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En la carrera
de una banda siempre existen
momentos puntuales que marcan
tu devenir. Si nos ceñimos
a lo estrictamente musical,
Great White dieron el salto
a la fama con la excelente versión
del “Once bitten twice
shy” de Ian Hunter. Esta
canción les catapultó
en las listas de éxitos
pero, a la vez, escondió
una realidad: Los californianos
eran mucho más que el
tema de marras porque hasta
entonces y, sobre todo, después
editaron magníficas obras
que quedaron un tanto oscurecidas
a nivel de grandes audiencias.
En su relación con España,
también tienen un instante
no demasiado afortunado. Me
refiero a su concierto de Madrid
con la utilización descarada
del play back, el escándalo
posterior y doscientas personas
rodeando al promotor pidiendo
la devolución del dinero.
Sin embargo,
y para su desgracia, el nombre
de Great White quedará
para la memoria colectiva por
aquella noche del veinte de
febrero de 2003, en Rhode Island,
donde cien personas murieron
consumidas por el fuego durante
un show del quinteto. En puridad
aquello no era Great White sino
que oficialmente se llamaba
Jack Russell´s Great White.
La formación había
finiquitado su trayectoria la
nochevieja de 2001 con un directo
que luego salió con el
nombre de “Thank you…
and goodnight” pero debido
al afán de su vocalista
por seguir tocando esas canciones,
Mark Kendall y Michael Lardie,
los guitarristas, le permitieron
seguir usando esa coletilla.
La historia
posterior no es menos tumultuosa.
Después de la tragedia
(donde también falleció
Ty Longley, entonces guitarrista),
Russell y “los otros Great
White” organizaron sucesivas
giras para recaudar fondos para
las familias y las víctimas
del incendio pero, a mediados
de 2005, esta actividad se suspendió
porque Jack entró en
un centro de rehabilitación.
Casi contra
pronóstico, aunque los
rumores siempre estaban ahí,
y con la excusa del vigésimo
quinto aniversario de su formación,
Mark Kendall anuncia el regreso
de los auténticos Great
White con Russell, Kendall,
Lardie, Audie Desbrow a la batería
y Sean McNabb al bajo, es decir,
salvo Tony Montana, los clásicos
a los que añadiríamos
a McNabb que ya había
estado en el grupo. Con ese
quinteto de lujo se meten en
el estudio para registrar “Back
to the rhythm”, su primera
obra con temas propios en ocho
años.
Difícil
papeleta tenían porque,
para mí, “Can´t
get there from here” de
1999, era un álbum sobresaliente,
casi lo mejor de su carrera.
Eso sí, mi confianza
era alta, a pesar del parón
compositivo, porque todavía
tengo que escuchar un disco
malo de esta gente. El título
del disco, “Back to the
rhythm”, se refiere a
la canción de apertura
que ya aparecía en el
directo “Thank you…
and goodnight”. “Back
to the rhythm” es un increíble
tema, roquero y con un estribillo
made in Great White. También
en aquél trabajo en vivo
aparecía otro corte aquí
contenido, “Play on”,
una balada, apartado en el cual
este veterano conjunto son auténticos
magos del feeling.
En total hablamos
de once nuevas composiciones
y un bonus track en la edición
europea que es “30 days
in the hole”, una revisión
del clásico de Humble
Pie y que ya hicieron Mr.Big
en su debut. En la edición
americana aparece otra canción
en vez de ésta, “Cold
world”. Un poco en consonancia
con “Can´t get there
from here”, “Back
to the rhythm” se divide
casi al 50% entre temas lentos
y otros más roqueros.
Las más
animadas varían entre
distintas vertientes. Además
del mencionado tema título,
“Here goes my head again”
es parecido a algún corte
de su predecesor tipo “Wooden
Jesus” aunque sin la magnificencia
de éste. Notable canción
que se emparejaría con
la genial “Standin´
on the edge”, de las más
destacadas, y con un cierto
aire a lo “Once bitten
twice shy” en la cadencia
de sus estrofas. Propiamente
hard sólo cabría
mencionar “Take me down”,
con un riff marcado y tal vez
la menos buena del álbum;
el fantástico estribillo
de “Neighborhood”
que domina el resto de la composición;
y “Still hungry”,
no tan rápida pero que
me recuerda horrores a Dokken
(casualmente Don Dokken fue
su mentor y gran amigo) a pesar
de que la ejecución no
es similar.
Si nos circunscribimos
al lado más sensible,
ya comentamos “Play on”
que convive sucesivamente con
“Was it the night?”,
otra marca de la casa por la
atmósfera bluesy tipo
“House of broken love”,
y “I´m alive”
que sufre por su ubicación,
ya que tres baladas consecutivas
es algo excesivo. No es demasiado
típico en Great White
comenzar un lento con teclados
sino con acústicas. En
“How far is heaven?”
ocurre exactamente esto, es
Michael Lardie es que le da
paso a Mark Kendall en esta
maravillosa y emotiva canción
con dobles voces en el estribillo.
Para concluir, “Just yesterday”,
donde unas preciosas acústicas
cobran total protagonismo y
despiden un disco tremendo.
“Back
to the rhythm” responde
a lo que todo fan de Great White
pueda pretender de ellos. Es
un dignísimo sucesor
a “Can´t get there
from here” y conmemora
brillantemente ese cuarto de
siglo lleno de avatares. Ahora
bien, tienen una deuda con el
público español
que debe ser saldada con una
gira europea que pase por nuestro
país. Ojalá esto
suceda porque el patinazo de
antaño quedará
completamente redimido. El Gran
tiburón Blanco ataca
de nuevo.
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