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“LA HORA DE LA RECONCILIACIÓN”

Me repito, en ocasiones, con mis comentarios pero aun a riesgo de ser cansino conviene señalar que determinadas bandas provocan tantas pasiones encontradas que es imposible alcanzar un mínimo de objetividad cuando las escuchas y valoras. Dentro del metal, para mí el ejemplo más evidente es el de Dream Theater. Algunos ven en ellos la reencarnación de Mozart, Beethoven y Bach unidos en un grupo; mientras, otros, el epíteto más amable que les dedican es somnolientos. Como ya he comentado por aquí, me aliaría mucho más cerca de los segundos. A pesar de amar “Images and words”, el quinteto neoyorkino jamás ha conseguido provocarme las sensaciones de “Pull me under”, “Learning to live” y demás joyas. Y nadie me podrá acusar de no haberlo intentado. He escuchado todos sus trabajos, me he comprado varios álbumes, tengo un par de DVD´s… y nada.

Dentro de su última etapa distinguiría el significado artístico de “Train of thought” y “Octavarium”. Sin intentar dármelas de “enterado” sino expresando emociones, el primero me pareció un error a la hora de ejecutar su filosofía. Nos reencontramos a los Dream Theater más cañeros pero sin lograr apuntalar las composiciones para dejarnos la sensación de obra redonda. Por su parte, “Octavarium”, sin alejarse de esos parámetros, sí que se mueve más en lo que Portnoy, Petrucci y compañía manejan mejor, el progresivo. Pues bien, en mi modesta opinión como “ajeno” a la idolatría o al odio visceral por el grupo, “Systematic Chaos” aúna tres características esenciales: Utiliza de forma inteligente la contundencia de “Train of thought”, la combina con la sofisticación instrumental de “Octavarium” y le mete el espíritu “Images and Words”. El resultado final es, bajo mi punto de vista, un acierto. Ocho canciones notables que no “aburren” al mero oyente “inculto” (como puede ser el que escribe) que no entiende demasiado bien la propuesta de los americanos.

Hay otras claves para que me haya sentido atraído por la llamada de Dream Theater. Cada día son más metal sin perder su raíz. Oír “Constant Motion” instintivamente te hace buscar el libreto del cd y comprobar que en él no pone Metallica. El mimetismo de los James, LaBrie y Hetfield, es alucinante. Supongo que es lo que tiene hacer homenajes al “Master of puppets”. Todo se pega menos la hermosura. Hablando de voces, el gran héroe de este “caos sistemático” es LaBrie. Pienso que ha alcanzado su madurez, forzando únicamente en los momentos necesarios y, dentro de sus registros, ofreciendo un buen abanico de posibilidades. Del resto de miembros no voy a hablar porque huelga cualquier comentario sobre sus habilidades y cómo las desarrollan en los temas.

Curiosamente la apertura “In Presence of Enemies Pt I” no presagia nada positivo. Afortunadamente después de cinco minutos instrumentales tediosos, la entrada de LaBrie y una preciosa guitarra arreglan el desaguisado. “Forsaken” es la canción accesible que tal vez se echaba de menos desde hace algún tiempo. El piano se funde con un riff sobresaliente y su cadencia no muy rápida fluye hasta un gran estribillo que desemboca en el magnífico solo de Petrucci. Sin duda, todo un acierto compositivo, de lo más adictivo que han hecho en lustros. La mencionada “Constant Motion”, aparte del recuerdo a Metallica, posee una parte de rapeado que también entroncaría con mis admirados y olvidados Mordred.

La modernidad llega a “Systematic chaos” con “The Dark Eternal Night”. Riff cortado a lo “Train of Thought”, voz distorsionada al principio, otro buen estribillo e inmejorable parte instrumental central. Una canción con grandes altibajos. Los casi once minutos de la balada “Repentance” a mí no terminan de convencerme. Busca crear una atmósfera melancólica pero, en mi opinión, lo que encontramos son pasajes monótonos y repetitivos. No obstante, sé que está entre las favoritas de muchos de sus fans. Uno de los momentos mágicos del álbum es la aceleración de “Prophets of War” cuando LaBrie entona: “It´s time to make a change!”. Realmente brillante. Puestos a establecer “parecidos razonables” escucho en esta canción una versión actualizdaa del “The Enemy Within” de sus adorados Rush aunque al final aparecen unos gritos a lo Manowar que me dejan a cuadros.

“The Ministry of Lost Souls” es mi preferida del disco y, probablemente, estaría en un imaginario top3 o top5 de Dream Theater. Es un tema pausado, emotivo, de esos que te llega dentro. A mitad del mismo se produce un cambio magistral guiado por la batería de Portnoy que nos adentra en un largo desarrollo instrumental relativamente rápido. Quedamos en tensión hasta que, de nuevo, el guión lento cobra protagonismo y las acústicas rubrican una maravillosa composición digna de ser incluida en sus directos. Probablemente este clímax haga que “In presence of Enemies Pt.2” quede un tanto oscurecida. Sin ser mala, no posee la inspiración de su predecesora. De nuevo, encontramos un crescendo en el tempo y una amplísima sección para lucimiento de John Myung o Jordan Rudess. No es una conclusión apoteósica pero sí que puedo afirmar, en resumen, que me he reconciliado con Dream Theater porque he sido capaz de “tragarme” más de tres veces “Systematic chaos” en su totalidad algo que os aseguro no ocurría con un álbum de los estadounidenses desde los días de mi idilio con “Images and words”.

A los fanáticos del quinteto ni tan siquiera les sugeriré su compra porque lo habrán reservado meses antes de su salida; a los detractores irredentos tampoco les instaré a que le den una oportunidad; sin embargo, a los “indecisos”, tiendan al sector que tiendan, sí que les recomendaría que, al menos, investigasen un poco en el disco. A lo mejor, quién sabe, les ocurre como a mí.