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EL ELIXIR DEL ROCK

Los viejos roqueros suelen tener muchas historias que contar. No fue fácil charlar con Marc Storace, cantante de Krokus. La razón es un poco surrealista pero tiene que ver con la gripe y las dificultades de acceso en autobús a una sala como Joy Eslava, sita en una calle hoy peatonal. Con una persona de la compañía española fuera de juego por enfermedad y el tour manager de la gira más pendiente (como es lógico) de ver la forma en que podían transportar el equipo de las bandas, éste que escribe veía complicado realizar las entrevistas concertadas. No obstante, a veces es todo mucho más sencillo que los absurdos aunque necesarios trámites a seguir. Esperando en el pasillo que da acceso a la discoteca desde los camerinos, paré a mi tocayo Marc, le conté la situación y él, con suma amabilidad, me pidió unos minutos para reponer fuerzas. Con el estómago lleno, nos sentamos a departir sobre la trayectoria de esta grandiosa banda que en este último año se encuentra en plena forma gracias al excelente “Hellraiser” y a la actuación que realizaron junto a The Poodles y Hammerfall. Atentos a todas las cosas que este hombre nos contó, incluida la anécdota con el gran ídolo del deporte suizo, Roger Federer.

CYPT: No sé qué tal irán las ventas pero la acogida de “Hellraiser” está siendo espectacular.

MARC STORACE: Creo que la clave son las condiciones en que se ha gestado. Ha sido bastante tiempo el que ha pasado desde “Rock the block” pero también nos ha servido para componer sin estrés. Es genial trabajar con Dennis Ward, un gran productor y mejor personal. Pienso que la banda ha dado lo máximo desde el comienzo de la grabación.

Incluso parece que en directo la respuesta a los nuevos temas es muy buena.

Para nosotros, aunque llevemos más de treinta años editando discos, ésta es la gira europea más importante en la que hemos participado. El público de Hammerfall es normalmente más joven que el que acude a nuestros conciertos pero estamos sorprendidos de cómo se conocen nuestras canciones, tanto las clásicas como las recientes. Además, hemos notado que cuanto más al sur vamos de Europa, el entusiasmo crece.

¿Supone algún problema para Krokus ser invitado especial de una banda con menos recorrido que vosotros?

No, para nada. Hammerfall llevan diez años funcionando, siete de los cuales han sido cabezas de cartel. En este momento, son una banda más conocida o con más ventas que Krokus. Nosotros nos sentimos bien abriendo para ellos y para un público no necesariamente familiarizado con nuestras canciones. La organización de la gira es excelente, así como el ambiente entre las bandas. Incluso, la gente de Hammerfall nos ha comentado es que la mejor gira que han hecho nunca porque con otras formaciones tuvieron algunos desencuentros. Ahora, cuando acaban los conciertos, bebemos un poco y charlamos de música o de lo que sea.

En esta gira tocáis apenas tres cuartos de hora con lo que la cantidad de canciones que se quedan en el tintero es enorme. Incluso, nuevas que os gustaría presentar.

Sin duda. Es imposible lograr el equilibrio y contentar a todos los fans en ese tiempo. Al final de cada show siempre se me acerca gente preguntándome por qué no tocamos este tema o aquel. También es verdad eso que dices, nos encantaría interpretar más temas de “Hellraiser” pero debemos ser conscientes de que en este tour nos va a ver mucha gente que no conoce en profundidad a Krokus por lo que reaccionan ante nuestros mayores hits, que son los más populares. Mi concierto soñado sería una gira en la que hiciéramos dos conciertos en cada ciudad con un repertorio completamente distinto, una especie de noche heavy y otra algo más suave porque tenemos un montón de grandes baladas como “Winning man” que no hemos incluido en vivo desde hace décadas. En estos cuarenta y cinco minutos sólo está “Screamin´ in the night” que es “la balada” por excelencia de Krokus y la nueva, “Angel of my dreams” que es más un medio tiempo melódico.

Hemos hablado de la gira con Hammerfall pero hace poco tocasteis en Malta. Supongo que fue especial para ti. ¿Hay muchos fans del heavy metal allí?

Sí. A la gente le gusta el metal. Existen bastantes bandas de hard rock pero, obviamente, conozco cómo es la situación porque yo mismo comencé mi propio grupo de hard rock en Malta. Con mi segunda banda tocábamos cosas de Deep Purple, Led Zeppelin y Jimmy Hendrix. Desafortunadamente es una situación frustrante porque es complicado salir de allí. Es como vivir en Alcatraz, una isla pequeña, en el mar Mediterráneo, alejada del continente. Es un lugar precioso para vivir pero no para roquear. Sacrifiqué mi hogar para labrarme una carrera emigrando a Suiza pero estoy contento de cómo ha transcurrido mi vida. El concierto en Malta fue emotivo porque había gente de mi familia, amigos de la niñez, resultó una celebración personal.

Es el primer disco de Krokus sin Fernando von Arb. ¿Qué supuso para ti su marcha?

Mucho, porque he trabajado con Fernando desde 1979. Al mismo tiempo, un gran amigo como Mandy Meyer, con quien trabajo en 1981 durante la gira de “Hardware”, ha entrado, por fin, en el grupo. Mandy tiene un gran carisma y es un magnífico guitarra solista. Desde los primeros meses de 2005 en que se unió a Krokus trabajamos en la composición como un equipo. Con Fernando esto no ocurría ya que el método era más individualizado. Desde este punto de visto, he perdido un viejo camarada pero un amigo ha vuelto a la familia. Para la banda en sí misma, es lo mejor que ha podido ocurrir. Fernando decidió dejarlo y fue libre para marcharse. Durante un tiempo intentó bloquear cualquier movimiento de Krokus porque dejó de creer en la banda y no quería que remontáramos el vuelo. Es poco comprensible porque si él fue quién eligió marcharse no entiendo por qué nos tenía que impedir al resto progresar.

Quizá Mandy aporta la frescura que le faltaba a Fernando.

Exacto. Mandy ha vuelto con un espíritu increíble, nos ha trasmitido su entusiasmo para volver a estar en el puesto que tuvimos en los ochenta. En 2005 regresamos a Estados Unidos para hacer nuestra primera gira en diecisiete años. Tocamos en distintos clubes, como algunos House Of Blues, en lugares no muy grandes y en ciudades en las que casi no habíamos estado en los ochenta, principalmente de la costa este del país. Fue muy duro pero también nos sirvió para darnos cuenta de la situación de la banda, si queríamos seguir luchando, si podíamos volver a tener éxito, si la gente se acordaba de Krokus. Hicimos veintidós conciertos en veintinueve días, un maratón.

Muchas bandas señalan que girar por Estados Unidos es infinitamente más cansado u complicado que hacerlo por Europa.

Pero eso es ahora, en los ochenta cuando Krokus éramos grandes allí era mucho más fácil. Nosotros nos pasábamos la mayor parte del tiempo tocando en Estados Unidos porque nuestro manager era de allí y no estaba interesado en traernos a Europa porque decía que los costes eran mayores y la audiencia menor. Otra de las cosas positivas que tuvo el tour de 2005 fue que nos dimos cuenta de las debilidades del grupo. Con Mandy cubrimos el puesto de guitarra solista pero se hizo necesario un cambio de baterista para lograr ser, de nuevo, una formación sólida. De vuelta a casa, conseguimos a Stefan Schwarzmann, otro nombre muy conocido por haber estado con Accept y UDO. En eso momento estaba libre y ha sido un acierto pleno porque además de un gran baterista es una buena persona. Su estilo es perfecto para Krokus porque él viene del heavy metal y tiene que tocar hard rock pero imprime un toque propio, es una estrella. Encima, en “Hellraiser” gracias a Stefan hemos usado otra vez el doble bombo en cortes como “Spirit of the night” que rememoran los días de “Headhunter”.

Pero Stefan es alemán, ¿no?

Sí, y todavía vive allí aunque cerca de la frontera. Tiene que conducir un rato para ensayar pero cuando viene se queda por aquí unos días. Tal vez en el futuro él se mude a Suiza a vivir.

Pues tendrá que rascarse el bolsillo.

Es cierto. No sé si sabes que mucha gente trabaja aquí en Suiza pero vive justo en la frontera pero en la zona alemana, italiana, francesa o austriaca porque los precios son más asequibles.

¿Habéis buscado en “Hellraiser” aunar lo más granado del catálogo de Krokus? Lo digo porque me parece un disco muy variado donde se combinan temas tan distintos como “Too wired too sleep”, “Angel of my dreams” o “Fight on”

Éste es un proceso que comenzó con la pre producción de “Rock the block”. Este disco significó nuestro regreso del mundo de los muertos porque “Round 13” era un disco pésimo. Así se lo hice saber a Fernando cuando le llamé para decirle que si hacía otro disco así de malo, la carrera de Krokus estaba terminada. Allí le apunté la posibilidad de volver a tocar juntos y regresar al verdadero espíritu del grupo. Con “Rock the block” hicimos un álbum que emparentaba con los que sacamos a comienzos de los ochenta, más orientado al boggie hard rock. Pues bien, algunas ideas no las usamos porque eran tabú para Krokus. Posteriormente, todavía con Fernando y Patrick Aeby, comenzamos a trabajar en nuevas canciones. El grupo me pasó un cd con lo que habían escrito para que yo desarrollara las partes vocales y las melodías. Había muchísimos temas pero no me sentía cómodo con la mayoría. Entonces, llegó Mandy y se encendió la llama. Nos juntamos y en una semana compusimos seis canciones de las cuales tres están en “Hellraiser”. Todo este proceso convulso resultó positivo porque tuvimos un amplio espectro de canciones y estilos para elegir, desde material más tradicional a otro un poco más innovador, ideas que no son típicas en Krokus. También hemos vuelto a utilizar la slide guitar, algo que no ocurría desde que Tommy Kiefer falleció. La guinda del pastel la puso Dennis Ward con sus arreglos en el estudio. Cuando Stefan llegó todo estaba terminado y él añadió su destreza con la batería lo que completó la tarta.

En los ochenta, como tú bien has dicho, tuvisteis más seguimiento en Estados Unidos que en Europa. ¿Cómo empezó todo?

Creo que el despegue general de Krokus llegó con “Metal Rendez-vous” pero en Estados Unidos ese álbum no tuvo mucha repercusión. Sin embargo, un A&R de Arista llamado Michael escuchó “Heatstrokes”, el primer tema de ese disco, en una radio de Nueva Cork y rápidamente preguntó al DJ quiénes éramos, si teníamos contrato, etc. Entró en contacto con nosotros, de hecho aún somos amigos, también estaba por ahí el mítico John Kalodner interesado, quería llevarnos a Estados Unidos a tocar. Al final, hicimos nuestra primera aparición por allí en un festival en Chicago. Veníamos de Inglaterra, de Reading, el llamado festival de las latas porque todas las bandas que no les gustaban sufrían una lluvia masiva de latas. Saltamos a escena pensando la que nos iba a caer pero afortunadamente no tiraron nada sino que parecían estar divirtiéndose con nosotros. Ese día nos dimos cuenta de que estábamos en el camino correcto. Volamos a los USA y empezamos de teloneros de Sammy Hagar en San Diego. La siguiente gira éramos ya los invitados especiales del cabeza de cartel; y luego comandábamos nosotros o éramos teloneros, dependiendo del estado y de la capacidad del local.

Días excitantes e intensos aquellos.

Sin duda. En esos años el SIDA no existía o, al menos, no se había propagado. Estados Unidos dominaba el mercado del rock. Había decenas de bandas en las listas de éxitos del país, era increíble. Las cadenas programaban horas y horas de hard rock. Ahora todo ha cambiado y es Europa quien concentra las miradas del género.

No sé si alguna vez te has parado a analizar esto pero en mi opinión muchas bandas americanas de hard rock de segunda generación, es decir, no hablo de Dokken, Ratt o Mötley Crue sino más de la escena de Los Angeles en la segunda mitad de los ochenta reciben influencias de Krokus.

Mmmm… Puede ser, no me he parado a pensarlo pero sí que es posible. Todo hemos crecido escuchando a nuestros favoritos. Por ejemplo, yo me fijaba en Ian Gillan, Robert Plant, Paul Rogers pero también Elvis o The Beatles. Es algo normal, la rueda siempre gira.

Es una pregunta tonta pero siempre que hablo con un grupo suizo lo saco a colación. Vivís en un país pequeño con no demasiadas bandas pero la mayoría de calidad en diferentes géneros del hard and heavy: Krokus, Gotthard, Celtic Frost, Samael… ¿Crees que hay alguna clave para que esto suceda?

No lo sé, generalizar no suele ser acertado pero diría que la clave radica precisamente en que es un país pequeño por lo que las distancias entre las ciudades son cortas. Esto te permite poder tocar con regularidad y, a la vez, cuando una banda toca en Zurich, por ejemplo, puede venir gente de toda Suiza. Gotthard es el perfecto caso de seguimiento en nuestro país porque siempre se han concentrado en tocar para los suizos y ahora son enormes. Krokus siempre hemos buscado más salir y sobrevivir en el mercado internacional. De hecho, cuando yo me uno al grupo en 1979, en el contrato quedó clara la necesidad de esa proyección fuera de las fronteras. Para terminar con la pregunta te diré que contamos con una cultura musical bastante importante, no sólo gracias a grandes festivales como Montreaux sino también a nivel underground.

Antes de terminar, un par de cuestiones rápidas. ¿Cuál es tu disco favorito de Krokus?

Imposible de decidirme. Mira, yo tengo dos hijos y ambos son mis favoritos. Con los discos de Krokus me pasa igual sólo que en vez de dos tengo que escoger entre muchos más. No obstante, cuando me fijo en un álbum trato de hacerlo en las canciones y no en la producción porque tenemos un par de trabajos muy flojos en ese aspecto pero que, sin embargo, poseen grandes temas en su interior. Hablo de “The blitz” y “Change of adress” que suenan muy pop. Krokus es un grupo que demanda guitarras poderosas y una base rítmica contundente, incluso cuando hacemos una balada.

¿Y la canción que te hubiera gustado que nunca hubierais escrito?

En esas no me paro a pensar… por si acaso. La peor letra sí te la puedo decir, “Smelly Nelly”, que, por el contrario, tiene una música excelente con un riff tremendo.

Fuera de Krokus. Para hablar en Suiza, ¿italiano, francés o alemán?

Se te olvida el romance (risas)

¿Hablas romance?

No, no, no. Sólo unas cuantas palabras. El romance es muy parecido al latín. Yo uso el alemán porque siempre he vivido en Basilea, mi mujer tiene como idioma el alemán y llevamos casados desde hace dieciocho años, tenemos dos hijos maravillosos a los que también intento enseñarles inglés porque es el lenguaje internacional.

¿Guillermo Tell o Roger Federer?

¿Sabes una cosa? Roger Federer es mi vecino. Es una suerte que viva en la misma calle así me puede ayudar en mi liquidación impositiva cuando en la región intentan aumentar los tributos. Guillermo Tell es una leyenda, la historia es fantástico porque me recuerda a nuestra canción “Eat the rich” o a “Fight on” del último disco.

La última, la más difícil. ¿Suiza o Malta?

Ambas tienen cosas que ofrecer. Y no me refiero sólo al tópico de Malta en invierno y Suiza en verano. Casi te diría que al revés. Me encanta ver cómo quedan blancas las casas y las calles en los días de nieve en Suiza. Por el contrario, el invierno en Malta es muy corto pero los días que hace frío te hielas porque las casas no tienen sistemas de calefacción preparados ya que cuestan mucho dinero y los utilizas muy poco. En definitiva me quedo con las dos.

Y nosotros nos quedamos con Krokus, un maravilloso grupo al que algún día se le hará justicia en España.