos hombres procedentes de las gélidas tierras escandinavas, y sin avisar, allí se plantaron Marduk. La gente tardó un poco en reaccionar porque a todos nos pilló en fuera de juego este cambio de planes.

“The levelling dust” dio inicio a una actuación muy satisfactoria. Tanto en estudio como en directo, Marduk es un grupo que en los últimos años me ha dejado de interesar. Después de unos inicios aplastantes, “Panzer division Marduk” dio un vuelco a su sonido, siendo para mí es una especie de “Reign in blood” del black metal. De ahí en adelante ni “Le grand danse macabre” ni “World funeral” me convencieron con lo que dejé de lado a los de Norrkoping. Sobre un escenario igual evolución. La primera vez que estuve en uno de sus shows, aluciné pero de ahí a su anterior descarga en Caracol, que fue un bochorno, dista un abismo. Por ello, me quedé tranquilamente en mi casa durante la gira de “Plague Angel”.

No obstante, las buenas críticas que he leído de gente a la que sigo respecto a “Rom 5:12” y el hecho de poder ver a Mortuus, otrora en la banda de culto Triumphator (aunque allí se hacía llamar Arioch), acrecentaron las ganas de volver a estar ante Morgan Hakansson y sus compañeros. Curioso porque habrán pasado cuatro años desde la gira de “World funeral” y solo él, eterno alma mater del cuarteto, permanece entre las constantes idas y venidas en el grupo.

Las tres primeras canciones marcaron el devenir de mi impresión. “The levelling dust” me encantó. Llena de melodías de guitarra no oídas desde sus inicios, este medio tiempo ofreció una vertiente distinta a la acostumbrada en Marduk. En el extremo opuesto, “Baptism by fire”, primera que tocaron de “Panzer division”, que no deja enemigos en el frente de batalla. Para completar la trilogía monumental, “Still fucking dead (here´s no peace), de su debut “Dark endless” y pieza con la que hace un montón de años me acerqué a su música. La fecha de edición de cada una, 2007, 1999 y 1992, me hicieron comprobar el desarrollo de sus composiciones con el paso del tiempo. Parecían tres bandas distintas pero siempre dentro del black metal.

El sonido, después de los retoques iniciales, fue notable salvo en los últimos temas en donde o el bajo se subió o la guitarra perdió fuerza. Hablando del bajo, excelente Magnus “Devo” Andersson creando un montón de líneas que denotan que su posición natural es guitarrista, como así pasaba en Cardinal Sin. El nuevo baterista Lars Brodesson bastante bien aunque, en mi criterio, no supera ni a Emil Dragutinovic ni a Fredrik Andersson.

Poseen tantos discos que es complicado pararse en todos, máxime cuando sólo están una hora encima de las tablas pero, aún así, ofrecieron diversas pinceladas de su trayectoria. “With satan and victorious weapons” significó la cañerísima aportación al repertorio de “World funeral”. Por su parte, “Imago mortis”, de su reciente entrega, contiene influencias Dark Throne debido a su cadencia no excesivamente rápida. También me gustó mucho cómo repartieron el set list, alternando cortes brutales con otros más rítmicos.

Cada vez que llegaban cosas de “Panzer division”, como “Beast of prey”, se montaban buenos pogos por delante aunque la tónica general era de excesiva tranquilidad a pesar de que el grupo se estaba dejando la piel, con un Morgan muy delgado y activo, más Mortuus, un tío que sin necesidad de hacer el tonto como Legion es capaz de llenar el escenario. Otro aspecto a destacar fue la sucesión de intros que llenaban los huecos entre temas creando atmósferas rituales aunque, a veces, terminaban y aún no habían comenzado a interpretar la siguiente canción.

Si hay un disco de Marduk que me vuelve loco, además de “Panzer division”, es “Those of the unlight”, para mí un álbum esencial dentro del black sueco, probablemente mi preferido. El corte que le daba título dibujó sus increíbles melodías entre el grandioso estribillo “Forever dying but never dead / The nine – Those of the unlight”. Aunque “Beyond the grace of god” no sea de mis preferidas en ese disco, nunca está de más oír algo de “Heaven shall burn…”. Eso sí, reconozco que me hubiera volado la cabeza “Glorification of the black god”. Dentro de este capítulo de no esperadas, si hubiera tenido que dar, a priori, tres seguras, una hubiera sido “Sulphur souls” pero no, la otra más celebrada de “Opus nocturne”, “Materializad in stone”, fue la elegida.

El último segmento de la descarga nos deparó unas cuantas rápidas y tralleras que se alternaron con el himno por excelencia del grupo. “The hangmen of Prague” pasó como un suspiro, igual que “Limbs of worship”, tercera presencia de “Rom 5:12”. Sin embargo, fueron “Wolves” y “Panzer division Marduk” (de nuevo la acertada dualidad tema largo con melodías – caña pura) las que reventaron la banca poniendo el remate a una sobresaliente actuación, la mejor que les he visto desde la primera vez. De paso, gracias a los cortes de “Rom 5:12” que sonaron se ha renovado mi afición por Marduk. Un gran show.

Alto había quedado el listón pero estaba confiado en que Unleashed nos destrozaran. No en vano, eran los que quería ver. Me agradó que más público del que pensaba estaba allí por los de Estocolmo. El cambio, sobre todo por el kit de batería, resultó más largo que entre Vreid y Marduk pero cuando el cuarteto irrumpió en las tablas Caracol, la ovación atronó en la sala. Al grito de “Warriors !!!” el enorme Johnny Hedlund y sus tres compañeros encararon “Blood of lies”, el tema que comienza su último y excelso “Midvinterblot”, un magnífico álbum, el mejor desde su retorno y uno de los más brillantes de su carrera que tuvo presencia casi permanente (y, para mí, en demasía) durante la velada.

Prueba de ello es que continuaron con “Triumph of genocide” que precedió a una de las (inesperadamente) pocas apariciones de material antiguo, “Never ending hate”. Este corte de “Shadows in the deep”, su segunda obra, concluyó un inicio poderoso pero que adolecía de un sonido lo suficientemente bueno para hacerme caer rendido. De aquí hasta el final, mejoró mucho en todas sus facetas y pudimos disfrutar de una banda que en ejecución no es virtuosa pero en contundencia y cohesión parece un rodillo, una apisonadora. De entre los músicos destacaría al guitarra solista, Fredrik Folkare, de base progresiva, y que introduce muchos solos en temas recientes que ofrecen una visión más elaborada del death metal de Unleashed.

Podemos hacer un panegírico de los suecos pero me gustaría poner en el debe de su actuación que la parte central de su repertorio se llenó de temas a medio tiempo, de esos con los que te dejas el cuello haciendo headbanging. Para equilibrarlo un poco hubiera compensado más pero también pienso que es cuestión de gustos. “Don´t want to be born” sirvió para recordar su retorno, “Hell´s unleashed”, un álbum para mí no especialmente inspirado.

Las canciones de Unleashed, en general, no son muy largas, algo que quedó palpable cuando regresaron a su último álbum y en menos de seis minutos se ventilaron las notables “In victory or defeat” y “Midvinterblot”. Su disco de 2004, “Sworn allegiance”, debe ser respetado y apreciado por Hedlund porque siempre ha tenido grandes palabras para él y en el set incluyen más de un corte como “Winterland” que no me emociona pero tampoco desmerece. Algo parecido sucede con “Victims of war” de un trabajo “menor” como “Victory” (para mí, junto a “Hell´s unleashed”, su peor obra). Un apunte interesante es que interpretaron quince canciones y teniendo ya ocho álbumes, todos tuvieron cabida, cosa que muchas bandas con trayectoria similar no hacen.

Reconozco que estas composiciones, sin aburrirme, sí que considero que no me maravillaron tanto como esperaba de un concierto de Unleashed pero de aquí hasta que terminaron no dejaron títere con cabeza, ¡qué barbaridad! “This is our world” hizo las veces de gran interludio, y claro, para empezar este acoso y derribo, qué mejor que un tema de su debut, “Where no life dwells”, epítome del “sonido Estocolmo”. “Into glory ride” significó un arma efectiva para traspasar las defensas de los fans y convertir Caracol en un pogo permanente. Muy bien por incluir “The immortals”, de los momentos más brillantes. Para finalizar con cosas recientes, otra vez mención a “Sworn allegiance” con “Destruction (of the race of men)”.

Faltaba algo de “Across the open sea”, que en su momento no tuvo muy buena prensa por ser el tercero de su carrera e inferior a sus predecesores, pero con joyas como este “To Asgaard we fly” con el que nos dejaron tras únicamente cincuenta y dos minutos. Entonces intuí que debió ser una deferencia de Marduk el que Unleashed ejercieran de cabezas de cartel al no haber tocado nunca en Madrid porque la duración de sus descargas fue similar, una hora.

El cuarteto retornó pronto con Johnny bebiendo cerveza de un cuerno como buen vikingo. Cualquier concierto de Unleashed que se precie contendrá su declaración de intenciones, “Death metal victory”. Cuando pensaba que no quedaban más balas en la recámara, Hedlund preguntó qué tema queríamos escuchar. Casi por unanimidad (aunque la tenían prevista) coreamos “Before the creation of time” y eso es lo que obtuvimos para cerrar una magnífica velada. Probablemente me hubiera gustado más (y, de hecho, esperaba) de “Where no life dwells” pero no me quejo porque las prestaciones de Unleashed resultaron más que notables, redondeando una tremenda noche de metal extremo.


Marduk


Vreid

 

 

 


Marduk

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Unleashed

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego