|
Cual carta
o noticia de alguien cuyo paradero
desconocías desde hace
mucho tiempo recibí este
disco. Desde su último
trabajo “Solidify”,
publicado en 1999, las noticias
de Grip Inc habían sido
escasas, sino inexistentes,
por lo que me hacía suponer
la desaparición del grupo.
Sin embargo,
no ha sido así, en palabras
de su guitarrista, fundador
y cerebro, Waldemar Sorychta:
“No había llegado
el momento para un nuevo álbum,
simplemente porque nadie se
moría de ganas por grabarlo.
Si grabar se convierte en una
rutina, entonces carece de todo
sentido”.Así pues,
en el año 2004 volvemos
a tener noticias de los creadores
de The Power of Inner Strength
(1995), Nemesis (1997) y Solidify
(1999) mediante su cuarta entrega
“Incorporated”.
El primer hecho
a reseñar antes de comentar
el sonido del disco es que la
banda a pasado a prescindir
de la figura de una cuarta persona,
en este caso el bajista. Si
en sus dos primeras obras fue
Jason Viebrooks quien asumió
dicha tarea, en su tercera edición
lo hizo Stuart Carruthers. A
día de hoy permanece
el núcleo fundamental
que nunca ha fallado: Dave Lombardo
(batería y percusiones),
Gus Chambers (cantante) y Waldemar
Sorychta, que aparte de las
guitarras y los teclados se
ha encargado, asimismo, de componer
los temas, la ingeniería
de sonido y la producción
de este disco.
Los once temas
grabados durante verano de 2003
en los Woodhouse Studios muestran
a los Grip Inc más tradicionales
en el sentido de mantener sus
poderosos riffs de guitarra
y la aplastante base rítmica
que supone el trabajo del también
batería de Slayer, con
el pequeño pero de que
en algunos momentos la batería
no suena muy natural, sino algo
empastada. Junto a ello el uso
de guitarras acústicas
o españolas en determinados
temas sigue igual de presente
que lo estuvo en “Solidify”,
los solos de guitarra encima
de un sonido arrasador también,
o la particular voz rasgada
de Gus Chambers, atreviéndose
con algunas cosas nuevas. Quienes
ya conocieran al conjunto saben
lo que este va a depararles.
Sin seguir
modas, ni apuntarse a ningún
carro, como decimos, su sonido
típico sigue ahí,
lo cual no supone que este álbum
no incorpore detalles inexistentes
en los anteriores. Los comienzos
de los temas marcan muchos de
ellos: el sencillo uso de la
electrónica, aparte de
los teclados, en “The
answer” o “Prophecy”,
la base rítmica de “Enemy
mind” junto a las guitarras
españolas (mexicana podríamos
decir) o, siguiendo con lo internacional,
otro inicio de sonidos orientales
en “Skin Trade”.
Y junto a esto
el uso de orquestaciones o instrumentos
clásicos de cuerda (
(Built) to resist, Privilege
y The Man with No Insides) y
la variedad de coros y voces
que apoyan a Chambers, que pasan
por voces femeninas en algún
caso a otras más roncas
y agresivas. Por último,
la falta de un tema instrumental,
basado en la percusión,
que existía en 1995 y
1999, y que daba pie al lucimiento
de Lombardo.
Detalles, todos
ellos, fáciles de llevar
y agradables, por lo que siempre
supone descubrir al grupo atreviéndose
con cosas nuevas sin perder
su particular sonido, ese que
te hace mover la cabeza hasta
temer descoyuntarte y que, como
señala el propio Sorychta,
propicia que el grupo “no
pueda esperar para salir a tocar
de nuevo”. Nosotros tampoco. |



|