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Volvemos a
invocar al doctor Jiménez
del Oso (que en paz descanse)
o los más actuales Fernando
Sierra o Iker Jiménez
para que estudien qué
fenómeno paranormal rodea
a este disco para que a una
mente preclara se le haya ocurrido
sacarlo al mercado.
Chris Poland
acompañó a Dave
Mustaine en los dos primeros
discos de Megadeth, “Killing
is my business” y “Peace
sells…”. Se labró
una buena reputación
al ser uno de los guitarristas
más versátiles
durante la irrupción
del thrash metal. Poco después
se largó, dejando paso
a un rosario de sustitutos a
las seis cuerdas, todos ellos
de gran calado.
En unos años
donde casi cualquier hacha con
notoriedad hacía sus
pinitos en solitario, Poland
buscó, con poca fortuna,
el éxito y sacó
en 1990 “Return to Metalopolis”,
un buen trabajo instrumental,
técnico pero sin pecar
de exceso de virtuosismo y con
un gran colección de
riffs que podrían haber
servido para futuras aventuras
con MegaDave.
Visto que la
cosa no cuajaba, quiso formar
una banda y surgió Damn
The Machine. En mi opinión,
y aun encantándome su
paso por Megadeth, esto es lo
mejor que ha grabado jamás,
un metal progresivo original
con un magnífico cantante
como Dave Clemmons. Esta formación
tampoco cuajó y desde
entonces Chris se concentró
en Ohm, su grupo de fusión,
con quienes ha logrado cierto
reconocimiento como músicos
en vivo, en particular por la
costa oeste de los Estados Unidos.
De repente,
nos topamos con este directo
que, en realidad, tampoco es
tan directo.
Ahora lo explico.
“Return
to Metalopolis live” consta
de nueve temas que se suponen
serán una rendición
de lo que fue el disco de estudio.
La realidad nos habla que de
los nueve, sólo cinco
están en el “Return
to Metalopolis”. Además,
lo que aquí se incluye
son seis temas registrados en
Phoenix en 1991, una canción
inédita de estudio de
una demo de aquella época,
un corte que no entró
en el debut de Ohm y un vídeo
de bajísima calidad de
“Alexandria”, una
de las composiciones más
brillantes de “Return
to Metalopolis”, pero
interpretado en 1999 y ya como
Ohm, con lo que varía
un poco respecto a su concepción
original.
Con relación
al directo de Phoenix podemos
decir que el sonido es bastante
pobre si bien aceptable para
escuchar algunas cosas francamente
buenas como “Psycho boy”
(ignoro la procedencia del tema,
abogo porque será inédito),
o las tremendas “Nightmare
hall” y “Theater
of the damned”, todo un
ejercicio de mezclar thrash
metal con técnica de
guitarra. Por el contrario,
uno no puede menos que abochornarse
de la versión de “Wake
up dead”, no por la parte
instrumental, que la clavan,
sino por las voces del bajista
Dave Randi que hace quedar a
Mustaine en algo parecido a
Pavarotti.
La canción
de estudio, “Pandora”,
es mucho más experimental
que el material de “Return
to Metalopolis” y se asemeja
a “Tin man”, el
tema de Ohm que aquí
se recoge.
Ignoro quién
habrá “engañado”
a Poland para que accediera
a editar esto. Obviamente está
en su derecho pero si pensaba
que iba a tener alguna repercusión,
lo lleva claro. Si al menos
sirviera para reivindicar, no
sólo su figura, sino
el talento de Damn The Machina
podríamos concluir aquello
de que “el fin justifica
los medios”. Lo malo es
que tampoco ocurrirá.
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