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W.A.S.P.

Sala La Riviera (Madrid) 07-12-2007

Jonathan todavía vive aquí! Aunque parezca mentira, mi amado y odiado, a partes iguales, Blackie Lawless siempre tiene un as en la manga, ese conejo metido en la chistera ante el que nosotros, sus sufridos fans, sucumbimos y volvemos a financiarle una buena temporada de vida placentera a la espera de la próxima gira llena de los clásicos de siempre, con conciertos de setenta minutos y escasa o nula repercusión de sus obras recientes. No obstante, esta vez se superó a sí mismo. Después de la edición del notable “Dominator”, Lawless da una vuelta de tuerca en su carrera y en lugar de salir a presentarlo como dios manda, tocando tres o cuatro canciones, no, el tipo decide que con la excusa de cumplirse el decimoquinto aniversario de la salida al mercado de, para mí, su álbum cumbre, “The crimson idol”, va a interpretar ese trabajo en su totalidad y proyectando la película que identifica a los personajes de la historia. ¡Increíble! Casi vivo sin vivir en mí hasta este día.

Si hay tres álbumes conceptuales que han marcado mi relación con la música, estos son mi disco favorito de todos los tiempos, el “Operation: mindcrime” de Queensryche, el “Streets” de Savatage y “The crimson idol”. Incluso amigos que no tragan a WASP adoran cómo Blackie desarrolla la trayectoria vital de Jonathan, su infancia, auge, caída y muerte. Siempre se preguntan cómo (según ellos) un tío con tan poco talento como el líder de WASP fue capaz de crear algo tan grande. Yo les respondo que Lawless será un oportunista, engañabobos o trilero, pero es innegable que ha compuesto álbumes increíbles. Hasta “The crimson idol”, quizá con la excepción de “Inside the electric circus” su trayectoria es impecable. Es cierto que desde entonces la fuente de ideas se secó de manera alarmante aunque “Dominator” muestra una luz al final del túnel.

Desde la primera vez que lo oí caí rendado ante los encantos de “The crimson idol”. Siendo aún adolescente me aposté en la extinta sala Canciller de Alcalde López Casero número 15 para ver la gira original. En aquella ocasión no saqué una impresión demasiado positiva de WASP. Fue una buena descarga pero no me emocionó. Además, ni tan siquiera entonces interpretaban el álbum completo. Eso sí, esta noche no quería ser objetivo (como casi nunca, por otra parte). Por una vez, el fin justificaba los medios para lograrlo, es decir, antes de presenciar una actuación bochornosa prefería que tiraran de pregrabados porque tamaña joya no podía ser mancillada.

Estábamos inmersos en pleno puente de la Constitución y la Inmaculada por lo que tenía dudas de la capacidad de convocatoria de WASP. Últimamente se dejan caer todos los años por estos lares, incluso más de una vez. La cola cuando nos acercamos a La Riviera no era la de las grandes noches por lo que supuse que con Macumba habríamos tenido más que suficiente. No obstante, según pasaban los minutos aquellos fue poblándose y calculo que alrededor de dos mis fieles asistimos a este “ritual de lo habitual” made in Blackie.

No sé en el resto de países (creo que tampoco) pero en España no ha habido teloneros en ninguna ciudad. Parece que las condiciones eran leoninas y, además, el caché de las estrellas no debía garantizar la recuperación de lo invertido aunque en última instancia, esto parece haber sucedido por lo que todos han acabado felices. La verdad, poco me importaba porque la última ocasión padecimos a Jaded y Tralla XXL con lo que mejor solos…

El escenario era muy sobrio. Únicamente la batería, sin ningún atrezzo y coronado por una gran pantalla en la que se iba a pasar el film. El reloj seguía corriendo y ni el más mínimo atisbo de comenzar. Ya estaba el figurón haciéndose de rogar. Por fin, había llegado la hora. La música de fondo se bajó, luces apagadas (característica importante durante la parte de “The crimson idol”) y, uno a uno, fueron apareciendo los componentes de WASP. Cuando todo estuvo preparado, la película echó a rodar y, con ella, “The titanic overture”. ¿Qué puedo decir? Estaba emocionado, lo reconozco.

El sonido no era especialmente nítido ni brillante, circunstancia que se mantuvo toda la velada. Asimismo, la guitarra del ínclito Doug Blair estaba al principio desafinada (se corrigió después) y la batería por encima del resto de instrumentos (también se arregló). La voz de Blackie quedaba un tanto ahogada entre los golpeos a su kit de Mike Dupke. Los coros de Blair y el bajista, Mike Duda, difícilmente perceptibles. Con todo, se podía dar el aprobado a los técnicos porque se pudo disfrutar del álbum.

Con “The invisible boy” empezamos a mirar a la pantalla en la que un Jonathan pre púber era adoctrinado por sus padres en las enseñanzas más ortodoxas y rígidas, lo que marcó para siempre su trayectoria vital. “The invisible boy” es una composición que te genera cierta tensión porque tiene fuerza pero no es rápida con lo que logra el efecto deseado. Ya en edad adolescente, decide largarse de su casa y acudir a la gran ciudad para hacerse estrella del rock, su sueño. Es “Arena of pleasure”, una de las mejores canciones de WASP.

Hay algo trascendental que comentar y es que el cuarteto saltó a escena y no paró ni un instante durante todo “The crimson idol”, ni para saludar a la concurrencia. Me encantó que no se saltaran ni un solo interludio aunque en los momentos hablados, la voz de Blackie sonaba muy rara. No recuerdo ahora mismo si en el disco era él quien hacía estos trozos no cantados. Hay que reconocer, por otra parte, que la audiencia se mostró excesivamente pasiva en esta primera mitad sólo reaccionando ante la gloriosa “Chainsaw Charlie” que, para muchos, resultó momento mágico y cumbre de la noche. Personalmente, como ya en su anterior visita la habían interpretado en directo completa (y no en “modelo medley”) esperaba más otras que jamás había escuchado sobre un escenario pero siempre “Chainsaw Charlie” es enorme.

Por ejemplo, sí ansiaba “The gypsy meets the boy” porque aunque en el miniset acústico que prepararon WASP durante la gira 2004, caían un par de estrofas y el estribillo, en aquella ocasión era Blackie y su guitarra los únicos que la interpretaban. Ésta y “Doctor Rockter” me enervaron hasta la emoción. Me alucina “Doctor Rockter” porque es una composición que sube en intensidad hasta su coro donde Lawless desborda (eso sí, con ayuda de las “máquinas”) sus dramáticos tonos.

La otrora cara B tenía su pistoletazo de salida en “I am one”, una buena canción pero tal vez la única que no es soberbia de este “The crimson idol”. Curiosamente, fueron ésta y “Hold on to my heart” las que no tuvieron película de acompañamiento y yo pienso que también es alegórico porque en “I am one” Jonathan piensa que él es el centro de atención del mundo, que no existe nada alrededor. Extrapolándolo, el ojo se debe focalizar solamente en la banda, es decir, en Blackie. No obstante, tomaos esto como una paranoia o reflexión personal.

Junto a “Chainsaw Charlie”, el tema más popular del álbum es “The idol”, también presente en casi todos sus conciertos. Afortunadamente, no hubo alargamiento innecesario de solo por parte de Doug Blair, que ya unos cuantos fallos tuvo en la ejecución durante el show. En esto ganamos todos y “The idol” quedó magnífica y precedió a lo que podríamos denominar: La sombra de la duda.

Ver a WASP en directo siempre tiene un aroma tramposo. No descubrimos nada (porque ya lo hemos denunciado en otras oportunidades) si decimos que meten muchos pregrabados. Quizá por ser práctica habitual, no sólo de ellos sino de variopintas formaciones, he ido tolerándolo cada vez más. En “The crimson idol” tenía claro que esto iba a ser así. Es un disco que requiere multitud de teclados y registros vocales que nuestro hombre no era capaz de alcanzar ni hace tres lustros. Hasta aquí de acuerdo y así iba sucediendo según caían las canciones.

Sin embargo, considero que en “Hold on to my heart” se pasaron de ese límite de tolerancia exigible. El listón, que obviamente cada uno coloca donde quiera, para mí se superó con creces. De voz les quedó muy bien pero personalmente me decepcionó. Casi prefería al Blackie con algún gallo de “The gypsy meets the boy” que la impoluta interpretación de “Hold on to my heart”, con falsete y todo al final del estribillo. No obstante, como Lawless, repetimos, se guarda siempre un as en la manga, rápidamente nos hizo pasar por alto este hecho tumbándonos en “The great misconceptions of me”.

Sus casi diez minutos suponen el colofón y apoteosis del álbum, es decir, la caída de Jonathan. En una sucesión de secuencias que han ido ocurriendo a lo largo del film que pasan por la cabeza del protagonista, las cotas de dramatismo musical y visual se te clavan muy dentro. Cada vez que resuena el “I don´t wanna be the crimson idol of a million eyes” o ese “There´s no love to shelter me, only love, love set me free” la mayoría de los presentes sufrimos la agonía de Jonathan. De verdad, fue una especie de trance individual que me dejó satisfecho. “The crimson idol” había sido completado: “Long live the king of mercy!”.

Como ya digo que soy un poco “freaky” de este disco, había ido cronometrando a ver cuánto tardaban. Con relación a lo que se oye en estudio, casi tres minutos menos pero era incapaz de discernir de dónde habían desaparecido. Supongo que la típica mini aceleración que se imprime a los conciertos se fue acumulando y probablemente se incrementó en “The idol”, pero bueno, es una anécdota más que otra cosa. WASP se marcharon del escenario para la prometida pausa.

Un cuarto de hora después y flanqueados por dos paneles con la portada de “Dominator” que, por cierto, ya los llevaban en el tour de hace un año, llegaba el turno de los grandes éxitos. Durante la gira, WASP han llegado a interpretar hasta siete temas aunque, mirando repertorios de las ciudades, casi siempre caían seis. Al estar en los estertores ya no se puede alcanzar esa “enorme” cifra (¿WASP tocando diecisiete canciones en directo? Uff) y en Madrid hubo cinco elegidas, menos mal porque en otros sitios como Villareal se quedaron en cuatro.

Por suerte, hicieron desaparecer la peor de las previstas, “Hate to love me” y comenzaron directamente con “L.O.V.E. Machine” y ¡toma ya! La pasividad que se había vivido en “The crimson idol” se convirtió en puños al viento, botes y desmadre colectivo para oír “las de siempre”. Hay cosas que nunca lograré entender. Esto resultó la tónica general de este rato porque en “Wild child” pasó tres cuartos de lo mismo. Comprendo que es lógico que los clásicos suenen pero la pena es que estamos obviando un trabajo más que notable como es “Dominator”. En el pasado tour, por problemas para la edición, no había salido el disco y en éste, con él en la calle, es un especial “The crimson idol”. ¿Conclusión? Que únicamente “Take me up” es la escogida para representar a la nueva obra. Como Blackie suele explotar mucho la gallina de los huevos de oro, espero y deseo que regresen pronto para ofrecernos cosas como “The burning man”, “Heaven´s hung in black” o “Deal with the devil”, todas ellas, como “Take me up”, fantásticas.

Este corte reciente sirvió de equidistancia en este “segundo repertorio” y así encarábamos “I wanna be somebody” (increíblemente ausente en el País Vasco o Villareal) donde otra vez los pregrabados se exageraban en el puente previo a ese mítico estribillo que las dos mil almas coreamos a rabiar. Para concluir, no hay dudas, “Blind in Texas”, toda una fiesta que culmina cada descarga de WASP. Con la tontería de ir, venir, descansar y demás, pocos nos percatamos del tiempo real sobre las tablas. Más bien poco, para no variar. Casi cincuenta y seis minutos con “The crimson idol” y rozando los veinticinco para el resto, es decir, aproximadamente hora y veinte, un pelín más de lo habitual.

Reconozco que junto al show del Metalway2005 éste ha sido el mejor de los que he visto a WASP en mi vida, y van ocho. Probablemente iba condicionado en el plano positivo pero la verdad es que disfruté de lo lindo y mis expectativas se cumplieron. Nunca creas que el agujero es muy profundo, siempre habrá quien salga a flote. Lawless es un maestro en este arte. Con “Dominator” y “The crimson idon – 15th anniversary tour” he recuperado la fe, algo que parecía imposible un par de años atrás. Blackie for president!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego