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La decisión
de abandonar Saratoga que tomaron
Leo Jiménez y Jerónimo
Ramiro produjo reacciones distintas.
Lo del vocalista se veía
venir. Más tarde o más
temprano la Bestia se centraría
en Stravaganzza formación
con la que se siente más
identificado y a gusto a pesar
de que Saratoga le ha proporcionado
la fama a nivel nacional. La
marcha del veterano guitarrista
sí que se consideró
sorprendente porque el grupo
había nacido gracias
a su esfuerzo, cariño
y dedicación. Desde esa
primera maqueta con Toni Domínguez
a las voces casi tres lustros
habían transcurrido.
Sin embargo, el cansancio de
Jero era perceptible.
Creíamos
que se iba a tomar unas largas
vacaciones o, incluso, cabía
la posibilidad de que se centrara
en su labor de profesor de guitarra
pero de la nada y en silencio
el madrileño ha gestado
un álbum instrumental
cocinado en largas tardes de
trabajo en su estudio. El disco
es el reflejo de las inquietudes
artísticas de Jero aunque
yo lo veo más cercano
a gente como Joe Satriani, es
decir de corte hard rock pero
con mucha experimentación,
que a otros magos de las seis
cuerdas más ortodoxos.
Catorce composiciones,
ni una sola voz, con una pega
importante: el sonido de batería
o, mejor dicho, la programación.
Considero que desmerece bastante
el resultado final y pienso
que Ramiro debería haber
optado por utilizar músicos
de acompañamiento. No
obstante, dejemos que sea el
propio protagonista el que nos
cuenta las razones de esto,
el por qué de editar
un disco en solitario, “Tenebrarium”,
y muchas otras cosas que resultaron
de sumo interés. Bienvenidos
a un pequeño viaje por
la trayectoria de un hombre
que fue miembro, además
de los ya conocidos Santa, Ñu
o Saratoga, de W.C? (la banda
de Ramoncín) o Tequila.
CYPT: ¿Qué
te motivó a escribir
este disco?
JERO
RAMIRO: Llega un momento en
que decido que Saratoga, tal
y como estaba planteado, no
me interesaba. Lo dejo pero
mi idea era desconectar porque
psicológicamente estaba
reventado. Estuvo viendo tres
días la tele, sin pensar
en nada, tragándome todo
lo que había. Un día
que estaba aburrido empecé
a curiosear en el aparato donde
grabo y he hecho siempre el
trabajo de composición
descubrí que había
material interesante. No es
que me llevara una sorpresa
porque yo sabía que estaba
pero las empecé a escuchar.
Tenía temas enteros,
otros que habían quedado
fuera de lugar, trozos de canciones.
Total, que casi tenía
el 80% del disco.
Entonces ha
sido casi una labor de recopilación
y adaptación.
Exacto.
La relajación que te
da no tener nada a la vista
me proporcionó una libertad
que me hizo tirar hacia delante.
Por ejemplo “Tie”
tiene ya cinco años,
no exactamente como está
ahora pero casi. Sin embargo,
otras composiciones han surgido
en el período comprendido
entre diciembre de 206 y marzo
de 2007. De esas sesiones salieron
“Marta”, “Tenebrarium”
o “El escarapión”.
Por
otra parte, como siempre he
hecho baterías para las
maquetas de Saratoga como de
mis otros grupos, hice lo mismo.
Al principio, me planteé
cómo iba a hacerlo pero
al acostumbrarme a escucharlas
me tiré de cabeza a por
ellas. El proceso ha tenido
tres fases: componer y grabar
con el aparato antiguo que uso;
después introducir un
efecto como si tocara una persona,
es decir, que se equivoque o
que dé un golpe más
fuerte que otro; y, finalmente,
esos impulsos se han pasado
a sonidos de batería
grabados con micrófono
aquí en el estudio M-20
de Avispa porque de todo lo
que se ha grabado, van dejándose
sonidos de bombos, cajas, platos,
etc. Evidentemente no hay un
batería tocando pero
los sonidos son reales y similares.
En el seno
de un grupo siempre existen
plazos para editar un álbum.
¿Te planteaste alguno
para sacar el disco u optaste
por tomártelo con calma
y hacerlo a tu manera?
Una
de las dificultades que me imponía
Saratoga era la dedicación,
no de tiempo pero sí
artística. Tocar todos
los fines de semana, grabar
un disco al año…
Esto me impedía cualquier
otra actividad. No era el caso
de Leo o Dani que tenían
bandas paralelas pero yo tengo
otras ocupaciones, una familia,
tengo que pagar hipoteca y demás.
Por lo tanto, en aquel momento
no podía dedicarme a
esto pero cuando dejé
Saratoga no me impuse un método
de trabajos para editar “Tenebrarium”
pero sí que me dije que
el disco debía estar
concluido en una fecha determinada,
octubre de 2007. Lo que pasa
es que luego me enteré
que sacaba Mägo de Oz,
Saratoga y algún otro
más, por lo que retrasé
la salida. No por nada pero
las distribuidoras son las mismas,
es muy difícil presentar
un nuevo producto ante otros
ya consolidados y los potenciales
compradores cada vez son menos.
Por lo tanto,
estás diciendo que por
falta de tiempo no salió
hace años pero era algo
que ya te habías planteado.
Sí.
Desde los ochenta, cuando me
asenté como guitarrista,
ya lo había pensado.
Empecé a tocar la guitarra
en los setenta, cuando escuché
el “Made in Japan”
de Deep Purple, lo que pasa
es que los principios son duros
y te despiertas no sólo
a tocar sino a otras muchas
cosas y más en la España
que se vivía entonces.
Por ello maduré en los
ochenta que fue la época
dorada, al menos para mí.
Hay gente que no piensa igual
pero será porque probablemente
no la haya vivido. Yngwie, Satriani,
Steve Vai, la vuelta de Deep
Purple y muchísimos más
guitarristas como Michael Lee
Firkins, Jason Becker, Marty
Friedman, Tony MacAlpine, Paul
Gilbert,… La eclosión
fue enorme, una locura. Como
todo, se quedaron los que realmente
tienen algo que decir, bueno,
para mi gusto, porque habrá
mucha gente que siga pensando
que los guitarristas somos unos
brasas y unos egocéntricos…
aunque, seguramente, tengan
parte de razón.
En
los ochenta ya soñaba
con esto pero, probablemente,
no estuviera preparado porque
entonces sí tenía
tiempo. Lo que pasa es que entonces
se veía de otra manera.
Este disco lo he podido sacar
porque en mi pequeño
estudio he hecho el 75% del
disco porque hay ordenadores
y sistemas que lo permiten.
Hace veinte años era
imposible. Tenías que
irte a un estudio carísimo
y siempre con una compañía
de discos por delante para que
te financiara. Además,
o eras el guitarrista de un
grupo muy conocido o tenías
que abandonar la idea. Yo, en
esa época, de guitarristas
no conozco ninguno que lo hiciera.
Alberto Cereijo me regaló
uno que él hizo pero
ya adentrado en los noventa.
De
hecho, te puedo contar que en
mi academia he tocado temas
que he compuesto en estas dos
décadas. Alguno me convenció
para que le diera una cinta
con ellos. Aunque no quería,
eran gente muy allegada y por
eso lo hice, aunque ninguno
está en “Tenebrarium”.
Hoy los escucho y estaban muy
influidos por la onda de entonces
por lo que, actualmente, no
me hubieran valido ya que no
tenía muy claro el camino
a seguir.
Desde el primer
momento, entiendo que lo planteas
como un trabajo instrumental.
Nunca
me planteé tener un cantante
porque tenía material
suficiente y pienso que hubiera
sido un anzuelo el poner un
par de temas cantados para crear
cierta expectación. Y,
la verdad, no estoy para pedir
limosna. Esto lo he hecho porque
me ha apetecido, lo he sufragado
de mi bolsillo, no sé
si me arruinaré, pero
lo tenía que hacer tarde
o temprano. Además, si
pongo dos temas cantados y toco
en directo, ¿qué
hago? ¿Le llevo al chaval
a aburrirse salvo las canciones
en que él intervenga?
No parece normal,
no. Porque puede que le dejes
ahí, en la barra, y cuando
salga ya esté borracho.
(risas) Pues
lo más seguro, no te
creas. Otra cosa es que toques
en Madrid y llames a un par
de amiguetes. No nos engañemos,
esto es España. Si a
mí me plantean una gira
de ocho meses sin parar, hago
locuras pero aquí es
en fin de semana, cuando te
toque o cuando te dejen. Hay
gente que me ha preguntado si
yo canto pero no creo que lo
haga nunca. Tengo faringe de
cristal. Esto es una primera
apuesta y de aquí a unos
meses, veré si tengo
fuerza y consideraré
la continuidad o no del proyecto.
Mi idea es que sí pero
no puedo endeudarme más,
tendré que recuperarme
un poco.
El cansancio
psicológico del que me
hablabas, ¿te llevó
en algún momento a plantear
centrarte exclusivamente en
tus cosas, esto es, academia,
familia, etc.?
Si
lo hubiera dejado ahora, cosa
que pensé, difícilmente
habría remontado el vuelo
dentro de unos años porque
no estoy en edad de tomarme
tres o cuatro años sabáticos.
Para desgracia de mi mujer,
que se pensaba que esto iba
a ser de otra manera, decidí
editar el disco pero sí
ha habido épocas en que
he estado a punto de tirar la
toalla. Puedo componer, grabar
o producir, que es lo que conozco,
pero ponerme a diseñar
un libreto, meterme en photoshop,
distribución, promoción
y demás, son temas que
desconozco. Ha habido gente
que me ha ayudado pero sí
que me sentí perdido
pero, en el fondo, me dije:
“Vamos a ver, una vez
más”. Es como el
tema de “el eterno viajero”,
siempre estoy viajando.
Mucha
gente dice que el tren hay que
cogerlo cuando pasa y si lo
pierdes, no vuelve a pasar.
Sin embargo, he tenido suerte.
Con Ñu tuve cierto éxito.
Con Santa, que lo monté
yo, también; con Saratoga,
ahí están los
números. No me puedo
quejar. Si no ha llegado la
cosa a más es porque
no he querido o no he sabido
aprovecharlo pero oportunidades
he tenido. En este caso, espero
que sea parecido aunque, lógicamente,
a otro nivel.
¿En
qué fuentes de inspiración
ha bebido Jerónimo Ramiro
para componer “Tenebrarium”?
No
hay un patrón. Habría
que referirse a casos concretos.
Un disco instrumental es más
abierto a la hora de poner títulos
de canciones.
No está
condicionado por una letra pero
será más complicado
encontrar un nombre adecuado.
Exacto.
Por ejemplo, en “El gordo
de Minessota”, basada
en la película “El
buscavidas”, hay una frase
que dice Paul Newman: “Mira
como se mueve, parece una bailarina
de ballet”. Y el tema
sigue un tiempo muy saltarín
y no sé por qué
asociaba el tipo de ritmo al
personaje de la película.
Por supuesto, “Marta”,
dedicada a mi hija, es más
alegre. Sin embargo, “Cíclopes”
o “Tie” estaban
hechas antes de poner ningún
título y me lo tuve que
imaginar. Un día estaba
viendo la tele y echaron un
documental del profesor Arturo
Reverte Coma, que es un forense
de la Universidad de Madrid.
Entonces, fui a ver una exposición
en los bajos de la Biblioteca
Nacional en la que había
tarros con fetos de hace doscientos
años metidos en formol,
de un solo ojo, que me impresionaron.
Lo relacioné con mi canción.
Pensaba buscar una foto de estos
fetos pero estando trabajando
en los M20 en un ordenador portátil
que hay, tenían una webcam.
Te acercabas y tu imagen se
estrechaba, tanto que me quedé
con un solo ojo y pensé
“¡perfecto!”
y lo metí en el libreto.
Algunos nombres
de canciones parecen tener doble
juego o intención como
“Borrico de Troya”.
Choca
porque la gente está
acostumbrada a “Caballo
de Troya”. Al ser un tema
muy pesado creo que no llegaba
al nivel de caballo y por eso
lo bauticé como borrico.
La alusión a Troya es
porque la historia nos habla
de unos cuantos que se metieron
en un artefacto dentro de una
ciudad infranqueable, o sea,
un autobús de Madrid
que hay miles. Pero como un
autobús era obvio me
fui a hacer una foto a una locomotora
que hay en la Universidad Carlos
III y la colocamos, con el photoshop,
en la Plaza de Cibeles. ¿Qué
pasa? Que la gente se sube a
la locomotora como pensando
que tiene que ir a currar en
lo que sea.
Al hilo de
una canción como “Marta”,
en la vida de un músico
como tú, ¿qué
importancia y aguante tiene
la familia?
Yo,
particularmente, no sería
nada. Por ejemplo, he llamado
a Nuria, mi mujer, esta mañana
y le he dicho: “Oye, que
tengo entrevista a las tres
y tengo que comer a las dos”.
Si no tuviera el apoyo callado
de mi gente, sería imposible
haber hecho nada. Lo que pasa
es que uno, por mucho aguante
que tenga, se termina cansando.
Lo de Saratoga viene condicionado
por ahí. A mí
me llega el éxito a los
veinte años y todavía
tengo otros veinte para tirar
de ahí y luego tengo
el tiempo necesario para hacer
las cosas normales que hace
la gente con sus familias. Pero
si me llega a los cuarenta y
tantos, la cosa cambia porque
me tengo que tomar las cosas
de otra manera. Yo no puedo
dar todo por esto y dentro de
diez o quince años, cuando
esté a punto de jubilarme,
decir: “Bueno, y ahora,
¿a qué me dedico?”.
A mí me gusta tocar la
guitarra, componer, grabar discos,
subirme a un escenario, pero
también me gusta quedar
con mis amigos e irme a comer
a Chinchón un domingo.
O ir al cumpleaños de
mi cuñada y quedar toda
la familia a desparramar en
un restaurante. Y no sólo
a mí sino a la gente
que me rodea. Sería muy
egoísta pensar sólo
en mí.
Con
Saratoga yo proponía
descansar un año, grabar
un disco fenomenal, salir de
gira al siguiente, descansar
otro año y así
sucesivamente. Llegó
un momento en que era un grupo
tan especial que necesitaba
soluciones especiales. A mí
no me valía que me dijeran:
“Es que tal o cual grupo
tuvo este problema y lo solucionó
así. Hagámoslo
igual”. No, porque hay
muchas diferencias. Leo era
veinte años más
joven que yo y sus inquietudes
no son las mismas que las mías.
Él tenía otra
forma de ver las cosas pero
así las veía yo
hace veinte años. Lo
siento pero yo no me voy a Sudamérica
con un bocadillo. Quería
que me dijeran por delante qué
iba a pasar no irme a la aventura.
Por
lo tanto, en mi caso, la familia
es importantísima y la
voy a tener en cuenta en todo
lo que decida pero te quieren
tanto que, al final, en contra
de sus deseos, se sacrifican
una y otra vez.
Porque además
entiendo que no se puede comparar.
Yo empecé a escuchar
música cuando Santa se
separaron pero por lo que he
leído o aprendido con
los años, es incomparable
el éxito que tuvisteis
entonces al que gozabais ahora
en Saratoga. El de Santa fue
mucho más efímero.
El
éxito era de revista,
tele o radio pero a la hora
de tocar, no había galas.
Cuatro cosas en los ayuntamientos
y punto. Nada que ver con Saratoga.
Y fíjate que “Reencarnación”
vendió en nada veinte
mil copias, algo que actualmente
sería casi disco de oro.
Entonces era mucho de Canciller,
de fiesta y demás, pero
comparado con lo que ha sido
Saratoga en los últimos
tres años, nada que ver.
En aquellos años era
mucho local de ensayo pero poco
más.
Ya que hablamos
de bolos, creo que lo tienes
bastante cerrado en cuando a
músicos.
(N. de R: Esta entrevista se
hizo días antes del anuncio
de la suspensión de los
planes de gira por la poco expectación
creada)
Sí,
claro. El otro día presentamos
el disco el La Boite en Madrid
y los músicos serán
los mismos: Luisma Hernández
al bajo, que viene de Arwen,
Chus Maestro a la batería,
que viene de Hybrid y Nacho
de Carlos, que es alumno mío,
estará con las guitarras
rítmicas y sintetizadas.
Precisamente
te iba a preguntar que si no
habría teclados, tendrías
que usar determinados efectos
en la guitarra.
Todos
los teclados que se oyen están
grabados con esta guitarra sintetizada.
Tenemos unas cuantas fechas
previstas y estamos hablando
con festivales pero claro, como
no hay cantante no sabemos que
va a pasar, parece que tienen
miedo a contratarte (N. de R:
Premonitorias estas declaraciones)
pero espero que aunque sea por
la novedad algo caiga.
Es que tu propuesta
estaría bien en algún
festival como el Leyendas del
Rock que parece tirar siempre
de los mismos…
…
más leyenda que yo difícil
¿eh? (N. de R: Lo dice
que con ironía y cierta
amargura) Lo que pasa es que
no depende de mí. Conozco
a la mayoría de organizadores
y muchos son amigos míos.
La oficina de managers está
ofreciendo mi proyecto y ya
veremos qué ocurre. Yo
no puedo hacer más, no
voy a ir con una pistola, ellos
sabrán. Jorge Salán
está haciendo cositas
y es una propuesta parecida
aunque canta unos cuantos temas.
El álbum
dura una hora por lo que en
directo meteríais alguna
canción más.
Sí,
hay una tema de Satriani, “Croad
chant”, para que cante
la gente y estamos mirando alguna
versión de temas míos,
de Santa o Saratoga, en plan
medley.
Antes hemos
comentado tu faceta de profesor.
¿Se aprende mucho de
los alumnos?
Bastante.
¿Se
atreven a darte consejos cuando
alcanzan un cierto grado de
confianza?
Me
ha sucedido poco pero normalmente
el trato es muy ameno y personal,
termino siendo amigo de muchos.
Se aprende porque la mayoría
de cosas que sé las he
aprendido machacándolas
con la gente. Lo que intento
es ver qué es lo que
quiere el alumno. No todos tienen
las mismas motivaciones. Unos
quieren hacer carrera, otros
lo tienen como hobby. Has de
adaptarte a sus necesidades.
Se aprende también a
no envejecer y eso es muy reconfortante
porque cuando quedo con gente
de mi quinta me doy cuenta que
soy un privilegiado. Compartiendo
con ellos muchas preocupaciones,
como puedan ser los hijos, veo
que mis contemporáneos
piensan en la jubilación
o en lo que van a hacer cuando
sean más mayores. Yo
vivo más al día.
El secreto está en coger
lo mejor de cada cosa. A mí
me encanta tocar en directo
pero también ver una
buena película en mi
casa sentado en el sofá
mientras llueve en la calle.
Bueno, pues
para terminar voy a hacer las
difíciles.
Venga,
dispara.
¿Qué
sentiste al enterarte de la
muerte de tu ex compañera
Azucena?
Me
dio mucha pena…
No tenías
contacto con ella, ¿no?
No.
Me dio pena porque era buena
persona pero muy ingenua y se
dejaba aconsejar por los que
tenía alrededor. Yo tuve
una lucha muy intensa con Azucena.
En realidad, toda la banda aunque
yo era un poco el encargado
de decirle lo que hacía
mal. Podía haber hecho
cosas.
Tenía
carisma.
Sí,
pero el carisma sin talento
no te da de comer porque el
arte es talento. Pero no pasa
nada, tampoco lo tenía
para componer Rocía Jurado
y mira dónde llegó.
Ella podía haber aprovechado
el tirón pero no se supo
mover. A mí me empezaron
a llamar de todos los sitios
cuando murió pero hacía
veinte años que no sabía
nada de ella. No sabía
a qué se dedicaba, dónde
vivía, si estaba enferma.
No sabía nada. Me puedo
remitir a lo que pasó
entonces. Lo siento mucho, no
me lo esperaba y en el disco
“Tierra de lobos”
hice una referencia a ella.
Es todo lo que podía
hacer.
Tu relación
con José Carlos Molina
ha sido de amor/odio como el
99% de sus músicos.
Por
supuesto. Tiene una especie
de pose porque le viene bien
a Ñu. No hemos tenido
problemas desde el 92 porque
es la última vez que
toqué con Ñu.
En el 90 grabamos “Dos
años de destierro”
y en el 91 no podía más.
Íbamos a tocar y no había
pipas, tenía que montarme
el equipo en mi coche, cargarlo
y descargarlo, Molina desaparecía,
no había local porque
era su casa. Era un descontrol.
El egocentrismo de “yo
lo hago todo, yo decido todo”.
Muy bien pero entonces, al menos,
paga un local para ensayar y
una serie de cosas mínimas,
pero nada. Tocamos en Revólver
en Galileo y fue un desastre.
Me llamó al año
siguiente para un bolo en septiembre
del 92 pero ya nada más.
Sí hablé con él
hace unos días porque
me entrevistaron en la radio
y dieron la sorpresa de sacarle
en antena conmigo, y ya sabes,
en plan “tú sí
que eres bueno”, “no,
tú mejor”, eso
que se dice. Siempre lo he llevado
bien aunque alguna vez nos han
tenido que separar porque si
no, nos pegábamos. No
llegó pero si hubiera
sucedido es de las personas
que a los dos minutos se olvidan.
Quizá yo sea peor para
eso, soy más rencoroso.
Eso sí, para tomarse
copas en los bares no hay otro
igual… por lo menos, no
lo había, pero también
pasa el tiempo.
Dentro de los
agradecimientos he visto que
incluyes a Andy, batería
de Saratoga, pero no al resto
de tus ex compañeros.
Supongo que tú eliges
a tus amigos.
Evidentemente.
Me parece una
actitud valiente porque lo fácil
hubiera sido incluir a todos.
Me
alegre que me preguntes estos
porque te has leído hasta
los agradecimientos. Primero,
no tengo miedo a nadie. Yo me
planteé poner en los
agradecimientos a aquellas personas
que hicieron algo por este proyecto.
No quiere decir que otros no
se lo merezcan por otras cosas
pero a Andy le llegó
la noticia de que yo estaba
buscando batería y le
faltó tiempo para llamarme
y localizar al que tengo ahora
después de haber probado
a muchos. Por eso está
en los agradecimientos. Al resto,
ni les he llamado ni me han
llamado. Ojo, que si lo hubiera
hecho seguro habría sido
fructífero pero no ha
ocurrido así. Andy está
por ese motivo. Espero que no
le haya causado ningún
trastorno en el entorno que
se mueve. El otro día
en La Boite le dije a mi batería
que le llamara para que viniera.
Podía haberlo hecho yo
pero, por si acaso, y ya que
consiguió el trabajo
gracias a Andy le comenté
que le llamara. Al final no
pudo venir porque no estaba
en Madrid pero le invité
con todo el cariño.
Sí,
Andy es un tío muy ocupado
porque hace clinics y tiene
proyectos paralelos como Wormed
aunque estén un poco
parados.
Es
lo que ocurre. A esa edad te
puedes meter en muchas cosas
pero cuando una despunta tienes
que dejar otras de lado porque
le comen terreno.
Es lo que le
sucedió a Dani. Yo vi
a Eczema tocar con un ordenador
cuando Dani les dejó
por Saratoga.
Lo
que pasa es que a ver quién
sustituía Dani que es
un animal, una máquina
de tocar la batería.
Para concluir,
algo muy de moda. Me gustaría
que nos dieras tu opinión
sobre el famoso canon digital.
Ufffff…
vamos a ver. Yo no lo comparto.
Imagínate que estás
en la cola de la pescadería
y va uno y se lleva una merluza.
Entonces, el pescadero dice
que como se la ha llevado ese
se la tenemos que pagar entre
todos. No tiene sentido. No
se puede hacer pagar a la gente
por ser sospechoso. Sé
que va en contra de mi bolsillo
pero no estoy de acuerdo. Eso
sí, a mí me jode
que se hable del canon, si está
bien o mal, pero nadie dé
otra alternativa. ¿Por
qué ningún político
dice: “Si gano se acaba
emule y demás”?
¿Y vamos a perseguir
el top manta cuando el problema
está en Internet?
Las mantas
es el chocolate del loro.
Yo
no apoyo ni una cosa ni otra
pero me vas a decir a mí
que Telefónica o la compañía
que sea no tiene los nombres
de los que se bajan discos.
Lo que pasa es que no interesa.
Telefónica dice que la
Ley les impide dar nombres y
demás. ¡Venga ya!
Lo que pasa es que han ganado
miles de millones con todos
los ADSL que tienen contratados.
Porque si no tienes nada que
bajarte para qué quieres
el ADSL. En pleno siglo XXI,
se puede hacer de todo en informática.
Debe ser frustrante
tener el disco disponible para
todos dos meses antes de su
edición.
Tan
frustrante que ahora los grupos
prefieres que la gente se lo
baje porque de esta forma, a
lo mejor van a sus conciertos.
En la academia, mis chavales
tienen una absoluta falta de
hábito de comprar discos.
La comodidad de levantarse y
dar a un botón. Si esto
sigue así y, encima,
la gente no va a los conciertos
y tengo que pagar dinero, a
los cuatro bolos diré
que se cierra el chiringuito
y a otra cosa. La cosa está
verdaderamente peligrosa.
Pues sí,
desgraciadamente esto es así.
La situación de Jero
y la cancelación de su
gira hacen temer por la continuidad
del proyecto. Esperemos que
estos negros augurios no se
cumplan y podamos seguir disfrutando
de uno de los mejores guitarristas
de rock que ha dado este país.
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