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¿Qué
puedes esperar de un grupo que
regresa si en su trayectoria
inicial existían dos
mundos diferenciados? Probablemente,
la búsqueda de un tercero.
¿No eran ellos los que
proclamaban que había
tres caras en todas las historias
(N. de R.: en referencia a su
disco “III sides to every
story”)? Mentiría
si afirmara que el regreso de
Extreme era deseado. No digo
esperado porque, a día
de hoy, hasta Led Zeppelin sin
Robert Plant podrían
girar. En sus días de
gloria nunca terminaron de convencerme
y no me refiero exclusivamente
(como muchos otros) a cogerles
manía por la plasta que
nos dieron con la infumable
y acaramelada “More than
words”.
Tanto en su
debut como en “Pornograffitti”
alternaban temazos brutales
tipo “Teacher´s
pet”, “Play with
me”, “Decadence
dance” o “Hole hearted”
con otros difícilmente
tolerables. En mi opinión,
tenían demasiadas ínfulas
por proclamarse los nuevos Van
Halen (no hace falta recordar
dónde recaló Gary
Cherone tras la disolución
de Extreme, ¿no?) y no
les llegaban a la suela del
zapato. Considero que, en 2008,
esos dos primeros discos suenan
atávicos (y lo dice quien
piensa que el “Dr Feelgood”
de Mötley Crue sigue tan
vigente como cuando se editó).
Posteriormente, decidieron que
tenían que ser unos tipos
serios y ahí llegamos
a “III sides to every
story” y “Waiting
for the punchline”, dos
desatinos con escasos instantes
de lucidez. Como ahí
no había balada pastelosa
que les cobijara y, encima,
el grunge barrió con
todo, se acabaron Extreme con
más pena que gloria.
Más
de una década después,
cae en mis manos “Saudades
de rock”. Sin ninguna
esperanza de que aquello me
recondujera a la senda perdida,
reconozco que el título
(con esa referencia portuguesa
de Nuno) me gustó un
montón. En una valoración
global, estoy gratamente sorprendido
con el quinto trabajo de los
de Boston. Obviamente, hay de
todo, cosas buenas, malas, y
hasta fantásticas, pero
la sensación general
es positiva. Lo que comentaba
antes es cierto, no se parece
a ninguna de las dos etapas
diferenciadas que vivieron.
“Saudades de rock”
tiene un poco de todo: temas
Queen, otros cañeros,
experimentos extraños
y hasta una recuperación
de una composición de
una demo que la sirven en forma
de bonus track.
Si bien mi
tema preferido (que luego comentaré)
se encuentra en la segunda mitad
del álbum, me quedo con
los cortes iniciales. Unos segundos
te sirven para adivinar que
“Star” es heredera
del sonido Queen que ya les
había acompañado
en otros puntos de su trayectoria.
Hasta la forma de encarar las
estrofas por Gary Cherone y
los magníficos coros
recuerdas a los británicos.
“Comfortably dumb”
puede que sea el tema más
“funk metal”, esa
errónea denominación
que les distinguía a
finales de los ochenta. El riff
cortado de Nuno Bettencourt
viene acompañado de la
sección rítmica
más vacilona, cortesía
de Pat Badger y el batería
Kevin Figueredo, el único
miembro nuevo.
Una de las
dos joyas de “Saudades
de rock” es “Take
us alive”, entre el country
y el bluegrass, para mí
representa muy bien ese espíritu
rompedor que hay que reconocer
siempre poseyeron. Movida, ingeniosa
y divertida, poco más
se puede pedir. Sin embargo,
la estrella del retorno es “Ghost”,
una increíble balada,
de los mejores temas que he
escuchado en 2008. El piano
de Nuno y voz de Cherone se
complementan en una especie
de in crescendo, emotivo y casi
épico. Preciosa. Con
ella casi redimen los pecados
del pasado, aquellos que inspiraban
“más que palabras”.
El resto de
la obra queda un tanto por debajo
de las cuatro canciones mencionadas.
Hay cosas buenas o correctas
como “King of the ladies”
(otra de las pocas que nos retrotraen
a sus primeros días),
la bailable “Slide”
o una sementera “Learn
to love”. Junto a ellas,
cosas prescindibles o directamente
olvidables como “Flower
man”, más propia
de Green Day que de una banda
respetable. Con todo, reitero
que “Saudades de rock”
me ha convencido. A lo mejor
dentro de cinco años
me pasa como sus otros discos,
que lo meto en el baúl
de los recuerdos, pero nadie
le podrá negar que me
ha hecho disfrutar.
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