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“Uno”

Un inicio, un punto de partida. El título simple y contundente de “1”, comienzo numérico, o que el primer tema de este trabajo se llame “Nivel Zero” no parecen cuestiones elegidas al azar para hablar del debut de un conjunto que, contrariamente a lo que pueda sugerir, lleva cargados en su mochila kilos de carretera.

Tras la disolución de Sugarless Fuzz supone el regreso de Frankie (guitarrista de la extinta banda) al panorama rock con un trabajo que, si bien siendo novedoso y suponiendo un cambio de sonoridad respecto a su anterior experiencia, mantiene ese toque de guitarras rugosas y añejas, de base setentera, que también se podía apreciar en su anterior banda; acompañándose para completar y exprimir al máximo el formato de trío de Pablo Rodas al bajo (Sex Museum, Los Coronas) y Juli “El lento” como batería (Los lunáticos, Sol Lagarto…).

Sin ni mucho menos desmerecer el fundamental trabajo del bajista para conseguir el cálido sonido que transmite este disco o la sobriedad y eficiencia en lo percusivo la figura del tercer músico debe ser focalizada con un poco más de intensidad como consecuencia de afrontar una tarea hasta ahora inédita en su trayectoria: la faceta de vocalista, una situación que asume sin estridencias logrando un tono adecuado, sin amplia variedad de registros pero adaptándose bien a las notas de cada tema a través de un timbre medio con leves rasgos de agudeza.

Completados dichos antecedentes este disco de limpia producción en los estudios Infinity (Madrid) enseña todas las virtudes de una banda “novel” con sus lecciones bien aprendidas a través de una música de referencias clásicas unidas a un punto de modernidad, diez canciones eminentemente rockeras que pasan por diferentes estados y a las que no haría justicia situar en un lugar o época determinada porque en ellas, además de textos íntimos en lo general (aunque, por ejemplo, “Revolución”, cede un espacio a lo reivindicativo) la composición no suele bajar de lo notable y llevan con soltura los tiempos hacia donde quieren consiguiendo dinamismo dentro de la unidad.

Así pues, y más aún si acercamos la fuente a los oídos, nos encontramos desde el inicial tema bandera hasta cadencias lentas y figuras estrelladas (“Blues 666”), recuerdos al rock de los inicios (“Víbora”), inmediatez (“El animal que llevo dentro”) o in crescendos (“De pie”) y atmósferas (“Agua”) salpicados de detalles en coros, teclados, guitarras, muchos de ellos inapreciables en una primera audición pero que, a posteriori, confirman que los miembros de Fuzz no necesitan ni recordar ni tirar de otros tiempos para empezar a contar hacia delante y llenar el zurrón de nuevas y agradables experiencias.