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JERO RAMIRO
“SUEÑOS DE MADUREZ”

La decisión de abandonar Saratoga que tomaron Leo Jiménez y Jerónimo Ramiro produjo reacciones distintas. Lo del vocalista se veía venir. Más tarde o más temprano la Bestia se centraría en Stravaganzza formación con la que se siente más identificado y a gusto a pesar de que Saratoga le ha proporcionado la fama a nivel nacional. La marcha del veterano guitarrista sí que se consideró sorprendente porque el grupo había nacido gracias a su esfuerzo, cariño y dedicación. Desde esa primera maqueta con Toni Domínguez a las voces casi tres lustros habían transcurrido. Sin embargo, el cansancio de Jero era perceptible.

Creíamos que se iba a tomar unas largas vacaciones o, incluso, cabía la posibilidad de que se centrara en su labor de profesor de guitarra pero de la nada y en silencio el madrileño ha gestado un álbum instrumental cocinado en largas tardes de trabajo en su estudio. El disco es el reflejo de las inquietudes artísticas de Jero aunque yo lo veo más cercano a gente como Joe Satriani, es decir de corte hard rock pero con mucha experimentación, que a otros magos de las seis cuerdas más ortodoxos.

Catorce composiciones, ni una sola voz, con una pega importante: el sonido de batería o, mejor dicho, la programación. Considero que desmerece bastante el resultado final y pienso que Ramiro debería haber optado por utilizar músicos de acompañamiento. No obstante, dejemos que sea el propio protagonista el que nos cuenta las razones de esto, el por qué de editar un disco en solitario, “Tenebrarium”, y muchas otras cosas que resultaron de sumo interés. Bienvenidos a un pequeño viaje por la trayectoria de un hombre que fue miembro, además de los ya conocidos Santa, Ñu o Saratoga, de W.C? (la banda de Ramoncín) o Tequila.

CYPT: ¿Qué te motivó a escribir este disco?

JERO RAMIRO: Llega un momento en que decido que Saratoga, tal y como estaba planteado, no me interesaba. Lo dejo pero mi idea era desconectar porque psicológicamente estaba reventado. Estuvo viendo tres días la tele, sin pensar en nada, tragándome todo lo que había. Un día que estaba aburrido empecé a curiosear en el aparato donde grabo y he hecho siempre el trabajo de composición descubrí que había material interesante. No es que me llevara una sorpresa porque yo sabía que estaba pero las empecé a escuchar. Tenía temas enteros, otros que habían quedado fuera de lugar, trozos de canciones. Total, que casi tenía el 80% del disco.

Entonces ha sido casi una labor de recopilación y adaptación.

Exacto. La relajación que te da no tener nada a la vista me proporcionó una libertad que me hizo tirar hacia delante. Por ejemplo “Tie” tiene ya cinco años, no exactamente como está ahora pero casi. Sin embargo, otras composiciones han surgido en el período comprendido entre diciembre de 206 y marzo de 2007. De esas sesiones salieron “Marta”, “Tenebrarium” o “El escarapión”.

Por otra parte, como siempre he hecho baterías para las maquetas de Saratoga como de mis otros grupos, hice lo mismo. Al principio, me planteé cómo iba a hacerlo pero al acostumbrarme a escucharlas me tiré de cabeza a por ellas. El proceso ha tenido tres fases: componer y grabar con el aparato antiguo que uso; después introducir un efecto como si tocara una persona, es decir, que se equivoque o que dé un golpe más fuerte que otro; y, finalmente, esos impulsos se han pasado a sonidos de batería grabados con micrófono aquí en el estudio M-20 de Avispa porque de todo lo que se ha grabado, van dejándose sonidos de bombos, cajas, platos, etc. Evidentemente no hay un batería tocando pero los sonidos son reales y similares.

En el seno de un grupo siempre existen plazos para editar un álbum. ¿Te planteaste alguno para sacar el disco u optaste por tomártelo con calma y hacerlo a tu manera?

Una de las dificultades que me imponía Saratoga era la dedicación, no de tiempo pero sí artística. Tocar todos los fines de semana, grabar un disco al año… Esto me impedía cualquier otra actividad. No era el caso de Leo o Dani que tenían bandas paralelas pero yo tengo otras ocupaciones, una familia, tengo que pagar hipoteca y demás. Por lo tanto, en aquel momento no podía dedicarme a esto pero cuando dejé Saratoga no me impuse un método de trabajos para editar “Tenebrarium” pero sí que me dije que el disco debía estar concluido en una fecha determinada, octubre de 2007. Lo que pasa es que luego me enteré que sacaba Mägo de Oz, Saratoga y algún otro más, por lo que retrasé la salida. No por nada pero las distribuidoras son las mismas, es muy difícil presentar un nuevo producto ante otros ya consolidados y los potenciales compradores cada vez son menos.

Por lo tanto, estás diciendo que por falta de tiempo no salió hace años pero era algo que ya te habías planteado.

Sí. Desde los ochenta, cuando me asenté como guitarrista, ya lo había pensado. Empecé a tocar la guitarra en los setenta, cuando escuché el “Made in Japan” de Deep Purple, lo que pasa es que los principios son duros y te despiertas no sólo a tocar sino a otras muchas cosas y más en la España que se vivía entonces. Por ello maduré en los ochenta que fue la época dorada, al menos para mí. Hay gente que no piensa igual pero será porque probablemente no la haya vivido. Yngwie, Satriani, Steve Vai, la vuelta de Deep Purple y muchísimos más guitarristas como Michael Lee Firkins, Jason Becker, Marty Friedman, Tony MacAlpine, Paul Gilbert,… La eclosión fue enorme, una locura. Como todo, se quedaron los que realmente tienen algo que decir, bueno, para mi gusto, porque habrá mucha gente que siga pensando que los guitarristas somos unos brasas y unos egocéntricos… aunque, seguramente, tengan parte de razón.

En los ochenta ya soñaba con esto pero, probablemente, no estuviera preparado porque entonces sí tenía tiempo. Lo que pasa es que entonces se veía de otra manera. Este disco lo he podido sacar porque en mi pequeño estudio he hecho el 75% del disco porque hay ordenadores y sistemas que lo permiten. Hace veinte años era imposible. Tenías que irte a un estudio carísimo y siempre con una compañía de discos por delante para que te financiara. Además, o eras el guitarrista de un grupo muy conocido o tenías que abandonar la idea. Yo, en esa época, de guitarristas no conozco ninguno que lo hiciera. Alberto Cereijo me regaló uno que él hizo pero ya adentrado en los noventa.

De hecho, te puedo contar que en mi academia he tocado temas que he compuesto en estas dos décadas. Alguno me convenció para que le diera una cinta con ellos. Aunque no quería, eran gente muy allegada y por eso lo hice, aunque ninguno está en “Tenebrarium”. Hoy los escucho y estaban muy influidos por la onda de entonces por lo que, actualmente, no me hubieran valido ya que no tenía muy claro el camino a seguir.

Desde el primer momento, entiendo que lo planteas como un trabajo instrumental.

Nunca me planteé tener un cantante porque tenía material suficiente y pienso que hubiera sido un anzuelo el poner un par de temas cantados para crear cierta expectación. Y, la verdad, no estoy para pedir limosna. Esto lo he hecho porque me ha apetecido, lo he sufragado de mi bolsillo, no sé si me arruinaré, pero lo tenía que hacer tarde o temprano. Además, si pongo dos temas cantados y toco en directo, ¿qué hago? ¿Le llevo al chaval a aburrirse salvo las canciones en que él intervenga?

No parece normal, no. Porque puede que le dejes ahí, en la barra, y cuando salga ya esté borracho.

(risas) Pues lo más seguro, no te creas. Otra cosa es que toques en Madrid y llames a un par de amiguetes. No nos engañemos, esto es España. Si a mí me plantean una gira de ocho meses sin parar, hago locuras pero aquí es en fin de semana, cuando te toque o cuando te dejen. Hay gente que me ha preguntado si yo canto pero no creo que lo haga nunca. Tengo faringe de cristal. Esto es una primera apuesta y de aquí a unos meses, veré si tengo fuerza y consideraré la continuidad o no del proyecto. Mi idea es que sí pero no puedo endeudarme más, tendré que recuperarme un poco.

El cansancio psicológico del que me hablabas, ¿te llevó en algún momento a plantear centrarte exclusivamente en tus cosas, esto es, academia, familia, etc.?

Si lo hubiera dejado ahora, cosa que pensé, difícilmente habría remontado el vuelo dentro de unos años porque no estoy en edad de tomarme tres o cuatro años sabáticos. Para desgracia de mi mujer, que se pensaba que esto iba a ser de otra manera, decidí editar el disco pero sí ha habido épocas en que he estado a punto de tirar la toalla. Puedo componer, grabar o producir, que es lo que conozco, pero ponerme a diseñar un libreto, meterme en photoshop, distribución, promoción y demás, son temas que desconozco. Ha habido gente que me ha ayudado pero sí que me sentí perdido pero, en el fondo, me dije: “Vamos a ver, una vez más”. Es como el tema de “el eterno viajero”, siempre estoy viajando.

Mucha gente dice que el tren hay que cogerlo cuando pasa y si lo pierdes, no vuelve a pasar. Sin embargo, he tenido suerte. Con Ñu tuve cierto éxito. Con Santa, que lo monté yo, también; con Saratoga, ahí están los números. No me puedo quejar. Si no ha llegado la cosa a más es porque no he querido o no he sabido aprovecharlo pero oportunidades he tenido. En este caso, espero que sea parecido aunque, lógicamente, a otro nivel.

¿En qué fuentes de inspiración ha bebido Jerónimo Ramiro para componer “Tenebrarium”?

No hay un patrón. Habría que referirse a casos concretos. Un disco instrumental es más abierto a la hora de poner títulos de canciones.

No está condicionado por una letra pero será más complicado encontrar un nombre adecuado.

Exacto. Por ejemplo, en “El gordo de Minessota”, basada en la película “El buscavidas”, hay una frase que dice Paul Newman: “Mira como se mueve, parece una bailarina de ballet”. Y el tema sigue un tiempo muy saltarín y no sé por qué asociaba el tipo de ritmo al personaje de la película. Por supuesto, “Marta”, dedicada a mi hija, es más alegre. Sin embargo, “Cíclopes” o “Tie” estaban hechas antes de poner ningún título y me lo tuve que imaginar. Un día estaba viendo la tele y echaron un documental del profesor Arturo Reverte Coma, que es un forense de la Universidad de Madrid. Entonces, fui a ver una exposición en los bajos de la Biblioteca Nacional en la que había tarros con fetos de hace doscientos años metidos en formol, de un solo ojo, que me impresionaron. Lo relacioné con mi canción. Pensaba buscar una foto de estos fetos pero estando trabajando en los M20 en un ordenador portátil que hay, tenían una webcam. Te acercabas y tu imagen se estrechaba, tanto que me quedé con un solo ojo y pensé “¡perfecto!” y lo metí en el libreto.

Algunos nombres de canciones parecen tener doble juego o intención como “Borrico de Troya”.

Choca porque la gente está acostumbrada a “Caballo de Troya”. Al ser un tema muy pesado creo que no llegaba al nivel de caballo y por eso lo bauticé como borrico. La alusión a Troya es porque la historia nos habla de unos cuantos que se metieron en un artefacto dentro de una ciudad infranqueable, o sea, un autobús de Madrid que hay miles. Pero como un autobús era obvio me fui a hacer una foto a una locomotora que hay en la Universidad Carlos III y la colocamos, con el photoshop, en la Plaza de Cibeles. ¿Qué pasa? Que la gente se sube a la locomotora como pensando que tiene que ir a currar en lo que sea.

Al hilo de una canción como “Marta”, en la vida de un músico como tú, ¿qué importancia y aguante tiene la familia?

Yo, particularmente, no sería nada. Por ejemplo, he llamado a Nuria, mi mujer, esta mañana y le he dicho: “Oye, que tengo entrevista a las tres y tengo que comer a las dos”. Si no tuviera el apoyo callado de mi gente, sería imposible haber hecho nada. Lo que pasa es que uno, por mucho aguante que tenga, se termina cansando. Lo de Saratoga viene condicionado por ahí. A mí me llega el éxito a los veinte años y todavía tengo otros veinte para tirar de ahí y luego tengo el tiempo necesario para hacer las cosas normales que hace la gente con sus familias. Pero si me llega a los cuarenta y tantos, la cosa cambia porque me tengo que tomar las cosas de otra manera. Yo no puedo dar todo por esto y dentro de diez o quince años, cuando esté a punto de jubilarme, decir: “Bueno, y ahora, ¿a qué me dedico?”. A mí me gusta tocar la guitarra, componer, grabar discos, subirme a un escenario, pero también me gusta quedar con mis amigos e irme a comer a Chinchón un domingo. O ir al cumpleaños de mi cuñada y quedar toda la familia a desparramar en un restaurante. Y no sólo a mí sino a la gente que me rodea. Sería muy egoísta pensar sólo en mí.

Con Saratoga yo proponía descansar un año, grabar un disco fenomenal, salir de gira al siguiente, descansar otro año y así sucesivamente. Llegó un momento en que era un grupo tan especial que necesitaba soluciones especiales. A mí no me valía que me dijeran: “Es que tal o cual grupo tuvo este problema y lo solucionó así. Hagámoslo igual”. No, porque hay muchas diferencias. Leo era veinte años más joven que yo y sus inquietudes no son las mismas que las mías. Él tenía otra forma de ver las cosas pero así las veía yo hace veinte años. Lo siento pero yo no me voy a Sudamérica con un bocadillo. Quería que me dijeran por delante qué iba a pasar no irme a la aventura.

Por lo tanto, en mi caso, la familia es importantísima y la voy a tener en cuenta en todo lo que decida pero te quieren tanto que, al final, en contra de sus deseos, se sacrifican una y otra vez.

Porque además entiendo que no se puede comparar. Yo empecé a escuchar música cuando Santa se separaron pero por lo que he leído o aprendido con los años, es incomparable el éxito que tuvisteis entonces al que gozabais ahora en Saratoga. El de Santa fue mucho más efímero.

El éxito era de revista, tele o radio pero a la hora de tocar, no había galas. Cuatro cosas en los ayuntamientos y punto. Nada que ver con Saratoga. Y fíjate que “Reencarnación” vendió en nada veinte mil copias, algo que actualmente sería casi disco de oro. Entonces era mucho de Canciller, de fiesta y demás, pero comparado con lo que ha sido Saratoga en los últimos tres años, nada que ver. En aquellos años era mucho local de ensayo pero poco más.

Ya que hablamos de bolos, creo que lo tienes bastante cerrado en cuando a músicos.
(N. de R: Esta entrevista se hizo días antes del anuncio de la suspensión de los planes de gira por la poco expectación creada)

Sí, claro. El otro día presentamos el disco el La Boite en Madrid y los músicos serán los mismos: Luisma Hernández al bajo, que viene de Arwen, Chus Maestro a la batería, que viene de Hybrid y Nacho de Carlos, que es alumno mío, estará con las guitarras rítmicas y sintetizadas.

Precisamente te iba a preguntar que si no habría teclados, tendrías que usar determinados efectos en la guitarra.

Todos los teclados que se oyen están grabados con esta guitarra sintetizada. Tenemos unas cuantas fechas previstas y estamos hablando con festivales pero claro, como no hay cantante no sabemos que va a pasar, parece que tienen miedo a contratarte (N. de R: Premonitorias estas declaraciones) pero espero que aunque sea por la novedad algo caiga.

Es que tu propuesta estaría bien en algún festival como el Leyendas del Rock que parece tirar siempre de los mismos…

… más leyenda que yo difícil ¿eh? (N. de R: Lo dice que con ironía y cierta amargura) Lo que pasa es que no depende de mí. Conozco a la mayoría de organizadores y muchos son amigos míos. La oficina de managers está ofreciendo mi proyecto y ya veremos qué ocurre. Yo no puedo hacer más, no voy a ir con una pistola, ellos sabrán. Jorge Salán está haciendo cositas y es una propuesta parecida aunque canta unos cuantos temas.

El álbum dura una hora por lo que en directo meteríais alguna canción más.

Sí, hay una tema de Satriani, “Croad chant”, para que cante la gente y estamos mirando alguna versión de temas míos, de Santa o Saratoga, en plan medley.

Antes hemos comentado tu faceta de profesor. ¿Se aprende mucho de los alumnos?

Bastante.

¿Se atreven a darte consejos cuando alcanzan un cierto grado de confianza?

Me ha sucedido poco pero normalmente el trato es muy ameno y personal, termino siendo amigo de muchos. Se aprende porque la mayoría de cosas que sé las he aprendido machacándolas con la gente. Lo que intento es ver qué es lo que quiere el alumno. No todos tienen las mismas motivaciones. Unos quieren hacer carrera, otros lo tienen como hobby. Has de adaptarte a sus necesidades. Se aprende también a no envejecer y eso es muy reconfortante porque cuando quedo con gente de mi quinta me doy cuenta que soy un privilegiado. Compartiendo con ellos muchas preocupaciones, como puedan ser los hijos, veo que mis contemporáneos piensan en la jubilación o en lo que van a hacer cuando sean más mayores. Yo vivo más al día. El secreto está en coger lo mejor de cada cosa. A mí me encanta tocar en directo pero también ver una buena película en mi casa sentado en el sofá mientras llueve en la calle.

Bueno, pues para terminar voy a hacer las difíciles.

Venga, dispara.

¿Qué sentiste al enterarte de la muerte de tu ex compañera Azucena?

Me dio mucha pena…

No tenías contacto con ella, ¿no?

No. Me dio pena porque era buena persona pero muy ingenua y se dejaba aconsejar por los que tenía alrededor. Yo tuve una lucha muy intensa con Azucena. En realidad, toda la banda aunque yo era un poco el encargado de decirle lo que hacía mal. Podía haber hecho cosas.

Tenía carisma.

Sí, pero el carisma sin talento no te da de comer porque el arte es talento. Pero no pasa nada, tampoco lo tenía para componer Rocía Jurado y mira dónde llegó. Ella podía haber aprovechado el tirón pero no se supo mover. A mí me empezaron a llamar de todos los sitios cuando murió pero hacía veinte años que no sabía nada de ella. No sabía a qué se dedicaba, dónde vivía, si estaba enferma. No sabía nada. Me puedo remitir a lo que pasó entonces. Lo siento mucho, no me lo esperaba y en el disco “Tierra de lobos” hice una referencia a ella. Es todo lo que podía hacer.

Tu relación con José Carlos Molina ha sido de amor/odio como el 99% de sus músicos.

Por supuesto. Tiene una especie de pose porque le viene bien a Ñu. No hemos tenido problemas desde el 92 porque es la última vez que toqué con Ñu. En el 90 grabamos “Dos años de destierro” y en el 91 no podía más. Íbamos a tocar y no había pipas, tenía que montarme el equipo en mi coche, cargarlo y descargarlo, Molina desaparecía, no había local porque era su casa. Era un descontrol. El egocentrismo de “yo lo hago todo, yo decido todo”. Muy bien pero entonces, al menos, paga un local para ensayar y una serie de cosas mínimas, pero nada. Tocamos en Revólver en Galileo y fue un desastre. Me llamó al año siguiente para un bolo en septiembre del 92 pero ya nada más. Sí hablé con él hace unos días porque me entrevistaron en la radio y dieron la sorpresa de sacarle en antena conmigo, y ya sabes, en plan “tú sí que eres bueno”, “no, tú mejor”, eso que se dice. Siempre lo he llevado bien aunque alguna vez nos han tenido que separar porque si no, nos pegábamos. No llegó pero si hubiera sucedido es de las personas que a los dos minutos se olvidan. Quizá yo sea peor para eso, soy más rencoroso. Eso sí, para tomarse copas en los bares no hay otro igual… por lo menos, no lo había, pero también pasa el tiempo.

Dentro de los agradecimientos he visto que incluyes a Andy, batería de Saratoga, pero no al resto de tus ex compañeros. Supongo que tú eliges a tus amigos.

Evidentemente.

Me parece una actitud valiente porque lo fácil hubiera sido incluir a todos.

Me alegre que me preguntes estos porque te has leído hasta los agradecimientos. Primero, no tengo miedo a nadie. Yo me planteé poner en los agradecimientos a aquellas personas que hicieron algo por este proyecto. No quiere decir que otros no se lo merezcan por otras cosas pero a Andy le llegó la noticia de que yo estaba buscando batería y le faltó tiempo para llamarme y localizar al que tengo ahora después de haber probado a muchos. Por eso está en los agradecimientos. Al resto, ni les he llamado ni me han llamado. Ojo, que si lo hubiera hecho seguro habría sido fructífero pero no ha ocurrido así. Andy está por ese motivo. Espero que no le haya causado ningún trastorno en el entorno que se mueve. El otro día en La Boite le dije a mi batería que le llamara para que viniera. Podía haberlo hecho yo pero, por si acaso, y ya que consiguió el trabajo gracias a Andy le comenté que le llamara. Al final no pudo venir porque no estaba en Madrid pero le invité con todo el cariño.

Sí, Andy es un tío muy ocupado porque hace clinics y tiene proyectos paralelos como Wormed aunque estén un poco parados.

Es lo que ocurre. A esa edad te puedes meter en muchas cosas pero cuando una despunta tienes que dejar otras de lado porque le comen terreno.

Es lo que le sucedió a Dani. Yo vi a Eczema tocar con un ordenador cuando Dani les dejó por Saratoga.

Lo que pasa es que a ver quién sustituía Dani que es un animal, una máquina de tocar la batería.

Para concluir, algo muy de moda. Me gustaría que nos dieras tu opinión sobre el famoso canon digital.

Ufffff… vamos a ver. Yo no lo comparto. Imagínate que estás en la cola de la pescadería y va uno y se lleva una merluza. Entonces, el pescadero dice que como se la ha llevado ese se la tenemos que pagar entre todos. No tiene sentido. No se puede hacer pagar a la gente por ser sospechoso. Sé que va en contra de mi bolsillo pero no estoy de acuerdo. Eso sí, a mí me jode que se hable del canon, si está bien o mal, pero nadie dé otra alternativa. ¿Por qué ningún político dice: “Si gano se acaba emule y demás”? ¿Y vamos a perseguir el top manta cuando el problema está en Internet?

Las mantas es el chocolate del loro.

Yo no apoyo ni una cosa ni otra pero me vas a decir a mí que Telefónica o la compañía que sea no tiene los nombres de los que se bajan discos. Lo que pasa es que no interesa. Telefónica dice que la Ley les impide dar nombres y demás. ¡Venga ya! Lo que pasa es que han ganado miles de millones con todos los ADSL que tienen contratados. Porque si no tienes nada que bajarte para qué quieres el ADSL. En pleno siglo XXI, se puede hacer de todo en informática.

Debe ser frustrante tener el disco disponible para todos dos meses antes de su edición.

Tan frustrante que ahora los grupos prefieres que la gente se lo baje porque de esta forma, a lo mejor van a sus conciertos. En la academia, mis chavales tienen una absoluta falta de hábito de comprar discos. La comodidad de levantarse y dar a un botón. Si esto sigue así y, encima, la gente no va a los conciertos y tengo que pagar dinero, a los cuatro bolos diré que se cierra el chiringuito y a otra cosa. La cosa está verdaderamente peligrosa.

Pues sí, desgraciadamente esto es así. La situación de Jero y la cancelación de su gira hacen temer por la continuidad del proyecto. Esperemos que estos negros augurios no se cumplan y podamos seguir disfrutando de uno de los mejores guitarristas de rock que ha dado este país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marco Antonio Romero