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Jonathan todavía
vive aquí! Aunque parezca
mentira, mi amado y odiado,
a partes iguales, Blackie Lawless
siempre tiene un as en la manga,
ese conejo metido en la chistera
ante el que nosotros, sus sufridos
fans, sucumbimos y volvemos
a financiarle una buena temporada
de vida placentera a la espera
de la próxima gira llena
de los clásicos de siempre,
con conciertos de setenta minutos
y escasa o nula repercusión
de sus obras recientes. No obstante,
esta vez se superó a
sí mismo. Después
de la edición del notable
“Dominator”, Lawless
da una vuelta de tuerca en su
carrera y en lugar de salir
a presentarlo como dios manda,
tocando tres o cuatro canciones,
no, el tipo decide que con la
excusa de cumplirse el decimoquinto
aniversario de la salida al
mercado de, para mí,
su álbum cumbre, “The
crimson idol”, va a interpretar
ese trabajo en su totalidad
y proyectando la película
que identifica a los personajes
de la historia. ¡Increíble!
Casi vivo sin vivir en mí
hasta este día.
Si hay tres
álbumes conceptuales
que han marcado mi relación
con la música, estos
son mi disco favorito de todos
los tiempos, el “Operation:
mindcrime” de Queensryche,
el “Streets” de
Savatage y “The crimson
idol”. Incluso amigos
que no tragan a WASP adoran
cómo Blackie desarrolla
la trayectoria vital de Jonathan,
su infancia, auge, caída
y muerte. Siempre se preguntan
cómo (según ellos)
un tío con tan poco talento
como el líder de WASP
fue capaz de crear algo tan
grande. Yo les respondo que
Lawless será un oportunista,
engañabobos o trilero,
pero es innegable que ha compuesto
álbumes increíbles.
Hasta “The crimson idol”,
quizá con la excepción
de “Inside the electric
circus” su trayectoria
es impecable. Es cierto que
desde entonces la fuente de
ideas se secó de manera
alarmante aunque “Dominator”
muestra una luz al final del
túnel.
Desde la primera
vez que lo oí caí
rendado ante los encantos de
“The crimson idol”.
Siendo aún adolescente
me aposté en la extinta
sala Canciller de Alcalde López
Casero número 15 para
ver la gira original. En aquella
ocasión no saqué
una impresión demasiado
positiva de WASP. Fue una buena
descarga pero no me emocionó.
Además, ni tan siquiera
entonces interpretaban el álbum
completo. Eso sí, esta
noche no quería ser objetivo
(como casi nunca, por otra parte).
Por una vez, el fin justificaba
los medios para lograrlo, es
decir, antes de presenciar una
actuación bochornosa
prefería que tiraran
de pregrabados porque tamaña
joya no podía ser mancillada.
Estábamos
inmersos en pleno puente de
la Constitución y la
Inmaculada por lo que tenía
dudas de la capacidad de convocatoria
de WASP. Últimamente
se dejan caer todos los años
por estos lares, incluso más
de una vez. La cola cuando nos
acercamos a La Riviera no era
la de las grandes noches por
lo que supuse que con Macumba
habríamos tenido más
que suficiente. No obstante,
según pasaban los minutos
aquellos fue poblándose
y calculo que alrededor de dos
mis fieles asistimos a este
“ritual de lo habitual”
made in Blackie.
No sé
en el resto de países
(creo que tampoco) pero en España
no ha habido teloneros en ninguna
ciudad. Parece que las condiciones
eran leoninas y, además,
el caché de las estrellas
no debía garantizar la
recuperación de lo invertido
aunque en última instancia,
esto parece haber sucedido por
lo que todos han acabado felices.
La verdad, poco me importaba
porque la última ocasión
padecimos a Jaded y Tralla XXL
con lo que mejor solos…
El escenario
era muy sobrio. Únicamente
la batería, sin ningún
atrezzo y coronado por una gran
pantalla en la que se iba a
pasar el film. El reloj seguía
corriendo y ni el más
mínimo atisbo de comenzar.
Ya estaba el figurón
haciéndose de rogar.
Por fin, había llegado
la hora. La música de
fondo se bajó, luces
apagadas (característica
importante durante la parte
de “The crimson idol”)
y, uno a uno, fueron apareciendo
los componentes de WASP. Cuando
todo estuvo preparado, la película
echó a rodar y, con ella,
“The titanic overture”.
¿Qué puedo decir?
Estaba emocionado, lo reconozco.
El sonido no
era especialmente nítido
ni brillante, circunstancia
que se mantuvo toda la velada.
Asimismo, la guitarra del ínclito
Doug Blair estaba al principio
desafinada (se corrigió
después) y la batería
por encima del resto de instrumentos
(también se arregló).
La voz de Blackie quedaba un
tanto ahogada entre los golpeos
a su kit de Mike Dupke. Los
coros de Blair y el bajista,
Mike Duda, difícilmente
perceptibles. Con todo, se podía
dar el aprobado a los técnicos
porque se pudo disfrutar del
álbum.
Con “The
invisible boy” empezamos
a mirar a la pantalla en la
que un Jonathan pre púber
era adoctrinado por sus padres
en las enseñanzas más
ortodoxas y rígidas,
lo que marcó para siempre
su trayectoria vital. “The
invisible boy” es una
composición que te genera
cierta tensión porque
tiene fuerza pero no es rápida
con lo que logra el efecto deseado.
Ya en edad adolescente, decide
largarse de su casa y acudir
a la gran ciudad para hacerse
estrella del rock, su sueño.
Es “Arena of pleasure”,
una de las mejores canciones
de WASP.
Hay algo trascendental
que comentar y es que el cuarteto
saltó a escena y no paró
ni un instante durante todo
“The crimson idol”,
ni para saludar a la concurrencia.
Me encantó que no se
saltaran ni un solo interludio
aunque en los momentos hablados,
la voz de Blackie sonaba muy
rara. No recuerdo ahora mismo
si en el disco era él
quien hacía estos trozos
no cantados. Hay que reconocer,
por otra parte, que la audiencia
se mostró excesivamente
pasiva en esta primera mitad
sólo reaccionando ante
la gloriosa “Chainsaw
Charlie” que, para muchos,
resultó momento mágico
y cumbre de la noche. Personalmente,
como ya en su anterior visita
la habían interpretado
en directo completa (y no en
“modelo medley”)
esperaba más otras que
jamás había escuchado
sobre un escenario pero siempre
“Chainsaw Charlie”
es enorme.
Por ejemplo,
sí ansiaba “The
gypsy meets the boy” porque
aunque en el miniset acústico
que prepararon WASP durante
la gira 2004, caían un
par de estrofas y el estribillo,
en aquella ocasión era
Blackie y su guitarra los únicos
que la interpretaban. Ésta
y “Doctor Rockter”
me enervaron hasta la emoción.
Me alucina “Doctor Rockter”
porque es una composición
que sube en intensidad hasta
su coro donde Lawless desborda
(eso sí, con ayuda de
las “máquinas”)
sus dramáticos tonos.
La otrora
cara B tenía su pistoletazo
de salida en “I am one”,
una buena canción pero
tal vez la única que
no es soberbia de este “The
crimson idol”. Curiosamente,
fueron ésta y “Hold
on to my heart” las que
no tuvieron película
de acompañamiento y yo
pienso que también es
alegórico porque en “I
am one” Jonathan piensa
que él es el centro de
atención del mundo, que
no existe nada alrededor. Extrapolándolo,
el ojo se debe focalizar solamente
en la banda, es decir, en Blackie.
No obstante, tomaos esto como
una paranoia o reflexión
personal.
Junto a “Chainsaw
Charlie”, el tema más
popular del álbum es
“The idol”, también
presente en casi todos sus conciertos.
Afortunadamente, no hubo alargamiento
innecesario de solo por parte
de Doug Blair, que ya unos cuantos
fallos tuvo en la ejecución
durante el show. En esto ganamos
todos y “The idol”
quedó magnífica
y precedió a lo que podríamos
denominar: La sombra de la duda.
Ver a WASP
en directo siempre tiene un
aroma tramposo. No descubrimos
nada (porque ya lo hemos denunciado
en otras oportunidades) si decimos
que meten muchos pregrabados.
Quizá por ser práctica
habitual, no sólo de
ellos sino de variopintas formaciones,
he ido tolerándolo cada
vez más. En “The
crimson idol” tenía
claro que esto iba a ser así.
Es un disco que requiere multitud
de teclados y registros vocales
que nuestro hombre no era capaz
de alcanzar ni hace tres lustros.
Hasta aquí de acuerdo
y así iba sucediendo
según caían las
canciones.
Sin embargo,
considero que en “Hold
on to my heart” se pasaron
de ese límite de tolerancia
exigible. El listón,
que obviamente cada uno coloca
donde quiera, para mí
se superó con creces.
De voz les quedó muy
bien pero personalmente me decepcionó.
Casi prefería al Blackie
con algún gallo de “The
gypsy meets the boy” que
la impoluta interpretación
de “Hold on to my heart”,
con falsete y todo al final
del estribillo. No obstante,
como Lawless, repetimos, se
guarda siempre un as en la manga,
rápidamente nos hizo
pasar por alto este hecho tumbándonos
en “The great misconceptions
of me”.
Sus casi diez
minutos suponen el colofón
y apoteosis del álbum,
es decir, la caída de
Jonathan. En una sucesión
de secuencias que han ido ocurriendo
a lo largo del film que pasan
por la cabeza del protagonista,
las cotas de dramatismo musical
y visual se te clavan muy dentro.
Cada vez que resuena el “I
don´t wanna be the crimson
idol of a million eyes”
o ese “There´s no
love to shelter me, only love,
love set me free” la mayoría
de los presentes sufrimos la
agonía de Jonathan. De
verdad, fue una especie de trance
individual que me dejó
satisfecho. “The crimson
idol” había sido
completado: “Long live
the king of mercy!”.
Como ya digo
que soy un poco “freaky”
de este disco, había
ido cronometrando a ver cuánto
tardaban. Con relación
a lo que se oye en estudio,
casi tres minutos menos pero
era incapaz de discernir de
dónde habían desaparecido.
Supongo que la típica
mini aceleración que
se imprime a los conciertos
se fue acumulando y probablemente
se incrementó en “The
idol”, pero bueno, es
una anécdota más
que otra cosa. WASP se marcharon
del escenario para la prometida
pausa.
Un cuarto de
hora después y flanqueados
por dos paneles con la portada
de “Dominator” que,
por cierto, ya los llevaban
en el tour de hace un año,
llegaba el turno de los grandes
éxitos. Durante la gira,
WASP han llegado a interpretar
hasta siete temas aunque, mirando
repertorios de las ciudades,
casi siempre caían seis.
Al estar en los estertores ya
no se puede alcanzar esa “enorme”
cifra (¿WASP tocando
diecisiete canciones en directo?
Uff) y en Madrid hubo cinco
elegidas, menos mal porque en
otros sitios como Villareal
se quedaron en cuatro.
Por suerte,
hicieron desaparecer la peor
de las previstas, “Hate
to love me” y comenzaron
directamente con “L.O.V.E.
Machine” y ¡toma
ya! La pasividad que se había
vivido en “The crimson
idol” se convirtió
en puños al viento, botes
y desmadre colectivo para oír
“las de siempre”.
Hay cosas que nunca lograré
entender. Esto resultó
la tónica general de
este rato porque en “Wild
child” pasó tres
cuartos de lo mismo. Comprendo
que es lógico que los
clásicos suenen pero
la pena es que estamos obviando
un trabajo más que notable
como es “Dominator”.
En el pasado tour, por problemas
para la edición, no había
salido el disco y en éste,
con él en la calle, es
un especial “The crimson
idol”. ¿Conclusión?
Que únicamente “Take
me up” es la escogida
para representar a la nueva
obra. Como Blackie suele explotar
mucho la gallina de los huevos
de oro, espero y deseo que regresen
pronto para ofrecernos cosas
como “The burning man”,
“Heaven´s hung in
black” o “Deal with
the devil”, todas ellas,
como “Take me up”,
fantásticas.
Este corte
reciente sirvió de equidistancia
en este “segundo repertorio”
y así encarábamos
“I wanna be somebody”
(increíblemente ausente
en el País Vasco o Villareal)
donde otra vez los pregrabados
se exageraban en el puente previo
a ese mítico estribillo
que las dos mil almas coreamos
a rabiar. Para concluir, no
hay dudas, “Blind in Texas”,
toda una fiesta que culmina
cada descarga de WASP. Con la
tontería de ir, venir,
descansar y demás, pocos
nos percatamos del tiempo real
sobre las tablas. Más
bien poco, para no variar. Casi
cincuenta y seis minutos con
“The crimson idol”
y rozando los veinticinco para
el resto, es decir, aproximadamente
hora y veinte, un pelín
más de lo habitual.
Reconozco que
junto al show del Metalway2005
éste ha sido el mejor
de los que he visto a WASP en
mi vida, y van ocho. Probablemente
iba condicionado en el plano
positivo pero la verdad es que
disfruté de lo lindo
y mis expectativas se cumplieron.
Nunca creas que el agujero es
muy profundo, siempre habrá
quien salga a flote. Lawless
es un maestro en este arte.
Con “Dominator”
y “The crimson idon –
15th anniversary tour”
he recuperado la fe, algo que
parecía imposible un
par de años atrás.
Blackie for president!
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