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DEATH ANGEL

EL ARTE DE LA EVOLUCIÓN

¡Qué difícil les resulta a los grupos de thrash reformados sacar buenos discos!. Parece que esto significa retomar el comentario que hicimos del bodrio editado por Nasty Savage mas este artículo pretende ser justo lo contrario. No es un problema de evolución, ni de edad, es la falta de inspiración de las bandas lo que lleva a fiascos monumentales como el de los mencionados. Otros, como Destruction, sin recuperar glorias pasadas, mantienen dignamente el tipo con álbumes correctos que les sirven para justificar sus giras.

El caso que nos ocupa versa sobre un conjunto que llevaba catorce años sin grabar nada, que ya es tiempo. Death Angel fueron fieles seguidores, en sus inicios, de la ortodoxia de la Bay Area para desarrollar, posteriormente, un sonido único que culminó en su obra maestra, “Act III”, que podría haber dado mucho más si Geffen Records les hubiera dedicado el tiempo y la promoción necesaria. En la gira posterior, un gravísimo accidente de autobús casi le cuesta la vida a su batería Andy Galeon y precipitó el final de Death Angel tras la marcha de su cantante Mark Osegueda para formar The Organization. Con su nueva entrega, “The art of dying” recuperamos a una de las bandas más personales de la segunda mitad de los 80. Puro talento.

THE ART OF DYING (2004)

Las dudas antes comentadas que me genera cualquier álbum de reunión quedan resueltas en siete minutos. Exactamente los que dura el primer tema de este disco, “Thrown to the wolves”, un himno thrash en toda regla que nos retrotrae a 1987. La tónica general de “The art of dying” no se basa únicamente en este género sino que parece más la evolución lógica a “Act III”. Metal de calidad excelsa con un nivel instrumental y compositivo espectacular. A lo largo de las once canciones contenidas en este trabajo, encontramos desde trallazos directos como “5 steps of freedom” o “Thicker than blood” hasta partes melódicas en las que las guitarras de Cavestany y Aguilar (el único componente nuevo en el grupo, que sustituye a Gus Pepa) brillan con luz propia.

Es difícil destacar algo de tan interesante conjunto mas ese principio de bajo y batería de “Famine” y la influencia (lejana) de Jane´s Addiction en el estribillo son soberbios y únicamente comparables a la memorable power ballad que cierra el disco, “Word to the wise”, en la que Rob Cavestany ejerce labores de vocalista con resultados notables.

La producción está acorde con lo esperado, es decir, magnífica y mi conclusión final es que entre tanta morralla horrible que estamos acostumbrados a soportar, Death Angel traen una bocanada de aire fresco al género. No son tan originales como para resultar raros pero no hay nadie que se les parezca. Junto con Orphaned Land, Into Eternity y algún otro por ahí, lo mejor de 2004, de momento.

ACT III (1990)

Diría tantas cosas de este disco que me faltan palabras para expresar lo bueno que es en unas pocas líneas. Para mí, “Act III” representa la perfecta definición de evolución. Sin abandonar las raíces thrash, Death Angel se abren a diferentes perspectivas musicales que abarcan desde el heavy clásico hasta las power ballads, pasando por innegables toques funk, cortesía de Dennis Pepa.

Este disco tuvo dos problemas para despuntar. La falta de apoyo de su compañía (Geffen) y la cerrazón de mente del público. Era demasiado thrasher para el consumidor medio (y no tan standard como el disco negro de Metallica) y excesivamente suave para el seguidor de los sonidos extremos. Estas son las injusticias de la vida. Aún así, tuvo cierta repercusión.

Lo mejor que se puede decir de “Act III” es que catorce años después sigue siendo tan válido como entonces. No ha quedado desfasado ni en un 1%. La inicial “Seemingly Endless Time” es un clásico del estilo, tanto como “The Organization” o “Disturbing the peace”. En “Discontinued” guiñaron el ojo a los seguidores de funk metal pero sin perder la caña y velocidad. No obstante, si he de quedarme con algo, por lo sorprendente, es con las dos canciones lentas. Tanto “Veil of deception” como, sobre todo, “A room with a view” pertenecen al olimpo de favoritas personales. Ésta última fue la primera aportación vocal de Rob Cavestany y llegó incluso a conseguir que su videoclip se pasara regularmente en la MTV durante unas semanas. Seguro que, para mí, “Act III” estaría en el Top 50 de mejores álbumes de los 80... y mira que se editaron cosas buenas.

FROLIC THROUGH THE PARK (1988)

Tal vez éste sea el disco menos bueno de los de San Francisco, probablemente debido a que salió entre dos joyas. “Frolic through the park” es un paso intermedio aunque más cercano al thrash de la Bay Area. Los dos primeros temas, “3rd Floor” y “Road mutants”, así lo demuestran. Con “Bored” lograron traspasar el universo de su género gracias a una estructura peculiar y su clip se expuso en diversas cadenas musicales captando la atención de la gente.

Hay dos cosas en el disco que no me agradan demasiado. En sentido genérico, la producción es bastante débil, le falta intensidad y potencia a la mezcla lo que hace que diversas canciones, entre ellas la propia “Bored”, languidezcan y pasen desapercibidas. Otro aspecto que me chirría es la versión del “Cold gin” de Kiss. Para mí, sobra. Como curiosidad, decir que el, entonces, bonus track del Cd, “Devil´s metal”, es de las mejores composiciones del disco.

A pesar de sus fallos, “Frolic...” es un álbum notable. Se percibe que Rob Cavestany es un excelente guitarrista y el trabajo con la batería de Andy Galeon se sale. Buen esfuerzo a medio camino entre “The Ultraviolence” y “Act III”.

THE ULTRAVIOLENCE (1987)

Pertenecientes a la segunda generación de la Bay Area, Death Angel saltaron rápidamente a grabar su debut gracias al apoyo de un “tal” Kirk Hammett que escuchó su demo y se quedó alucinado. Y es que es difícil de creer que tamaña contundencia escondiera una media de edad de 17 años, destacando Andy Galeon, el batería, que tenía ¡14!. Es decir, cuando la gente normal empieza el instituto (o high school en Estados Unidos), este muchachito registraba el que es, en mi opinión, segundo mejor trabajo del thrash metal de tan renombrada zona geográfica, sólo superado por el “Bonded by blood” de Exodus (suponiendo que Metallica no cuente).

Sé que hay gente que le convence más “Frolic through the park” pero, sinceramente, no lo puedo entender. Reconozco que hay fallos aquí y allá en el apartado instrumental pero la frescura, rabia y potencia desatada que demuestran estos cinco chavales, todos medio primos y con antepasados filipinos, es innegable y debe ser loada. Recuerdo que en una cinta de vídeos que me pasaron cuando tenía 14 años, aparecían los típicos grupos de hard rock del momento y, entre ellos, el clip de “Voracious souls”. Espeluznante tema, qué pasada. Además de estos, “Kill as one” y “Evil priests” son también referencias fundamentales en la trayectoria de Death Angel, de la cual nos faltaría por mencionar el directo “Fall from grace”, obra menor aparecida por obra y gracia de Enigma para “contraprogramar” la salida de “Act III”.

En definitiva, uno de los mejores conjuntos de la historia del thrash y una gente que supo evolucionar sin comprometer su creatividad y, lo que es mejor, su credibilidad. ¿Verdad Ulrich?.