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El blues de
la segunda película dirigida
por Benito Zambrano no tiene
nada que ver con la tristeza,
ni tampoco evoca sentimientos
melancólicos ni a la
margen derecha del río
Mississippi. La excelente cinta
del director sevillano no es
una mirada nostálgica
de La Habana (Cuba) sino más
bien todo lo contrario ya que
retrata un mundo real, joven,
alegre y vital que convive en
un contexto opresor, decadente
y oscuro. El concepto de viejo
blues arrastrado por el fango
evocado en la película,
con conexiones explícitas
en su excelente banda sonora
ya que ambas están unidas
por un sólido cordón
umbilical, casa directamente
con el elemento emocional y
musical que sostiene el intenso
drama que retratan los personajes.
“Habana
Blues” cuenta la historia
de dos jóvenes músicos
que se conocen desde pequeños:
Ruy (Alberto Yoel García)
y Tito (Roberto Álvarez).
Mientras se preparan para su
primer gran concierto, donde
se presentarán como dúo,
aparece Marta (Marta Calvo),
una productora musical española
buscadora de talentos. De ahí
en adelante Ruy y Tito intentarán
conquistar a la mujer que puede
“arreglarles” la
vida.
Cuba es una
isla, musicalmente, en constante
ebullición y esta banda
sonora fija su mirada en músicos
más cercanos a la trova
aunque marcadamente influenciados
por el rock, el reggae y por
la música africana y
brasileña. “Habana
Blues” es una excelente
prueba documental de una generación
que absorbe todo y es capaz
de fusionarlo con sus referentes
para llevarlo a nuevos territorios.
En el último lustro en
la Isla se ha consolidado el
hip hop y el rock duro como
nuevas y agresivas formas de
expresión directa. Bandas
y solistas que manejan otro
modo de plantearse la música,
en un mundo desconocido y exageradamente
underground, copan las inquietudes
de los jóvenes cubanos.
La banda sonora de “Habana
Blues” no nos remite a
la cultura musical oficial que
está en su televisión
ni al perfil más exportable
de la Isla ya que el disco propone
descarado y sutil rock caribeño
con fuerte ascendente percusivo.
Benito Zambrano
formó en Madrid, con
la idea de articular la banda
sonora de la película
como motor narrativo, un equipo
de trabajo con José Luis
Garrido, productor español;
la discográfica que edita
el disco, Dro East West, y tres
músicos cubanos, entre
los que se encuentra X Alfonso,
excelente instrumentista que
por su quehacer le evocaba al
director a Ruy, uno de los dos
protagonistas de su película.
Él ha compuesto e interpretado
gran parte de la música
ya que X Alfonso es la voz de
Ruy cantando en pantalla. Otros
destacados intérpretes,
como Kelvis Ochoa, William Vivanco,
Rolando Berrío y Descemer
Bueno, entregaron sus creaciones
para generar un abanico musical
diverso.
X Alfonso ha
escrito nueve composiciones,
bajo la denominación
de la banda Habana Blues, que
evocan a enérgico y avispado
rock callejero para un disco
que tiene vida por si mismo
independientemente de que hayas
visto la película. Destacables
resultan “Cansado”,
“Lagrimas Tatuadas”,
“Habana Blues” y
“Habaneando”, mostrando
a esa Cuba oculta que pocos
saben (y quieren) ver. En La
Habana el equipo de dirección
de la película hizo una
selección entre varias
bandas y eligieron a Tribal,
Porno para Ricardo, Escape,
Cuba libre, Free Hole Negro
y Tierra verde para ilustrar
todo el movimiento de subsuelo
que en la Isla fluye. Con todos
ellos se ha plasmado un heterogéneo
documental pues muestran una
música cubana actual,
rica y, sobre todo, muy diferente
entre si, pero siempre musical,
incluso cuando se habla ya que
el sentido del ritmo esta en
sus venas. El death metal abrasivo
y primario de Escape interpretando
“Rebelión”
evoca una conexión inédita
de Cuba, tanto en su presencia
en pantalla como en el disco,
mientras Tierra Verde, por poner
un par de ejemplos de la diversidad
oculta, evocan a Jamaica y al
ascendente africano para aderezarlo
todo con sabor en un canto de
paz y desesperanza.
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