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“LA DOCTRINA DE LA REINVENCIÓN”

Buff, más segundas y terceras partes muchos años después. Mal va la cosa si tenemos que hacer esto. Como lo importante es la música sólo voy a dedicar estas primeras líneas a por qué no merece la pena denominar a este disco “Land of the free II” (SPV) por mucho tirón comercial que pueda tener, tanto en fans como en medios de comunicación. Como ocurría en el caso de Queensryche o Helloween, los ecos de las obras de referencia (“Operation: Mindcrime”, los dos “Keeper”) datan de hace demasiado tiempo. “Land of the free” fue editado en 1995. Era un momento clave para Kai Hansen porque supuso su retorno a las voces tras la marcha del carismático Ralph Scheepers. El desafío que se le planteaba a Kai era enorme pero supo sacarse de la manga un disco memorable, de lo mejor de la pasada década, lleno de himnos, euro power metal en su máxima expresión de calidad. Por eso no tienen sentido, para mí, estas continuaciones porque, si bien Gamma Ray no se puede catalogar como el colmo de la experimentación e innovación, las circunstancias son completamente distintas y tú mismo te expones a la comparación que, salvo fanatismos exacerbados, siempre va a ser negativa respecto al “original”.

Para empezar, confieso que le he dado muchas más escuchas a “Land of the free II” que a “No world order” o “Majestic”, lo que denota que el disco me ha enganchado, en su conjunto, más que estos. No obstante, esto no quiere decir que estemos ante una obra maestra ni le consideremos lo mejor del año. Gamma Ray han intentado reinventarse mediante una suerte de involución que les hace adoptar diferentes caras, desde la más heavy metal clásico de sus últimas entregas hasta el euro power festivo de “Land of the free” y, fundamentalmente, “Powerplant”, álbum alabado por muchos pero que para mí inició el declive artístico del cuarteto germano.

Es un disco continuista, con contrastes y, sobre todo, repleto de guiños que bien podrían ser calificados como plagios. Hansen siempre ha sido partidario de incluir pasajes de temas que son homenajes a los grandes clásicos del género pero aquí se ha pasado tres pueblos. Sé que a muchos no les importará lo más mínimo e, incluso, les hará gracia pero, para mí, no es tolerable la reiteración de estos trucos para captar la atención del oyente.

“Into the storm” es un inicio prometedor. No tan buena como “Dethroned tyranny” de “No world order” pero sí en esa línea de metal potente con riffs demoledores. Con “From the ashes” nos topamos de lleno con las influencias Maiden que se repiten sistemáticamente en otros cortes. Siendo un tema notable me choca que su estribillo se parezca tanto a lo que hacen Dragonforce, el estilo es clavado. “To mother earth” es una de las canciones para mí más polémicas y desacertadas. Copian descaradamente el puente de “How many tears”, el último corte del “Walls of Jericho” de Helloween, mal hecho. Por lo demás, salvo el solo que es excelente, no es, ni mucho menos, de mis preferidas, demasiado “happy”.

Para no desligarse de “Majestic” y “No world order” también encontramos “Rain” que es otra de las canciones que más me ha gustado por la combinación de las guitarras más modernas y el estribillo típico de Gamma Ray, festivo y para corear. Kai Hansen vocalmente hace un trabajo flojo en “Land of the free II”, probablemente lo peor de su trayectoria. Sus cuerdas vocales no dan para mucho pero el caso es que sin ellas Gamma Ray no serían lo mismo. En este aspecto, “Leaving hell” es una composición diferente en la voz porque Hansen recuerda a una mezcla entre Phil Lynott y Dave Mustaine. Me encantan las estrofas y, una vez más, el solo de guitarra y es que Hejno Richter desarrolla una magnífica labor en todo el disco.

Otro de los cortes más incendiarios y del que se han vertidos ríos de opiniones es “Empress”. He leído de todo, para algunos el más brillante; para otros, lamentable. Con teclados de inspiración “cosaca” y un ritmo que de nuevo nos lleva a algo conocido: Accept y su “Princess of the dawn”. Hasta los coros mayestáticos parecen extraídos de “Balls to the walls” y la forma de puntear en el solo, literalmente igual (ojo, la forma de puntear, que no el solo) que en “Princess”. Aún así, de mis favoritas porque Kai firma la excepción que confirma de la regla y canta muy bien.

Dedico otro apartado especial a “Opportunity” cuyos treinta primeros segundos están inspirados en los temas épicos de Judas en los setenta. Sí, este tipo de influencias son las que me gustan porque no son demasiado evidentes. Sin embargo, la canción avanza, bastante bien por cierto, porque tiene intensidad y fuerza dramática al ser un medio tiempo contenido. ¿Qué sucede? Que llegamos a la parte central y me indigno con un pasaje que no es que sea calcado es que estamos ante una descarada copia del “The rime of the ancient mariner” de Iron Maiden y ya, de paso, le acoplan trozos de “Clairvoyant”. Demencial. Arruina lo que de bueno tiene “Opportunity”.

Entre los temas más potentes y rápidos del disco encontramos “When the world” que empieza de fábula pero que, en mi opinión, se diluye por culpa de un estribillo que encantará a los seguidores irredentos pero que a mí me resulta más de lo mismo y, para eso, me quedo con veinte de sus anteriores trabajos. “Real world” me exaspera por su teclado y, como otras muchas en la trayectoria de Gamma Ray, es derivativa del “I want out” de Helloween en las estrofas pero sin el gancho requerido. Le pasa un poco lo que a “When the world”. Por cierto, ya puestos adivinamos otro homenaje, en esta ocasión a “The sentinel” de Judas Priest que si no tuviera los antecedentes que hemos visto pasaría desapercibido, pero claro… Estamos cerca del cierre y “Hear me calling” es un corte muy de relleno, no me dice absolutamente nada. Me recuerda a los temas más aburridos de “Powerplant”.

Como veis hasta aquí hemos hecho muchas referencias a otros discos de Gamma Ray pero casi ninguna a “Land of the free” y es que parece que los germanos se habían dejado toda la batería de recreaciones de su álbum estrella para la canción que concluye la segunda parte. La estructura de “Insurrection” es la de “Rebellion in dreamland”; la inspiración, obviamente, no. Aun así, “Insurrection” no es una mala composición y crea algunas atmósferas brillantes que certifican que “Land of the free II” es un buen disco, ni más ni menos.

Al estar hablando de una de las formaciones más importantes del metal europeo y de una leyenda para muchos como Kai Hansen se subliman las opiniones. Ni tanto ni tan calvo. Ni es un pufo infumable de un grupo acabado que repite esquemas ni la joya que algunos proclaman, supongo que más por autoconvencimiento que por otra cosa. Yo he disfrutado moderadamente y me ha proporcionado buenos momentos. Con eso me vale y pienso que el esfuerzo de Gamma Ray ha merecido la pena. Eso sí, me parece imperdonable el asunto de los guiños/homenajes/plagios. No creo que lo necesiten.

 

 

 

 

 

 

 

 

Marco-Antonio Romero