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“The Blackening” (Roadrunner)

¡Quién me iba a decir a mí a estas alturas, casi tres lustros y seis discos después, que iba a afirmar rotundamente que me flipa el nuevo álbum de Machine Head! Mira que lo había intentado veces pero nada, ni tan siquiera con los seminales “Burn my eyes” o “The more things change…”. Únicamente canciones sueltas como “Old”, “Ten ton hammer” o el himno “Davidian” me parecían acordes con su, en mi opinión, sobrevalorada trayectoria. No sé si la vuelta del dúo de guitarras de Vio-Lence, Robb Flynn y Phil Demmel, ha tenido algo que ver pero el caso es que “The blackening” es un excepcional “back to the roots” sin perder los toques de modernidad que siempre han caracterizado a los californianos.

Otro dato que casi me ruboriza es la media de los temas. La mitad oscilan entre cinco y seis minutos, pero el resto sobrepasa los nueve, y lo que es más grande, no aburren, por lo menos a mí. Alguno dirá que parece una colección de riffs sin demasiado sentido pero considero que los cambios de ritmo están más que bien metidos. Si hubiera algo que reprochar a Machine Head sería su “renovada” pasión por Metallica y que el amigo Flynn parece que nunca aprenderá a cantar normal o melódico. Respecto a lo segundo nada que objetar; con relación a lo primero, qué queréis que os diga, no le falta razón a quien afirma el acercamiento de “The blackening” a “Master of puppets” pero, al fin y al cabo, eso es Bay Area thrash metal que es de donde provienen los miembros de la banda. A lo mejor alguien esperaba que sonasen a Vio-Lence, pero sin la voz de Sean Killian eso es imposible.

Las acústicas de “Clenching the fists of dissent” dan inicio al apocalipsis. Diez minutos de liturgia thrash de los noventa mezclada con melodías más propias de las bandas de death de Gotemburgo. Bestial. “Beautiful morning” es la más corta del disco pero no rompe la tónica de contundencia. Si hubiera que elegir un solo corte, me quedaría con “Aesthetics of hate”. En la línea de la anterior, la parte final es increíblemente intensa. Para poner la pausa, el medio tiempo “Now I lay thee down”. Aquí vendría la discusión sobre la voz melódica de Flynn. Reconozco que no me suena “normal” pero tiene algo que me engancha.

“Slanderous” comienza con una intro que desemboca en una composición heredera de los Pantera de “Vulgar display of power”. Con “Halo” afrontamos las canciones más larga, a excepción de la primera, y lo hacemos con unas melodías de guitarra brillantes cortesía de Phil Demmel. “Wolves” es otro cañonazo thrash de la vieja escuela pero adaptado al siglo XXI y para concluir “A farewell to arms” posee diversos pasajes lentos desarrollados de una manera emotiva pero, a la vez, cruda.

Cuando me anticiparon que “The blackening” me iba a gustar no hice mucho caso. Ya había salido escaldado en múltiples ocasiones con este grupo. Sin embargo, más dura será la caída porque pienso que estamos ante un disco de esos que permanecerán en la memoria colectiva del metal cuando en diciembre se haga recopilación de las mejores ediciones del ejercicio. Totalmente recomendado.