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LILLIAN AXE

“LOS SENDEROS DEL AYER”

¿Qué demonios hace este grupo en un reportaje y no en reseñas? Quizá alguien se lo pregunte porque Lillian Axe no es un nombre recordado ni típico. A lo sumo, los más versados lo asociarán con una “hair band” de segunda división… ¡Y una mierda! Ahí quería yo llegar. Sé que no está bien utilizar expresiones malsonantes y ésa no va dirigida a nadie en concreto sino, en general, a todos aquellos que contribuyeron a que la formación de Nueva Orleáns fuera calificada con ese apelativo. Bien es verdad que ellos tampoco hicieron mucho por quitarse esa etiqueta porque, a finales de los ochenta, era la única manera de alcanzar el éxito pero Lillian Axe han sido, son y serán algo más.

Puedo aceptar que muchos de los grupos que amo (Poison, Warrant, L.A. Guns…) sean en buena medida atávicos, es decir, asociados a un período concreto y que actualmente su música sólo sea seguida por los que adoramos ese estilo de hard rock desenfadado y fiestero. Ya se sabe: “Have a good time all the time”. Sin embargo, con Lillian Axe me sucedió una cosa extraña. En los años dorados de Seattle y el mal llamado grunge, sin parecerse en nada, sí que veía su sonido más adaptable.

Comenzaron de una forma más convencional con su debut pero en su seminal “Love + war” ya se apuntaron ramalazos de grupo distinto a los demás. Salvo “Show a little love” y “Diana” no existen grandes hits de radio fórmula sino temas excelsos con un aire más melancólico y oscuro como “Ghost of winter”, “Fool´s paradise” o “The world stopped turning”. En “Love + war” se quedaron en el filo de despuntar y con su sucesor, el genial “Poetic justice”, no encontraron la llave que abría la puerta de la popularidad a pesar de canciones que, en mi opinión, sobrepasan lo emocionante y rozan lo sublime.
“Psychoschizophrenia”, un año más tarde, en 1993, fue el principio del fin. De calidad inferior a sus predecesores (que no mala, ni mucho menos), su imagen y su propuesta habían quedado atrás si bien reitero que tampoco se alejaba tanto de la realidad existente. Como tantos otros, separación en silencio y búsqueda de nuevos proyectos, en especial su guitarrista y líder, Steve Blaze, que formó Near Life Experience, una buena banda distante de la parámetros de Lillian Axe.

No obstante, la escisión no resultó traumática. Blaze y Ron Taylor, el cantante, siguieron en contacto y como consecuencia de la edición de “Fields of yesterday” en 1999, una colección de temas inéditos, parece que se reavivó el interés en Lillian Axe y juntos reflotaron la máquina para ofrecer unas cuantas actuaciones que quedaron plasmadas en el fantástico doble directo “Live 2002”. Aún así, Taylor estaba en otras cosas y no pudo continuar con la actividad del grupo que pensaba grabar un disco.

En esta tesitura nos adentramos en 2007 para toparnos de lleno con “Silent waters”, el primer trabajo en estudio de Lillian Axe en casi tres lustros. Existían muchísimas claves a desvelar porque es demasiado tiempo como para pensar ingenuamente que nos íbamos a encontrar con un “Love + war part 2” o algo así. Para no hacer de esto una tesis doctoral de tercera generación, resumiremos en tres las dudas a plantear.

¿Han acertado con el cantante escogido? Todo depende de cómo se mire. Yo albergaba resquemor porque Ron Taylor posee un registro muy personal y peculiar. Miedo me daba escuchar a Derrick Lefevre pero una vez comprobado cómo se las gasta este hombre, he de confesar que si no lo sé de antemano, me creo a pies juntillas que el vocalista es Ron Taylor. El timbre es calcado, muy similar y, lo más importante, sin ser un vulgar imitador porque, seamos claros, se puede imitar, por ejemplo, a Bruce Dickinson, Rob Halford o Mick Jagger pero a Ron Taylor je, je… ¡Prueba superada y bravo por Lefevre!

¿Cómo se presentan Lillian Axe en 2007? Esta igualdad es muy sencilla: Lillian Axe=Steve Blaze. Punto final. ¿Qué significa esto? Que los doce temas que contiene “Silent waters” son fruto de la experiencia acumulada por el guitarrista. Esto supone que este álbum tenga casi tanto de Near Life Experience como de los Lillian Axe clásicos. Es un sonido bastante moderno pero, en cierta forma, es algo que se apuntó ya en “Psychpschizophrenia”. La diferencia es que han pasado catorce años desde entonces y tal vez alguno no vea esa evolución tan natural. No obstante, en muchos aspectos (salvo en el toque festivo) sí que podemos rememorar pasajes del pasado en “Silent waters”.

Falta lo más importante. ¿Qué tal están las nuevas canciones? Hay de todo pero se puede afirmar con rotundidad que el nivel es medio alto. El disco se desarrolla siempre en un espectro de hard rock pero con una base más de los noventa. En concreto, hay tres temas que, lo reconozco, no me gustan. Son “Antarctica”, lenta y pesada, muy similar a lo que hacía Blaze en Near Life Experience; “Quarantine”, que a pesar de ofrecernos un buen estribillo se me hace aburrida; y la instrumental “5”, que se podía encontrar en el myspace de Steve y que hace que apague el álbum antes de terminar.

El resto, bastante bien. “Silent waters” se abre con un riff potente y una excelentes melodías vocales en “Waters rising”. “Became a monster” es un corte que ya aparecía tanto en “Field of yesterday” como en “Live 2002” y que más se acerca a lo anterior. Una notable composición aunque mi parte preferida del disco está en el centro cuando llegan los medios tiempos y las baladas. “I have to die goodbye” comienza con acústicas y percusión pero en forma de in crescendo deriva en un riff potente y brillante. Las estrofas de “Fear of time” sacan lo mejor de otro tiempo, los Lillian Axe que adoro se manifiestan en toda su expresión y un bridge psicodélico deja paso a un genial coro en la más pura tradición de los de Luisiana. En “Until the end of the world” quien más luce es Lefevre con unas magníficas melodías vocales y el lento “Fields of yesterday” está bien pero no llega a la altura de las anteriores.

El segmento final de la obra es más moderno y oscuro pero no decae en valía porque “Thirst” nos regala el mejor bridge – estribillo del disco. Por el contrario, en “The 2nd of may” resuenan los ecos de Alice In Chains y necesita varias escuchas para valorarla en su justa medida, algo que también se podría extrapolar al conjunto de la obra. Para acabar “Deep in the black” (aunque el álbum cierra con “5”, ya reseñada), un corte que comienza con teclados y combina diferentes pasajes de una manera interesante.

Me atrevo a asegurar que si bien “Silent waters” no es una entrega que me llene al 100%, sí que es un trabajo sólido y bien elaborado. Probablemente el que espere un rendez vous del pasado se lleve una decepción pero ya en su primera etapa Lillian Axe eran bastante inconformistas y no escatimaron experimentar con sus canciones. Lo que es seguro es que Lillian Axe han compuesto un conjunto de temas sinceros y acordes con cómo Steve Blaze ve la banda en el siglo XXI, algo que desde aquí aplaudimos.