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LA BROMA NEGRA

“DESDE LAS ENTRAÑAS”

Aún recuerdo como si fuera ayer la primera vez que vi a La Broma Negra. Creo que era un concierto de Ñu en el que ejercieron de teloneros y me impresionaron por la personalidad que derrochaban, en particular Carlos Caballero, su vocalista, un tipo con unos registros profundos y evocadores, para mi gusto, lo que de artificial tiene Bunbury, Caballero era el contraste por su actitud. Aun sin gozar de gran sonido aquella noche me sirvió como prueba para adquirir su debut, “Lívbido”, para mí una de esas joyas escondidas de la música española (y, por qué no, internacional). Temas cañeros, guitarras poderosas a medio camino entre el rock nacional y el hard, textos excepcionales y, sobre todo, canciones, grandes canciones, en especial la tríada formada por “Adiós a los lobos rojos”, “María” y “El ciego” (aunque me cuesta dejar fuera a la genial “Amén”) se encuentra en mi panteón personal de clásicos que habré escuchado infinidad de ocasiones.

Le tengo tanto aprecio a “Lívbido” que su siguiente entrega, “Desnudo el cazador”, queda un poco oscurecida aun siendo un buen disco con cortes notables como “Anoche tuve un sueño” o “El abismo”. Sin embargo, como tantas veces ocurre, la falta de éxito consecuencia del escaso apoyo que recibieron les hizo desvanecerse y, finalmente, separarse a pesar de que tenían un tercer álbum casi preparado. Una docena de años después, Carlos y Alex, miembros originales, junto al bajista Andrés de la Fuente y el baterista Ramón Baux, regresan con un nuevo trabajo, “Envenenador de manzanas”.

Sinceramente me supuso una enorme, y por qué no decirlo, grata sorpresa encontrarme con un disco de los madrileños entre las promos a reseñar. No obstante, confesaré que aunque sea mi subconsciente, éste sale a la luz porque en mi interior esperaba un “Lívbido 2ª parte” y, evidentemente, ha pasado demasiado tiempo y las composiciones de La Broma Negra, aun manteniendo la esencia de grupo, son muy distintas. “Envenenador de manzanas” es un álbum más pausado y orientado al pop rock con guitarras y profusión de teclados, quizá la novedad principal. Para un metalero, como es mi caso, se hace más complicada la escucha porque se aleja del estilo que más me agrada pero eso no lo infravalora porque el material es de calidad.

Sobre todo la primera parte del disco es francamente buena. Aunque la inicial “He tocado el cielo” no me guste demasiado, la cañera “La belleza de los demás” nos muestra a La Broma Negra en su esplendor, con Carlos Caballero como maestro de ceremonias. El vocalista, al no ser tan agresivo como antaño, brilla de verdad en canciones como la preciosa “Cenicienta” o una evocadora “Nieto de maestro de escuela”.

Tras este gran comienzo, “Envenenador de manzanas” baja un poco el nivel. “Sagrado corazón” no me dice nada y “Enlutado caballero español” es extraña, original y con estrofas muy superiores al estribillo, similar impresión en “Pablo Ruiz Picasso”. Recuperan la brillantez en la increíble “Balas para matar el tiempo” con una letra magnífica. Los loops y arreglos de teclado del tema título me ponen un poco nervioso pero reitero que es más un problema personal es un tema que me recuerda a su pasado aunque ignoro si utilizan composiciones de lo que iba a ser su tercer disco en esta entrega. No obstante, sin duda, la que más refleja el sonido clásico de La Broma Negra es “Un ángel marcado” y por eso si me tuviera que quedar con una, sería este corte, por fin, guitarrero. Y eso que el final no me convence con el medio tiempo “Me vas a hacer llorar” y la calmada “Fantasma”, con unos oscuros teclados.

La Broma Negra han vuelto y es una gran noticia para los que les seguimos en el pasado. No pude ir a verlos en noviembre pero seguro que tendré oportunidades en los próximos meses de presenciar una descarga de estos madrileños. Mientras tanto, ahí está “Envenenador de manzanas” para redimirles y redimirnos de disgustos e incomprensiones del ayer. Un buen trabajo aunque siga prefiriendo sus dos primeras obras que, por cierto, podéis escuchar en su página web.