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“LA EVOLUCIÓN DESQUICIADA”

Mis amigos de Sonata Arctica han aprendido en estos dos últimos años una palabra que no estaba en su diccionario: Riesgo. Lo que pasa es que se la han creído tanto que ha ido derivando hacia otro concepto de naturaleza parecida pero efectos distintos: Temeridad. Este pequeño juego de lógica creo que sirve de introducción para comentar el nuevo trabajo de los ya no tan muchachos de Kemi.

Los Sonata a los que todos estábamos acostumbrados, esto es, melodías happy propias de su país, cabalgadas europower, estribillos para canturrear hasta en la ducha y demás, han quedado atrás. Estos chicos han decidido madurar y ¿cómo lo han hecho? Dejando a la mayoría de sus seguidores profundamente decepcionados y pensando que su grupo favorito ha perdido el rumbo en alguna tormenta como la que ilustraba “Reckoning night”. Para los que no nos sentimos atrapados por su música (salvo en el excelente y ya lejano “Ecliptica”) el morbo de esa teórica evolución nos incitaba a correr y escuchar qué se había pasado por las neuronas habitualmente bañadas en vodka de Tony Kakko y compañía.

El paso al metal progresivo que se nos vendía hay que decir que no es tal. Tres cambios de ritmo y un par de atmósferas sincopadas no son suficientes. Lo que sí es chocante es la casi total ausencia de estribillos “felices” y tarareables. A veces, hasta se confunden con las estrofas. El ambiente que se respira o la filosofía de “Unia” es radicalmente opuesta. Este álbum se podría calificar de oscuro y hasta melancólico (hablo de parámetros Sonata Arctica, entiéndase).

Con todos estos ingredientes, el cóctel debería ser sabroso para los que buscaran algo distinto y, sin embargo, no lo es. ¿Por qué? Básicamente, todo suena deslabazado. Una escucha global del disco hace que encuentres multitud de defectos compositivos. Se notan las ganas de ofrecer otra cosa pero el resultado carece de un asentamiento general Parece que esté construido de retales lo que implica que te vayas quedando con pequeños aspectos de cada tema.

Así, podríamos decir que el comienzo con “In black and white” supone descubrir a un Kakko con dos registros diferentes entre unas guitarras que dibujan riffs cortados no habituales en el grupo. “Paid in full” es de las que más entroncan con su pasado en donde los teclados son protagonistas, algo que sucede a lo largo de “Unia”. La melancolía de “For the sake of revenge” hace que se erija como una de mis favoritas aunque la canción tampoco sea muy allá.

Con “It won´t fade” las aguas parecen volver a su cauce aunque es solo un espejismo temporal que se diluye con la balada atmosférica y acústica, “Under your tree”, que pasa completamente desapercibida. “Caleb” es, tal vez, el solitario acercamiento al progresivo pero se queda en nada. Dentro de este intento de ser originales, “The vice” se lleva la palma, es interesante el juego de voces y las subidas y bajadas que se marcan. Detrás del nada sugerente título de “My dream´s but a drop of fuel for a nightmare” se ejemplifica lo que quería decir de que “Unia” suena deslabazado. Un trozo de la canción es brillante pero no tiene nada que ver con el resto, son estructuras diferentes que no casan.

En el último tercio del álbum, la cosa va degenerando porque “The harvest” abunda en esas múltiples melodías vocales; “The worlds forgotten; the words forbidden” es un medio tiempo con un final muy raro y “Fly with the black swan” mezcla el riff más potente con unas guitarras acústicas. Para concluir, la balada “Good enough in good enough”, tema típico de cierre de un trabajo nada predecible.

Al principio, lo acogí con agrado porque me impactó esa vocación de cambio pero, en sucesivas escuchas, he ido fijándome en que Sonata Arctica probablemente hayan contentado a muy pocos con “Unia”.Hombre, supongo que los más irredentos pensarán que estamos ante otra obra maestra pero esos no cuentan. Yo sigo tan alejado como antes sólo que ahora estoy al 100% convencido de que “Ecliptica” les salió de casualidad.