Principal / Planeta Sonoro / Reportajes / Mastodon

MASTODON

“EL ARTE DE LA REINVENCIÓN”

Independientemente de que sus discos me gusten más o menos, siempre voy a tener un respeto casi reverencial por Mastodon. En primer lugar porque en un mundo en el que parece que todo está inventado ellos han sabido sacar de dónde no había y lograr facturar obras originales sin recurrir a los experimentos raros o a los “matrimonios de conveniencia” con otros estilos (rap metal, industrial rock, etc.). Un segundo motivo es la reinvención que han llevado a cabo. Ninguna entrega del cuarteto de Georgia se parece a la anterior y todas ofrecen cosas distintas e innovadoras. No sé cómo lo hacen pero siempre consiguen sorprendernos. La tercera, y última, razón es que en directo son una apisonadora. Salvo Neil Peart de Rush, no recuerdo haberme quedado tan impresionado con un baterista como con Brann Dailor. El resto de componentes no le anda a la zaga porque es una máquina de demolición perfectamente engrasada. Sea en un pequeño club como Caracol o en un escenario importante tipo Festimad, Mastodon me han impresionado.

Su popularidad ha subido como la espuma desde la edición del genial “Leviathan”, tanto que no han podido resistirse a los cantos de sirena de las multinacionales. Finalmente, Warner se llevó el gato al agua aunque la distribución y promoción europea se hace en cooperación con su anterior sello, Relapse. Así como otros grupos no me extraña que hayan fichado por las grandes discográficas (por ejemplo, como el metalcore está de moda tanto Lamb Of God como Shadows Fall se dejaron seducir), esperaba expectante cuál sería el siguiente paso a dar por una banda tan poco convencional como Mastodon. Reconozco que las dudas me asaltaban porque “Leviathan” pues el listón tan alto que me parecía inigualable y es que canciones como “I am Ahab” o “Megalodon” han pasado a formar parte del “bestiario” particular de muchos seguidores del metal actual.

Las cuestiones planteadas previas al contacto con “Blood mountain” quedaron ratificadas. En una escucha inicial, me decepcionó muchísimo porque en nada se asemejaba a sus predecesores. Es cierto que el “groove” y el toque característico sigue ahí pero los Mastodon de 2006 adolecían del vigor y la fuerza de quienes grabaron “Remission”. Sin embargo, los de Atlanta son uno de esos combos con los que no debes precipitarte sino en un ejercicio de paciencia, darles unas cuantas oportunidades a sus trabajos hasta formarte una opinión válida. Dicho y hecho. Cuantas más rotaciones en mi equipo le concedía más me enganchaba a “Blood mountain”. Por supuesto que se han vuelto a reinventar, sólo hace falta adentrarte en su propuesta.

Podemos afirmar que los aspectos más emotivos y melancólicos han cobrado un mayor protagonismo. Esta nueva obra no es tan cañera como antaño pero a su favor señalar que no han perdido un ápice de epicidad. “The wolf is loose” es la elegida para abrir “Blood mountain” y ya, desde el comienzo, nos presenta a su activo principal, Brann Dailor con una sección de batería genial. Si bien el tema se inicia con el estilo clásico de Mastodon mezclando hardcore y stoner, los sucesivos cambios de ritmo nos anticipan otra modalidad que han buscado explotar, el progresivo, siempre desde su peculiar perspectiva. “Cristal skull” es una de las fundamentales. Su riff ultradenso te corta la respiración hasta llegar al pasaje tranquilo que posee una melodía de guitarra memorable. Estos aires pausados continúan en el arranque de la setentera “The sleeping giant” en donde adivinamos otra de las mejoras del álbum, los solos. Tanto Brent Hinds como Billi Kelliher han hecho una labor excelente en este aspecto.

“Capillarian crest” ahonda en el espíritu de los setenta, aquí rememoran a uno de sus héroes, King Crimson, con atmósferas psicodélicas a medio tiempo y voces limpias que evocan al malogrado Layne Staley de Alice In Chains. En “Circle of Cysquatch” no andan tan inspirados pero eso en Mastodon significa una buena canción, en este caso heredera de los Kyuss más pasados de vueltas. La locura total se desata en “Bladecatcher”, una estructura paranoica que me hace preguntarme cómo algunos grandes medios de comunicación pueden ser tan snob de alabar esto y declararse fans incondicionales. Para mí, Mastodon son unos genios pero de ahí a que sean idolatrados por los periodistas más “reputados” y “serios” del mundillo, dista un abismo. Con “Colony of birchmen” volvemos a unas melodías algo más normales, melancólicas, alteradas por el notable riff de despedida. La sensación de estar ante los King Crimson del siglo XXI regresa en la magnífica “Hunters in the sky”, todo un ejercicio vocal a cargo de Brent y Troy Sanders. Por cierto, que no se me olvide decir que echo de menos las voces de Troy en sus primeras obras, eran más crudas aunque no tan trabajadas, obviamente.

Llegamos, quizá, a la cúspide del disco, “Hand of stone”, paradigma de tema adictivo sin necesidad de entregarse a la comercialidad. Precisamente, lo más cercano a esto sería “This mortal soil”, una balada “camuflada” por las inflexiones de voz que va ganando ritmo gracias a pasajes de guitarra sobresalientes. “Siberian divide” retoma la senda de lo oscuro y lo violento, una composición muy intensa que prepara el territorio para la final “Pendolous skin”, a mitad de camino entre “Joseph Merrick” (el tema que cerraba “Leviathan”) y “Epitaph” (otra vez King Crimson a colación), aunque se hace un poco larga y las últimas voces casi parecen cantadas por un borracho.

En conclusión, “Blood mountain” es otro pedazo de disco. En mi modesta opinión no supera a “Leviathan” pero tampoco le hace falta. Estos “nuevos” (como en cada una de sus obras) Mastodon son bastante más complejos, psicodélicos y añaden una pizca de épica a sus canciones. Por el contrario, han bajado la caña y la intensidad alejándose, en alguna ocasión, demasiado del metal. En cualquier caso, no se han dejado influenciar por el “hype” que hay alrededor suyo lo cual hace que el mérito sea doble, si cabe. Imprescindible.