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UN BREVE APUNTE BIOGRÁFICO
¡Mira
que resulta difícil hablar
a la gente de una banda que
a ti te resulta familiar pero
que, sin embargo, hoy día
son unos grandes desconocidos!.
Lo que para el seguidor de la
trayectoria de un grupo es algo
normal, a otros les puede sonar
a chino. Porque, evidentemente,
no estamos hablando de Iron
Maiden, AC/DC o, más
cercano a lo que nos ocupa,
Mötley Crue o Ratt. Lo
primero que podemos hacer es
ubicarnos.
Los Angeles,
años 80, Sunset Strip,
glam rock, Gazarri´s,
hard and heavy, Whiskey A Go-Go,
hair bands,… Cientos de
formaciones inundan las calles
con sus papeles auto anunciándose
como “the next big thing”.
La ciudad se ha convertido en
la tierra prometida de toda
una generación de roqueros.
Glamour, sexo y drogas conviven
con apartamentos mugrientos
en los que cohabitan decenas
de aspirantes a estrellas. Los
diferentes conjuntos se afanan
en los locales de ensayo para
llamar la atención de
algún cazatalentos de
club que les consiga una actuación,
requisito imprescindible para
que se fije en ti el A&R
de turno de un sello gordo.
Una gloria, efímera para
muchos, inalcanzable para la
mayoría y duradera para
muy pocos. Uno de esos combos
se llama Shark Island.
Formados como
The Sharks en 1979, el dúo
principal, el maravilloso vocalista
Richard Black, y el guitarrista
de origen alemán Spencer
Sercombe, pronto empieza a moverse
en la escena local. Reclutan
a tres miembros más y
se dedican a tocar en garitos
del área de la cosmopolita
urbe californiana. Quizá
en un intento de alcanzar un
éxito rápido,
ellos mismos graban y editan
su debut como Sharks, “Altar
ego”, hoy en día
imposible de localizar. En 1985
dan un paso adelante, cambian
de nombre, ya empiezan a denominarse
Shark Island, y de componentes,
llegando a formar parte de la
banda el guitarrista Michael
Guy que, posteriormente, tocaría
con House Of Lords, entre otros.
Ya se han consolidado
en las salas más apetecibles
de Los Angeles alcanzando el
status de estrellas locales
al descargar todos los fines
de semana en el prestigioso
Gazarri´s. Sin embargo,
las discográficas no
llaman a su puerta por lo que
vuelven a arriesgarse innecesariamente
y proceden a editarse de forma
casera e independiente otro
álbum, esta vez llamado
“S´cool bus”
(1986) que se pierde en la memoria
casi tan rápido como
se registra siendo veinte años
después una especie de
incunable.
A pesar de
que, desgraciadamente, no poseo
ninguno de ellos, sí
que he oído alguna que
otra canción de este
último que no está
nada mal como “Deja Vu”
o la balada “Read my lips”.
Con todo, lo mejor estaba por
venir. Aparecen en esta historia
Christian Heilmann y Greg Ellis,
bajo y batería. Después
de años de trabajo y
cuando todo parecía perdido,
las multinacionales, ávidas
de unos nuevos Mötley Crue,
Poison o Guns ´N´
Roses, llaman a su local de
ensayo. En principio, lo hacen
en forma de aportaciones a bandas
sonoras, en concreto para “Bill
and Ted´s excellent adventure”
(“El viaje alucinante
de Bill y Ted”) con dos
impresionantes temas, “Dangerous”
y la antológica “Father
time”. Nada más
editarse, y una vez que ya habían
firmado por CBS, sale a la luz
su debut, “Law of the
order”, una obra maestra
de la época que pasó
bastante desapercibida pero
que contenía temas del
calibre de “Bad for each
other”, “Shake for
me” o la mítica
(para mí, obviamente)
“Paris Burning”
con un videoclip genial, casi
místico. Parece que la
carrera es prometedora, son
una banda con experiencia y
en directo, según cuentan,
eran máquinas pero un
par de decisiones erróneas
y las ya habituales circunstancias
cambiantes del mercado, tiran
todo por la borda.
En vez concentrarse
en lo suyo, tanto Richard Black
como Spencer Sercombe se juntan
con Michael Schenker en ese
marrado supergrupo llamado Contraband
(Richard como vocalista de la
formación, Spencer como
guitarrista invitado) y el futuro
se escribe con renglones torcidos.
Incluso, por si alguno lo recuerda,
Spencer estuvo en España
acompañando a Schenker
y Robin McAuley durante una
gira promocional del cd “MSG”
en la que hicieron un concierto
acústico al que se accedía
por invitación en la
extinta sala Canciller. Tuve
la fortuna de asistir al evento
siendo un chavalito y recuerdo
que lo único que quería
era hablar con Sercombe pero
nada más concluir estaba
mi padre esperándome
en la puerta para llevar a casa
y no me podía demorar
porque era un día de
diario. Shark Island pasó
a segundo plano y se fue diluyendo
como un azucarillo a pesar de
que seguían grabando
temas en el estudio de los que
sólo se editó
en aquella época “My
city”, una notable composición
recogida en la fantástica
banda sonora de “Point
break” (aquí en
España conocida como
“Le llaman Bodhi”
con Patrick Swayze y Keanu Reaves).
Desde entonces, ni rastro no
sólo de Shark Island
sino de todos sus componentes.
Se sabe que Richard Black intentó
hacer algo, Black 13 y Bourgeois
Pigs (con Jake E. Lee); Spencer
tocó un tiempo con Riverdogs
(donde estuvo Vivian Cambell
en sus meses entre Whitesnake
y Def Leppard) y grabó
con Bill Ward el disco “When
the bough breaks” antes
de marcharse a Alemania; Greg
formó parte de la banda
de Michael Monroe en un período
efímero y Chris emigró
al Reino Unido.
LAW
OF THE ORDER (1990)
Pienso que
este único disco “conocido”
del grupo (por eso antes lo
traté como su debut ya
que, a todos los efectos, así
se considera) merece un trato
especial. Según palabras
de Richard Black la producción
desmerece un poco la valoración
general del álbum pero
yo no estoy de acuerdo, más
bien diría que aunque
la labor detrás de los
controles no es perfecta, “Law
of the order” es tan grande
que está por encima de
estos matices. La diferencia
principal de nuestro protagonista
con respecto a otros trabajos
de aquellas escena radica en
la elegancia. Shark Island es
una infinitamente más
refinada en 1990 que sus contemporáneos.
Tal vez ellos vivieron sus años
salvajes en la década
en que se pateaban los clubes
y, por lo tanto, no quedó
reflejado en estudio. Sinceramente,
no lo puedo poner a la altura
de un “Shout at the devil”
o un “Appetite for destruction”
pero es que son incomparables.
“Shout at the devil”
es prácticamente Mötley
Crue en estado heavy y Guns
´N´ Roses eran infinitamente
más callejero y sucios
(no os perdáis al final
de la entrevista lo que comenta
Richard sobre Axl).
Éste
sería un breve repaso
de cada composición:
Paris
Burning: ¡Una
de mis canciones favoritas de
todos los tiempos! El himno
definitivo de Shark Island a
la altura de los mejores temas
de aquellos maravillosos años
en Los Angeles. Indescriptible
la mezcla de oscuridad (hablamos
de un grupo de hard rock, no
busquéis algo parecido
a My Dying Bride), ritmo in
crescendo y estribillo memorable.
Shake
for me: Justo lo contrario
a “Paris calling”.
Sencilla, fácil y comercial.
Aunque, a priori, no tiene nada,
nunca logras quitártela
de la cabeza cuando la escuchas
por primera vez.
Somebody´s
falling: Una poderosa
intro con riff cortesía
de Spencer y un Richard dejándose
el alma da paso a una doble
melodía vocal y de guitarra
excelente. No es de las que
te dejan impresionado pero por
ella no pasan los años,
podría haber sido firmada
hace dos o tres, y sonaría
igual de bien.
Bad
for each other: Junto
a “Paris calling”,
e incluso por encima de ella,
la más conocida composición
de Shark Island, o más
bien de Richard Black ayudado
por la pluma fina de Jack Ponti
y por el mismísimo Dave
“The snake” Sabo
de Skid Row. Un tema peculiar,
más medio tiempo que
balada pero de esos que engancha
por su elegancia y cadencia
peculiar.
Passion
to ashes: Un corte
hard roquero pero más
tirando a pesado y denso. Personalmente,
es de mis “menos favoritas”
aunque el estribillo es notable
por la forma de entonar de Richard
Black.
Get
some strange: Otra
de las sobresalientes. Si hubiera
habido un tercer single estoy
convencido de que hubiera sido
esta canción roquera,
animada, ideal para corear en
los conciertos y en donde aparecer
como co-escritor, junto a Spencer
y Richard, Matt Bisonette, por
entonces inseparable de David
Lee Roth.
Why
should I believe: Gloriosa.
Musicalmente sencilla, parece
quedar en manos de un inconmensurable
Black que nos deleita con una
inflexiones emocionante y una
letra de las que llega al corazón,
nada de amor ni ñoñerías.
Ready
or not: Una composición
más rápida y hard
con guitarras interesantes y
buenas estrofas pero a la que
le falta un estribillo que rompa.
Si lo tuviera sería muy
buena.
The
chain: Lo mejor que
se puede decir de esta versión
de Fleetwood Mac es que Shark
Island la llevaron a su terreno.
Parece que no arranca pero a
mitad del tema se viene arriba
y acaba de manera brillante
un álbum al que considero
como obra maestra del género,
a medio camino entre el hard
convencional y algo más
melódico.
GATHERING
OF THE FAITHFUL (2006)
Hoy en día
todo el mundo se reúne
pero hubiera apostado mi brazo
derecho a que Shark Island no
estarían entre ellos.
Aunque sea zurdo, me hubiera
sentado realmente mal perderlo
porque de la noche a la mañana
nos encontramos con este “Gathering
of the faithful” firmado
por tres cuartas partes de los
miembros clásicos. Únicamente
falta Greg Ellis que ha sido
sustituido por un tipo consagrado
como Glen Sobel, habitual de
los últimos (y excelentes)
discos de Impelliteri, compañero
de fatigas de Gary Hoey o Ken
Tamplin, además de otras
colaboraciones como Beautiful
Creatures, Macalpine o Jeff
Scott Soto.
Antes de nada
hay que aclarar que ninguna
de las trece canciones que aparecen
en el disco nacieron de una
colaboración actual.
Todas fueron registradas en
algún momento de la carrera
de Shark Island, incluso alguna
como “Go west” o
“Heaven” aparecen
en bootlegs en directo en clubes
como el Jezabel allá
por 1986/1987. Sin embargo,
sí que han sido reformadas
en mayor o menos medida (hay
cambios muy significativos)
y vueltas a grabar con una producción
más propia del siglo
XXI. Esto ha jugado como un
arma de doble filo porque realza
la valía de determinados
cortes pero también hace
que nos sorprendamos con algunas
nuevas soluciones que, en mi
opinión, distan del espíritu
“Law of the order”.
Ojo, esto no quiere decir que
sean malas, todo lo contrario,
simplemente que se te hace raro
escucharlas.
Para todos
aquellos que aún están
interesados en esta época
y, en concreto, en este cuarteto
es una delicia poder degustar,
por fin, joyas como “Go
west”, la roquera “Heaven”,
la más tranquila y acústica
“Blue skies” o la
preciosa “Life goes on”.
Y es que las baladas de esta
gente son distintas al resto
de grupos, no sé qué
tienen pero ya en “Law
of the order” y ahora
le dan un toque personalísimo,
escuchad “Welcome goodbye”
y ya me diréis. Algo
más problemático
es encarar, por ejemplo, “Tomorrow´s
child” que a mi parecer,
aun estando bien, se aleja en
demasía del estilo característico.
Quizá el aficionado se
puede sentir defraudado de inicio
porque “Gathering of the
faithful” comienza de
forma pausada con multitud de
guitarras limpias y acústicas,
es decir, la caña la
utilizaron en “Law of
the order”, reservándose
esta nueva concepción
de Shark Island para tres lustros
después, pero la realidad
objetiva nos habla de un trabajo
marcado por una pauta siempre
presente en la trayectoria de
los californianos, la clase,
ese cualidad inmaterial que
se tiene o no.
En cualquier
caso, es un disco notable, testimonio
quizá de cómo
sonarían las canciones
de una generación metidas
en la máquina del tiempo
porque seguro que todos dirán
que parecen más de 2006
que de 1990. Eso sí,
hay una cosa que no cambia,
la impresionante voz de Richard
Black, de largo el mejor cantante
de la escena angelina de los
ochenta, un tipo con unos registros
particulares, elegantes y agresivos
al mismo tiempo, un talento
absolutamente desperdiciado
para el gran público.
LA ENTREVISTA: CON USTEDES RICHARD
BLACK
Había
sido un día estresante
y a eso de las once de la noche
por fin el teléfono sonó
para saludar al vocalista de
Shark Island. Me pareció
un tipo excelente, dicharachero,
ameno, divertido, que no rehuía
ninguna pregunta y que contó
infinidad de anécdotas.
Espero que disfrutéis
con la charla tanto como yo
lo hice y os sirve para volver
a recordar u, ojalá,
descubrir a un grupo peculiar
y, en cierta medida, irrepetible.
CYPT: ¿Por
qué ahora y de quién
parte la idea?
RICHARD
BLACK: Un tío que conozco
llamado Robert Marshall tiene
una compañía,
Manifest Music. Adquirió
algunas viejas demos de Shark
Island y le pareció una
buena idea juntarlas para sacar
algo. Contactó conmigo
pero le hablé de las
dificultades que había
porque Spencer vive en Alemania
y Chris en Inglaterra pero él
me animó a continuar,
me dijo que no le importaba
esperar y que hiciéramos
unos cuantos arreglos a los
temas. Entonces, él se
puso en contacto con todos y
se mostraron excitados con la
idea por lo que empezamos la
pre producción del disco
hace un año y un mes.
Por lo tanto, algo que parecía
imposible ha hecho realidad,
trece meses después estoy
haciendo promoción del
disco.
Supongo que,
a pesar de la distancia, estaríais
en contacto.
Por
todos los medios posibles. Después
de grabar las bases, había
que registrar los detalles y
arreglos nuevos. Nos enviábamos
material por internet y contrastábamos
ideas. Es un gran avance poder
hacer un disco desde tres países
diferentes. Anteriormente a
esto, nunca habíamos
perdido el contacto, nos mandábamos
e-mails y de vez en cuando charlábamos
sobre cómo nos iba la
vida.
De la formación
que grabó “Law
of the order”, sólo
falta el batería Greg
Ellis.
Hablé
con él. Sigue siendo
músico pero está
muy metido en estilo más
étnicos y de percusión.
Me comentó que no tenía
mucho interés en grabar
rock y declinó la propuesta.
Y encontrasteis
a Glen Sobel.
Es
una historia curiosa. Un amigo
mío, de origen croata,
estaba en Croacia de vacaciones
y vio a Glen tocar con su banda
(N. de R: He intentado
saber qué banda era pero
es imposible. Prácticamente
todas las posibilidades están
descartadas salvo que acompañó
a un tío llamado Brooks
Buford, un artista americano
de hip hop con toques rock,
cuando presentaba su debut en
Europa). Mi amigo me
dijo que Glen vivía en
Los Ángeles y muy cerca
de mí. No tenía
ni idea que había estado
en multitud de grupos. A través
de mi amigo contacté
con Glen y estoy realmente satisfecho
de su trabajo porque es un batería
magnífico, en muchos
aspectos bastante mejor que
Greg Ellis.
Todas las canciones
de “Gathering of the faithful”
fueron escritas en el pasado.
¿Habéis retocado
muchos trozos o mantienen la
esencia?
Estamos
en 2006 por lo que había
que dar un toque más
actual a todas las canciones.
Compusimos nuevos arreglos y,
además, metimos algunas
partes, quitamos otras, cambiamos
algún ritmo y escribí
alguna que otra letra distinta.
Lo que queríamos con
esto era, aparte de refrescar
las canciones, darles la concepción
original que nosotros creíamos
que tenían aunque en
las demos no se mostraran así,
con esta estructura.
Teníais
un montón de canciones
grabadas y nunca editadas. ¿Qué
criterio seguisteis para escoger
estas trece? ¿Eran vuestras
favoritas o pensáis que
son las que mejor han aguantado
el paso del tiempo?
Sí
es cierto que teníamos
más de treinta canciones
para escoger que podían
ser utilizadas. Básicamente,
fuimos Spencer y yo los que
decidimos cuáles encajaban
mejor en la filosofía
de Shark Island en el año
2005/2006. También Germán
Villacorta, que ha producido
con nosotros y mezclado “Gathering
of the faithful”, nos
echó una mano para tener
una visión externa. Escuchamos
todas las cintas y escogimos.
Había algunas en las
que todos estábamos de
acuerdo y el resto fue más
elección personal de
cada uno. También pasó
que canciones que creíamos
buenas se habían quedado
demasiado ancladas en los ochenta
por lo que las desechamos aunque
nunca se sabe si en el futuro
volveremos a considerarlas.
¿Y qué
me dices de tu voz? Porque suena
igual de bien que hace casi
veinte años.
Te
aseguro que hoy en día
canto igual que cuando me subía
a un escenario en Los Angeles
durante los ochenta. Cada vez
que trabajé con un productor
en el pasado quería convertirse
en una especia de instructor
diciéndome cómo
debía cantar. Ni tan
siquiera en “Law of the
order” canté con
libertad, por no hablar de Contraband.
Ahora sí y esa es una
de las ventajas de ser productor,
junto a Spencer y Germán,
controlar los registros de voz
que utilizo. Siento que ahora
canto de la forma correcta,
me sale de dentro.
Como tú
bien has dicho tanto la producción
como los propios temas hacen
que “Gathering of the
faithful” suene muy distinto
a “Law of the order”.
¿Es ahora cuando habéis
conseguido sacar la esencia
del grupo o, más bien,
se puede decir que “Gathering
of the faithful” representa
a Shark Island en el siglo XXI
igual que “Law of the
order” lo hizo en 1990?
Me
quedo más con esta segunda
afirmación. “Gathering
of the faithful” muestra
la evolución de Shark
Island. Si lo hubiéramos
editado en 1991, evidentemente
no sonaría así,
sólo hay que escuchar
las demos. Sin embargo, creo
que este disco sí refleja
el auténtico espíritu
de Shark Island. Ahora tenemos
más experiencia y somos
independientes para tomar nuestras
propias decisiones. Si hubiera
un próximo álbum
estoy convencido de que volvería
a ser diferente.
¿Habéis
escuchado alguna opinión
de vuestros seguidores de siempre
con respecto a “Gathering
of the faithful”?
Todos
con los que he hablado les ha
gustado. Además, son
gente demasiado cercana a mí
como para que te contesten de
forma educada, sin intentar
herirte, y te digan que está
bien aunque no les guste. Sinceramente
pienso que el disco puede aportar
diferentes cosas porque es muy
variado y cada uno a lo mejor
se siente atraído por
un tema distinto. Lo bueno es
que para algunos su favorita
es la primera, “Blue skies”,
para otros la más cañera,
“Heaven”, las chicas
prefieren las baladas, ya sabes,
un poco de todo.
Ahora la pregunta
del millón de dólares.
Spencer en Alemania, Chris en
Inglaterra, Glen y tú
en Los Angeles. ¿Habrá
algún concierto, festival
o gira de reunión?
Estos
días estamos hablando
de ello. Inicialmente, no había
ningún plan porque no
teníamos ni idea de la
aceptación que podía
tener el disco. Como parece
que a la gente le ha gustado,
es el momento de intentar cerrar
algo. Como el disco se ha editado
primero en Europa, espero que
los primeros conciertos sean
por allí.
Sería
vuestra primera aparición
en el viejo continente después
de tantos años.
Sí,
en Estados Unidos tocamos muchas
veces, en especial en la costa
oeste pero jamás hicimos
show alguno en Europa. Hicimos
alguna gira promocional pero
nada más. Fuera de Norteamérica
tocamos en Japón, incluso
en Corea del Sur.
Vamos a hablar
de los comienzos del grupo...
(en este momento Richard me
corta y se dispone a narrar
una historia resumida de la
banda)
Conocí
a Spencer en el instituto y
muy pronto congeniamos ya que
teníamos los mismos gustos
musicales. A finales de los
setenta, en 1979, formamos The
Sharks y muy pronto nos ofrecieron
tocar en una fiesta de año
nuevo pero no teníamos
una banda estable por lo que
tuvimos que buscar músicos
a contrarreloj. Encontramos
a unos cuantos tíos,
ensayamos unas canciones y fuimos
a aquella enorme fiesta. Más
de setecientas personas celebrando
la llegada del año nuevo.
No teníamos un repertorio
amplio pero la gente nos decía:
“¡Seguid tocando!
¡Seguid tocando!”.
Este
éxito relativo, supongo
que en parte debido al alcohol
ingerido por los asistentes
(risas), nos animó
a ensayar y conseguir más
actuaciones. En un tiempo, logramos
un seguimiento importante en
la escena local de L.A. Cada
vez que tocábamos siempre
teníamos un montón
de seguidores detrás
nuestro. Cambiamos un par de
miembros porque los que estaban
no se querían involucrar
al 100% en el grupo y empezamos
a utilizar la denominación
de Shark Island. Así,
hicimos un grupo de trabajo
amplio, no sólo los cinco
músicos sino técnicos,
roadies, compositores que nos
ayudaban a escribir canciones,...
era un proceso de aprendizaje
continuo. Parecíamos
una especia de instituto musical
en los que se comparten conocimientos
de todo tipo. Hasta veinticinco
o treinta personas llegábamos
a trabajar juntos. Sin embargo,
no teníamos demasiada
preocupación por grabar
discos o fichar por una multinacional.
Nos lo pasábamos bien,
en Los Angeles éramos
conocidos y para nosotros eso
nos valía. No teníamos
que preocuparnos por encontrar
un trabajo diario porque llegábamos
a tocar cinco o seis noches
a la semana, lo cual era increíble,
veinticinco amigos haciendo
cosas juntos y cobrando por
ello.
Llegamos
a un punto, no obstante, en
que queríamos dar un
paso más, conseguir un
contrato, grabar un disco y
salir de nuestro entorno. Un
poco más tarde llegaron
las ofertas de A&M Records
para que aportáramos
un par de canciones a bandas
sonoras y de Epic para grabar
nuestro debut. Así hicimos
pero, de repente, un par de
problemas con el manager y la
compañía hizo
que todo se desmoronara. Estábamos
controlados y no tomábamos
las decisiones por nosotros
mismos. En unos años,
de controlar todo habíamos
pasado a ser devorados por la
industria. Todo aquello que
amábamos dejó
de ser significativo y perdimos
el interés por Shark
Island.
Has hecho un
resumen extenso pero me gustaría
parar en aspectos concretos.
En 1982, cuando aún os
llamabais The Sharks, autoeditasteis
un disco, “Altar ego”.
Aquellos
eran intentos por ganar fans
en la escena local. No solo
sacamos esos dos discos sino
que, por ejemplo, un día
tocábamos en un sitio,
lo grabábamos y, si sonaba,
bien lanzábamos una especie
de demo single con dos o tres
temas de la actuación.
Era un poco expandir el boca
a boca pero con material que
la gente podía escuchar.
Lógicamente, esto lo
hicimos a una escala ínfima
y ninguno de estos discos trascendió
del área de Los Angeles.
Recuerdo que con “Altar
ego” no teníamos
ni idea de lo que nos traíamos
entre manos. Entramos en un
estudio, empezamos a tocar y
lo registramos. Para nosotros,
esa grabación resultó
carísima, aunque comparativamente
fuera barata, pero invertimos
todos nuestros ahorros en ella.
En 1986, ya
como Shark Island, repetisteis
jugada con “S´cool
bus”. Siendo la banda
sin contrato número uno
de la escena. ¿Cómo
es que ningún sello os
ofreció nada?
Si
te soy sincero, no sé
muy bien la razón, no
estoy seguro. Probablemente
nunca estuvimos en el lugar
adecuado en el momento justo
o a lo mejor creían que
no éramos lo suficientemente
buenos o, por el contrario,
que al tener un seguimiento
importante, éramos nosotros
los que rechazábamos
cosas. Sólo te puedo
decir que nos concentramos en
las actuaciones que nos salían,
intentando ser cada día
más solventes encima
de un escenario. Tampoco nosotros
éramos la clase de grupo
que no tenía dónde
caerse muerto, ganábamos
el dinero suficiente para pagar
el alquiler y comer, con eso
nos sobraba. Un contrato discográfico
era una idea futura para nosotros
porque no dependía nuestro
sustento de eso. Pensábamos
que si seguíamos tocando
tarde o temprano nos descubrirían,
como así sucedió
al final pero reconozco que
la táctica adecuada no
es quedarte sentado y esperar
sino ser tú el que llames
a diferentes puertas porque,
si vales, alguna se te abrirá.
¿No
os sentisteis frustrados en
algún momento de los
ochenta por no lograr reconocimiento
entre la industria a pesar del
gran seguimiento que teníais
en el sur de California como
hemos venido comentando?
Por
supuesto que era frustrante.
Nos desconcertaba ver cómo
muchos grupos que nacieron posteriormente
y que no tenían la experiencia
ni la calidad como músicos
necesario eran fichados por
multinacionales. No obstante,
también nosotros debemos
ser conscientes hoy en día
de la responsabilidad que tuvimos.
No siempre se puede echar la
culpa a los demás. Con
todo, estoy contento. Hace año
y medio jamás pensé
que volvería a sacar
un disco, y mírame, aquí
estoy hablando contigo. Por
ello, me siento afortunado y
tengo que ver lo positivo que
nos pasó, que fue mucho.
Como has comentado,
editasteis “Law of the
order” con Epic. ¿Cómo
fue vuestra relación
con la multinacional? No parece
que os apoyara demasiado.
No
creas, sí que apoyó
pero uno de los graves problemas
está relacionado con
eso. Además de “Law
of the order”, teníamos
contrato por dos discos más
con Epic. Incluso llegaron a
programarnos la salida de los
álbumes. En aquel tiempo,
Epic trabajaba bastante deprisa
y ahora puede entender el por
qué ya que un par de
años después llegó
el grunge, todo el hard rock
pasó de moda y, no como
consecuencia de esto, pero poco
después Epic/CBS fue
absorbida por Sony.
El
caso es que nuestra compañía
de managers recibió un
anticipo de otro sello para
que nos libráramos del
contrato con Epic y firmáramos
no con esa otra discográfica
sino con una subsidiaria que
crearían nuestra oficina
de managers pero que dependería
de la multinacional. (N. de
R: Si no estoy mal informado,
el sello era Impact Records
que dependía de WEA)
Nuestros managers nos dijeron
que estaban teniendo muchos
problemas con Epic porque no
cumplía las condiciones
pactadas. Nosotros les creímos
e iniciamos una pelea hasta
que nos desembarazamos del contrato
con Epic. ¿Qué
sucedió? Que teníamos
a nuestros managers y al nuevo
sello en la misma oficina regida
por la misma gente. Inicialmente,
parecía una buena idea,
me recordaba a nuestros inicios,
un montón de gente trabajando
junto con un objetivo común.
Me di cuenta después
de que esto no era la escena
de clubes sino la industria
musical y llegó el conflicto
de intereses. Antes, si discutíamos
éramos nosotros y nuestro
manager contra la compañía.
Pasó a ser nosotros con
la compañía y
el manager. Batalla perdida
siempre.
A la larga
fue un gran error abandonar
Epic por lo que comentas.
Fue
uno de los tres grandes errores
de mi carrera. El segundo llegó
cuando acepté unirme
a Contraband. Aquello era un
sueño del manager, el
juntarnos con Schenker, Tracii
Guns, Share Pedersen de Vixen
y Bobby Blotzer de Ratt. Me
convenció de que era
una gran idea y cuando lo pienso
ahora, reconozco que fui un
idiota. Si hubiéramos
seguido en Epic, las cosas hubieran
sido diferentes.
Es cierto que
os produjeron un par de videoclip
que se pasaron en las cadenas
musicales. Conocí a Shark
Island viendo el de “Paris
calling” y siempre me
pareció un gran clip
con todas las velas alrededor,
alucinante.
¿Quieres
oír algo divertido?.
“Paris calling”
estuvo a punto de no aparecer
en “Law of the order”.
¡No me
lo puedo creer!
Tuve
una gran discusión porque
la compañía no
quería esa canción,
no sólo como single sino
como integrante del disco. En
esas reuniones es increíble
la cantidad de manos que das
lo que significa que todos quieren
meter baza en tu disco. A los
que decían que no les
gustaba “Paris calling”
les replicaba diciéndoles
que si estaban locos o, peor,
sordos. Recuerdo como si fuera
ayer el día en que todos
estábamos sentados en
una enorme sala de reuniones
en las oficinas de Epic en Los
Ángeles. Me parecía
que me estaban gastando una
broma pero iban en serio. Ridículo
pero te da a entender cómo
era ese mundo. Si hubiera cedido,
aunque fuera por un segundo,
“Paris calling”
habría quedado en el
baúl de los recuerdos.
“Law
of the order” está
descatalogado desde hace bastante
tiempo. ¿Te gustaría
que se reeditara con algún
tema extra como, por ejemplo,
los que hicisteis en bandas
sonoras?
Sería
genial. Creo que hay una compañía
intentando hacerse con los derechos
de “Law of the order”
e incluir, además, el
disco en directo que grabamos
en el Whiskey de L.A. Sería
una especial de doble cd. Originariamente
cuando salió nuestro
disco en directo yo quería
que fuera nuestro debut pero
finalmente quedó como
un bootleg oficial, si se puede
llamar así y se recortó
el número de temas. Por
supuesto, me dijeron que ni
se me ocurriera pensar que el
primer disco iba a ser en directo,
tacharon mi idea y la catalogaron
de tontería. Sin embargo,
todo el mundo piensa que ese
disco es excelente y refleja
a la perfección una década
de tocar en clubes de la ciudad.
Después
de disolver Shark Island y tras
la mala experiencia en Contraband,
poco se sabe de Richard Black
y el resto de miembros del grupo.
Tú formaste, sin éxito,
Black 13 y trabajaste con el
guitarra de Ozzy y Badlands,
Jake E. Lee, en Bourgeois Pigs
pero nunca se editó nada.
Probablemente
no funcionó porque esperaba
conseguir la magia y la amistad
que tuve con la gente de Shark
Island, algo que se reveló
imposible. Una de las causas
fue que en todos los proyectos
que intenté, cada músico
estaba involucrado, al menos,
en tres bandas. Esto creaba
situaciones embarazosas y era
muy difícil ensayar porque
tenían otros compromisos.
Uno decía: “Yo
no puedo ensayar los viernes”.
El otro: “pues yo, los
sábados imposible”.
Nunca funcionará bien
si empiezas a restringir horarios.
Si yo comenzaba algo estaba
al 100% con ello, nada de estar
en otros grupos. Al final, discutía
y me desanimaba.
Antes de finalizar
la entrevista me gustaría
que me dieras tu opinión
sobre tres personas con las
que directa o indirectamente
has tenido relación.
Bill Gazarri
(N. de R: Dueño de uno
de los clubes más famosos
de los ochenta y donde Shark
Island tocaban con regularidad):
Para mí, Bill
siempre fue un gran enigma.
Provenía de la coste
este de los Estados Unidos donde
la forma de ser en muy distinta
a la de aquí de Los Ángeles.
No era hablador ni le gustaba
la fiesta. Sin embargo, ayudó
a muchas bandas y a muchos de
sus amigos a salir adelante
sin pedir una contrapartida
a cambio. Le admiro y respeto
por ello. Era excéntrico,
te diré que jamás
firmamos un contrato con él,
simplemente nos dábamos
la mano, él cumplía
y nosotros tocábamos.
Le aprecio porque así
fueron nuestros comienzos, todo
se basaba en la amistad, el
honor y la confianza, algo que
el negocio musical se estila
poco, el dinero, la envidia
y las puñaladas por la
espalda son las que mandan.
Cuando estás arriba todos
son adulaciones, risas, vida
social, fiestas, pero al final
del día es muy difícil
considerar a alguna de esa gente
como amiga.
Michael Schenker:
Antes de tocar con él,
cuando nos propusieron la idea,
Spencer y yo éramos fanáticos
de Schenker y, de la noche a
la mañana, las circunstancias
me llevaron a tocar en un grupo
con él. No podía
creerlo. Luego, me di de bruces
con la realidad. Michael es
una persona muy excéntrica,
tímida e introspectiva.
Cuando quedábamos en
los tiempos de Contraband, él
parecía estar en su mundo.
Una persona interesante, aunque
muy difícil, una pena
que perdiéramos el contacto.
La última,
Axl Rose. La leyenda dice que
copió tus movimientos
en escena. Es un hecho.
Hace un par de meses me lo preguntaron
en una entrevista y les dije
lo mismo que voy a decirte ahora.
Tanto Hollywood Rose como Guns
´N´ Rose eran bandas
que tocaban en los mismos sitios
que Shark Island y se movían
en la misma escena. Axl habrá
ido decenas de veces a vernos
en directo a mediados de los
ochenta y tenía vídeos
de Shark Island en directo en
su casa, filmaciones caseras
que hacíamos en los clubes
y nos repartíamos entre
las bandas. Por lo tanto, me
habrá visto en su televisión
cientos de veces. Cuando vi
su primer clip, “Welcome
to the jungle”, me quedé,
buff, no sé cómo
explicarlo. Las imágenes
hablan por sí mismas,
sus movimientos son idénticos
a los míos, hasta la
forma de contorsionarse. Encima
es que no le pegaban y, si te
fijas, nunca más se movería
de esa manera en su carrera
sino que la adaptó a
su propio estilo pero en “Welcome
to the jungle” es bastante
descarado. Era un poco frustrante
porque ellos firmaron un gran
contrato que les reportó
un montón de dinero,
no habló del gran éxito
posterior, y encima en la prensa
hablaba de lo original que él
era encima de un escenario.
Repito que posteriormente ya
me recordó más
a Janis Joplin que a mí
pero al principio fue evidente.
Pues creo que
esta entrevista es de lo más
interesante porque hemos podido
conocer en profundidad los entresijos
y las traiciones que se cernían
en una escena tan importante
como la de Los Ángeles
en los años ochenta y
toda la mierda que rodeaba a
la industria musical. Esperemos
que se decidan a tocar y podamos
disfrutar de Shark Island por
nuestras tierras el próximo
año.
P.D.:
Desde www.cuantoyporquetanto.com
queremos agradecer a Richard
Black su amabilidad y el material
fotográfico que nos ha
enviado
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