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Diez segundos,
empieza el dolor, veinte segundos,
no puedes respirar, treinta
segundos… estallas. La
descripción promocional
de “Scanners”, un
recordado film de David Cronenberg,
parecía anticipar hace
más de veinte años
las sensaciones que transmite
“Humanaut”, el corte
inaugural del tercer disco de
Mnemic. No sólo ahí
podríamos sacar similitudes.
¿Por qué? “Passenger”
es otra obra maestra de ciencia
ficción… desde
la perspectiva del metal contemporáneo.
Con “Mechanical
Spin Phenomena” y “The
Audio Injected Soul” Mainly
Neurotic Energy Modifying Instant
Creation (Mnemic) ya avisaron
de sus capacidades, y con “Passenger”
vuelven a reafirmarlas, mediante
más crudeza aún,
si cabe, presentando nuevo vocalista
y superando la segunda marcha
de un cantante, Tony Jelencovich,
algo que se nos antoja complicado
en un grupo de la complejidad
y capacidad que debe exigir
la formación mayoritariamente
danesa. El sustituto, Guillaume
Bideau, cumple más que
con creces. Sin conocer sus
anteriores trabajos con Scarve
el músico francés
entra dándole una patada
a la puerta con todas sus ganas
saliendo vencedor tanto en los
momentos brutales (hay arrebatos
impresionantes) como en las
voces claras o cualquier otra
modulación que se requiera
ya que obra sin fallos en sea
cual sea la situación
por la cual transcurra su garganta
de personal sonido.
La unión
de los once temas que componen
su nueva creación es
equiparable a un vuelo en F-16
sin seguridad alguna. Aquí
no hay azafatas que vayan a
darnos la bienvenida, todo va
sin rodeos, superando la velocidad
del sonido y siendo, casi más,
un objeto volador no identificado
tanto por tratarse de un hecho
increíble como de seguir
trayectorias que un aparato
normal de vuelo no podría
trazar. Piruetas, cabriolas
y estructuras diferentes a plena
potencia que, a priori, a algunos
podrán despistar o parecerles
incomprensibles, pero que toman
forma definitiva y sentido porque
los nórdicos entran por
recodos en donde casi nadie
repara, cada canción
sufre metamorfosis y se convulsiona,
pasa por varios estadios dentro
de un concepto de metal moderno
en donde los sonidos electrónicos
también aparecen (menos
que en anteriores entregas)
para dotar de cuerpo o con múltiples
gradaciones a composiciones
como, por ejemplo, “In
the nothingness black”,
“Meaningless”, “Pigfuck”,
“Electric ID Hipocrisy”,
“What´s left”
o “The eye on your back”,
bajo la lírica introspectiva
y reflexiva sobre el ser humano
y la gran producción
conjunta de Christian Olde Wolbers
actual guitarrista, antes bajista,
de Fear Factory), Warren Riker
y Tue Madsen.
Hasta la colaboración
de Shane Embury (Napalm Death)
y Jeff Walker (ex – Carcass)
en “Psykorgasm”
pasa desapercibida por la estela
que deja un grupo que, si existe
justicia, debería ser
empuje (y en el futuro recuerdo)
de la evolución de este
estilo musical en el momento
que vivimos. Y permanecer en
el imaginario como en el cine
lo ha hecho el momento cuando
Darryl Revok (Michael Ironside)
hace explotar la testa del conferenciante
que duda de sus poderes telepáticos.
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