|
Seguimos tirando
de tópicos para comenzar
las reseñas: No hay dos
sin tres. Esta tontería
instalada en la creencia popular
bien podría servirnos
para hablar de las expectativas
previas a la tercera visita
de Y&T a Madrid. ¿Por
qué? Primero, obviamente,
porque las dos anteriores giras
que pasaron por la capital fueron
fantásticas y, segundo,
porque en los viernes previos
nos habíamos entusiasmado
con Tyketto y Tesla. No obstante,
con Yesterday & Today se
sabía previamente que
era apuesta a caballo ganador.
El cuarteto de San Francisco
lleva viviendo una segunda juventud
desde su reunión y no
hacen sino ofrecer excelentes
shows, noche sí, noche
también. Eso lo sabe
el público porque la
sala Heineken presentó
un lleno absoluto. Casi a disgusto
estábamos entre el calor
y lo apretado de la situación.
Es verdad que Macumba se les
quedó grande la última
vez pero, al menos, hubiéramos
estado más cómodos.
Centenares
de personas se agolpaban en
la puerta y accedían
al local buscando ubicaciones
que permitieran ver a las huestes
de Dave Meniketti. Es esta ocasión,
no había teloneros, tampoco
importaba demasiado aunque la
espera se hizo algo más
larga. A las nueve de la noche
se apagaron las luces y la intensidad
del ambiente subió muchos
decibelios. Uno a uno fueron
apareciendo los componentes
del grupo mientras por los altavoces
sonaba la intro “From
the moon” que no es sino
el comienzo instrumental de
“Forever”. Nada
más concluir empezó
una actuación que si
la califico de memorable me
quedo corto. Fijaos que en el
concierto de Tesla se comentó
que era “el concierto
del año y de muchos años”.
Pues bien, Y&T estuvieron
igual de bien que los de Sacramento.
El motivo es
sencillo. Conmigo y mis impresiones,
Tesla jugaban con el factor
emocional, más de tres
lustros sin verles, la sensación
de impotencia por lo que ocurrió
en Montjuic y demás.
Y&T no contaban con eso
pero sí con otras armas
que conjugadas hicieron de la
velada algo inolvidable. El
sonido fue perfecto, algo nunca
escuchado en la sala Arena-Heineken.
Desde mi posición hasta
los coros se distinguían
con claridad, todo estaba en
su sitio. Las ganas que derrochan
estos veteranos son envidiables.
Estoy seguro de que en los ochenta
no eran tan brillantes como
ahora encima de las tablas.
Además, estábamos
ante el que yo considero (como
comenté en alguna crónica
anterior) el tío que
más feeling tiene con
la voz y la guitarra, el dios
Dave Meniketti. Para colmo de
“bienes”, fueron
capaces de hacer un montón
de cambios en el repertorio
respecto a los shows de tours
pretéritos y consiguieron
que composiciones de discos
“menores” parecieran
directamente extraídas
de “Earthshaker”
o “Black tiger”.
Por si todo eso no fuera suficiente,
aquí está, en
más detalle, lo acontecido.
Con “From
the moon” sonando parecía
inevitable que llegara “Open
fire” pero ya ocurrió
la vez pasada y no fue así,
llevándome una pequeña
decepción, pero como
todo estaba de cara esta noche,
sí, “Open fire”,
el corte ideal para comenzar
una descarga supuso el inicio
de un viaje por los senderos
del hard and heavy más
infravalorado que uno se pueda
encontrar. De Meniketti ya hemos
dicho, y seguiremos diciendo,
todo. El amigo Phil Kennemore
cada día le veo más
acartonado pero mantiene esa
pose chulesca y vacilona tan
roquera de California. Aun manteniendo
un segundo plano, John Nymann
ha ido ganando peso y presencia
escénica en Y&T.
Aporta algunos solos interesantes
y se mostró animado y
feliz. Por su parte. Mike Vanderhule
no desmerece a sus magníficos
antecesores, Leonard Haze y
Jimmy DeGrasso. De pegada directa
y potente, se erige también
como un notable corista.
Y es que, si
bien Meniketti es la estrella,
el resto apoyan de maravilla
en los estribillos, véase
la rescatada “Contagious”
que cobró una dimensión
inesperada. No sé, tal
vez la costumbre de los clásicos
hizo que me sorprendiera y así
con todas las novedades. Otra
genialidad tampoco prevista,
“Straight thru the heart”
del “Meanstreak”.
Iban tres temas y yo estaba
ya boquiabierto, creo incluso
que había gente algo
desconcertada ante tamaña
demostración y encima
tirando de “actores (canciones)
secundarios”. Con “Dirty
girl” ya sí que
el público coreó
con fuerza el estribillo. Es
curioso porque es de las fijas
y más famosas a pesar
de que considero que es un tema
un tanto atávico, no
tan atemporal como la mayoría
de canciones de Y&T.
El inesperado
protagonista de la noche iba
a ser “Ten”. Editado
en 1990 fue un relativo fracaso
comercial para los de San Francisco.
Sin embargo, una vez hablando
con Meniketti me comentó
que a él, en mayor o
menor medida, le gustan todos
los discos del grupo pero que,
además de los típicos,
“Ten” es un gran
trabajo. En esta gira ha llegado
el momento de reivindicarlo.
De esta forma, la que abría
el álbum, “Hard
times”, brilló
con luz propia en el set list
entre dos pesos pesados como
“Dirty girl” y la
inconmensurable “Mean
Streak”, otra de las que
hacen que los fans levantan
el puño.
Para seguir
con la insaciable capacidad
de sorpresa, Y&T repescaron
una canción increíble,
la mejor de “In rock we
trust” junto a “Lipstick
and leather” para mí,
“I´ll keep on believin´
(do you know)”. Aquí
sí que los gestos de
felicidad de los seguidores
más irredentos del grupo
fueron unánimes. No obstante,
para rendirme más ante
estos tíos he de decir
que han cambiando el repertorio
prácticamente todas las
noches en unos cuantos temas
y, por ejemplo, en Newcastle
he visto uno perfecto porque
incluía “Hungry
for rock”, “Winds
of change” y “Don´t
wanna lose”. Para morirse
de alegría. Claro que
no seré yo el que me
queje porque ¿quién
iba a pensar en algo como “Ten
lovers”? Nadie excepto
ellos que ejecutaron la balada
de “Ten” ante una
mayoría que no la conocían.
Esto tuvo solución
inmediata porque el riff de
“Black tiger” es
una seña identificativa
de una trayectoria de más
de treinta años que,
si bien ha tenido altos y bajos,
constantemente nos ha ido dejando
en mayor o menor medida joyas
como las loadas u otras como
una favorita del que escribe,
“Don´t be afraid
of the dark”, quizá
el último gran hit potencial
que escribieron y cuya ejecución
fue vibrante, un tema con mucho
feeling que en directo quedó
aún mejor que en “Ten”.
Pero si hay un pasaje que recordaré
para toda la vida fue cuando
Dave anunció que el siguiente
corte seguro que haría
ilusión a muchos porque
la gente la pedía habitualmente
en las giras. Las notas de “Midnight
in Tokyo” resonaron en
Madrid como melodía celestial
y la banda sucumbió ante
los gritos de la audiencia.
Los de San Francisco no se cansaron
de repetir hasta que se despidieron
que Madrid es el mejor público
del mundo y, a diferencia de
otros que parecen autómatas
en cada ciudad, ellos desbordaban
sinceridad y Meniketti meneaba
la cabeza como diciendo: “No
me lo puedo creer”.
Hubo un pequeño regalo,
especial para Roberto, que dijo
Dave que era el organizador
del concierto y del resto de
bolos que les han traído
a la capital de España.
Así, improvisando, sólo
con el ritmo de guitarra y casi
a capella interpretaron la primera
estrofa y el estribillo de “Beautiful
dreamer”, la preciosa
canción de su debut.
Todo un detalle. Sin dilación,
porque estaba siendo un concierto
tremendamente dinámico
y sin parones, otra recuperación,
la cañera “Hurricane”
de “Earthshaker”,
otro dardo que dio en la diana
ya que se sale en directo.
Y&T no
hacen solos aburridos ni nada
por el estilo pero también
dan cancha a su capacidad instrumental
y a que la guitarra de Meniketti
“hable” en “I
cried for you” que enlazaron
con otra más de “Contagious”,
“Eyes of a stranger”
muy del gusto del grupo porque
es de las que cae normalmente.
Con “Rock ´n´
roll´s gonna save the
world” los fans acompañaron
cantando el estribillo y dando
palmas. Un tema correcto pero
que, puestos a pedir, sustituiría
por volver a escuchar “Lipstick
and leather”. Sin embargo,
a estas alturas era un detalle
menor porque cada nota que tocaban
destilaba magia… y eso
que la traca final estaba por
llegar.
Si digo que
“Rescue me” es mi
preferida mentiría pero
por ser imposible la elección
no porque no sea gloriosa y
el cambio que tiene aún
más. Es de esos pasajes
musicales que se te quedan en
el cerebro. Cuando arranca la
caña los presentes se
ponen a botar en una ceremonia
que se repite cada noche que
Y&T se suben a un escenario.
El contrapunto es “Summertime
girls”. Como composición
es facilona y simple, derivada
de los Van Halen más
comerciales de mediados de los
ochenta. El videoclip, cómico,
y el tiro de escribir un megahit
les salió por la culata
pero tiene un aroma kitsch que
la hace única en el repertorio
de Y&T. Además, la
dignidad con la que la defienden
cincuentones como Meniketti
o Kennemore es conmovedora.
Todo lo que
hemos dicho hasta ahora es de
matrícula de honor pero
el cum laude de los shows de
los californianos y algo que
cualquier roquero que se precie
debe experimentar al menos una
vez, aunque no sea un apasionado
del grupo, es verles tocar “I
believe in you”. La canción
en sí es inmensa pero
en el solo final, Dave entra
en un éxtasis con su
guitarra similar al de, por
ejemplo, Glenn Hughes en “Mistreated”.
Es una situación que
raya el misticismo y que deja
a los espectadores rendidos
ante Y&T y su líder.
El cuarteto se marcha después
de una hora y cuarenta y dos
minutos sin apenas interrupciones,
ni karaoke metal ni nada que
se le parezca.
Queda su himno,
su emblema, “Forever”,
que es genial pero comparado
con “I believe in you”
permanece en un discreto segundo
plano interpretativo y sirve
para que el respetable se explaye
en cánticos, palmas y
coros por última vez.
Se acaban las palabras y se
desbordan las emociones. Esto
no es un ejercicio de nostalgia,
es una banda que está
de dulce y que ha sido capaz
de sacar del baúl de
los recuerdos más de
treinta composiciones notables
que son las que formaron los
dos volúmenes de “Unearthed”.
Normalmente, a estas formaciones
les pedimos que nos hagan felices
con sus temas de toda la vida
pero con Y&T haré
una excepción: ¡Queremos
un disco porque tenéis
mucho que ofrecer aún!
Como en este concierto, una
maravillosa lección de
hard rock..
|












|