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“S/T” (AUTOPRODUCIDO)

Resulta sorprendente cómo aquellos productos hechos desde el amor que se siente por algo siempre suelen infinitamente superiores a otros manufacturados de forma casi industrial. Inoquo es un grupo de Gerona cuyo debut ha conseguido el objetivo que, sin duda, muestran sus canciones: producir sensaciones en el oyente. Todo lo que rodea al disco está cuidado al detalle. Desde la sencilla pero efectiva portada hasta el trabajado libreto que tiene como núcleo central el cómic “Lazos de metal”, de Ferrán Agut, que se corresponde con una de las tres partes en las que se divide el álbum.

Inoquo tienen ese punto de trasmitir emociones que no todas las bandas poseen. Musicalmente considero que se emparentarían con esa nueva ornada de formaciones nacionales que, en mi opinión, han aportado muchísima frescura al panorama español. Me refiero a Eco, Neomenia, Avalanch en la lejanía. No obstante, quizá mi subconsciente me traicione o tal vez su procedencia les delate, pero el cuarteto recoge el testigo de sus paisanos, mis adorados Aspid en la etapa con Joanjo Bosch. Obviamente, Aspid eran más cañeros, incluso en esa época, pero existen semejanzas y curiosidades como, por ejemplo, las dos parejas de hermanos, los Garrigós y aquí, en Inoquo, Santi (guitarra) y Joan Farrés (baterista), si bien en el disco este instrumento lo grabó Marco di Fausto. Con todo, señalar que la variedad es la marca registrada de estos catalanes. En el álbum nos aguardan multitud de influencias, desde el pop rock hasta el metal potente, pasando por el hard moderno y hasta algún aroma progresivo y psicodélico.

Las catorce composiciones que encontramos tienen una cadencia no excesivamente rápida pero sí son muy intensas, oscuras y llenas de matices, esto último en particular gracias a la increíble labor de Santi con las guitarras dibujando melodías, riffs y arpegios magníficos. Esto no desmerece nada la labor del resto de miembros porque la sección rítmica sirve de perfecto apoyo a las guitarras e Iván, el vocalista, siendo deudor del mencionado Joanjo Bosch, posee un timbre muy peculiar que aporta dramatismo y melancolía en muchas de las canciones. Todo esto culmina con una producción del ex Loquillo y los Trogloditas, Ricard Puigdomènech, fantástica para ser un disco que, seguro, se grabó con escasos medios económicos. El tratamiento que da al conjunto es justo el que necesitaba un grupo como Inoquo que, para mí, han sido capaces de encontrar su estilo y aunarlo con una producción adecuada, asunto difícil siempre. Me parece importantísimo esto porque con un sonido más limpio o, por el contrario, crudo estoy convencido de que el resultado no hubiera sido el mismo.

Independientemente de que el disco esté estructurado en tres partes, estilísticamente no existe diferencia entre ellas. Comienza de forma muy dinámica con dos buenos temas como “Horizontespiral” y “Dulces sueños”, el primero más guitarrero, el segundo con una notable melodía, gran puente y un estribillo que, personalmente, me tiene atrapado. Además, en “Dulces sueños” oímos unos teclados de fondo que encajan perfectamente al final del estribillo. “Partícula” posee un aire a rock moderno, es de esas canciones que parece que no tiene nada especial pero que transmite mucho. Además, si no me equivoco, podemos escuchar la voz de un ex presidente del gobierno hablando en inglés, que ríete tú del difunto Jesús Gil.

Un llanto de bebé abre la segunda parte, “Lazos de metal”, con un corte más oscuro, “Germen de lo absurdo”, que gana enteros por las voces dobladas en el coro. Quizá a esta canción podría habérselo sacado algo más de partido porque rápidamente se enlaza con “Clan”, de las más movidas, acertadas y brillantes. Dentro de que las letras están bastante curradas, “Clan” me resulta de las más inspiradas, tanto como texto en sí como en su relación con la música. El lado pop del disco, que también lo hay, llega en “Más allá”, que sin ser de mis preferidas, sirve para romper la dinámica del álbum.

Dentro de una obra sobresaliente, si he de escoger mi segmento favorito, éste se iniciaría con la introspectiva “Sola”, que mezcla melancolía y densidad, un tema que mejora sustancialmente en sucesivas escuchas y con un cambio de ritmo que casi homenajea a “Since I´ve been lovin´ you” de Led Zeppelin. Otra lenta, pero encarada de manera distinta a “Sola”, es “Ser o no ser” que, en principio, parece más accesible pero genera una atmósfera entre psicodélica y progresiva casi hipnótica. Sin embargo, y aun siendo brillantes estas dos composiciones, me quedo sin palabras para describir “Desierto”. Increíble canción, muy original, con un in crescendo maravilloso en el estribillo donde Iván es el que comanda las operaciones y ofrece su mejor interpretación. Tal vez por el efecto “Desierto”, “Revelacción” pasa un tanto desapercibida porque es más estándar lo cual no implica que sea mala. Algo similar sucede con “Día rojo”, que cierra “Lazos de metal”, aunque musicalmente es más brillante con lo que se eleva sobre su predecesora.

El final del disco me resulta un tanto más típico, algo que se adivina desde “Revelacción”. “Infuzzio” es un notable tema en el que se nota que Iván tiene margen de mejora con el falsete (aplicable también a “In somnio”). Eso sí, el cambio de ritmo, muy logrado y efectivo. Precisamente el estribillo de “In somnio” me recuerda horrores a algo que ya he oído pero en unos parámetros muy distintos. De nuevo, aquí encontramos un gran trabajo de Santi. Para cerrar, la canción más inmediata del debut de Inoquo, “Reality show”, corte que te mantiene en tensión por su ritmo acelerado, el órgano de fondo y los solos entre las estrofas. Una excepcional forma de terminar el disco.

Además de algunas pinceladas que hemos sugerido en la reseña, me gustaría también mencionar otros aspectos que pueden ser peligrosos en el futuro del grupo. Sinceramente, reitero que han encontrado su estilo por lo que estoy convencido de que una evolución equivocada (tanto a más cañero como una dulcificación de su propuesta) podría perjudicarles aunque si con dos años de existencia han sido capaces de esto, me creo cualquier cosa. Asimismo, les falta un tema rompedor e impactante. La gente como yo que hemos caído en su embrujo no tenemos problemas pero para captar, con una primera aproximación, nuevos fans un tema como “Desierto” (la nombro por ser mi favorito) no es lo idóneo. No obstante, ojalá sean estos todos los “males” de Inoquo de aquí en adelante. Eso significaría que han conseguido lo que merecen, el reconocimiento y una compañía que se preocupe de editarles el disco para que el público sepa el potencial de esta magnífica banda.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marco-Antonio Romero