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“Snakes
& Arrows” revela a
una banda que sigue siendo vanguardista
en cada paso dado pero además
es que muestra a tres genios
relajados que de nuevo saben
disfrutar de la vida y del arte.
Trabajar para celebrar el trigésimo
cumpleaños de la banda
y grabar
“Feedback” supuso
literalmente, según hemos
leído en entrevistas
recientes, que el trió
descubriera otra vez el profundo
placer de escribir nuevas canciones.
Las trágicas
perdidas personales a principios
del milenio del baterista Neil
Peart dañaron seria y
lógicamente la línea
de flotación anímica
de Rush (“Vapor Trails”
del año 2002 es reflejo
de ese estado). Buscando la
catarsis colectiva y positivista
Peart se desmarca en “Snakes
& Arrows” no solo
con catorce lecciones magistrales
de percusión y con mil
detalles en sus baterías
sino además acierta de
lleno con unos textos intensos,
sinceros y evocadores que dejan
huella mientras se tararean
(no hay más que leer
atentamente “Armor and
Sword” para contextualizar
emocionalmente lo comentado).
La calidez del timbre de la
voz del bajista y teclista Geddy
Lee atesora todo el sabor y
magia conocida en los buenos
caldos. Resultan destacables
varios detalles en este terreno
como por ejemplo que Lee muestra
algunas métricas inusuales
a la hora de resolver líneas
de texto. Creo a estas alturas
que no resulta exagerado, recordando
además el heterogéneo
y espectacular desarrollo de
las guitarras de Alex Lifeson,
afirmar que los canadienses,
coqueteando con el otro lado
del caos, han firmado el disco
más completo y sobresaliente
de su última década.
La moderna
y eficaz producción del
trío mano a mano con
Nick Raskulinecz (ingeniero
habitual en postulados más
cercanos al pop-rock semiguitarrero)
es la guinda perfecta para tan
magna obra dado que el sonido
de Rush hoy se caracteriza por
su nitidez y rugosidad, por
el calor y la potencia que habita
en el núcleo de sus creaciones.
“Snakes & Arrows”
posee dos inquietantes instrumentales
pero creo es de ley destacar
en negrita “The Main Monkey
Bussiness” por su concepción
entre futurista y clásica
pero también por el sobresaliente
desarrollo individual del trió
navegando con presteza y elegancia
entre diferentes e inquietos
ejes de narración. Esta
composición, como punta
de lanza del resto del vigesimosegundo
álbum de Rush, puede
aguantar el paso del tiempo
(y los caprichosos designios
las tendencias) con la misma
firmeza y eternidad que las
rocas sufren el constante romper
de olas en la Costa de la Muerte.
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