Principal / Planeta Sonoro / Reportajes / Dream Theater
“HABLÁBAMOS DE METAL Y DE PROGRESIVO, ¿NO?

Si hay un grupo en el mundo que genera controversia entre la comunidad metalera, ése es Dream Theater. Las polémicas entre fanáticos y detractores son eternas. Aquí nadie se pone de acuerdo, algunos pensarán que la música empieza y termina con ellos mientras otros consideran que son el remedio perfecto para las noches de insomnio. Sin embargo, de lo que nadie puede dudar es de que el quinteto de Nueva York cuida a sus seguidores ofreciéndoles todo tipo de material que ellos, en su libertad, podrán o no adquirir pero siempre tienen un extra en sus ediciones que hace de por sí obligatorio el tenerlo a aquellos que les adoran. Quizá alguien podrá decir que son “cansinos” con tanto directo, DVD y demás, pero haría dos puntualizaciones: Esto es una devoción y si uno quiere poseer hasta el tanga de Mike Portnoy pues allá él con sus historias, y claro, no es lo mismo que en cada recopilatorio en vivo, formato digital y demás aparezcan las “Iron Maiden”, “The trooper” o “Hallowed be thy name” de turno (también podría hablar de “Rock and roll all nite”, “Godo f thunder” o “Detroit rock city”) que pase como en “Score” donde Dream Theater cambian en su totalidad el repertorio respecto al que aparecía en “Live at Budokan”. Desde luego, así da gusto.

“Score” (Rhino) es la consecuencia de una celebración, un viaje en el tiempo donde se recogen veinte años de trayectoria de una de las formaciones más elevadas a los altares y que dotó de madurez al mundo del heavy metal. ¿Esto es bueno o malo? Pues depende de cómo se mire. Quizá una de las características esenciales de este género sea la inocencia y la falta de compromiso con un crecimiento intelectual, a menudo ficticio porque existen infinidad de bandas en los diversos subestilos del metal que son increíblemente cultas en sus planteamientos artísticos pero que, sin embargo, no han logrado reconocimiento masivo como Dream Theater, y por tanto no son tan alabados o criticados. Sinceramente pienso que Petrucci, Portnoy y demás tienen tantos “ultras” contra ellos porque existen entre los medios de comunicación “no especializados” una sensación de que esta música que algunos amamos más que nada en el mundo es para seres infantiles, anclados en el pasado y garrulos, quedando salvada por una rara excepción como es Dream Theater. Contra esto, sólo se puede decir que no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Por todo ello, los americanos levantan pasiones allá por donde van.

Dicho esto, como ya he confesado alguna vez por estas páginas, a mí no me gustan mucho Dream Theater. Los descubrí con el genial “Images and words” pero como siempre les comento (medio en broma, medio en serio) a mis amigos que sí alucinan con el grupo, creo que con ese álbum “se equivocaron” porque nunca volvieron a repetir aquel excelso nivel. En este punto, si algún ferviente admirador de la banda lee mis afirmaciones estará blasfemando contra mi persona. Lo reconozco, no les entiendo y, por momentos, me aburren. Lo he intentado de todas las formas posibles, he escuchado sus discos, muchos los poseo originales pero nada. Incluso, en directo los habré visto tres o cuatro veces pero, lo siento, no me entran. Eso no quita para resaltar algunas canciones sencillamente increíbles.

A pesar de que aquí lo que deberíamos comentar es el triple Cd que recoge “Score” sería impensable disociar el sonido de la imagen en un evento tan especial. El primer compacto es un pequeño paseo por los inicios del conjunto. No obstante, comienza con un par de temas de su, entonces, último disco, “Octavarium”, la potente e ideal para abrir las veladas “The root of all evil” y “I walk reside you”. A partir de aquí nos adentramos en los años de formación de la personalidad de Dream Theater y lo hacemos nada menos que con “Another won”, un corte de Majesty, el nombre primigenio que utilizaron. En esta composición uno solamente intuye lo que serían después. Son metal progresivo, eso no se discute, pero la bisoñez del tema atraerá a más de uno por su frescura y crudeza. Algo similar podríamos afirmar de “Afterlife” de su debut “When day and dream unite”. No es de mis preferidas del álbum pero el objetivo de esta actuación es justo lo contrario a un “best of”. Aquí priman las rarezas para dejar boquiabiertos a los más de seis mil entusiastas que abarrotaron un escenario tan mítico como el Radio City Music Hall de la Gran Manzana.

Un aspecto a destacar positivamente es la voz de James LaBrie. Ríos de tinta han corrido sobre las cuerdas vocales de este hombre pero ya la última vez que le vi en el Lorcarock y en esta actuación, LaBrie cumple de sobra. Me importa bien poco que no sea un “genio” como se supone que son el resto de sus compañeros pero sólo hace falta escuchar la increíble “Under a glass moon” para comprobar que el tipo responde. Otra no habitual representa a “Awake”. “Innocent faded” creo recordar que no sale en ningún directo anterior y seguro no ha tenido cabido en demasiados set lists pero donde ya rizan el rizo en con “Raise the knife”. Ésta es una composición salida de las sesiones de “Falling into infinity” pero que nunca vio la luz hasta este álbum. Parece lógico que no encajara junto a cosas como “Peruvian skies” o Hollow years” ya que “Raise the knife”, además de bastante heavy, es especialmente contundente y la pegada de Portnoy recuerda a la que hace en el “A night with… Master of puppets”. Para concluir el primer repertorio, el quinteto se relaja con la imprescindible “The spirit carries on”, quizá mi preferida de “Metropolis Pt. 2: Scenes from a memory”.

Tiempo para cambiar la decoración y el rumbo de la actuación. El segundo concierto en uno, que se recoge en los cd´s dos y tres, viene marcado por la Octavarium Orchestra. Aquí Dream Theater dan paso a su material más sinfónico y acoplable a una orquesta. Cómo no, la estrella teórica de esta sección tenía que ser “Six degrees of inner turbulence” y sus más de cuarenta minutos. La adaptación a los instrumentos clásicos es francamente buena y casi parece que estuvieras ante un concierto de orquesta acompañada por una banda de rock, y no al revés. Con todo, para uno que no es fan como yo, se me hace un poco largo hasta visualmente que es mucho más espectacular. “Vacant”, única presencia de “Train of thought”, la tomo como una pequeña pieza para relajar los músculos y continuar con “The answer lies within” y “Sacrified sons”, donde incluyen un homenaje en el DVD a las víctimas del once de septiembre a través de la pantalla de vídeo que domina el escenario.

Para culminar la parte orquestada, y ya dentro del tercer compacto, interpretan “Octavarium”, la mejor de largo del disco homónimo y que en este formato es impresionante por la cantidad de matices que aporta la orquesta. El adiós llega con uno de sus cortes más loados, “Metropolis”, y que precisamente no termina de convencerme la adaptación que han hecho del tema. Me resulta un tanto deslavazada, como si algunos instrumentos se perdieran entre los doscientos cambios de ritmo.

“Score”, sobre todo en DVD, me parece un documento imprescindible para cualquier seguidor de Dream Theater, por mucho que, como yo, no sean apasionados y puedan sentir tedio con algunos pasajes. Es un pedazo de historia de la banda y, por qué, de la música progresiva y el heavy metal… porque de eso estábamos hablando, ¿no?