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En una fechas
estratégicas para la
captación de público
(puente del día de los
trabajadores) y en la localidad
albaceteña de Villarrobledo,
se celebró este macrofestival
que reúne a lo más
granado del rock patrio.
Con el precedente
del éxito de público
de la pasada edición
(más de 40.000 asistentes),
los organizadores asumieron
el reto de hacer aún
más grande la convocatoria,
y al final del festival se cifraban
en unas 50.000, las personas
que pasaron por el recinto.
Punkys, hermanos del metal,
pies negros (y sus perros),
modernos, hiphoperos, grounges,
rockeros, hippies, demás
tribus y gente simplemente interesada
en pasar tres días al
son de los acordes más
duros del país, se agruparon
en Albacete, en un recinto amplio,
pero que desgraciadamente todavía
sufre de carencias notables
para el mínimo convivir
de tanta tropa.
El polvo se
convierte en el desagradable
protagonista de cualquier movimiento
de la masa, y la zona de acampada
es todavía una triste
patatar, sin las mínimas
condiciones para pasar tres
días allá. La
organización sigue comprometiéndose
a suplir estas carencias, que
bien podrían solucionar
ya, habida cuenta de que estamos
hablando del festival más
importante del país por
número de asistentes.
Pero la verdad es que esto a
la gente parece darle igual,
quizás por la falta de
actitud reivindicativa y por
un obsoleto planteamiento de
que en un macroconcierto vale
todo. Creo que no es incompatible
el disfrutar de 72 horas de
música y hacerlo en un
recinto digno, pero bueno, hecho
el comentario, no vamos a convertir
en este escrito en un mero artículo
de denuncia.
En lo musical
el festival ha consolidado una
apuesta consabida y consistente
a agrupar a las tendencias más
aceptadas del rock. Ese es su
plato fuerte, sólo discutido
por el escenario Sol, una especie
de caleidoscopio de otras experiencias
musicales marcadas por la fusión,
capaz de aglutinar cada año
a mayor número de espectadores.
Y eso esta bien, porque no deja
de ser una apertura de otras
inquietudes hacia un público
que ha priori va a escuchar
rock duro en todas sus variantes
y viceversa, ya que muchos de
seguidores de la heterogénea
propuesta de este escenario,
tienen la posibilidad de acercarse
al mundo del rock. Lo mismo
se podría decir con la
carpa dedicada al hip hop y
a la música electrónica,
que van ganando en aceptación
y prestigio en el festival.
En definitiva hay que reconocer
el acierto de que pese a estar
hablando de un festival especializado
y que la apuesta sigue siendo
concisa en este aspecto, hay
una voluntad decidida también
de introducir otros sonidos,
eso si, con cierta coherencia
(los seguidores del pop, a Benicassim).
Por sencillo
y esclarecedor (y por cierto
seguidísimo con otras
crónicas de festivales
en esta revista), estructuramos
impresiones sobre algunos grupos
por días.
JUEVES
1 DE MAYO
El primer día
del festival estuvo marcado
por la hegemonía del
escenario de Radio 3, territorio
de difusión de grupos
cercanos al nu-metal en sus
diversas variantes. Y la hegemonía
vino casi por imposición,
porque a parte de la presentación
en el teatro del pueblo con
la actuación de Pereza
y El Maestro Pocero, en el recinto
del festival sólo quedaba
esta opción o la carpa
dance (escenario Repuvblicca).
Para nosotros
el recibimiento del festival
fue el rock reflexivo pero de
potencia escénica que
desarrollaron el grupo vasco
P LT. Con cuatro discos a sus
espaldas la formación
se presentó con solidez
y sin demasiados artificios.
Guitarra, bajo y teclado fueron
elaborando temas de hipnótica
factura con retazos de contundencia
metal, enarbolados por una puesta
en escena caracterizada por
la expresividad del teclista,
que además de introducirnos
la ilusión de los sonidos
guitarreros, se desveló
como el auténtico performance
del grupo.
Coilbox es
un grupo al que de manera accidental
hemos seguido con más
asiduidad. Y al final acabaron
por conquistarnos. Es un grupo
absolutamente entregado y seguro
de lo que hace y esa seguridad
se acaba por transmitir.
Sonidos contundentes, voz cavernosa,
scratches enriquecedores y un
derroche de energía inaudito,
son las bazas que sus componentes
sacan siempre a relucir en los
escenarios. Desde que editaron
su último disco “13”,
les habíamos visto por
lo menos en tres ocasiones,
y su actuación en el
Viñarock, no hizo sino
confirmar lo que yo ya intuíamos,
una personalidad (oscura, desde
luego) propia. La utilización
que hacen de elementos que parece
que ahora están en boga
dentro de los grupos de su palo,
nos parecen de lo más
inteligente, porque sampleos
y scrathes, lejos de paliar
el sonido brutal de la banda
de Hev Arriols, conjugan perfectamente
con descargas imposibles de
esquivar.
El tercer fogonazo
de la noche vino dado por Breed
77, un grupo del que confesamos
cierta desconocimiento. Percibimos
una formación con una
concepción muy clarita
del rock que ejecutan y francamente
nos sorprendieron sus temas
más tranquilos que en
aquel momento y con la ayuda
de las inhibiciones propias
de un macroconcierto, nos dio
por pensar que estábamos
presenciando algo así
como el surgimiento de la balada
o el pasodoble metal... Su vocalista
es además un líder
nato y un agitador de las masas
vocacional, lo que produce un
notable impacto en la puesta
en escena del grupo, si bien
tanta arenga, puede llegar a
cansar.
Para acabar
con la crónica del día,
hay que mencionar el concierto
de Freak XXI. Con la certeza
de que merecía la pena
esperar la actuación
de estos catalanes que han hecho
de la experimentación
su bandera, nos enfrentamos
a un concierto sustancialmente
distinto a lo visto hasta el
momento. Antes de que entraran
en acción y mientras
conectaban sus creativas maquinitas,
pudimos asistir a una especie
de entremés a lo Mayumaná
con dos tipos dando a la percusión
en dos publicitarios bidones
llenos de agua, que nos entretuvieron
hasta que llegó la propuesta
más freaky de la escena
metal y que por cierto, dejaron
empapado el escenario, cosa
que seguro no agradó
en exceso a los componentes
del grupo, preocupados por su
instrumental.
El delirio
hipnótico de unas programaciones
oscuras, acompañadas
por una excelente banda metal
al son de lo tétrico
irrumpió en el escenario
y en la psique de los presentes.
Una vez mostrada su solvencia,
y su ánimo de vanguardia,
el grupo sonó seguro,
contundente, y el público
absorbió una propuesta
metal, que no pasa por las estridencias
y la preeminencia de sus guitarras.
Temas de su último trabajo
“Re-Cycle”, cantado
exclusivamente en inglés,
se conjugaron con otros de anteriores
LP’S en castellano, pero
independientemente de las letras,
Freak XXI es capaz de dibujar
atmósferas inexploradas
con su música, y el asentamiento
de la técnica que han
adquirido para extraer sonidos,
no sólo denotan solvencia
sino que además ha constituido
el génesis de un grupo
absolutamente vanguardista en
el homogéneo panorama
del metal en España.
VIERNES
2 DE MAYO
Día
festivo en la comunidad de Madrid,
y por supuesto en Villarobledo,
dónde afrontábamos
el segundo día de festival,
con muchas más propuestas
que el día anterior,
gracias a la apertura de la
totalidad de los escenarios
en el recinto. Comienza la polvareda....
Tras el atracón
metalero del primer día,
el viernes optamos por dar un
pequeño descanso a los
grupos que descargarían
en el escenario Matarile, donde
rock patrio de ayer y hoy, se
alternarían durante toda
la tarde-noche. La Gripe, Fe
de Ratas, los vallecanos Sugarless
y el incombustible Evaristo
y sus “chicos” de
La Polla Record configuraron
el cartel hasta casi las doce
de la noche, hora en la que
actuó Mago de Oz.
Y con ellos llego la polémica,
porque aparecieron en escena
volcando una serie de reproches
sobre la organización,
sus propios promotores y casa
discográfica, ya que
no les habían dejado
sembrar el escenario de tumbas
y otros abalorios que normalmente
llevan en sus giras. Consultados
a los implicados, al parecer
las nuevas estrellas del folk
rock no llevaban mucha razón
puesto que el contrato contemplaba
que solo se autorizaría
tal despliegue siempre y cuando
no interfiriera en la ágil
alternancia entre grupo y grupo.
No pudo ser y Mago de Oz no
lo comprendió y optó
por la denuncia pública
frente a miles de personas que
se congregaron para verlos.
Polémicas
aparte, a Mago de Oz no le hace
falta el teatrillo para montar
su espectáculo de muñeira
rock, que levantó el
ánimo (y los pies) del
respetable que disfrutó
de lo lindo con esa conjunción
de violines y riffs al viento.
Rápidamente
nos trasladamos al escenario
Sol Música, para contemplar
la descarga de Los Deltonos,
con las expectativas de ver
en directo a alguien a quien
han comparado con el mismísimo
Jimi Hendrix. Como os podéis
imaginar, la cosa no es para
tanto, pero si es cierto que
el cuarteto desplegó
un buen rock and roll guitarrero,
con un sonido depurado, emocionante
y con ese plus de influencia
del rock yanqui, del r&b,
del country, que les ha hecho
acreedores de un sonido propio.
De manera clara sonaron los
temas de su último trabajo
Sólido, pero también
deleitaron con sus anteriores
trabajos, sobre todo del Ríen
Mejor, su auténtica consolidación
musical.
Ahora unos
minutos para la nostalgia. O
algo. Medina Azahara hicieron
acto de aparición como
las estrellas que fueron. Su
atuendo ya lo reflejaba todo;
su actitud como antaño;
el público, entregado.
Y a tocar. A tocar un rock andaluz
de prestado (no vamos a decir
de quién a estas alturas),
lleno de arcaísmos, e
infantilismo vocal (esto es
literal, porque los tipos pretenden
que les sigamos con su O, U,
A). Manuel Martínez,
con su camiseta del Che y consciente
de lo entregado del público,
no hizo más que avivar
la llama de su voz aflamencada,
un poquito a lo heavy Camela,
y confirmar que este iba a ser
un festival de contrastes. Necesito
Respirar, Siento Que Llega La
Hora, premonitorios títulos
que muchos sentíamos
en aquellos momentos como propios,
levantaron sin embargo a público
y grupo que parecían
en perfecta comunión.
Y la cosa siguió, por
que hay que reconocer que repertorio,
tras más de 14 discos,
no les falta.
Una vez superado
el sock de revivir tiempos pretéritos
con los andaluces, llegó
uno de los momentos más
agradables del festival, la
actuación de la Banda
Bassotti. Muchos pensaran que
es un acto de hipocresía
o de tendenciosidad rogelia
el criticar a Medina por ese
inaguantable flashback, para
alabar posteriormente a estos
italianos, que reviven canciones
antiguas, muchas de ellas canciones
de lucha, y básicamente
internacionales. Pero es que
no es lo mismo. Lo primero es
que hay un auténtico
ejercicio de revisión
musical, de introducción
de ritmos tan ricos como el
ska suavecito, el son cubano,
eso que llaman músicas
del mundo pero bien escogidas
y ejecutadas con convicción.
Pero sobre todo lo que llama
la atención de este grupo
es la actitud, que si bien en
un primer momento puede quedar
de “izquierdas que te
cagas”, no se queda demasiado
en el pastelón del discurso.
Y todo porque hay un objetivo
claro y muy loable, disfrutar.
Y si de paso reivindicamos,
pues mira tu que bien. Lo cual
no quiere decir que todo valga,
y por destacar algo irregular,
pues por ejemplo la versión
de Guantanamera que tenía
su gracia, era divertida, pero
musicalmente no estaba bien.
Pero en líneas generales
la banda fue de lo más
arrollador, con una increíble
puesta en escena, y una deliciosa
coreografía de metales
que hizo que allí bailara
hasta el más “pintao”.
Momentos álgidos como
el de el Partisano o Bella Ciao,
se aprovecharon para enarbolar
banderas, pero también
para bailar y disfrutar. Fue
un descubrimiento de directo,
porque evidentemente esta banda
a nacido por y para los escenarios,
a pesar de que sus grabaciones
estén muy bien, y tengan
mucho ritmo. Pero el conjuro
que despliegan encima del escenario
y ese poderoso influjo que nos
atrajo a disfrutar con ellos,
hay que vivirlo. Todo ello para
haceros la postrera recomendación
de que si tenéis la oportunidad
de verles, no os lo perdáis.
Y ya cansaditos
de tanto trasiego musical y
polvo acumulado a lo largo de
varias horas de romería
festivalera, decidimos esperar
a ver que hacían esos
Delincuentes que anunciaban
el cierre del viernes. Y pese
a las expectativas de los primeros
temas, que parecían aproximarnos
al flamenquito fusión,
hecho con cierto ingenio, tipo
Kiko Veneno, o Ketama, la cosa
derivó en unos Estopa,
aún más macarrilla
todavía. El líder
del grupo, como si estuviera
en su barrio con los “tron”,
no hacía más que
decir “vamos a hacer música,
¿no?, que para eso hemos
venido”, y lo obvio se
convirtió en utópico.
Mucho guitarreo, mucha historia
de periferia, pero la cosa se
atasco en una rumba sosita y
lineal. Lástima, y que
conste que aguantamos hasta
el final, antes de retirarnos
hasta el día siguiente,
ese sábado en el que
el país se preparaba
para recibir al Papa.
SÁBADO
3 DE MAYO
Y mientras
Su Santidad hacia gira por los
madriles descargando, su particular
show, nosotros nos enfrentábamos
a una climatológicamente
infernal última jornada
del Viñarock. El calor
apretaba en serio y la concentración
de polvo en nuestras gargantas
hacia peligrar seriamente cualquier
conato de heroicidades, tipo
corear a canciones de algunos
de nuestro grupos preferidos
(y esa noche tocaba Sôber
y el Lichis...).
Con el ánimo
que provoca al devoto de la
música presenciar conciertos
a priori atractivos, nos integramos
en la masa, que desde bien prontito
estaba preparada para despedir
con todos los honores y algún
exceso, el macrofestival.
El inicio
de nuestro último contacto
con el recinto de Villarobledo,
fue si embargo de lo más
tranquilito. El flamenquito
chill de Chambao, acuno nuestros
oídos con sonidos relajantes,
pero no exentos de duende y
pellizco. Un preludio sosegado
que aportaba una especie de
serenidad que luego iría
decreciendo a lo largo de la
tarde noche.
Una tranquilidad
interrumpida por la aparición
de Sôber en el escenario.
Un directo contundente, guitarras
abrasivas, credulidad sobre
las tablas y el buen hacer de
una banda que sinceramente,
empezamos a creer que no tienen
techo.
Los grandes temas de su último
disco Paradysso, sonaron como
trallazos dirigidos a un públicamente
auténticamente entregado
y que llegó a su delirio
final con ese “Loco”,
que uno empieza a pensar que
se trata de una enigmática
invocación. El grupo
suena absolutamente compacto,
con un dominio logrado a base
de unas voces curradas, de los
particulares sonidos de refinada
épica, y una cuidada
puesta en escena. Medio en broma,
medio en serio, los autores
de este reportaje hablábamos
de cambiar el lema con el que
esta revista a bautizado a Sôber,
Sensibilidad e Inteligencia,
por Sabiduría y Contundencia,
juegos de palabras, a fin de
cuentas, que esconden auténtica
admiración por un grupo
que siempre estuvo dispuesto
a aportar un poco más
en cada trabajo.
Dusminguet
salió al escenario a
desarrollar su más que
decente fusión de la
rumba, el reagge y cualquier
expresión sabrosona de
la música. Nos deleitaron
con cumbias, con versiones de
temas como Colegiala de Mi Amor,
el ahí vienen los rumberos
y otras de inspiración
propia que consiguieron hacernos
mover el cuerpo, y dar cierto
descanso a la sobredosis de
cuernos que pusimos durante
todo el festival. Los catalanes
se constituyeron en otra agradable
sorpresa, por su frescura, sus
acordeones, y su espíritu
poseído por el “buen
rollito”.
Entre medias
de la actuación de Ojos
de Brujo, a los que hemos visto
hasta la saciedad en conciertos
y festivales (no hay nada mejor
que ser el grupo ligeramente
under de moda), nos acercamos
hasta el Escenario Matarile
para ver algo de la populosa
actuación de Rosendo.
El de Carabanchel, nunca pierde
ese imán que tiene con
un público que aglutina
ya varias generaciones y que
nunca reniega de la peculiar
versatilidad de este rockero
de la calle. La nueva excusa
fueron los temas de su Veo,
Veo, Mamoneo y ese “prodigio”
de las rimas consonantes, llamado
Masculino Singular. No obstante
hubo momentos para el recuerdo
y para temas de discos más
recientes. La verdad es que
Rosendo siempre tiene la virtud
de estar bien, con su reducida
formación es capaz de
desplegar el rock que pide un
público entregado y Agradecido
con un músico sincero,
sin trampa ni cartón.
Y para finalizar,
ansiábamos ver como se
desenvolvía nuestro querido
Lichis, con su Cabra Mecánica,
frente a los desprevenidos festivaleros.
Salió, como siempre,
ataviado de traje, bastón
de mando y contentito y comenzó
con lo mejor de su directo Ni
Jaulas Ni Peceras, ese prodigio
de mezcla entre una música
acid jazz, un cante a lo reagge
y una letra de impacto.
Tras él los temas de
Vestidos de Domingo, Cabrón
y Cuando Me Suenan Las Tripas
fueron calentando el ambiente..
pero algo no marchaba bien.
El derroche de ingenio, rapidez
mental y lírica de barrio
se vio afectado por la circunstancia
de un teclado que no se pudo
utilizar y que afectó
en el ánimo de Lichis,
que notó como se le escapaba
el concierto. Tras hacer la
delirante versión del
Venezia de lo Hombres G, el
pastor de la cabra advirtió
en público como se colaban
los sonidos de la carpa adyacente
y decidió que no habría
bises. Nuestra pasión
por el grupo no nos hace insensibles
hacia la debilidad que en ese
momento mostró Lichis,
que no quiso torear con las
adversidades, pese a los cientos
de “cabrones” que
aguantamos polvo y polvareda
por disfrutar de su concierto.
Lástima que ese día
el number one, no ejerciera.
Y con ese agridulce
sabor nos despedimos de un festival,
que dígase lo que se
quiera, es por número
de asistentes el más
importante del país y
que con una oferta que para
alguien que vive en una gran
ciudad, no es demasiado atractiva
(la mayoría de los grupos
participantes, tocan, al menos,
dos o tres veces al año
por ejemplo en Madrid), pues
ahí esta, arrasando y
pulverizando records año
tras año. Pues nada,
Larga Vida al Viñarock.
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P L.T.

Coilbox

Breed 77

Mago de Oz

Medina Azahara

Banda Bassotti

Chambao

Sôber

Dusminguet

La Cabra Mecánica
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