A
la hora de evaluar la posibilidad
de entrevistar a alguien siempre
pones en una balanza una serie
de factores como son tu gusto
personal, el bagaje del artista,
las referencias escritas que
tengas de él, su capacidad
de comunicación, etc.
Este medio, para bien o para
mal (en mi opinión, para
bien), es, como yo digo, profesional
no remunerado porque la gente
que lo dirige y los que escribimos
invertimos gran parte de nuestro
tiempo y esfuerzo por ofrecer
la mejor información
posible con la única
(pero impagable) compensación
de ver cómo se solidifica
e, incluso, aumenta el número
de visitas mensuales a esta
webzine.
Hablar con
Sherpa conjugaba todos los factores
antes descritos. No necesita
presentación una de las
leyendas del hard rock patrio.
“Guerrero en el desierto”
fue el retorno del hijo pródigo,
algo que le valió las
mismas alabanzas que críticas
(por cierto, no escuché
tantas cuando Halford editó
“Resurrection” o
volvió a Judas Priest,
y son casos similares). Unos
cuantos conciertos por la geografía
ibérica, entre ellos
el de la sala Copérnico
en Madrid que aquí se
ofrece como segundo cd, y regreso
al estudio para facturar siete
cortes nuevos y una revisión
del “Campo de concentración”
de Barón Rojo. Los fans
puede que se sorprendan ante
lo que nos encontramos en “El
rock me mata”. Un Sherpa
duro, moderno y casi desatado.
Si en “Guerrero del desierto”
se alternaban temas potentes
con cosas más suaves,
la tónica de “El
rock me mata” es la contundencia
en el riff. Basta escuchar la
inicial “Ángeles
de la ira” para ver que
José Luis Campuzano va
en serio y está cabrerado.
Con relación
al álbum en vivo, puff,
qué queréis que
os diga. Para mí, está
tan mal o tan bien de voz como
Carlos de Castro, con la diferencia
de que originariamente era Sherpa
quien cantaba “Son como
hormigas”, “Concierto
para ellos” y demás.
En cualquier caso, este “Vivo”
muestra todas las carencias
de nuestro protagonista en el
año 2006, si bien a lo
largo de la entrevista, él
se encarga de desmentirlas o
justificarlas. Cada cual que
se forme su opinión,
la mía ya la he expresado
en repetidas ocasiones al hablar
de Barón Rojo.
Es encender
la grabadora y José Luis
comienza a hablar casi sin preguntarle,
es más empieza él
la conversación. Dicharachero
y muy claro en sus postulados,
no quería centrar la
charla en la frustrada reunión
sino hacer un repaso a toda
su trayectoria vital y artística.
Creo que el objetivo se cumplió
con creces. Incluso, Sherpa
reveló alguna cosas que
jamás había escuchado
como su conexión con
Martes y 13 o cómo intentaron
hacer de él una estrella
juvenil del pop rock. Aunque
sea un poco larga, os aconsejo
que la leáis porque no
tiene desperdicio.
SHERPA:
Bueno, ¿qué, te
ha gustado el disco?
CYPT: Si hablamos
de las nuevas canciones te diré
que sí. Es distinto a
“Guerrero en el desierto”
pero posee un sonido muy actual
y crudo.
Es
que quisimos darle ese enfoque,
más heavy metal, y nos
ha quedado un álbum muy
potente.
¿Qué
supuso para ti la buena acogida
que tuvo “Guerrero en
el desierto”?
Pues
alegría porque no las
tenía todas conmigo.
Estaba un poco acojonado porque
metí un poco canciones
de revuelto, canciones que me
gustaban pero muy diferentes
entre sí. En parte me
arriesgué pero me dije:
“Meto estas canciones
y éste soy yo. Si queréis
aceptarlo bien; si no, pues
lo siento”. Me dio un
poquito de miedo y ahora resulta
que todo el mundo quiere que
meta canciones como “Mi
Everest”. Macho, al final
uno no sabe cómo acertar.
Saco un disco en una línea
más heavy rock y dicen
algunos que echan de menos canciones
románticas, intimistas.
Pues
os vais a enterar el próximo.
Allí meteré tres
canciones de marcha y lo demás
todo acústico, bonito…
Porque, además, me apetece
hacerlo porque son temas muy
bonitos pero no ñoñas.
Son modernas, más parecidas
a los grupos actuales. Incluso,
alguna va en la onda Nirvana,
con un estribillo muy heavy
que se mezcla con un remanso
de guitarras acústicas
y con letras muy tristes porque
estoy pasando una época
de mi vida bastante dura. En
un estado de emergencia, que
decía un psiquiatra.
De emergencia en dos sentidos:
que emerge, es decir, que sube
y emergencia de urgencia. En
mi caso, son ambos. Me emerge
la personalidad cuando tienes
cincuenta y seis tacos, y eso
es una crisis interna pero,
al mismo tiempo, es urgente
que lo solucione. Miro la vida
desde un punto de visto pesimista
y amargo, decepcionado con mi
país, con la gente, con
la sociedad en general. Sin
embargo, al mismo tiempo tengo
en mi interior un optimismo
vital. Entonces, son como dos
caballos que uno tira para Almería
y el otro a La Coruña.
Tengo que buscar el equilibrio
y que no se ven vayan las riendas.
Quizá
lo que en el comportamiento
de un fan no me cabe en la cabeza,
en un artista sí que
puedo comprender que se pasen
diferentes etapas. Con esto
me refiero a que, normalmente,
el seguidor que evoluciona emprende
un camino sin retorno cuando
se despoja de los gustos de
adolescente. Sin embargo, un
músico sí que
puede tomar el sendero de vuelta.
¿Qué es lo que
te llevó de nuevo al
rock?
Porque
en realidad nunca me fui. Yo
me aparté a una distancia
prudencial para que la mierda
no me salpicase pero nunca le
quité el ojo. Lo que
pasa es que cuando me planteaba
el volver me decía: “¿Para
qué?”. Con los
malos recuerdos que tengo, con
lo cutre que es este mundo.
Con lo de cutre me refiero a
infraestructuras, tratamiento
de los medios, a pasta a repartir
como profesional, esto es, todo
ese tipo de cosas me echaban
para atrás.
Asimismo,
reconozco que a mí me
costaba mucho cantar lo mismo
que cuando era joven porque
son canciones que había
que darlo todo en el escenario
con un volumen infernal. Me
iba haciendo más mayor
y estaba convencido de que sería
incapaz de cantar eso. Ahora
me he demostrado que sí,
me está costando pero,
incluso, a mi edad me he demostrado
que puedo hacerlo y cantar más
o menos como lo hacía
antes. Aparte que yo nunca me
he considerado un gran cantante
en absoluto.
Quizá
la perspectiva del seguidor
de Barón Rojo es diferente
porque a Sherpa se le ha asociado
y alabado más como cantante
que como bajista.
Sí,
pero yo no era un gran cantante
de heavy metal. Nunca he tenido
unas grandes facultades como,
por ejemplo, Bruce Dickinson.
Además, toco un instrumento
y eso te hace estar más
mediatizado. Todo eso lo analizaba
y decía: “¿Para
qué coño voy a
volver?”. Y encima, a
más a más como
diría Jordi Pujol, en
el otro lado de la música
yo estaba ganando mucha pasta
y me iba de puta madre. De hecho,
es tan paradójico que
mis dos discos, “Guerrero
en el desierto” y “El
rock me mata”, son fruto
del dinero que hice en ese otro
lado y que lo invertí
en esta nueva etapa. En el otro
lado de la música hay
mucho más dinero que
en éste. Existen más
discotecas donde actuar; muchas
más producciones para
hacer; muchos más talentos
nuevos a los que colocar una
canción; hay gente como
Paulina Rubio, Luz Casal, que
les presentas un tema y en un
momento dado te la pueden coger
con lo que ganas un dinerito.
En algunas producciones que
he hecho, he gana dos o tres
millones de pesetas. Mira, hace
unos años gané
siete millones de pesetas en
una producción. En mi
puta vida, y que me oigan bien,
en mi puta vida he ganado siete
kilos de una tacada con Barón
Rojo. En mi puta vida.
Todo se entiende
mejor así.
Claro.
Yo me planteaba que tenía
cosas que decir y letras hechas,
mucha mala hostia acumulada
que la única manera de
expresarla era con el rock pero,
para qué volver, si,
primero, no me sentía
con fuerzas; segundo, no sé
si me aceptarán; tercero,
tengo unos recuerdos malísimos;
y cuarto, qué quieres
que te diga, que tengo una vida
hecha, me siento mayor, estoy
fondón,… Sin embargo,
lo hice. En un año me
hice solo en casa “Guerrero
del desierto”, sin ningún
tipo de ayuda.
No obstante,
ese cabreo del que hablabas
parece que se refleja más
en “El rock me mata”.
Sí,
pero ahora que ha pasado este
disco, lo he terminado y está
en la calle, estoy todavía
más cabreado. Si yo me
dejara llevar con mi cabreo
los Soziedad Alcohólica
serían la canción
de Heidi a mi lado. Lo que pasa
es que te tienes que contener.
Tanto en “Guerrero
del desierto” como en
“El rock me mata”
me encanta la estructura de
canción que creas, en
especial en los estribillos,
algo que considero siempre ha
sido una característica
tuya. ¿Crees que esto
es algo natural? ¿Hay
que tener ese toque especial?
¿O esto llega después
de un bagaje largo acumulado?
Mitad
y mitad. En el mundo de la música,
hay dos formas de expresarse:
O bien haciendo buenos temas
o bien haciendo buenas canciones.
Es más difícil
hacer una buena canción
que un buen tema. Porque un
buen tema teniendo cierto bagaje
profesional, un poco de talento
y un mínimo de conocimientos,
a base de trabajar como hormiguita
consigues hacer un buen tema.
Dentro de un buen tema, obviamente,
hay distintas categorías.
Sin
embargo, hacer una buena canción
es mucho más jodido porque
tiene que tener todo lo que
hemos dicho para el buen tema
pero además poseer alegría
y energía. Eso que te
hace saltar en el estribillo.
Para hacer una buena canción
corres el riesgo de acercarte
a lo excesivamente comercial
pero si sabes mantener el pulso
has conseguido un tema de puta
madre. Dicen que entre la elegancia
y lo hortera hay un paso. La
clave es mantenerte en la línea
de la elegancia.
A mí
hay algunos temas que me gustan
mucho dentro de “El rock
me mata” y otros no tanto.
¿A alguno le tienes especial
cariño?
Sí,
a “Yo por ti”.
Pues mira,
en eso estamos de acuerdo.
Es
que “Yo por ti”
es una canción muy bonita,
un temazo. Esto lo graba un
grupo americano cantándolo
en inglés y no te digo
yo… Lo tiene todo. Tres
estribillos, tiene ambiente,
relax, fuerza, armonía.
Además, es el último
que compuse para este disco,
por lo tanto suena muy fresco.
En un principio
parece que se intentó
potenciar “Ajedrez mortal”
o, al menos, fue la primera
que salió. Un tema contundente
y crítico con el panorama
que vivimos.
No.
Ni siquiera es crítico,
es más bien descriptivo.
Es como si estuvieras en una
montaña, o mejor, en
un satélite alrededor
de la Tierra y dijeras: “Hay
que ver este planeta tan bonito
que se ha convertido en una
escuela de guerra”. Desde
que el hombre se levantó
y dejó de ser un cuadrúpedo
se ha estado dando de hostias
hasta hoy, y lo que nos queda.
Es como si el dios del universo
hubiera clavado una pancarta
que dijera: Escuela de Guerra,
inscríbase aquí.
Quizá
“Campo de concentración”
pueda ser el contrapunto a “Ajedrez
mortal” ya que su letra
es algo más inocente,
en mi opinión.
“Campo
de concentración”
sí es un tema crítico.
Vivimos en un puto establo en
el que nos dan de comer, nos
ceban, para que nos muramos.
Nos exprimen las ubres y cuando
no valemos, al cementerio. La
sociedad está así.
El poder actual te exprime,
hace que te entrampes, te aliena,
te influye de todas las maneras
posibles para que vayas donde
el quiere. Te coges tu hipoteca,
tu trabajo y no le das problemas.
Como decía el hijo de
puta de Kissinger, el Secretario
de Estado que tuvo Estados Unidos:
“Los soldados son animales
estúpidos que sirven
para mandarles a las fronteras
exteriores a que los mates”.
Es terrorífico pero es
así de cruel el poder
con los vasallos. Somos como
pollos criados en una granja
que, cuando les llega la hora,
te cortan el pescuezo y fuera.
Eso
critica “Campo de concentración”.
Pero fíjate que termina
diciendo “es posible la
evasión”. ¿Cuál
es la evasión? Tratar
de depender lo menos posible
del poder. A mí me hacer
gracia los antisistema que van
a tirar piedras a la policía.
Cuando tú tengas la oportunidad
de incluirte en el sistema,
ganar una buena pasta y joder
al prójimo, ellos van
a ser los primeros que lo hagan.
Es mentira el antisistema de
estos. El verdadero antisistema
es luchar contra uno mismo,
contra tus miedos, fobias, egoísmos,
egoísmos, cobardía,
glotonería, vaguería,
etc. Ese es el verdadero guerrero.
Si tú
no arreglas tu vida, tu entorno,
es un brindis al sol querer
arreglar el mundo.
Yo
te pongo mi ejemplo. Estuve
cinco años en un colegio
de formación profesional.
Yo le llamo un campo de concentración
porque aquello era casi un campo
de exterminio. Aprendí
un oficio llamado matricero
que está relacionado
con la metalurgia. No me sirvió
para nada, lo podéis
leer en mi página web,
en la biografía. No ejercí
de matricero porque no me dio
la gana meterme en un taller
a joderme las manos limando
hasta que me dieran el puesto
que yo me merecía.
Después,
presionado por las circunstancias
de la familia, mi padre en concreto,
hice oposiciones a la Compañía
Telefónica Nacional de
España, que en aquella
época era una empresa
modelo y un trabajo para toda
la vida. Me preparé durante
un año, aprobé
las oposiciones y estuve en
Telefónica tres años
escasos. Ahí ya estaba
en mi establo. Me habían
metido en el chiquero y estaba
ahí, caminito de tener
un novia y hacer oposiciones
internas a operador técnico,
de ahí a encargado de
central, para echar barriga,
tener cinco hijos, comprarme
un SEAT Panda y un pisito en
alguna ciudad de provincias.
Y dije: “Señores,
ahí se quedan. Hasta
luego, me voy con una orquesta
a correr mundo por ahí.”
Esa fue mi evasión, yo
me escapé del establo.
Me decían que estaba
loco porque en aquella época
entrar en la Telefónica
era un privilegio, era un funcionariado.
En la época en que te
hablo, año 1968, el Presidente
de Telefónica era más
importante que muchos ministros
del gobierno de Franco. Era
empresa modelo en Europa. Me
fui a hacer lo que me gustaba,
que era ser músico. Y
lo pasé jodido durante
años pero me evadí
del “campo de concentración”.
En esta nueva
etapa se ha roto el binomio
clásico de Sherpa y Carolina
Cortés para escribir
las letras. A pesar de que se
han compartido muchas experiencias,
siempre he pensado que era más
sencillo que los textos los
escriba una persona sola.
Carolina
me sufrió durante mucho
tiempo, la pobre, porque ha
tenido una enorme paciencia
conmigo. Yo me he aprovechado
de su gran talento como escritora.
El trabajo de Carolina era doblemente
ingrato porque yo le daba todas
las ideas que quería
exponer en una canción,
con lo cual la estaba condicionando,
pero además era tan exigente
que si una palabra terminaba
en una vocal, por ejemplo “a”,
pero a mí no me gustaba
fonética o porque no
iba bien con el instrumento,
y quería que terminase
en “i”, se la hacía
cambiar, con lo cual ya le jodía
todo el trabajo anterior. Lo
más grande es que llegaba
a conseguirlo. Carolina tiene
un mérito enorme.
Ahora
bien, hubo canciones como el
famoso tema “Barón
Rojo” en que le dije:
“Te doy libertad para
que hables del mito del famoso
aviador, de ese héroe
romántico de la Primera
Guerra Mundial, que un noble
caballeroso en el combate aéreo,
bla, bla, bla. Me gustaría
que hablases de eso pero a tu
bola.” Prácticamente
toda la letra de “Barón
Rojo” es de Carolina.
Hay dos o tres pinceladas mías
pero esa canción le salió
en una tarde. Por el contrario,
un tema como “Resistiré”
tardó muchísimo
porque le decía “quiero
que metas a los criminales disfrazados,
y esto y lo otro”. Se
lo ponía muy jodido y
aun así lo hacía.
Por mi parte era muy cómodo
porque quien curraba era Carolina.
Trabajar
como letrista en solitario tiene
su aspecto positivo o su lado
fácil. Tienes claro lo
que quieres decir y empiezas
a hacer borradores hasta que
te sale. Si la gente supiera
la de borradores que hice para
“Mi Everest”, que
es una letra francamente bonita.
Cuando la oyes, piensas: “Joder,
qué lógico”.
Parece natural pero ha sido
fruto de mucho curro. Eso sí,
le he cogido el gusto a escribir
letras y me encanta.
Siempre en
tu carrera te han gustado los
juegos de palabras. Eso de “El
rock me mata” y “Sherpa
vivo” parece una contraposición
curiosa.
El
idioma se presta a usarlo inteligentemente.
No me estoy llamando inteligente
pero trato de usar la inteligencia.
Todos la tenemos pero normalmente
no la usamos. El hacer juegos
de palabras es muy picante,
te chispea el cerebro, es como
un chiste. En general un chiste
es tan bien acogido porque te
da como un bofetón cuando
termina y sueltas la carcajada.
A través de lo absurdo
te hace ver una realidad.
El concierto
que se añade como segundo
cd recoge la actuación
en Copérnico, un día
supongo que especial. Eso sí,
es muy crudo porque muestra
vuestras grandezas pero también
las miserias.
Claro,
porque hubo muchas miserias.
Si te lo juegas todo a una carta
corres el riesgo de que haya
inconvenientes muy gordos: Se
te rompe una cuerda de guitarra,
estás frío con
la voz, encima el pobre Raúl
(N. de R: Raúl
Rodrigo, guitarrista de la banda),
que iba a hacer las segundas
voces, se coge un constipado
que se nota en las voces del
disco. Pero tío, yo decidí
que la gente sepa que los conciertos
son así. Ha quedado para
la historia con mis gallitos
y mis ahogos. Encima me estaba
ahogando porque los chavales
estaban fumando de todo y yo
me lo tragaba, y claro, no me
importa pero uno ya tiene una
edad. Sin embargo, me dije:
“¡Qué cojones!
¿Nos vamos a meter a
grabar voces y retocar?”
¿Qué me ponen
verde? Pues que me pongan. Tiene
su lado bueno, que cuando la
gente vaya a verte y estés
en un gran día, se sorprendan.
Un poco es
retomar lo que comentabas. Es
físicamente imposible
cantar como hace cuarto de siglo.
Y físicamente
imposible que en una actuación
te salga todo bordado. ¿Cuál
ha sido el problema? Como siempre,
el dinero. Con pasta te haces
una gira en seis o siete ciudades,
te llevas un equipo de puta
madre, con tres técnicos
y escoges la flor y nata de
cada cosa. Entonces, juegas
con ventaja, pero salió
así y ya está.
Mira,
hay una cosa que me gusta mucho
contar. En los años setenta,
hubo el lanzamiento de un cantante
llamado Gilbert O´Sullivan,
un irlandés, que el tío
tuvo varias canciones como “Clair”
o “Alone again”,
números uno en el mundo.
Era muy de la onda de Paul McCartney.
El lanzamiento que le hizo la
discográfica fue muy
inteligente porque la portada
era en color sepia y el tío
vestido de minero, con la gorra
típica, el pelo corto
y siendo muy guapo, casi parecía
feo. Entonces la gente, sobre
todo las tías a las que
estaba dirigido el producto,
no le dio importancia al físico.
Sin embargo, en el siguiente
disco, ya le sacaron como era:
Guapo, rubio, con el pelo ondulado.
Las tías se corrían.
Pues a lo mejor con esto pasa
lo mismo. La gente pensará:
“Vaya con el Sherpa, qué
mal está”. Pues
a lo mejor me ven y piensan
que qué bien estoy.
A veces en
Madrid se vive en una especia
de burbuja de percepciones que
no es refleja del conjunto del
país. ¿Cómo
has visto la acogida que te
han hecho en otras provincias?
Muy
bien siempre. En algunos sitios
hemos pinchado de gente y han
ido cien personas, pero esos
cien se lo han pasado de puta
madre y han salido flipados.
Eso es lo más importante.
Esta pregunta
me ha resultado un poco difícil
de plantear. Obviamente, y como
has comentado, la decisión
de volver al rock es tuya pero
¿te planteaste alguna
vez eso de “el pueblo
quiere carnaza en forma de rock,
¡pues toma carnaza!?
(Se lo piensa
unos segundos) No. Yo
me muevo por impulsos. Mira,
a mí me propusieron cuando
era joven ser un roquero, porque
yo hacía rock and roll.
Yo antes que roquero soy rocanrolero
porque el rock viene del rock
and roll: Chuck Berry, Hill
Halley and The Comets, Carl
Perkins, Jerry Lee Lewis,…
Yo he mamado de ahí pero
en aquella época lucía
palmito y a las titis le gustaba.
Te estoy hablando de cuando
tenía diecinueve añitos.
Me quisieron lanzar como estrellita
del rock and roll. Tú
leías todas las críticas
que me hicieron entonces, desde
Luque hasta Luis Carlos Muralla,
José Luis Uribarri, Joaquín
Prat, toda la creme de la creme
de los medios, chapeau conmigo,
caí en gracia. Sin embargo,
le decía a mi manager
de entonces que había
algo que no me gustaba, no quería
ser un cantante para las niñas.
Es que me parece inmoral, yo
quiero un grupo. Iba buscando
contundencia, no quería
ser una estrellita. EMI me ofreció
ser una estrellita del rock
and roll. Estuve hablado con
el director artístico
del sello, nos fuimos a tomar
un café y me dijo: “Hay
esto, ¿te interesa?”.
La EMI Odeón te lanza
por todo lo alto. Le dije que
no porque no lo veía,
no me sentía a gusto.
¿Sabes a quién
lanzaron? A Miguel Gallardo.
Querían que yo fuera
Miguel Gallardo. El chaval lo
hizo muy bien pero yo no estaba
en esa cuerda. No soy un Chayanne,
que no. A mí me ha gustado
la sensación de grupo
y no tengo esa histeria emocional
que sí era adecuada para
un Freddie Mercury y gente así.
¿Y qué
dirías a aquellos que
piensan, porque “haberlos
haylos”, esa frase tan
recurrente cuando algunos hablan
de ti: “Tratan de volver
los desertores del rock, pero
es tarde ya”?
(Esboza una
media sonrisa irónica)
El otro día en
un post en mi página
web lo decía. El que
piense que el rock es una secta;
el que piense que hay que hacer
un juramento tipo Mafia en el
que jamás te salgas del
rock; el que piense que tienes
que respetar ciertos cánones
o ciertas liturgias; por favor,
que no compre mis discos; por
favor, que no venga a mis conciertos;
por favor, que se olvide de
mí porque esa no es mi
gente. Lo primero que tiene
que ser un roquero es libre.
El verdadero roquero de corazón
antepone la libertad a todo
y le importa tres cojones lo
que piensen los demás.
Asume con absoluta gallardía
todos sus actos, tanto si se
equivoca como acierto. Ese es
un verdadero roquero. Quienes
dicen eso son gente que no ha
salido del rock porque no saben
hacer otra cosa, son unos cobardes.
Prefiero ser un desertor a un
cobarde.
El caso contrario,
tuve la suerte de toparme una
vez en mi vida con una actuación
de Los Hobbies, la banda en
la que tocabais versiones con
tipos de Cadillac y alguna otra
formación.
Tío,
me lo pasé en esa época
genial. Ahí pude realizar
mi faceta humorística
porque tengo una bis cómica
muy grande. No sé si
sabes que el grupo Martes y
13 se fundó en mi piso
porque eran muy amigos nuestros.
Bueno, menos uno que, en fin,
prefiero no hablar de él.
En muchos de los gags de Martes
y 13 hemos participado mi mujer
y yo. Algunas de las formas
de hablar de Millán me
las copió a mí,
que lo sepa la gente. Y te digo
una cosa, esto no lo he dicho
nunca. Cuando Fernando, que
es un tío de puta madre
y para mí el mejor persona
de los tres, cuando Fernando
se fue de Martes y 13, Carol
y yo le decíamos “no
te vayas”, pero él
estaba harto y quería
hacer teatro. Entonces se quedaron
Millán y Josema. Una
noche cenando Millán
en mi casa, tocando la guitarra
y haciendo chistes me dijo:
“Oye nene, ¿Por
qué no te vienes con
nosotros? Tienes mucha más
gracia de lo que crees”.
Fue cuando se quedaron como
pareja y todavía no se
hallaban. Fue una proposición
de una noche, pero una proposición
seria, pero tampoco me veía.
¿Qué
pasa? Que mi faceta humorística
sí la desarrollé
con Los Hobbies y hacíamos
un show brutal Tengo un lote
de discos de Los Hobbies, que
algún día los
pondré a la venta en
E Bay, y el otro día
estuve escuchando el “Angelitos
negros” que hacíamos
una versión cachonda
y lloré de la risa. Me
lo puse y me descojonaba. Un
día nos vino un mexicano.
Tocábamos en un sitio
que se llamaba Rock N Roll Café
todos los viernes y sábados.
Fue una época maravillosa.
Bebías tu Jack Daniels
y encima ligabas. Al terminar
la actuación, se me acercó
un señor mexicano y me
comenta (imita la voz de aquel
país); “Muy buenas,
miren, yo soy de la cadena Televisa.
Oigan, ¿a ustedes quiénes
les hacen los guiones?”
Le contesté que lo improvisábamos
todo. El me dijo: “Entonces,
permítanme que les diga
que son unos genio”. Me
quedé mudo. Pero es que
te pones a escuchar los chistes
que improvisábamos y
eran fantásticos. De
Faemino y Cansado para arriba,
te lo digo en serio. ¿Sabes
el resultado? El local de bote
en bote siempre. Había
peticiones de mesa con semanas
de antelaciones porque llenábamos
todos los días. Ahí
realicé mi faceta humorística.
Para que luego salga alguien
y diga: “Sí, tocaba
“Angelitos negros”,
menudo roquero”. Cállate,
por dios, si no sabes de lo
que estás hablando. El
bolero blues más bonito
que se ha hecho nunca contra
el racismo cantado por un pedazo
de señor llamado Don
Antonio Machín y me criticas.
Esos son incultos.
Durante esa
época, ¿había
mucha gente que te asociaba
con Barón Rojo?
Sí,
y me daba un poco de vergüenza.
Menos mal porque
el día que os vi me llevé
mi “Volumen brutal”
y al final no te lo pasé
para que me lo firmaras.
No,
pero mucha gente me venía
con discos de Barón porque
hicimos giras por teatros de
la Comunidad de Castilla León
y al terminar la actuación
se subían chavales con
vinilos y yo firmando pero,
no sé, me daba un poco
de pudor, que no tenía
por qué pero he sido
un poco vergonzoso.
¿Y tú
crees que la trascendencia de
Sherpa en particular, y Barón
Rojo, en general, no está
reconocida a nivel masivo? O
más que echarle la culpa
al entorno ha sido un poco el
viejo tópico de “entre
todas la mataron y ella sola
se murió”.
Un
poco de eso sí que hay.
Barón Rojo era una pequeña
España, un barco con
muchos capitanes y nos fuimos
a pique, como se irá
este país.
El aficionado
al rock y al heavy siempre tiende
a pensar que los ochenta fueron
la época dorada. ¿Estás
de acuerdo con eso?
En
cierto modo, sí. Lo mismo
que los sesenta fueron para
la música, y para la
humanidad, una época
de ingenuidad y lucidez, en
los ochenta hubo el esplendor
del rock.
Entonces, ¿no
sigues demasiado el panorama
actual?
En
eso siempre he sido raro porque
he escuchado siempre muy poca
música y muy poco rock.
Es curioso
porque un conocido tuyo, Michael
Schenker, me contó en
una entrevista que él
no oía música
nunca.
Yo
es que me fatigo mucho escuchado
música porque lo hago
para diseccionarla y absorberla.
Tampoco compro discos, pero
ojo no me los bajo. Nunca he
comprado discos. Tengo el síndrome
del pobre. Siempre fui pobre
y no me pude comprar vinilos
en aquella época y me
ha quedado la cosa rácana
de no comprar. Y como tengo
mucho pudor a bajarme nada,
porque me parece una inmoralidad,
tiro de discos que me llegan
de promoción. A mi mujer
en su trabajo le regalan muchas
cosas, pero escucho música
muy variopinta. Me pongo a pintar
y oigo música. Ves el
revoltijo de discos que tengo
y no te lo crees: Los grandes
éxitos de los Shadows;
una recopilación de fados
portugueses, preciosa; luego
tengo a unos sudafricanos llamados
Seether, que son como Nirvana
pero a lo bestia, que me encantan;
una recopilación de Deep
Purple; todos los discos de
recopilación que hace
el Mariskal Romero con grupos
de ahora que ni me suenan, grupos
argentinos, los Rata Blanca,
Tierra Santa, Warcry…
Todo eso lo escucho porque me
los pasa este tío. Me
sirve de referencia pero tampoco
quiero oírlos demasiado
para que no se me pegue.
Aunque no lo
quieras el subconsciente actúa
y se queda con la copla.
Exacto
pero no los menosprecio. Es
porque me fatigo mentalmente
demasiado escuchando esos discos.
Lo que sí oigo mucho
es música clásica.
La “Marcha turca”
de Mozart es de mis piezas favoritas.
Me encanta el piano. De hecho,
me voy a matricular a aprender
piano clásico porque
oigo cosas de Chopin o Liszt
y lloro. O sonatas de Beethoven.
En realidad, y te lo digo en
serio, yo quería haber
sido director de sinfónica
porque, seamos claros, eso es
música con mayúsculas.
Cuidadín, cuidadín,
no saquemos los pies del tiesto.
Para concluir,
me gustaría que relaciones
nombres o cosas con lo primero
que te salga.
Zafiro: Yo
lo llamo Zafio. Lo primero que
me viene es mucho dolor, mucha
tiniebla, mucha mala gente,
vampiros, ladrones.
Pabellón
del Real Madrid: Buenos
recuerdos y cuando mi Real Madrid
era mi Real Madrid. Ahora es
la multinacional como puede
ser El Corte Inglés.
Michael Schenker:
Una pena. Cabeza loca.
Un gran talento en una cabeza
loca. Michael Schenker podía
estar cagándose en los
grandes guitarristas que hay
ahora en el mundo si hubiera
sido un tío serio porque
talento tiene mucho más
de lo que la gente cree. Yo
he tenido el privilegio de haber
estado tocando nueve horas con
él y ha tocado cosas
para mí que jamás
ha tocado para nadie. Por ejemplo,
las canciones que aprendió
cuando tenía catorce
años, en la escuela en
Alemania. Unas cosas tirolesas
con unas digitaciones de alucinar.
Por eso te digo que una pena.
Su hermano es mucho más
limitado pero la cabeza la tiene
en su sitio y, mira, el dueño
de Scorpions.
¿Hay
alguna canción de Barón
Rojo, de las tuyas que digas:
“Joder, no sé por
qué a la gente le gusta
tanto porque a mí no
me dice nada”?
Yo
nunca comprendí por qué
gustaba tanto “Son como
hormigas”; ahora sí
lo comprendo. En aquel momento
me parecía un temita
menor. Esa letra es mía
aunque también firmó
Carolina que hizo algún
pequeño retoque. Obviamente,
teníamos el buen rollo,
primero como matrimonio pero
también como pareja profesional,
de firmar conjuntamente, pero
esa letra es mía. Como
me salió tan fácil
nunca le di importancia pero
ahora me encanta tocarla. En
Inglaterra, curiosamente, fue
la que más gustó.
Se llamaba “Termites”.
Ellos veían rarísimos
que nos metiéramos con
el council, con el ayuntamiento.
Lo veían rompedor.
Y justo el
caso contrario. ¿Hay
alguna canción de los
hermanos de Castro que digas:
“Qué pena no haberla
compuesto porque me encantaba”?
“Larga
vida al rock and roll”.
Participé en el arreglo
en la parte esa de “tú
que piensas que ya se acabó…”,
esos arreglos a lo Toto son
míos. Lo mismo que cuando
empieza lo de “Barón…”
en “Barón Rojo”
lo puso Armando porque tiene
un enorme talento, en “Larga
vida…” se la devolví.
Eran otros
tiempos.
Armando
y yo hemos tenido una química
para componer que si Armando
hubiera sido de otra manera
de ser, nos habríamos
comido el mundo. Como pareja
compositora no hubiera habido
quien nos tosiera, te lo digo
sinceramente.
Ya, pero las
cosas son como son.
Armando
es un gran músico y yo,
pues tampoco soy mal músico,
qué quieres que te diga.
Armando tenía mucha información
de rythm and blues y yo de jazz
rock y de fusión. Porque
mi discografía era Chick
Corea, Mahavishnu Orchestra,
Yes, Genesis, Stanley Clark,
Al Di Meola, John McLaughlin,…
Me acuerdo que cuando empezamos
a ensayar al principio, Armando
decía: “Coño
Sherpa, que esto no es jazz
rock, que haces unas escalas”.
Poco a poco fueron entrando,
y esas escalas se fueron notando.
Y al final Armando decía
que daba gusto tocar con un
bajista que fuera capaz de hacer
esas escalas. Coño, pues
gracias.
Extensísima
pero más que interesante
entrevista con este veterano
músico. Desde luego,
da gusto charlar con tipos así,
que tienen cosas que decir y,
además, no se cortan
lo más mínimo.
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