Principal / Planeta Sonoro / Crónicas / Ute Lemper
UTE LEMPER: VIAJERA INCANSABLE

Málaga. Teatro Cervantes. Miércoles, 28 de julio de 2004. 20:30 h.

Joder, ahora sí que sé por qué al gallinero lo llaman así. Uno tiene la sensación de estar encaramado en un palo cual gallo cantarín. Vale que las entradas son más baratas, pero coño, ¿hacía falta remarcarlo tanto con unas bancas tan estrechas?

Bueno, pues en esto tenía yo ocupados mi mente y mis riñones cuando salió la Ute a escena. Madre mía: esta mujer cada día está más delgada. Recuerdo que el año pasado en el auditorio de Benalmádena ya lo estaba bastante, pero es que ahora puedo contar perfectamente sus vértebras cuando se da la vuelta.

El de Ute Lemper es el concierto que cierra el ciclo “Terral.04”, que ha aglutinado a los conciertos de julio en el Cervantes. Lo que nos presenta la Lemper esta noche es prácticamente el mismo espectáculo del año pasado (por cierto, ha pasado un año casi exacto, ya que el de Benalmádena fue el domingo 27 de julio de 2003), ese viaje a través del tiempo y del espacio recorriendo el siglo XX, que dio para mucho en todos los aspectos, con algunos cambios en el repertorio y con la renovación parcial de sus músicos: siguen Tod Turkisher a la batería y Mark Lambert a la guitarra, pero esta vez estaban Gregory Jones al bajo y Vana Gierig al piano. La estructura, pues, sigue siendo batería-bajo-guitarra-piano.

Ute abrió con un tema de Astor Piazzola (“Puedo cantar en español, pero no puedo hablar en español”, se disculpó después), continuando con otra pieza acerca de una gitana húngara que va a París dispuesta a triunfar, para acabar enamorándose de un músico de cabaret. La Lemper sigue tan cosmopolita como siempre, cantándonos tan pronto en castellano como en húngaro, inglés, alemán, francés, yiddish o árabe. Y continua siendo un gustazo oír esa voz tan polivalente, que lo mismo ruge que chilla o imita cualquier instrumento musical. Su repertorio sigue estando compuesto por canciones que cuentan historias acerca de tiempos difíciles: la mafia, la guerra, las situaciones de crisis…La historia del siglo XX, en suma. El barrio de Pigalle, las trincheras, el Berlín más canalla, los bajos fondos de las grandes ciudades de EE.UU., Potsdamer Platz y el muro…Todo ello en boca de una intérprete que siente lo que canta, confiriendo a su espectáculo una enorme intensidad emocional.

Fiel a sus influencias, la Lemper cantó magistralmente “Ámsterdam”, de Jacques Brel (mi favorita de la noche), pero no incluyó esta vez en el repertorio “Ne me quitte pas” (lástima). Y si hablamos de influencias, donde está claro que Ute se desenvuelve a la perfección es en el cabaret, o mejor: en el “kabarett”, así, en alemán, tal como ella nos matizó. Hubo por lo tanto la consabida ración de temas de Kurt Weill y también, no podía faltar, la inevitable “Lili Marleen”, en alemán e inglés.

Eso sí, y siempre lo diré: me parece que habla demasiado entre canción y canción, y sigue con su obsesión por el “whisky flowing and flowing…” y por los “Johnnys”, las “Jennys” y los “Jimmys”. Corre auténtico peligro de convertirse en su propio personaje. Pero bueno, a ella se lo perdonamos porque es la Lemper y canta de puta madre. Al final lo dejó bien claro en un popurrí de “All that jazz”, la ópera de cuatro cuartos y “La vie en rose”. Un exitazo, cómo no; algo con lo que ya se contaba, pues era patente que el público estaba entregado de antemano, aunque esto de “antemano” no siempre es una garantía: la gente del gallinero teníamos “de antemano” la espalda sana y nos la jodimos todos en aquella mierda de bancas (era cachondo mirar a los lados y ver a la peña retorciéndose en busca de la postura menos dolorosa).

Bueno, resumiendo: el concierto estuvo muy bien, pero personalmente debo decir que me gustó más el año pasado. No digo que no influyera en esto la diferencia entre estar en un teatro al aire libre en una noche perfecta y estar casi en el tejado del Cervantes, sentado en las bancas que utilizaba la Inquisición para torturar a herejes como yo. Pero el caso es que esta noche me pareció ver a la Lemper pelín más histérica y aplicando a veces un poco el piñón fijo, mientras que en el auditorio de Benalmádena estuvo más natural y hubo más química con el público (aunque el sitio también era más agradecido para actuar). De todas formas, Ute es una profesional y canta como Dios (y como “tries” y como “cuatrio”, jia, jia, qué malo), y el concierto del miércoles en el Cervantes también estuvo dabuti, saliendo la gente muy contenta, aplaudiendo a rabiar y piropeándola. No extraña que esta alemana de Westfalia se esté convirtiendo en una habitual aquí en Málaga. Siempre es un placer ir a sus conciertos y oír su voz. Hasta la próxima, preciosa.