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Que un grupo
como Primal Fear fiche por el
sello de la música melódica
por excelencia, Frontiers, es
una apuesta arriesgada por ambos
bandos. Seguramente más
de uno se imaginó que
Ralf, Mats y compañía
abrazarían los sonidos
menos metaleros y sí
más accesibles, un poco
en la línea de lo que
Sinner hicieron en su momento
con el genial “Dangerous
charm” o el desafortunadísimo
“No more alibis”.
Nada más
lejos de la realidad pero, sin
embargo, “New religion”
nos ofrece una visión
de Primal Fear bastante diferente
a la que estamos acostumbrados,
al menos esa impresión
me ha dejado el disco. Lo que
intentaron apuntar, a su manera,
y para mí de forma frustrante,
en “Black sun” o
“Seven seals”, es
decir, una tendencia al cambio,
aquí se consolida en
base a la variedad, aunque no
siempre aciertan porque, por
supuesto, hemos de comenzar
hablando del dueto que se marca
Scheepers con Simone Simons
de Epica en “Everytime
it rains”. A mí
no me parece mal el evolucionar
pero es una canción que
sobra. No entro en si es buena
o mala (que individualmente
no me desagrada), pero eso de
sonar a Evanescence o Within
Temptation a estas alturas no
me cuadra.
Una vez superado
este “trauma”, creo
que todos los que reseñemos
el disco coincidiremos en que
el habitual acercamiento (¿clonación?)
a Judas de los germanos se produce
desde otra perspectiva, la de
Halford en solitario, a medio
camino entre “Resurrection”
y “Crucible”. Esto
supone una producción
potente y bajar la tonalidad
de las guitarras, tanto que
les acercan a unos Dreamevil
o Firewind, esto es, sonido
de los Fredman Studios. Personalmente,
es algo que me gusta. Además,
tanto Stefan Leibing como el
retornado Henny Wolter hacen
un buen trabajo a las seis cuerdas.
Aun declarándome gran
fan del huido o expulsado Tom
Naumann creo que en Primal Fear
estaba muy por debajo de las
prestaciones que daba en Sinner.
El conjunto
de la obra se puede dividir
entre los temas con una estructura
típica de los teutones,
sea el magnífico inicio
“Sign of fear”,
“New religion”,
la poderosa “Blood on
your hands” que posee
el mejor riff del disco o “Too
much time”, deudora de
“Nuclear fire” y
que, personalmente, me chifla;
y aquellas composiciones que
lavan la cara a la propuesta
del grupo pero no le hacen perder
el rumbo. Me refiero a la magnífica
“Face the emptiness”,
quizá la mejor del álbum,
“Fighting the darkness”,
un tema largo y moderno que
no termina de convencerme, o
la final “The man (I don´t
know)”, medio tiempo donde
Ralf utiliza registros más
suaves y no tan agudos en una
faceta pocas veces observada
en el carismático vocalista.
He de reconocer
que “New religion”,
al menos, ha recobrado mi interés
en Primal Fear. Aunque su debut
y “Nuclear fire”
me gustan mucho, el resto de
su trayectoria me parecía
tediosa, salvo temas puntuales.
Sin embargo, esta entrega logra
atraparme en sucesivas escuchas
sin tener sensación de
hastío. No es un álbum
excepcional pero sí un
trabajo sólido, con momentos
brillantes. El camino a seguir.
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