Principal / Planeta Sonoro / Entrevistas / Shark Island
“LA FE RECUPERADA”

UN BREVE APUNTE BIOGRÁFICO

¡Mira que resulta difícil hablar a la gente de una banda que a ti te resulta familiar pero que, sin embargo, hoy día son unos grandes desconocidos!. Lo que para el seguidor de la trayectoria de un grupo es algo normal, a otros les puede sonar a chino. Porque, evidentemente, no estamos hablando de Iron Maiden, AC/DC o, más cercano a lo que nos ocupa, Mötley Crue o Ratt. Lo primero que podemos hacer es ubicarnos.

Los Angeles, años 80, Sunset Strip, glam rock, Gazarri´s, hard and heavy, Whiskey A Go-Go, hair bands,… Cientos de formaciones inundan las calles con sus papeles auto anunciándose como “the next big thing”. La ciudad se ha convertido en la tierra prometida de toda una generación de roqueros. Glamour, sexo y drogas conviven con apartamentos mugrientos en los que cohabitan decenas de aspirantes a estrellas. Los diferentes conjuntos se afanan en los locales de ensayo para llamar la atención de algún cazatalentos de club que les consiga una actuación, requisito imprescindible para que se fije en ti el A&R de turno de un sello gordo. Una gloria, efímera para muchos, inalcanzable para la mayoría y duradera para muy pocos. Uno de esos combos se llama Shark Island.

Formados como The Sharks en 1979, el dúo principal, el maravilloso vocalista Richard Black, y el guitarrista de origen alemán Spencer Sercombe, pronto empieza a moverse en la escena local. Reclutan a tres miembros más y se dedican a tocar en garitos del área de la cosmopolita urbe californiana. Quizá en un intento de alcanzar un éxito rápido, ellos mismos graban y editan su debut como Sharks, “Altar ego”, hoy en día imposible de localizar. En 1985 dan un paso adelante, cambian de nombre, ya empiezan a denominarse Shark Island, y de componentes, llegando a formar parte de la banda el guitarrista Michael Guy que, posteriormente, tocaría con House Of Lords, entre otros.

Ya se han consolidado en las salas más apetecibles de Los Angeles alcanzando el status de estrellas locales al descargar todos los fines de semana en el prestigioso Gazarri´s. Sin embargo, las discográficas no llaman a su puerta por lo que vuelven a arriesgarse innecesariamente y proceden a editarse de forma casera e independiente otro álbum, esta vez llamado “S´cool bus” (1986) que se pierde en la memoria casi tan rápido como se registra siendo veinte años después una especie de incunable.

A pesar de que, desgraciadamente, no poseo ninguno de ellos, sí que he oído alguna que otra canción de este último que no está nada mal como “Deja Vu” o la balada “Read my lips”. Con todo, lo mejor estaba por venir. Aparecen en esta historia Christian Heilmann y Greg Ellis, bajo y batería. Después de años de trabajo y cuando todo parecía perdido, las multinacionales, ávidas de unos nuevos Mötley Crue, Poison o Guns ´N´ Roses, llaman a su local de ensayo. En principio, lo hacen en forma de aportaciones a bandas sonoras, en concreto para “Bill and Ted´s excellent adventure” (“El viaje alucinante de Bill y Ted”) con dos impresionantes temas, “Dangerous” y la antológica “Father time”. Nada más editarse, y una vez que ya habían firmado por CBS, sale a la luz su debut, “Law of the order”, una obra maestra de la época que pasó bastante desapercibida pero que contenía temas del calibre de “Bad for each other”, “Shake for me” o la mítica (para mí, obviamente) “Paris Burning” con un videoclip genial, casi místico. Parece que la carrera es prometedora, son una banda con experiencia y en directo, según cuentan, eran máquinas pero un par de decisiones erróneas y las ya habituales circunstancias cambiantes del mercado, tiran todo por la borda.

En vez concentrarse en lo suyo, tanto Richard Black como Spencer Sercombe se juntan con Michael Schenker en ese marrado supergrupo llamado Contraband (Richard como vocalista de la formación, Spencer como guitarrista invitado) y el futuro se escribe con renglones torcidos. Incluso, por si alguno lo recuerda, Spencer estuvo en España acompañando a Schenker y Robin McAuley durante una gira promocional del cd “MSG” en la que hicieron un concierto acústico al que se accedía por invitación en la extinta sala Canciller. Tuve la fortuna de asistir al evento siendo un chavalito y recuerdo que lo único que quería era hablar con Sercombe pero nada más concluir estaba mi padre esperándome en la puerta para llevar a casa y no me podía demorar porque era un día de diario. Shark Island pasó a segundo plano y se fue diluyendo como un azucarillo a pesar de que seguían grabando temas en el estudio de los que sólo se editó en aquella época “My city”, una notable composición recogida en la fantástica banda sonora de “Point break” (aquí en España conocida como “Le llaman Bodhi” con Patrick Swayze y Keanu Reaves). Desde entonces, ni rastro no sólo de Shark Island sino de todos sus componentes. Se sabe que Richard Black intentó hacer algo, Black 13 y Bourgeois Pigs (con Jake E. Lee); Spencer tocó un tiempo con Riverdogs (donde estuvo Vivian Cambell en sus meses entre Whitesnake y Def Leppard) y grabó con Bill Ward el disco “When the bough breaks” antes de marcharse a Alemania; Greg formó parte de la banda de Michael Monroe en un período efímero y Chris emigró al Reino Unido.

LAW OF THE ORDER (1990)

Pienso que este único disco “conocido” del grupo (por eso antes lo traté como su debut ya que, a todos los efectos, así se considera) merece un trato especial. Según palabras de Richard Black la producción desmerece un poco la valoración general del álbum pero yo no estoy de acuerdo, más bien diría que aunque la labor detrás de los controles no es perfecta, “Law of the order” es tan grande que está por encima de estos matices. La diferencia principal de nuestro protagonista con respecto a otros trabajos de aquellas escena radica en la elegancia. Shark Island es una infinitamente más refinada en 1990 que sus contemporáneos. Tal vez ellos vivieron sus años salvajes en la década en que se pateaban los clubes y, por lo tanto, no quedó reflejado en estudio. Sinceramente, no lo puedo poner a la altura de un “Shout at the devil” o un “Appetite for destruction” pero es que son incomparables. “Shout at the devil” es prácticamente Mötley Crue en estado heavy y Guns ´N´ Roses eran infinitamente más callejero y sucios (no os perdáis al final de la entrevista lo que comenta Richard sobre Axl).

Éste sería un breve repaso de cada composición:

Paris Burning: ¡Una de mis canciones favoritas de todos los tiempos! El himno definitivo de Shark Island a la altura de los mejores temas de aquellos maravillosos años en Los Angeles. Indescriptible la mezcla de oscuridad (hablamos de un grupo de hard rock, no busquéis algo parecido a My Dying Bride), ritmo in crescendo y estribillo memorable.

Shake for me: Justo lo contrario a “Paris calling”. Sencilla, fácil y comercial. Aunque, a priori, no tiene nada, nunca logras quitártela de la cabeza cuando la escuchas por primera vez.

Somebody´s falling: Una poderosa intro con riff cortesía de Spencer y un Richard dejándose el alma da paso a una doble melodía vocal y de guitarra excelente. No es de las que te dejan impresionado pero por ella no pasan los años, podría haber sido firmada hace dos o tres, y sonaría igual de bien.

Bad for each other: Junto a “Paris calling”, e incluso por encima de ella, la más conocida composición de Shark Island, o más bien de Richard Black ayudado por la pluma fina de Jack Ponti y por el mismísimo Dave “The snake” Sabo de Skid Row. Un tema peculiar, más medio tiempo que balada pero de esos que engancha por su elegancia y cadencia peculiar.

Passion to ashes: Un corte hard roquero pero más tirando a pesado y denso. Personalmente, es de mis “menos favoritas” aunque el estribillo es notable por la forma de entonar de Richard Black.

Get some strange: Otra de las sobresalientes. Si hubiera habido un tercer single estoy convencido de que hubiera sido esta canción roquera, animada, ideal para corear en los conciertos y en donde aparecer como co-escritor, junto a Spencer y Richard, Matt Bisonette, por entonces inseparable de David Lee Roth.

Why should I believe: Gloriosa. Musicalmente sencilla, parece quedar en manos de un inconmensurable Black que nos deleita con una inflexiones emocionante y una letra de las que llega al corazón, nada de amor ni ñoñerías.

Ready or not: Una composición más rápida y hard con guitarras interesantes y buenas estrofas pero a la que le falta un estribillo que rompa. Si lo tuviera sería muy buena.

The chain: Lo mejor que se puede decir de esta versión de Fleetwood Mac es que Shark Island la llevaron a su terreno. Parece que no arranca pero a mitad del tema se viene arriba y acaba de manera brillante un álbum al que considero como obra maestra del género, a medio camino entre el hard convencional y algo más melódico.

GATHERING OF THE FAITHFUL (2006)

Hoy en día todo el mundo se reúne pero hubiera apostado mi brazo derecho a que Shark Island no estarían entre ellos. Aunque sea zurdo, me hubiera sentado realmente mal perderlo porque de la noche a la mañana nos encontramos con este “Gathering of the faithful” firmado por tres cuartas partes de los miembros clásicos. Únicamente falta Greg Ellis que ha sido sustituido por un tipo consagrado como Glen Sobel, habitual de los últimos (y excelentes) discos de Impelliteri, compañero de fatigas de Gary Hoey o Ken Tamplin, además de otras colaboraciones como Beautiful Creatures, Macalpine o Jeff Scott Soto.

Antes de nada hay que aclarar que ninguna de las trece canciones que aparecen en el disco nacieron de una colaboración actual. Todas fueron registradas en algún momento de la carrera de Shark Island, incluso alguna como “Go west” o “Heaven” aparecen en bootlegs en directo en clubes como el Jezabel allá por 1986/1987. Sin embargo, sí que han sido reformadas en mayor o menos medida (hay cambios muy significativos) y vueltas a grabar con una producción más propia del siglo XXI. Esto ha jugado como un arma de doble filo porque realza la valía de determinados cortes pero también hace que nos sorprendamos con algunas nuevas soluciones que, en mi opinión, distan del espíritu “Law of the order”. Ojo, esto no quiere decir que sean malas, todo lo contrario, simplemente que se te hace raro escucharlas.

Para todos aquellos que aún están interesados en esta época y, en concreto, en este cuarteto es una delicia poder degustar, por fin, joyas como “Go west”, la roquera “Heaven”, la más tranquila y acústica “Blue skies” o la preciosa “Life goes on”. Y es que las baladas de esta gente son distintas al resto de grupos, no sé qué tienen pero ya en “Law of the order” y ahora le dan un toque personalísimo, escuchad “Welcome goodbye” y ya me diréis. Algo más problemático es encarar, por ejemplo, “Tomorrow´s child” que a mi parecer, aun estando bien, se aleja en demasía del estilo característico. Quizá el aficionado se puede sentir defraudado de inicio porque “Gathering of the faithful” comienza de forma pausada con multitud de guitarras limpias y acústicas, es decir, la caña la utilizaron en “Law of the order”, reservándose esta nueva concepción de Shark Island para tres lustros después, pero la realidad objetiva nos habla de un trabajo marcado por una pauta siempre presente en la trayectoria de los californianos, la clase, ese cualidad inmaterial que se tiene o no.

En cualquier caso, es un disco notable, testimonio quizá de cómo sonarían las canciones de una generación metidas en la máquina del tiempo porque seguro que todos dirán que parecen más de 2006 que de 1990. Eso sí, hay una cosa que no cambia, la impresionante voz de Richard Black, de largo el mejor cantante de la escena angelina de los ochenta, un tipo con unos registros particulares, elegantes y agresivos al mismo tiempo, un talento absolutamente desperdiciado para el gran público.

LA ENTREVISTA: CON USTEDES RICHARD BLACK

Había sido un día estresante y a eso de las once de la noche por fin el teléfono sonó para saludar al vocalista de Shark Island. Me pareció un tipo excelente, dicharachero, ameno, divertido, que no rehuía ninguna pregunta y que contó infinidad de anécdotas. Espero que disfrutéis con la charla tanto como yo lo hice y os sirve para volver a recordar u, ojalá, descubrir a un grupo peculiar y, en cierta medida, irrepetible.

CYPT: ¿Por qué ahora y de quién parte la idea?

RICHARD BLACK: Un tío que conozco llamado Robert Marshall tiene una compañía, Manifest Music. Adquirió algunas viejas demos de Shark Island y le pareció una buena idea juntarlas para sacar algo. Contactó conmigo pero le hablé de las dificultades que había porque Spencer vive en Alemania y Chris en Inglaterra pero él me animó a continuar, me dijo que no le importaba esperar y que hiciéramos unos cuantos arreglos a los temas. Entonces, él se puso en contacto con todos y se mostraron excitados con la idea por lo que empezamos la pre producción del disco hace un año y un mes. Por lo tanto, algo que parecía imposible ha hecho realidad, trece meses después estoy haciendo promoción del disco.

Supongo que, a pesar de la distancia, estaríais en contacto.

Por todos los medios posibles. Después de grabar las bases, había que registrar los detalles y arreglos nuevos. Nos enviábamos material por internet y contrastábamos ideas. Es un gran avance poder hacer un disco desde tres países diferentes. Anteriormente a esto, nunca habíamos perdido el contacto, nos mandábamos e-mails y de vez en cuando charlábamos sobre cómo nos iba la vida.

De la formación que grabó “Law of the order”, sólo falta el batería Greg Ellis.

Hablé con él. Sigue siendo músico pero está muy metido en estilo más étnicos y de percusión. Me comentó que no tenía mucho interés en grabar rock y declinó la propuesta.

Y encontrasteis a Glen Sobel.

Es una historia curiosa. Un amigo mío, de origen croata, estaba en Croacia de vacaciones y vio a Glen tocar con su banda (N. de R: He intentado saber qué banda era pero es imposible. Prácticamente todas las posibilidades están descartadas salvo que acompañó a un tío llamado Brooks Buford, un artista americano de hip hop con toques rock, cuando presentaba su debut en Europa). Mi amigo me dijo que Glen vivía en Los Ángeles y muy cerca de mí. No tenía ni idea que había estado en multitud de grupos. A través de mi amigo contacté con Glen y estoy realmente satisfecho de su trabajo porque es un batería magnífico, en muchos aspectos bastante mejor que Greg Ellis.

Todas las canciones de “Gathering of the faithful” fueron escritas en el pasado. ¿Habéis retocado muchos trozos o mantienen la esencia?

Estamos en 2006 por lo que había que dar un toque más actual a todas las canciones. Compusimos nuevos arreglos y, además, metimos algunas partes, quitamos otras, cambiamos algún ritmo y escribí alguna que otra letra distinta. Lo que queríamos con esto era, aparte de refrescar las canciones, darles la concepción original que nosotros creíamos que tenían aunque en las demos no se mostraran así, con esta estructura.

Teníais un montón de canciones grabadas y nunca editadas. ¿Qué criterio seguisteis para escoger estas trece? ¿Eran vuestras favoritas o pensáis que son las que mejor han aguantado el paso del tiempo?

Sí es cierto que teníamos más de treinta canciones para escoger que podían ser utilizadas. Básicamente, fuimos Spencer y yo los que decidimos cuáles encajaban mejor en la filosofía de Shark Island en el año 2005/2006. También Germán Villacorta, que ha producido con nosotros y mezclado “Gathering of the faithful”, nos echó una mano para tener una visión externa. Escuchamos todas las cintas y escogimos. Había algunas en las que todos estábamos de acuerdo y el resto fue más elección personal de cada uno. También pasó que canciones que creíamos buenas se habían quedado demasiado ancladas en los ochenta por lo que las desechamos aunque nunca se sabe si en el futuro volveremos a considerarlas.

¿Y qué me dices de tu voz? Porque suena igual de bien que hace casi veinte años.

Te aseguro que hoy en día canto igual que cuando me subía a un escenario en Los Angeles durante los ochenta. Cada vez que trabajé con un productor en el pasado quería convertirse en una especia de instructor diciéndome cómo debía cantar. Ni tan siquiera en “Law of the order” canté con libertad, por no hablar de Contraband. Ahora sí y esa es una de las ventajas de ser productor, junto a Spencer y Germán, controlar los registros de voz que utilizo. Siento que ahora canto de la forma correcta, me sale de dentro.

Como tú bien has dicho tanto la producción como los propios temas hacen que “Gathering of the faithful” suene muy distinto a “Law of the order”. ¿Es ahora cuando habéis conseguido sacar la esencia del grupo o, más bien, se puede decir que “Gathering of the faithful” representa a Shark Island en el siglo XXI igual que “Law of the order” lo hizo en 1990?

Me quedo más con esta segunda afirmación. “Gathering of the faithful” muestra la evolución de Shark Island. Si lo hubiéramos editado en 1991, evidentemente no sonaría así, sólo hay que escuchar las demos. Sin embargo, creo que este disco sí refleja el auténtico espíritu de Shark Island. Ahora tenemos más experiencia y somos independientes para tomar nuestras propias decisiones. Si hubiera un próximo álbum estoy convencido de que volvería a ser diferente.

¿Habéis escuchado alguna opinión de vuestros seguidores de siempre con respecto a “Gathering of the faithful”?

Todos con los que he hablado les ha gustado. Además, son gente demasiado cercana a mí como para que te contesten de forma educada, sin intentar herirte, y te digan que está bien aunque no les guste. Sinceramente pienso que el disco puede aportar diferentes cosas porque es muy variado y cada uno a lo mejor se siente atraído por un tema distinto. Lo bueno es que para algunos su favorita es la primera, “Blue skies”, para otros la más cañera, “Heaven”, las chicas prefieren las baladas, ya sabes, un poco de todo.

Ahora la pregunta del millón de dólares. Spencer en Alemania, Chris en Inglaterra, Glen y tú en Los Angeles. ¿Habrá algún concierto, festival o gira de reunión?

Estos días estamos hablando de ello. Inicialmente, no había ningún plan porque no teníamos ni idea de la aceptación que podía tener el disco. Como parece que a la gente le ha gustado, es el momento de intentar cerrar algo. Como el disco se ha editado primero en Europa, espero que los primeros conciertos sean por allí.

Sería vuestra primera aparición en el viejo continente después de tantos años.

Sí, en Estados Unidos tocamos muchas veces, en especial en la costa oeste pero jamás hicimos show alguno en Europa. Hicimos alguna gira promocional pero nada más. Fuera de Norteamérica tocamos en Japón, incluso en Corea del Sur.

Vamos a hablar de los comienzos del grupo... (en este momento Richard me corta y se dispone a narrar una historia resumida de la banda)

Conocí a Spencer en el instituto y muy pronto congeniamos ya que teníamos los mismos gustos musicales. A finales de los setenta, en 1979, formamos The Sharks y muy pronto nos ofrecieron tocar en una fiesta de año nuevo pero no teníamos una banda estable por lo que tuvimos que buscar músicos a contrarreloj. Encontramos a unos cuantos tíos, ensayamos unas canciones y fuimos a aquella enorme fiesta. Más de setecientas personas celebrando la llegada del año nuevo. No teníamos un repertorio amplio pero la gente nos decía: “¡Seguid tocando! ¡Seguid tocando!”.

Este éxito relativo, supongo que en parte debido al alcohol ingerido por los asistentes (risas), nos animó a ensayar y conseguir más actuaciones. En un tiempo, logramos un seguimiento importante en la escena local de L.A. Cada vez que tocábamos siempre teníamos un montón de seguidores detrás nuestro. Cambiamos un par de miembros porque los que estaban no se querían involucrar al 100% en el grupo y empezamos a utilizar la denominación de Shark Island. Así, hicimos un grupo de trabajo amplio, no sólo los cinco músicos sino técnicos, roadies, compositores que nos ayudaban a escribir canciones,... era un proceso de aprendizaje continuo. Parecíamos una especia de instituto musical en los que se comparten conocimientos de todo tipo. Hasta veinticinco o treinta personas llegábamos a trabajar juntos. Sin embargo, no teníamos demasiada preocupación por grabar discos o fichar por una multinacional. Nos lo pasábamos bien, en Los Angeles éramos conocidos y para nosotros eso nos valía. No teníamos que preocuparnos por encontrar un trabajo diario porque llegábamos a tocar cinco o seis noches a la semana, lo cual era increíble, veinticinco amigos haciendo cosas juntos y cobrando por ello.

Llegamos a un punto, no obstante, en que queríamos dar un paso más, conseguir un contrato, grabar un disco y salir de nuestro entorno. Un poco más tarde llegaron las ofertas de A&M Records para que aportáramos un par de canciones a bandas sonoras y de Epic para grabar nuestro debut. Así hicimos pero, de repente, un par de problemas con el manager y la compañía hizo que todo se desmoronara. Estábamos controlados y no tomábamos las decisiones por nosotros mismos. En unos años, de controlar todo habíamos pasado a ser devorados por la industria. Todo aquello que amábamos dejó de ser significativo y perdimos el interés por Shark Island.

Has hecho un resumen extenso pero me gustaría parar en aspectos concretos. En 1982, cuando aún os llamabais The Sharks, autoeditasteis un disco, “Altar ego”.

Aquellos eran intentos por ganar fans en la escena local. No solo sacamos esos dos discos sino que, por ejemplo, un día tocábamos en un sitio, lo grabábamos y, si sonaba, bien lanzábamos una especie de demo single con dos o tres temas de la actuación. Era un poco expandir el boca a boca pero con material que la gente podía escuchar. Lógicamente, esto lo hicimos a una escala ínfima y ninguno de estos discos trascendió del área de Los Angeles. Recuerdo que con “Altar ego” no teníamos ni idea de lo que nos traíamos entre manos. Entramos en un estudio, empezamos a tocar y lo registramos. Para nosotros, esa grabación resultó carísima, aunque comparativamente fuera barata, pero invertimos todos nuestros ahorros en ella.

En 1986, ya como Shark Island, repetisteis jugada con “S´cool bus”. Siendo la banda sin contrato número uno de la escena. ¿Cómo es que ningún sello os ofreció nada?

Si te soy sincero, no sé muy bien la razón, no estoy seguro. Probablemente nunca estuvimos en el lugar adecuado en el momento justo o a lo mejor creían que no éramos lo suficientemente buenos o, por el contrario, que al tener un seguimiento importante, éramos nosotros los que rechazábamos cosas. Sólo te puedo decir que nos concentramos en las actuaciones que nos salían, intentando ser cada día más solventes encima de un escenario. Tampoco nosotros éramos la clase de grupo que no tenía dónde caerse muerto, ganábamos el dinero suficiente para pagar el alquiler y comer, con eso nos sobraba. Un contrato discográfico era una idea futura para nosotros porque no dependía nuestro sustento de eso. Pensábamos que si seguíamos tocando tarde o temprano nos descubrirían, como así sucedió al final pero reconozco que la táctica adecuada no es quedarte sentado y esperar sino ser tú el que llames a diferentes puertas porque, si vales, alguna se te abrirá.

¿No os sentisteis frustrados en algún momento de los ochenta por no lograr reconocimiento entre la industria a pesar del gran seguimiento que teníais en el sur de California como hemos venido comentando?

Por supuesto que era frustrante. Nos desconcertaba ver cómo muchos grupos que nacieron posteriormente y que no tenían la experiencia ni la calidad como músicos necesario eran fichados por multinacionales. No obstante, también nosotros debemos ser conscientes hoy en día de la responsabilidad que tuvimos. No siempre se puede echar la culpa a los demás. Con todo, estoy contento. Hace año y medio jamás pensé que volvería a sacar un disco, y mírame, aquí estoy hablando contigo. Por ello, me siento afortunado y tengo que ver lo positivo que nos pasó, que fue mucho.

Como has comentado, editasteis “Law of the order” con Epic. ¿Cómo fue vuestra relación con la multinacional? No parece que os apoyara demasiado.

No creas, sí que apoyó pero uno de los graves problemas está relacionado con eso. Además de “Law of the order”, teníamos contrato por dos discos más con Epic. Incluso llegaron a programarnos la salida de los álbumes. En aquel tiempo, Epic trabajaba bastante deprisa y ahora puede entender el por qué ya que un par de años después llegó el grunge, todo el hard rock pasó de moda y, no como consecuencia de esto, pero poco después Epic/CBS fue absorbida por Sony.

El caso es que nuestra compañía de managers recibió un anticipo de otro sello para que nos libráramos del contrato con Epic y firmáramos no con esa otra discográfica sino con una subsidiaria que crearían nuestra oficina de managers pero que dependería de la multinacional. (N. de R: Si no estoy mal informado, el sello era Impact Records que dependía de WEA) Nuestros managers nos dijeron que estaban teniendo muchos problemas con Epic porque no cumplía las condiciones pactadas. Nosotros les creímos e iniciamos una pelea hasta que nos desembarazamos del contrato con Epic. ¿Qué sucedió? Que teníamos a nuestros managers y al nuevo sello en la misma oficina regida por la misma gente. Inicialmente, parecía una buena idea, me recordaba a nuestros inicios, un montón de gente trabajando junto con un objetivo común. Me di cuenta después de que esto no era la escena de clubes sino la industria musical y llegó el conflicto de intereses. Antes, si discutíamos éramos nosotros y nuestro manager contra la compañía. Pasó a ser nosotros con la compañía y el manager. Batalla perdida siempre.

A la larga fue un gran error abandonar Epic por lo que comentas.

Fue uno de los tres grandes errores de mi carrera. El segundo llegó cuando acepté unirme a Contraband. Aquello era un sueño del manager, el juntarnos con Schenker, Tracii Guns, Share Pedersen de Vixen y Bobby Blotzer de Ratt. Me convenció de que era una gran idea y cuando lo pienso ahora, reconozco que fui un idiota. Si hubiéramos seguido en Epic, las cosas hubieran sido diferentes.

Es cierto que os produjeron un par de videoclip que se pasaron en las cadenas musicales. Conocí a Shark Island viendo el de “Paris calling” y siempre me pareció un gran clip con todas las velas alrededor, alucinante.

¿Quieres oír algo divertido?. “Paris calling” estuvo a punto de no aparecer en “Law of the order”.

¡No me lo puedo creer!

Tuve una gran discusión porque la compañía no quería esa canción, no sólo como single sino como integrante del disco. En esas reuniones es increíble la cantidad de manos que das lo que significa que todos quieren meter baza en tu disco. A los que decían que no les gustaba “Paris calling” les replicaba diciéndoles que si estaban locos o, peor, sordos. Recuerdo como si fuera ayer el día en que todos estábamos sentados en una enorme sala de reuniones en las oficinas de Epic en Los Ángeles. Me parecía que me estaban gastando una broma pero iban en serio. Ridículo pero te da a entender cómo era ese mundo. Si hubiera cedido, aunque fuera por un segundo, “Paris calling” habría quedado en el baúl de los recuerdos.

“Law of the order” está descatalogado desde hace bastante tiempo. ¿Te gustaría que se reeditara con algún tema extra como, por ejemplo, los que hicisteis en bandas sonoras?

Sería genial. Creo que hay una compañía intentando hacerse con los derechos de “Law of the order” e incluir, además, el disco en directo que grabamos en el Whiskey de L.A. Sería una especial de doble cd. Originariamente cuando salió nuestro disco en directo yo quería que fuera nuestro debut pero finalmente quedó como un bootleg oficial, si se puede llamar así y se recortó el número de temas. Por supuesto, me dijeron que ni se me ocurriera pensar que el primer disco iba a ser en directo, tacharon mi idea y la catalogaron de tontería. Sin embargo, todo el mundo piensa que ese disco es excelente y refleja a la perfección una década de tocar en clubes de la ciudad.

Después de disolver Shark Island y tras la mala experiencia en Contraband, poco se sabe de Richard Black y el resto de miembros del grupo. Tú formaste, sin éxito, Black 13 y trabajaste con el guitarra de Ozzy y Badlands, Jake E. Lee, en Bourgeois Pigs pero nunca se editó nada.

Probablemente no funcionó porque esperaba conseguir la magia y la amistad que tuve con la gente de Shark Island, algo que se reveló imposible. Una de las causas fue que en todos los proyectos que intenté, cada músico estaba involucrado, al menos, en tres bandas. Esto creaba situaciones embarazosas y era muy difícil ensayar porque tenían otros compromisos. Uno decía: “Yo no puedo ensayar los viernes”. El otro: “pues yo, los sábados imposible”. Nunca funcionará bien si empiezas a restringir horarios. Si yo comenzaba algo estaba al 100% con ello, nada de estar en otros grupos. Al final, discutía y me desanimaba.

Antes de finalizar la entrevista me gustaría que me dieras tu opinión sobre tres personas con las que directa o indirectamente has tenido relación.

Bill Gazarri (N. de R: Dueño de uno de los clubes más famosos de los ochenta y donde Shark Island tocaban con regularidad): Para mí, Bill siempre fue un gran enigma. Provenía de la coste este de los Estados Unidos donde la forma de ser en muy distinta a la de aquí de Los Ángeles. No era hablador ni le gustaba la fiesta. Sin embargo, ayudó a muchas bandas y a muchos de sus amigos a salir adelante sin pedir una contrapartida a cambio. Le admiro y respeto por ello. Era excéntrico, te diré que jamás firmamos un contrato con él, simplemente nos dábamos la mano, él cumplía y nosotros tocábamos. Le aprecio porque así fueron nuestros comienzos, todo se basaba en la amistad, el honor y la confianza, algo que el negocio musical se estila poco, el dinero, la envidia y las puñaladas por la espalda son las que mandan. Cuando estás arriba todos son adulaciones, risas, vida social, fiestas, pero al final del día es muy difícil considerar a alguna de esa gente como amiga.

Michael Schenker: Antes de tocar con él, cuando nos propusieron la idea, Spencer y yo éramos fanáticos de Schenker y, de la noche a la mañana, las circunstancias me llevaron a tocar en un grupo con él. No podía creerlo. Luego, me di de bruces con la realidad. Michael es una persona muy excéntrica, tímida e introspectiva. Cuando quedábamos en los tiempos de Contraband, él parecía estar en su mundo. Una persona interesante, aunque muy difícil, una pena que perdiéramos el contacto.

La última, Axl Rose. La leyenda dice que copió tus movimientos en escena. Es un hecho. Hace un par de meses me lo preguntaron en una entrevista y les dije lo mismo que voy a decirte ahora. Tanto Hollywood Rose como Guns ´N´ Rose eran bandas que tocaban en los mismos sitios que Shark Island y se movían en la misma escena. Axl habrá ido decenas de veces a vernos en directo a mediados de los ochenta y tenía vídeos de Shark Island en directo en su casa, filmaciones caseras que hacíamos en los clubes y nos repartíamos entre las bandas. Por lo tanto, me habrá visto en su televisión cientos de veces. Cuando vi su primer clip, “Welcome to the jungle”, me quedé, buff, no sé cómo explicarlo. Las imágenes hablan por sí mismas, sus movimientos son idénticos a los míos, hasta la forma de contorsionarse. Encima es que no le pegaban y, si te fijas, nunca más se movería de esa manera en su carrera sino que la adaptó a su propio estilo pero en “Welcome to the jungle” es bastante descarado. Era un poco frustrante porque ellos firmaron un gran contrato que les reportó un montón de dinero, no habló del gran éxito posterior, y encima en la prensa hablaba de lo original que él era encima de un escenario. Repito que posteriormente ya me recordó más a Janis Joplin que a mí pero al principio fue evidente.

Pues creo que esta entrevista es de lo más interesante porque hemos podido conocer en profundidad los entresijos y las traiciones que se cernían en una escena tan importante como la de Los Ángeles en los años ochenta y toda la mierda que rodeaba a la industria musical. Esperemos que se decidan a tocar y podamos disfrutar de Shark Island por nuestras tierras el próximo año.

P.D.: Desde www.cuantoyporquetanto.com queremos agradecer a Richard Black su amabilidad y el material fotográfico que nos ha enviado