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SI TE DICEN QUE CAÍ

A la hora de evaluar la posibilidad de entrevistar a alguien siempre pones en una balanza una serie de factores como son tu gusto personal, el bagaje del artista, las referencias escritas que tengas de él, su capacidad de comunicación, etc. Este medio, para bien o para mal (en mi opinión, para bien), es, como yo digo, profesional no remunerado porque la gente que lo dirige y los que escribimos invertimos gran parte de nuestro tiempo y esfuerzo por ofrecer la mejor información posible con la única (pero impagable) compensación de ver cómo se solidifica e, incluso, aumenta el número de visitas mensuales a esta webzine.

Hablar con Sherpa conjugaba todos los factores antes descritos. No necesita presentación una de las leyendas del hard rock patrio. “Guerrero en el desierto” fue el retorno del hijo pródigo, algo que le valió las mismas alabanzas que críticas (por cierto, no escuché tantas cuando Halford editó “Resurrection” o volvió a Judas Priest, y son casos similares). Unos cuantos conciertos por la geografía ibérica, entre ellos el de la sala Copérnico en Madrid que aquí se ofrece como segundo cd, y regreso al estudio para facturar siete cortes nuevos y una revisión del “Campo de concentración” de Barón Rojo. Los fans puede que se sorprendan ante lo que nos encontramos en “El rock me mata”. Un Sherpa duro, moderno y casi desatado. Si en “Guerrero del desierto” se alternaban temas potentes con cosas más suaves, la tónica de “El rock me mata” es la contundencia en el riff. Basta escuchar la inicial “Ángeles de la ira” para ver que José Luis Campuzano va en serio y está cabrerado.

Con relación al álbum en vivo, puff, qué queréis que os diga. Para mí, está tan mal o tan bien de voz como Carlos de Castro, con la diferencia de que originariamente era Sherpa quien cantaba “Son como hormigas”, “Concierto para ellos” y demás. En cualquier caso, este “Vivo” muestra todas las carencias de nuestro protagonista en el año 2006, si bien a lo largo de la entrevista, él se encarga de desmentirlas o justificarlas. Cada cual que se forme su opinión, la mía ya la he expresado en repetidas ocasiones al hablar de Barón Rojo.

Es encender la grabadora y José Luis comienza a hablar casi sin preguntarle, es más empieza él la conversación. Dicharachero y muy claro en sus postulados, no quería centrar la charla en la frustrada reunión sino hacer un repaso a toda su trayectoria vital y artística. Creo que el objetivo se cumplió con creces. Incluso, Sherpa reveló alguna cosas que jamás había escuchado como su conexión con Martes y 13 o cómo intentaron hacer de él una estrella juvenil del pop rock. Aunque sea un poco larga, os aconsejo que la leáis porque no tiene desperdicio.

SHERPA: Bueno, ¿qué, te ha gustado el disco?

CYPT: Si hablamos de las nuevas canciones te diré que sí. Es distinto a “Guerrero en el desierto” pero posee un sonido muy actual y crudo.

Es que quisimos darle ese enfoque, más heavy metal, y nos ha quedado un álbum muy potente.

¿Qué supuso para ti la buena acogida que tuvo “Guerrero en el desierto”?

Pues alegría porque no las tenía todas conmigo. Estaba un poco acojonado porque metí un poco canciones de revuelto, canciones que me gustaban pero muy diferentes entre sí. En parte me arriesgué pero me dije: “Meto estas canciones y éste soy yo. Si queréis aceptarlo bien; si no, pues lo siento”. Me dio un poquito de miedo y ahora resulta que todo el mundo quiere que meta canciones como “Mi Everest”. Macho, al final uno no sabe cómo acertar. Saco un disco en una línea más heavy rock y dicen algunos que echan de menos canciones románticas, intimistas.

Pues os vais a enterar el próximo. Allí meteré tres canciones de marcha y lo demás todo acústico, bonito… Porque, además, me apetece hacerlo porque son temas muy bonitos pero no ñoñas. Son modernas, más parecidas a los grupos actuales. Incluso, alguna va en la onda Nirvana, con un estribillo muy heavy que se mezcla con un remanso de guitarras acústicas y con letras muy tristes porque estoy pasando una época de mi vida bastante dura. En un estado de emergencia, que decía un psiquiatra. De emergencia en dos sentidos: que emerge, es decir, que sube y emergencia de urgencia. En mi caso, son ambos. Me emerge la personalidad cuando tienes cincuenta y seis tacos, y eso es una crisis interna pero, al mismo tiempo, es urgente que lo solucione. Miro la vida desde un punto de visto pesimista y amargo, decepcionado con mi país, con la gente, con la sociedad en general. Sin embargo, al mismo tiempo tengo en mi interior un optimismo vital. Entonces, son como dos caballos que uno tira para Almería y el otro a La Coruña. Tengo que buscar el equilibrio y que no se ven vayan las riendas.

Quizá lo que en el comportamiento de un fan no me cabe en la cabeza, en un artista sí que puedo comprender que se pasen diferentes etapas. Con esto me refiero a que, normalmente, el seguidor que evoluciona emprende un camino sin retorno cuando se despoja de los gustos de adolescente. Sin embargo, un músico sí que puede tomar el sendero de vuelta. ¿Qué es lo que te llevó de nuevo al rock?

Porque en realidad nunca me fui. Yo me aparté a una distancia prudencial para que la mierda no me salpicase pero nunca le quité el ojo. Lo que pasa es que cuando me planteaba el volver me decía: “¿Para qué?”. Con los malos recuerdos que tengo, con lo cutre que es este mundo. Con lo de cutre me refiero a infraestructuras, tratamiento de los medios, a pasta a repartir como profesional, esto es, todo ese tipo de cosas me echaban para atrás.

Asimismo, reconozco que a mí me costaba mucho cantar lo mismo que cuando era joven porque son canciones que había que darlo todo en el escenario con un volumen infernal. Me iba haciendo más mayor y estaba convencido de que sería incapaz de cantar eso. Ahora me he demostrado que sí, me está costando pero, incluso, a mi edad me he demostrado que puedo hacerlo y cantar más o menos como lo hacía antes. Aparte que yo nunca me he considerado un gran cantante en absoluto.

Quizá la perspectiva del seguidor de Barón Rojo es diferente porque a Sherpa se le ha asociado y alabado más como cantante que como bajista.

Sí, pero yo no era un gran cantante de heavy metal. Nunca he tenido unas grandes facultades como, por ejemplo, Bruce Dickinson. Además, toco un instrumento y eso te hace estar más mediatizado. Todo eso lo analizaba y decía: “¿Para qué coño voy a volver?”. Y encima, a más a más como diría Jordi Pujol, en el otro lado de la música yo estaba ganando mucha pasta y me iba de puta madre. De hecho, es tan paradójico que mis dos discos, “Guerrero en el desierto” y “El rock me mata”, son fruto del dinero que hice en ese otro lado y que lo invertí en esta nueva etapa. En el otro lado de la música hay mucho más dinero que en éste. Existen más discotecas donde actuar; muchas más producciones para hacer; muchos más talentos nuevos a los que colocar una canción; hay gente como Paulina Rubio, Luz Casal, que les presentas un tema y en un momento dado te la pueden coger con lo que ganas un dinerito. En algunas producciones que he hecho, he gana dos o tres millones de pesetas. Mira, hace unos años gané siete millones de pesetas en una producción. En mi puta vida, y que me oigan bien, en mi puta vida he ganado siete kilos de una tacada con Barón Rojo. En mi puta vida.

Todo se entiende mejor así.

Claro. Yo me planteaba que tenía cosas que decir y letras hechas, mucha mala hostia acumulada que la única manera de expresarla era con el rock pero, para qué volver, si, primero, no me sentía con fuerzas; segundo, no sé si me aceptarán; tercero, tengo unos recuerdos malísimos; y cuarto, qué quieres que te diga, que tengo una vida hecha, me siento mayor, estoy fondón,… Sin embargo, lo hice. En un año me hice solo en casa “Guerrero del desierto”, sin ningún tipo de ayuda.

No obstante, ese cabreo del que hablabas parece que se refleja más en “El rock me mata”.

Sí, pero ahora que ha pasado este disco, lo he terminado y está en la calle, estoy todavía más cabreado. Si yo me dejara llevar con mi cabreo los Soziedad Alcohólica serían la canción de Heidi a mi lado. Lo que pasa es que te tienes que contener.

Tanto en “Guerrero del desierto” como en “El rock me mata” me encanta la estructura de canción que creas, en especial en los estribillos, algo que considero siempre ha sido una característica tuya. ¿Crees que esto es algo natural? ¿Hay que tener ese toque especial? ¿O esto llega después de un bagaje largo acumulado?

Mitad y mitad. En el mundo de la música, hay dos formas de expresarse: O bien haciendo buenos temas o bien haciendo buenas canciones. Es más difícil hacer una buena canción que un buen tema. Porque un buen tema teniendo cierto bagaje profesional, un poco de talento y un mínimo de conocimientos, a base de trabajar como hormiguita consigues hacer un buen tema. Dentro de un buen tema, obviamente, hay distintas categorías.

Sin embargo, hacer una buena canción es mucho más jodido porque tiene que tener todo lo que hemos dicho para el buen tema pero además poseer alegría y energía. Eso que te hace saltar en el estribillo. Para hacer una buena canción corres el riesgo de acercarte a lo excesivamente comercial pero si sabes mantener el pulso has conseguido un tema de puta madre. Dicen que entre la elegancia y lo hortera hay un paso. La clave es mantenerte en la línea de la elegancia.

A mí hay algunos temas que me gustan mucho dentro de “El rock me mata” y otros no tanto. ¿A alguno le tienes especial cariño?

Sí, a “Yo por ti”.

Pues mira, en eso estamos de acuerdo.

Es que “Yo por ti” es una canción muy bonita, un temazo. Esto lo graba un grupo americano cantándolo en inglés y no te digo yo… Lo tiene todo. Tres estribillos, tiene ambiente, relax, fuerza, armonía. Además, es el último que compuse para este disco, por lo tanto suena muy fresco.

En un principio parece que se intentó potenciar “Ajedrez mortal” o, al menos, fue la primera que salió. Un tema contundente y crítico con el panorama que vivimos.

No. Ni siquiera es crítico, es más bien descriptivo. Es como si estuvieras en una montaña, o mejor, en un satélite alrededor de la Tierra y dijeras: “Hay que ver este planeta tan bonito que se ha convertido en una escuela de guerra”. Desde que el hombre se levantó y dejó de ser un cuadrúpedo se ha estado dando de hostias hasta hoy, y lo que nos queda. Es como si el dios del universo hubiera clavado una pancarta que dijera: Escuela de Guerra, inscríbase aquí.

Quizá “Campo de concentración” pueda ser el contrapunto a “Ajedrez mortal” ya que su letra es algo más inocente, en mi opinión.

“Campo de concentración” sí es un tema crítico. Vivimos en un puto establo en el que nos dan de comer, nos ceban, para que nos muramos. Nos exprimen las ubres y cuando no valemos, al cementerio. La sociedad está así. El poder actual te exprime, hace que te entrampes, te aliena, te influye de todas las maneras posibles para que vayas donde el quiere. Te coges tu hipoteca, tu trabajo y no le das problemas. Como decía el hijo de puta de Kissinger, el Secretario de Estado que tuvo Estados Unidos: “Los soldados son animales estúpidos que sirven para mandarles a las fronteras exteriores a que los mates”. Es terrorífico pero es así de cruel el poder con los vasallos. Somos como pollos criados en una granja que, cuando les llega la hora, te cortan el pescuezo y fuera.

Eso critica “Campo de concentración”. Pero fíjate que termina diciendo “es posible la evasión”. ¿Cuál es la evasión? Tratar de depender lo menos posible del poder. A mí me hacer gracia los antisistema que van a tirar piedras a la policía. Cuando tú tengas la oportunidad de incluirte en el sistema, ganar una buena pasta y joder al prójimo, ellos van a ser los primeros que lo hagan. Es mentira el antisistema de estos. El verdadero antisistema es luchar contra uno mismo, contra tus miedos, fobias, egoísmos, egoísmos, cobardía, glotonería, vaguería, etc. Ese es el verdadero guerrero.

Si tú no arreglas tu vida, tu entorno, es un brindis al sol querer arreglar el mundo.

Yo te pongo mi ejemplo. Estuve cinco años en un colegio de formación profesional. Yo le llamo un campo de concentración porque aquello era casi un campo de exterminio. Aprendí un oficio llamado matricero que está relacionado con la metalurgia. No me sirvió para nada, lo podéis leer en mi página web, en la biografía. No ejercí de matricero porque no me dio la gana meterme en un taller a joderme las manos limando hasta que me dieran el puesto que yo me merecía.

Después, presionado por las circunstancias de la familia, mi padre en concreto, hice oposiciones a la Compañía Telefónica Nacional de España, que en aquella época era una empresa modelo y un trabajo para toda la vida. Me preparé durante un año, aprobé las oposiciones y estuve en Telefónica tres años escasos. Ahí ya estaba en mi establo. Me habían metido en el chiquero y estaba ahí, caminito de tener un novia y hacer oposiciones internas a operador técnico, de ahí a encargado de central, para echar barriga, tener cinco hijos, comprarme un SEAT Panda y un pisito en alguna ciudad de provincias. Y dije: “Señores, ahí se quedan. Hasta luego, me voy con una orquesta a correr mundo por ahí.” Esa fue mi evasión, yo me escapé del establo. Me decían que estaba loco porque en aquella época entrar en la Telefónica era un privilegio, era un funcionariado. En la época en que te hablo, año 1968, el Presidente de Telefónica era más importante que muchos ministros del gobierno de Franco. Era empresa modelo en Europa. Me fui a hacer lo que me gustaba, que era ser músico. Y lo pasé jodido durante años pero me evadí del “campo de concentración”.

En esta nueva etapa se ha roto el binomio clásico de Sherpa y Carolina Cortés para escribir las letras. A pesar de que se han compartido muchas experiencias, siempre he pensado que era más sencillo que los textos los escriba una persona sola.

Carolina me sufrió durante mucho tiempo, la pobre, porque ha tenido una enorme paciencia conmigo. Yo me he aprovechado de su gran talento como escritora. El trabajo de Carolina era doblemente ingrato porque yo le daba todas las ideas que quería exponer en una canción, con lo cual la estaba condicionando, pero además era tan exigente que si una palabra terminaba en una vocal, por ejemplo “a”, pero a mí no me gustaba fonética o porque no iba bien con el instrumento, y quería que terminase en “i”, se la hacía cambiar, con lo cual ya le jodía todo el trabajo anterior. Lo más grande es que llegaba a conseguirlo. Carolina tiene un mérito enorme.

Ahora bien, hubo canciones como el famoso tema “Barón Rojo” en que le dije: “Te doy libertad para que hables del mito del famoso aviador, de ese héroe romántico de la Primera Guerra Mundial, que un noble caballeroso en el combate aéreo, bla, bla, bla. Me gustaría que hablases de eso pero a tu bola.” Prácticamente toda la letra de “Barón Rojo” es de Carolina. Hay dos o tres pinceladas mías pero esa canción le salió en una tarde. Por el contrario, un tema como “Resistiré” tardó muchísimo porque le decía “quiero que metas a los criminales disfrazados, y esto y lo otro”. Se lo ponía muy jodido y aun así lo hacía. Por mi parte era muy cómodo porque quien curraba era Carolina.

Trabajar como letrista en solitario tiene su aspecto positivo o su lado fácil. Tienes claro lo que quieres decir y empiezas a hacer borradores hasta que te sale. Si la gente supiera la de borradores que hice para “Mi Everest”, que es una letra francamente bonita. Cuando la oyes, piensas: “Joder, qué lógico”. Parece natural pero ha sido fruto de mucho curro. Eso sí, le he cogido el gusto a escribir letras y me encanta.

Siempre en tu carrera te han gustado los juegos de palabras. Eso de “El rock me mata” y “Sherpa vivo” parece una contraposición curiosa.

El idioma se presta a usarlo inteligentemente. No me estoy llamando inteligente pero trato de usar la inteligencia. Todos la tenemos pero normalmente no la usamos. El hacer juegos de palabras es muy picante, te chispea el cerebro, es como un chiste. En general un chiste es tan bien acogido porque te da como un bofetón cuando termina y sueltas la carcajada. A través de lo absurdo te hace ver una realidad.

El concierto que se añade como segundo cd recoge la actuación en Copérnico, un día supongo que especial. Eso sí, es muy crudo porque muestra vuestras grandezas pero también las miserias.

Claro, porque hubo muchas miserias. Si te lo juegas todo a una carta corres el riesgo de que haya inconvenientes muy gordos: Se te rompe una cuerda de guitarra, estás frío con la voz, encima el pobre Raúl (N. de R: Raúl Rodrigo, guitarrista de la banda), que iba a hacer las segundas voces, se coge un constipado que se nota en las voces del disco. Pero tío, yo decidí que la gente sepa que los conciertos son así. Ha quedado para la historia con mis gallitos y mis ahogos. Encima me estaba ahogando porque los chavales estaban fumando de todo y yo me lo tragaba, y claro, no me importa pero uno ya tiene una edad. Sin embargo, me dije: “¡Qué cojones! ¿Nos vamos a meter a grabar voces y retocar?” ¿Qué me ponen verde? Pues que me pongan. Tiene su lado bueno, que cuando la gente vaya a verte y estés en un gran día, se sorprendan.

Un poco es retomar lo que comentabas. Es físicamente imposible cantar como hace cuarto de siglo.

Y físicamente imposible que en una actuación te salga todo bordado. ¿Cuál ha sido el problema? Como siempre, el dinero. Con pasta te haces una gira en seis o siete ciudades, te llevas un equipo de puta madre, con tres técnicos y escoges la flor y nata de cada cosa. Entonces, juegas con ventaja, pero salió así y ya está.

Mira, hay una cosa que me gusta mucho contar. En los años setenta, hubo el lanzamiento de un cantante llamado Gilbert O´Sullivan, un irlandés, que el tío tuvo varias canciones como “Clair” o “Alone again”, números uno en el mundo. Era muy de la onda de Paul McCartney. El lanzamiento que le hizo la discográfica fue muy inteligente porque la portada era en color sepia y el tío vestido de minero, con la gorra típica, el pelo corto y siendo muy guapo, casi parecía feo. Entonces la gente, sobre todo las tías a las que estaba dirigido el producto, no le dio importancia al físico. Sin embargo, en el siguiente disco, ya le sacaron como era: Guapo, rubio, con el pelo ondulado. Las tías se corrían. Pues a lo mejor con esto pasa lo mismo. La gente pensará: “Vaya con el Sherpa, qué mal está”. Pues a lo mejor me ven y piensan que qué bien estoy.

A veces en Madrid se vive en una especia de burbuja de percepciones que no es refleja del conjunto del país. ¿Cómo has visto la acogida que te han hecho en otras provincias?

Muy bien siempre. En algunos sitios hemos pinchado de gente y han ido cien personas, pero esos cien se lo han pasado de puta madre y han salido flipados. Eso es lo más importante.

Esta pregunta me ha resultado un poco difícil de plantear. Obviamente, y como has comentado, la decisión de volver al rock es tuya pero ¿te planteaste alguna vez eso de “el pueblo quiere carnaza en forma de rock, ¡pues toma carnaza!?

(Se lo piensa unos segundos) No. Yo me muevo por impulsos. Mira, a mí me propusieron cuando era joven ser un roquero, porque yo hacía rock and roll. Yo antes que roquero soy rocanrolero porque el rock viene del rock and roll: Chuck Berry, Hill Halley and The Comets, Carl Perkins, Jerry Lee Lewis,… Yo he mamado de ahí pero en aquella época lucía palmito y a las titis le gustaba. Te estoy hablando de cuando tenía diecinueve añitos. Me quisieron lanzar como estrellita del rock and roll. Tú leías todas las críticas que me hicieron entonces, desde Luque hasta Luis Carlos Muralla, José Luis Uribarri, Joaquín Prat, toda la creme de la creme de los medios, chapeau conmigo, caí en gracia. Sin embargo, le decía a mi manager de entonces que había algo que no me gustaba, no quería ser un cantante para las niñas. Es que me parece inmoral, yo quiero un grupo. Iba buscando contundencia, no quería ser una estrellita. EMI me ofreció ser una estrellita del rock and roll. Estuve hablado con el director artístico del sello, nos fuimos a tomar un café y me dijo: “Hay esto, ¿te interesa?”. La EMI Odeón te lanza por todo lo alto. Le dije que no porque no lo veía, no me sentía a gusto. ¿Sabes a quién lanzaron? A Miguel Gallardo. Querían que yo fuera Miguel Gallardo. El chaval lo hizo muy bien pero yo no estaba en esa cuerda. No soy un Chayanne, que no. A mí me ha gustado la sensación de grupo y no tengo esa histeria emocional que sí era adecuada para un Freddie Mercury y gente así.

¿Y qué dirías a aquellos que piensan, porque “haberlos haylos”, esa frase tan recurrente cuando algunos hablan de ti: “Tratan de volver los desertores del rock, pero es tarde ya”?

(Esboza una media sonrisa irónica) El otro día en un post en mi página web lo decía. El que piense que el rock es una secta; el que piense que hay que hacer un juramento tipo Mafia en el que jamás te salgas del rock; el que piense que tienes que respetar ciertos cánones o ciertas liturgias; por favor, que no compre mis discos; por favor, que no venga a mis conciertos; por favor, que se olvide de mí porque esa no es mi gente. Lo primero que tiene que ser un roquero es libre. El verdadero roquero de corazón antepone la libertad a todo y le importa tres cojones lo que piensen los demás. Asume con absoluta gallardía todos sus actos, tanto si se equivoca como acierto. Ese es un verdadero roquero. Quienes dicen eso son gente que no ha salido del rock porque no saben hacer otra cosa, son unos cobardes. Prefiero ser un desertor a un cobarde.

El caso contrario, tuve la suerte de toparme una vez en mi vida con una actuación de Los Hobbies, la banda en la que tocabais versiones con tipos de Cadillac y alguna otra formación.

Tío, me lo pasé en esa época genial. Ahí pude realizar mi faceta humorística porque tengo una bis cómica muy grande. No sé si sabes que el grupo Martes y 13 se fundó en mi piso porque eran muy amigos nuestros. Bueno, menos uno que, en fin, prefiero no hablar de él. En muchos de los gags de Martes y 13 hemos participado mi mujer y yo. Algunas de las formas de hablar de Millán me las copió a mí, que lo sepa la gente. Y te digo una cosa, esto no lo he dicho nunca. Cuando Fernando, que es un tío de puta madre y para mí el mejor persona de los tres, cuando Fernando se fue de Martes y 13, Carol y yo le decíamos “no te vayas”, pero él estaba harto y quería hacer teatro. Entonces se quedaron Millán y Josema. Una noche cenando Millán en mi casa, tocando la guitarra y haciendo chistes me dijo: “Oye nene, ¿Por qué no te vienes con nosotros? Tienes mucha más gracia de lo que crees”. Fue cuando se quedaron como pareja y todavía no se hallaban. Fue una proposición de una noche, pero una proposición seria, pero tampoco me veía.

¿Qué pasa? Que mi faceta humorística sí la desarrollé con Los Hobbies y hacíamos un show brutal Tengo un lote de discos de Los Hobbies, que algún día los pondré a la venta en E Bay, y el otro día estuve escuchando el “Angelitos negros” que hacíamos una versión cachonda y lloré de la risa. Me lo puse y me descojonaba. Un día nos vino un mexicano. Tocábamos en un sitio que se llamaba Rock N Roll Café todos los viernes y sábados. Fue una época maravillosa. Bebías tu Jack Daniels y encima ligabas. Al terminar la actuación, se me acercó un señor mexicano y me comenta (imita la voz de aquel país); “Muy buenas, miren, yo soy de la cadena Televisa. Oigan, ¿a ustedes quiénes les hacen los guiones?” Le contesté que lo improvisábamos todo. El me dijo: “Entonces, permítanme que les diga que son unos genio”. Me quedé mudo. Pero es que te pones a escuchar los chistes que improvisábamos y eran fantásticos. De Faemino y Cansado para arriba, te lo digo en serio. ¿Sabes el resultado? El local de bote en bote siempre. Había peticiones de mesa con semanas de antelaciones porque llenábamos todos los días. Ahí realicé mi faceta humorística. Para que luego salga alguien y diga: “Sí, tocaba “Angelitos negros”, menudo roquero”. Cállate, por dios, si no sabes de lo que estás hablando. El bolero blues más bonito que se ha hecho nunca contra el racismo cantado por un pedazo de señor llamado Don Antonio Machín y me criticas. Esos son incultos.

Durante esa época, ¿había mucha gente que te asociaba con Barón Rojo?

Sí, y me daba un poco de vergüenza.

Menos mal porque el día que os vi me llevé mi “Volumen brutal” y al final no te lo pasé para que me lo firmaras.

No, pero mucha gente me venía con discos de Barón porque hicimos giras por teatros de la Comunidad de Castilla León y al terminar la actuación se subían chavales con vinilos y yo firmando pero, no sé, me daba un poco de pudor, que no tenía por qué pero he sido un poco vergonzoso.

¿Y tú crees que la trascendencia de Sherpa en particular, y Barón Rojo, en general, no está reconocida a nivel masivo? O más que echarle la culpa al entorno ha sido un poco el viejo tópico de “entre todas la mataron y ella sola se murió”.

Un poco de eso sí que hay. Barón Rojo era una pequeña España, un barco con muchos capitanes y nos fuimos a pique, como se irá este país.

El aficionado al rock y al heavy siempre tiende a pensar que los ochenta fueron la época dorada. ¿Estás de acuerdo con eso?

En cierto modo, sí. Lo mismo que los sesenta fueron para la música, y para la humanidad, una época de ingenuidad y lucidez, en los ochenta hubo el esplendor del rock.

Entonces, ¿no sigues demasiado el panorama actual?

En eso siempre he sido raro porque he escuchado siempre muy poca música y muy poco rock.

Es curioso porque un conocido tuyo, Michael Schenker, me contó en una entrevista que él no oía música nunca.

Yo es que me fatigo mucho escuchado música porque lo hago para diseccionarla y absorberla. Tampoco compro discos, pero ojo no me los bajo. Nunca he comprado discos. Tengo el síndrome del pobre. Siempre fui pobre y no me pude comprar vinilos en aquella época y me ha quedado la cosa rácana de no comprar. Y como tengo mucho pudor a bajarme nada, porque me parece una inmoralidad, tiro de discos que me llegan de promoción. A mi mujer en su trabajo le regalan muchas cosas, pero escucho música muy variopinta. Me pongo a pintar y oigo música. Ves el revoltijo de discos que tengo y no te lo crees: Los grandes éxitos de los Shadows; una recopilación de fados portugueses, preciosa; luego tengo a unos sudafricanos llamados Seether, que son como Nirvana pero a lo bestia, que me encantan; una recopilación de Deep Purple; todos los discos de recopilación que hace el Mariskal Romero con grupos de ahora que ni me suenan, grupos argentinos, los Rata Blanca, Tierra Santa, Warcry… Todo eso lo escucho porque me los pasa este tío. Me sirve de referencia pero tampoco quiero oírlos demasiado para que no se me pegue.

Aunque no lo quieras el subconsciente actúa y se queda con la copla.

Exacto pero no los menosprecio. Es porque me fatigo mentalmente demasiado escuchando esos discos. Lo que sí oigo mucho es música clásica. La “Marcha turca” de Mozart es de mis piezas favoritas. Me encanta el piano. De hecho, me voy a matricular a aprender piano clásico porque oigo cosas de Chopin o Liszt y lloro. O sonatas de Beethoven. En realidad, y te lo digo en serio, yo quería haber sido director de sinfónica porque, seamos claros, eso es música con mayúsculas. Cuidadín, cuidadín, no saquemos los pies del tiesto.

Para concluir, me gustaría que relaciones nombres o cosas con lo primero que te salga.

Zafiro: Yo lo llamo Zafio. Lo primero que me viene es mucho dolor, mucha tiniebla, mucha mala gente, vampiros, ladrones.

Pabellón del Real Madrid: Buenos recuerdos y cuando mi Real Madrid era mi Real Madrid. Ahora es la multinacional como puede ser El Corte Inglés.

Michael Schenker: Una pena. Cabeza loca. Un gran talento en una cabeza loca. Michael Schenker podía estar cagándose en los grandes guitarristas que hay ahora en el mundo si hubiera sido un tío serio porque talento tiene mucho más de lo que la gente cree. Yo he tenido el privilegio de haber estado tocando nueve horas con él y ha tocado cosas para mí que jamás ha tocado para nadie. Por ejemplo, las canciones que aprendió cuando tenía catorce años, en la escuela en Alemania. Unas cosas tirolesas con unas digitaciones de alucinar. Por eso te digo que una pena. Su hermano es mucho más limitado pero la cabeza la tiene en su sitio y, mira, el dueño de Scorpions.

¿Hay alguna canción de Barón Rojo, de las tuyas que digas: “Joder, no sé por qué a la gente le gusta tanto porque a mí no me dice nada”?

Yo nunca comprendí por qué gustaba tanto “Son como hormigas”; ahora sí lo comprendo. En aquel momento me parecía un temita menor. Esa letra es mía aunque también firmó Carolina que hizo algún pequeño retoque. Obviamente, teníamos el buen rollo, primero como matrimonio pero también como pareja profesional, de firmar conjuntamente, pero esa letra es mía. Como me salió tan fácil nunca le di importancia pero ahora me encanta tocarla. En Inglaterra, curiosamente, fue la que más gustó. Se llamaba “Termites”. Ellos veían rarísimos que nos metiéramos con el council, con el ayuntamiento. Lo veían rompedor.

Y justo el caso contrario. ¿Hay alguna canción de los hermanos de Castro que digas: “Qué pena no haberla compuesto porque me encantaba”?

“Larga vida al rock and roll”. Participé en el arreglo en la parte esa de “tú que piensas que ya se acabó…”, esos arreglos a lo Toto son míos. Lo mismo que cuando empieza lo de “Barón…” en “Barón Rojo” lo puso Armando porque tiene un enorme talento, en “Larga vida…” se la devolví.

Eran otros tiempos.

Armando y yo hemos tenido una química para componer que si Armando hubiera sido de otra manera de ser, nos habríamos comido el mundo. Como pareja compositora no hubiera habido quien nos tosiera, te lo digo sinceramente.

Ya, pero las cosas son como son.

Armando es un gran músico y yo, pues tampoco soy mal músico, qué quieres que te diga. Armando tenía mucha información de rythm and blues y yo de jazz rock y de fusión. Porque mi discografía era Chick Corea, Mahavishnu Orchestra, Yes, Genesis, Stanley Clark, Al Di Meola, John McLaughlin,… Me acuerdo que cuando empezamos a ensayar al principio, Armando decía: “Coño Sherpa, que esto no es jazz rock, que haces unas escalas”. Poco a poco fueron entrando, y esas escalas se fueron notando. Y al final Armando decía que daba gusto tocar con un bajista que fuera capaz de hacer esas escalas. Coño, pues gracias.

Extensísima pero más que interesante entrevista con este veterano músico. Desde luego, da gusto charlar con tipos así, que tienen cosas que decir y, además, no se cortan lo más mínimo.