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“INSTINTO ANIMAL”

¡Quién me lo iba a decir que llegaríamos a esta situación! No me voy a llamar sabio por rectificar porque mentiría. No me he vuelto un fan furibundo de Lujuria, es verdad. Sin embargo, he aprendido a lo largo de este tiempo a mirar más allá y quedarme con el lado positivo de la formación segoviana. Esta metamorfosis parcial comenzó con el directo “Únete al escuadrón”. Hasta entonces, no pasaba de la parte divertida de “Cuentos para mayores”. Con “…Y la yesca arderá”, su penúltima obra, reconozco que me sorprendí aunque, en mi opinión, se alejaba del concepto que tenía del grupo. Ahora nos llega “Licantrofilia” (Maldito Records).

Independientemente de lo que leeréis en los párrafos siguientes en la entrevista con Óscar Sancho, antes afirmaré que el disco me ha gustado. Posee momentos realmente brillantes como el cambio de ritmo en el tema título, la excelente “Viejo rockero” o el final con una canción como “Goliardos”, muy elaborada. También me ha llamado la atención que hayan elegido a los injustamente olvidados Shalom para ofrecernos la versión de turno. Sin ser “Qué es mejor” mi preferida de los gaditanos, me ha arrancado una sonrisa y, por qué no, el convencimiento de que nos hace mayores.

No quiero enrollarme demasiado porque la charla con Óscar es extensa y trata muy diferentes aspectos de “Licantrofilia”. Reconozco que tenía mucho interés en entrevista al vocalista de Lujuria porque es un personaje mediático dentro del heavy metal patrio. Amado por unos y odiado por otros, considero que habría que ceñirse exclusivamente a sus cualidades como cantante. Efectivamente, sus cuerdas vocales no son un prodigio pero sí poseen una cualidad esencial: su tono es reconocible. Esto es lo que nos contó sobre la actualidad del grupo y un montón de aspectos relacionados con la música que tanto amamos.

CYPT: ¿Cómo valoras, desde la perspectiva del tiempo, “… Y la yesca arderá”? ¿Cumplió las expectativas que teníais como banda?

OSCAR SANCHO: Como banda totalmente. Creemos que es una obra maestra. Ya sé que queda pretencioso, y más que lo diga yo pero es así. Pienso que la gente aún no lo ha entendido. Es de esos discos que dentro de unos años la gente valorará en su justa medida. De hecho, algunos ya me dicen: “¿Sabes que me está empezando a molar?”. Es un momento cumbre a nivel de originalidad compositiva, madurez musical,… A más no vamos a ir, por eso hemos decidido tirar por otro camino.

Después de ese álbum llegaron dos cambios. Antes de hablar de las nuevas incorporaciones, ¿cómo afectó en el seno del grupo la marcha de Lillith y El Oso? Bueno, Fernando también estuvo tocando la batería con vosotros.

En realidad quien se ha ido de la banda es Fernando. El Oso es un tío que, a la vez que hacía Lujuria, estaba con su carrera musical. Siempre digo que él es un enamorado de la música en general, cosa que mucha gente no entiende. Le gustaba mucho cantar. Está haciendo su carrera, cada vez va teniendo más progresión y llega un momento en que ya no puede tocar con Lujuria porque tiene que cantar en el Teatro Real. Buscamos un sustituto, Fernando, que está durante mucho tiempo con nosotros, que no quiero que la gente lo olvide porque ha aportado un montón, tanto a nivel musical como personal.

Por lo tanto, El Oso es rápidamente sustituido por Fernando y no nos crea muchos problemas. Por otra parte, Lillith es la mujer de El Oso. Sé que mucha gente no lo sabe porque no nos gusta mezclar cosas personales. Sucede que El Oso viaja casi todas las semanas por un lado y ella con Lujuria, por otro. A principios de verano nos plantea que si viaja, le gustaría que fuera acompañando a su marido. Nos pareció bien. Además, lo hace de forma elegante. Nos avisa con tiempo para que busquemos sustituto y se compromete a que, si no aparece, seguirá tocando hasta que consigamos cubrir su plaza. Lo que no va a hacer es involucrarse en componer disco nuevo porque si compone canciones, seguro que las iba a querer tocar.

Un poco más repentina es la de Fernando. No tenía pensado irse, porque le encanta esto, pero es padre. Su mujer trabaja cuidando personas mayores y, de repente, la cambian el turno y tiene que trabajar de noche. Nosotros ensayamos de nueve a doce de la noche. Como acaba de ser padre y la mujer no está, el marido tiene que cuidar a la niña. Aguantó como dos semanas la situación pidiendo favores a sus hermanos pero se dio cuenta que no podía seguir así. Fue muy rápida pero tampoco tardamos demasiado en encontrar sustituto. Creo que ahora mismo es la formación más estable, unida y compenetrada que ha tenido Lujuria.

Sinceramente, creo que tanto Maikel como Ricardo tiene una aportación importante en el disco aunque supongo que no se habrán involucrado en el proceso compositivo.

Maikel mucho porque es un fenómeno extraño. Es un tío al que le gusta la batería desde hace muchos años y se gasta todo su dinero en mejorar su equipo. Tiene una batería en un local aparte al nuestro donde él ensaya un montón de horas buscando la perfección con su instrumento. Él nunca estaba en ningún grupo porque tiene otra manera de concebir cómo tiene que ser un músico. Hasta que no se sintiera preparado, no quería pertenecer a una banda pero ese momento no llegaba. Tuvimos que entrar en su local y casi sacarle a rastras porque toca la batería mejor que la mayoría, desde hace muchos años. Aporta a la Lujuria gran cantidad de cosas. Es casi el director del grupo porque marca el ritmo. Hay gente que nos comenta que el disco suena muy ochentero pero siempre respondo que se fijen en el ritmo porque es muy variado.

Eso te iba a decir, la base rítmica es la parte más moderna de “Licantrofilia”.

Exacto. Y estamos contentos porque para repetir lo que ya se hizo, ya hay otros que lo hacen mejor. Ricardo tiene una concepción distinta de la que tenía Nuria, Lillith. Nuria era muy clásica. Escuchaba más música clásica que rock. Sin embargo, Ricardo es muy roquero. Tiene la formación clásica que todo teclista necesita pero lo adapta al rock. Creo que los teclados es el único instrumento de este género que realmente necesita un aprendizaje de escuela. Te sorprendería saber la cantidad de guitarristas que en su vida han tomado una lección. Incluso, algunos de los más grandes del mundo. En los teclados, esto no puede suceder. Ricardo le ha cambiado el aire a Lujuria en ese aspecto.

¿Por qué “Licantrofilia”?

Es algo que queríamos expresar para demostrar cómo Lujuria lleva peleando por la libertad desde sus inicios, diciendo a la gente que hay que luchar. Lo que es pasa es que en estos quince años hemos observado que contra los que peleamos han desarrollado inteligencia, cosa que parecía imposible. Creo que hasta Aznar sabe idiomas. Ya no se puede pelear de forma salvaje sino inteligente. Por eso no es licantropía, no queremos ser hombres lobo. Es “Licantrofilia”, amor a esa manera de pelear pero conservando la inteligencia y con más fiereza.

Aunque confieso no ser el mayor fan de Lujuria, sí he seguido atentamente vuestra trayectoria. Me gustaría desgranar el por qué me ha gustado este disco. En primer lugar, el sonido. Creo sinceramente que es la grabación más lograda de vuestra historia.

Nosotros estamos seguros. Es el disco que mejor suena. La culpa la tienen los estudios Cube y el productor Alberto Seara. También el tiempo es clave. Imagínate que tienes un Ferrari pero la gasolina te llega para media hora. Seguro que te quedas a mitad de camino. Además, jamás hemos disfrutado de una masterización tan profesional y es vital que los grupos mastericen. Nosotros lo hemos hecho en Argentina, en La Nave de Oseberg. Lo ha hecho Martín Toledo, técnico habitual de Rata Blanca, y se nota su trabajo.

Considero también que es un disco bastante equilibrado entre temas sencillos y directos como “Cuerpo de mujer” o “Arañando el cielo”, y otros más elaborados tipo “Goliardos” o “Licantrofilia”. En ese sentido, la variedad parece asegurada.

Como antes te contaba, cuando El Oso estaba en Lujuria, cada vez adquiere más conocimientos musicales y de manera natural, asume la composición, hasta llegar al punto de que el 90% de los últimos trabajos eran de El Oso. Esto implica que solo hay una cabeza componiendo, no hay aportaciones. Cuando El Oso deja grupo, es Julito el que asume esta dirección. La diferencia es que Julito es más receptivo a las ideas de los demás. Quizá lo que sabía El Oso le limitaba a la hora de escuchar al resto.

En la tarea compositiva es tan difícil el poner como el quitar, ser conscientes de cuándo sobra algo. Si ya has dicho lo que querías decir, no hace falta que le des tres vueltas más. La mejor manera de componer es en grupo.

Quizá esa aportación principal de Julito hace que el trabajo de guitarras sea tan bueno.

Ya no es solo composición. Es algo que reclamaba Julito desde hace tiempo. El instrumento principal de la música es el piano pero en el metal no ocurre así. Aquí es la guitarra la que debe marcar el camino. Debe ser cuidado de manera clara. A veces los grupos cometemos errores más por falta de dinero que por inexperiencia. No hay dinero para quince días y tienes que grabar en diez. Si pierdes dos en buscar un sonido, te quede ocho. ¿Qué haces? No pierdes tiempo, llegas y grabar. Te dicen: “Oye, que aquí mejor quitar la distorsión y que suene limpio”. Lo que tú digas. Yo quiero grabar con distorsión, ¿qué ocurre? Que se tarda más.

Ahora, como teníamos más tiempo, nos sentamos y Julito comentó que no debíamos grabar nada en un par de días. De esta forma, encontraríamos lo que buscábamos y cuando nos montemos en esa moto, todo irá más rápido. Al final, hemos grabado con distorsión, que casi nunca habíamos hecho, sacamos los amplis fuera de la pecera porque no nos gustaba el sonido tan apagado que te da encerrar el sonido en una pecera, probamos una técnica nueva. El Chepas es técnico de sonido y estudia lo que hacen otros, lo bueno y lo malo. Había visto cómo algunos grupos colocaban hasta tres cabezas en cascada a un solo amplificador. De esta manera mezclaba, por ejemplo, un 5150 Peavey, que es el que lleva, con un Marshall de válvulas. De esta forma conseguimos el metal que te ofrece el Marshall con el 5150, que es la mejor cabeza que hay de heavy. Ya no se fabrica y hay muchos músicos pagando un montón de dinero por un 5150 de segunda mano. Todo eso se nota en la guitarra. Ese día y medio que perdimos, luego lo ganamos con creces.

¿Por qué elegisteis “Cae la máscara” como single? ¿Quizá por la temática? Porque a nivel musical, es la canción más alejada de los Lujuria tradicionales.

Pues más bien por esto último, por lo distinta que era. Queríamos explicar era que rompíamos con el disco conceptual. Aunque ya lo habíamos advertido que “…Y la yesca arderá” era un paréntesis, muchos no lo creyeron. Curiosamente, no es el tema que más nos gusta a ninguno. A mí es “Viejo rockero” y a la mayoría del grupo “Tigresa blanca”. Por una vez hicimos caso al manager que nos aconsejó que fuera “Cae la máscara” y finalmente, grabamos el video de ese tema.

Imagino que la gente te preguntará por el parecido del riff de “Las tablas de Moi-Sex” a Whitesnake, dada tu condición de fanático de Coverdale.

De las dos cosas, Whitesnake y Coverdale. De todo lo que haga. Mañana Coverdale graba un disco de villancicos y me lo compro. Me parece que es dios sobre la tierra. Le comenté a Julito: “Oye, tío, me gustaría hacer un tema que sonara a Whitesnake. Déjame por una vez sentirme Coverdale”. Julito es una persona muy callada y no suele responder a muchas cosas. Y así pasó. Yo pensé: “Este hijoputa no me ha hecho ni caso”. Ensayamos en el pueblo dónde él vive y me enteré después que llegaba dos horas antes para escucharse toda la discografía de Whitesnake para componer un tema que sonara totalmente a ellos pero que no fuera plagio de ninguna canción concreta. Tuvo mucho cuidado en mantener los riffs típicos de Whitesnake pero sin que se pudiera asociar a uno en particular.

Pasaron dos meses y un día entro en el local, y Julito me dice: “Mira a ver si tienes letra para esto”. Se pone a tocar el riff y me quedé alucinado. Fue una especie de regalo por es de las pocas veces que Julito llegó con el tema terminado.

Y un par de curiosidades: de fanático de Whitesnake a casi integrista Whitesnake. ¿Los clásicos o los del “1987” y “Slip of the tongue”?

Los clásicos. Pero tampoco reniego. Esa pregunta te la habrán hecho a ti mil veces como fanático de Whitesnake. Y es que a mí hasta me molesta elegir entre papá y mamá. Los quiero a los dos. A mí lo que más me flipa de Whitesnake es la pareja Micky Moody y Bernie Marsden. He tenido la suerte de verles en el décimo aniversario de Donington con un concierto requeteespecial donde cierran Whitesnake. Ese día pensé: “Si me muero, me la suda”.

¿Y “Good to be bad”?

¿Sabes lo que pasa? Llega un momento en que un grupo ha dado tanto que no puedes exigirle obras maestras. Hay gente que piensa que a una banda hay que exigirles en función de su calidad pero no estoy de acuerdo. Pienso que a lo largo de su carrera un grupo tiene dos obras maestras y lo que le pido es que el resto mantenga su calidad. “Good to be bad” la tiene, no así tanto los últimos directos.

Eso te iba a preguntar. Creo que la decadencia progresiva desde 2004 hasta ahora es evidente y triste.

Yo no lo he querido ver cuando vino a Madrid. Estuve en el Sweden Rock y me fui a primera fila. Me sorprendo cuando en el quinto tema veo que no me estoy entregando tanto como pensaba. ¿Por qué es? ¿Por qué es? Y era porque tampoco me estaban dando tanto.

Volviendo al disco, “Viejo rockero” me encanta por esas dos partes diferencias. La primera en plan balada, en rollo nostálgico y melancólico, y, después, acelerando el ritmo.

Admiro mucho a esta gente porque mantiene la esencia de lo que ha sido este movimiento y, lamentablemente, ya no es. Ojalá vuelva a serlo. A mí me emociona verles ahí, con los Judas, con los Motorhead, apoyando el movimiento. Obsérvalo, son los primeros que se acercan a comprar el disco al merchadising. Tienen ese concepto de grupo nuevo que hay, viejo roquero que está viéndolo, se lleva la camiseta, el cd o lo que sea. Les saluda, les apoya y les anima.

Además, hay otro aspecto: reivindicar la palabra viejo. Yosi de Los Suaves fue el primero que me lo dijo. El rock es un movimiento juvenil pero muchos de los que estamos en él vamos creciendo. No hay que tener miedo a eso, tenemos que seguir. “¿Qué haces escuchando esa música si no tienes edad?” Es la frase que nos dicen nuestras madres a partir de un determinado momento de nuestra vida. Esto no tiene edad. Yo he visto la luz.

Hay una cosa dentro de este tipo de canciones que nunca he llevado bien. Es la asociación entre “heavy de verdad” y muñequeras, pelo largo, etc. Como separando entre los de “pintas” y los otros.

Es algo que lo vengo diciendo muchos. Se puede escuchar heavy, se puede vestir como heavy y se puede ser heavy. Y no solo para escuchar heavy se tiene que vestir uno así y hartarse a escuchar heavy metal. Ser heavy representa apostar por una manera de vida, por una manera de ser, por un estilo de música… pero, joder, tampoco hay que ser tan cerrados. No solo ser tolerante con los que no llevan pintas sino también con otros estilos musicales que pueden sorprenderte por su calidad. Si yo te contara algunas cosas que escucho…Un santo y seña que siempre hemos vivido es que no nos marginen, que no nos miren mal. Lo que no podemos hacer es devolver la moneda a los otros. Tú no puedes ser lo que criticas. Es su día las pintas reivindicaban el estilo; ahora no tiene por qué.

Me ha alegrado que hayáis escogido versionear un tema de Shalom. ¿Por qué ellos y por qué “Qué es mejor”?

Es la favorita de Julio. Nace porque yo, como responsable de las letras, elegía las versiones. En este tipo de catarsis que hemos hecho, Julito me ha reflexionar en muchas cosas. Un día me comentó: “Óscar, ¿te has dado cuenta que nunca nos han preguntado qué grupo queremos homenajear?”. Me sentí fatal porque como siempre he defendido la libertad, tenía razón. Le dije que eligiera la que le apeteciera y rápidamente contestó: Shalom, “Qué es mejor”.

Tengo vagos recuerdos y quizá esté equivocado pero ¿no crees que fueron los propios heavies quienes dieron la espalda a Shalom, a pesar de su calidad, por ser muy “moñas”?

Yo he visto la Canciller llena hasta los topes para ver a Shalom, Tokio y Hamlet, pero no los Hamlet que ahora conocemos sino en el primer mini cuando iban de Skid Row por la vida. Por cierto, no sé si sabes que Tokio se reúnen y van a contar a la batería con Luis Santurde de Sangre Azul. Me han dicho que no lo comentara pero se me ha escapado. A día de hoy no es 100% seguro lo de Luis pero casi. Volviendo al tema, aquel día se llenó por lo que no fue culpa de la gente.

El problema es que asistíamos a la decadencia de ese estilo propiciada por otro estilo que fagocitó el heavy: me refiero al rock urbano. Ese es el motivo por el que esta noche no voy a ir a Las Ventas (nota de R: Ese día tocaban Rosendo y Barricada en la madrileña plaza de toros). Siempre he defendido la convivencia de estilos pero no que uno fagocite a otro. En los ochenta éramos heavies, aparece el AOR y conviven de tal manera que un día podías llevar una camiseta de Bon Jovi y al día siguiente la de Manowar y nadie te criticaba. Después aparece el thrash y sigue igual la cosa: añades a tu colección una camiseta de Testament y tan contento. Cuando llegó esto del rock urbano y se acabó. El heavy empieza a fraccionarse y ya uno es black, otro death, otro nu metal,… ¡la hemos cagado! El rock urbano se llevó por delante a Shalom, a Júpiter,… Es la época en que flaquean incluso los más grandes, hasta Barón Rojo. En mi opinión, desaparecen. Lo que hay ahora es otro Barón Rojo, respetable, pero otra cosa. Aparece el “Otra vez en la ruta” de Obús que pasa desapercibido y conlleva la separación de la banda, etc. Shalom tuvieron la mala suerte de ser un gran grupo en los peores años del movimiento.

Sueles reivindicar con asiduidad la vigencia del metal español y en castellano pero ¿no crees que en ese estilo cualquier tiempo pasado (los ochenta) fue mejor? Ahora hay bandas excelentes como Centinela o los tristemente desaparecidos Alabarda pero pienso que donde más despuntamos es en el metal extremo en sus diversas vertientes. Ahí sí estamos a la altura del resto.

Vamos a ver, lo que creo es que el heavy ha pasado por épocas muy claras. Los ochenta, que son los años gloriosos; y los noventa que se reinventa el género. También atravesamos el grunge, que se carga hasta los grandes tótem americanos que parecían inamovibles como Mötley Crue, Guns N´ Roses, etc. Hay que recuperar. ¿Por dónde? Por el virtuosismo porque siempre se había achacado al heavy que detrás de las pintas no había nada. Aparecen Stratotavarius, con un guitarrista alucinante y un cantante descomunal. Cada vez nos centramos en conseguir más virtuosismo y olvidamos la esencia. Actualmente, nos hemos saturado de eso y estamos redescubriendo la esencia. Tengo confianza en que va a volver. Tenía mucha fe en Alabarda, igual que tú, y lamento profundamente su separación. Están Piel De Serpiente, de Valencia, que tienen mucho que decir.

Otra cuestión que preguntan casi siempre es el tema de las letras y sus dos lecturas: la desenfada y el significado más profundo. Tú que eres profesor, ¿crees que un chaval joven está preparado para entender tus textos en todo su significado?

Ese es el tópico pero yo que me dedico a la enseñanza te puedo decir que hay chavales con siete años que entienden perfectamente ese tipo de mensajes. Y también hay gente con cuarenta años que no se enteran ni se enterarán. Por eso, siempre defiende el derecho de los menores de edad a entrar a los conciertos. Cuando se habla de menor de edad, no es así, es menor de edad legal porque hay una ley que ha decidido que hasta los dieciocho años no cumples la mayoría de edad. ¿Por qué la iglesia católica te deja hacer la comunión con siete años, que supone asumir un compromiso con Cristo? Y esto lo dice la iglesia que es el estamento más conservador. Si con siete años puedo decidir el futuro de mi alma, déjame que también decida sobre qué hacer con mi cuerpo.

Los que dicen que voy a pervertir a un chaval de catorce años no tienen ni idea. Ese chaval tiene libre acceso a la televisión, a Internet o lo que sea, ¿y me van a decir que les pervierto por una canción? ¡Venga coño! Hay países que te permiten conducir con menos de dieciocho años. Si eres maduro para eso, también lo serás para otras cosas. Alguien ha decidido que sean dieciocho pero es algo aleatorio.

Yo lo que sí que digo, y soy consciente por ser profesor, es que en algún momento, no sé a qué edad, hay un mensaje que no va a llegar, pero ese niño tiene un padre y una madre que son los únicos responsables, no solo de mis discos y mis letras, sino de toda la educación de su hijo. El frontal de un quiosco, que a nadie le preocupa, tiene mucho más peligro que las letras de Lujuria. No me hagáis a mí responsable. Quién te dice a ti que yo no quiero que lo oiga un chaval de catorce años para que le plantee a sus padres unas preguntas que no han tenido huevos de explicarle y por eso tenemos a adolescentes de quince años embarazadas porque se creen que el anticonceptivo hay que tragárselo. Yo tengo una alumna que lo hizo. Se tragó un condón, me llamó y me preguntó si había posibilidades de quedarse embarazada. Imagínate. Le respondí que si tenía suerte, pues a lo mejor no.

Habéis mostrado, junto a la parte divertida, otra más comprometida. “Espinas en el corazón” fue el máximo exponente. Aunque no llegara a alcanzar el objetivo deseado supongo que lo principal es sentiros orgullosos de, al menos, haberlo intentado.

Es un tema que se ha hablado mucho y parece que guardo rencor, pero ya lo tengo olvidado. Me doy por satisfecho porque hay un proverbio chino que dice que para andar diez mil kilómetros primero hay que dar el primer paso. Si en vez de llegar al final en dos años lo hacemos en veinte, mala suerte pero hemos empezado a andar. Y no solo Lujuria, el movimiento heavy. Hay doscientos y pico grupos que tengo recopilados que han hecho un tema sobre la violencia de género. Evidentemente, no voy a tener la osadía de decir que les inspiré yo a todos. Hay muchos que lo hicieron antes que yo pero es un asunto que se ha puesto sobre la mesa y antes no estaba. Hay que seguir.

No se puede negar que la personalidad de Óscar Sancho ha empujado a que Lujuria sean conocidos. En un plano musical, tu voz no deja indiferente a nadie. ¿Eres consciente de que suscitas esas opiniones encontradas?

Sí, por supuesto. Les pasa a todos. Ahora mismo tú puedes decir. Objetivamente, quién crees que es el mejor cantante de España. Te respondo rápidamente: Leo Jiménez. Para mí, la mejor voz. Leo también suscita eso. No me preocupa, es mi voz. Para bien y para mal. Lo único que me preocupa es que no desafine porque eso no es cantar. Si utilizo la técnica suficiente para no desafinar, lo demás estará bien. Tengo la voz rota; otros la tienen aguda. Alguno, como Dee Snider o Bon Scot, poseían ambos registros y les admiro por ello. Ahora, que me puedan criticar, será por desafinar. Lo tengo asumido.

Y también tengo asumido que el hecho de moverme tanto me hace ser un personaje muy mediático y eso despierta envidias. Hay gente que te critica por lo que sea y como está de moda la voz porque no encuentran otra cosa, pues ahí van. No son conscientes y lo están haciendo, por hacer daño. No me importa porque mi padre me dijo hace mucho tiempo que la envidia es la admiración del miserable. Una de las poquitas cosas buenas que tienen los foros de Internet es que nos descubren como somos todos. Y dentro del metal, que nos creemos los más auténticos, también hay miserables. Antes estaban pero no se les veía.

Para concluir, como investigador del metal de habla hispana. ¿Cuál es tu escena preferida?

La argentina, sin dudarlo. Argentina tiene mucho que enseñarnos a nivel de escena, de cariño, de trato a los grupos, de apoyo a lo nacional, de ver cómo progresan… Los grandes músicos, fuera del metal incluso, por ejemplo Madonna, cuando graban sus discos se traen músicos argentinos. Al principio era un chollo porque además de ser los mejores, eran baratos. Ahora han espabilado.

Y por curiosidad, ¿los argentinos Horcas o el venezolano Gillman?

Horcas, sin duda.

(muestro extrañeza)

¿Pensabas Gillman? Pues te has equivocado. No debería de hacerlo pero me influye el entorno y lo último que está haciendo Paul Gillman como persona me tira un poco atrás. Sin embargo, Horcas siempre han sido auténticos. A Gillman le admiro pero me ha fallado en ese plano personal y con determinadas actitudes.

Hasta aquí una interesante entrevista que, creo, ha merecido la pena, tanto como “Licantrofilia”, un notable trabajo de un conjunto de luchadores con tres lustros de historia.