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Jamás
hubiera pensado que alguien
iba a tener una voz tan clavada
a Lizzy Borden y lo más
grande es que seguro que no
lo ha hecho a propósito.
Me refiero al amigo Dino Brentali,
vocalista de Soul Takers, formación
transalpina liderada por las
hermanas Badalini, Francisca
y Federica, que en sus ratos
de ocio se dedican a esto del
heavy metal cuando poseen estudios
clásicos y son pianistas
profesionales. En serio, sigo
sorprendido con Dino porque
imprime un dramatismo a sus
interpretaciones y utiliza un
timbre agudo similar al autor
de álbumes tan notables
como “Visual lies”
o “Master of disguise”.
Una vez superado
el shock inicial al escuchar
“Flies in a Jar”,
intentamos adentrarnos en la
propuesta de esta semidesconocida
banda milanesa que con “Flies
in a jar” lanzar su segunda
obra al mercado. El hecho de
que las hermanas Badalini sean
pianistas marca tanto que termina
por ser la tumba de un más
que loable intento de buen disco.
¿Por qué? Muy
sencillo. El piano ocupa un
protagonismo tal que deja al
resto de instrumentos en meros
acompañantes. Quizá
en batería y bajo pueda
ser tolerable pero si hablamos
de heavy metal las guitarras
deben tener mucha mayor preponderancia
que en esta obra. Es tan exagerada
esta situación que no
es hasta el cuarto corte, “Staring
eyes”, donde nos topamos
con el primer solo de guitarra.
Hasta ese momento, el piano
campa a sus anchas por canciones
brillantes como la apertura
“Heaven´s pillars”,
“Icon” y su notable
parte central, o “Belied”
con un pasaje de piano y voz
que casi podría ser evocador
de Brendan Perry en los Dead
Can Dance de “Within the
realm of a dying sun”.
La compañía de
violines realza esta percepción.
La traba fundamental
es que esto, en pequeñas
dosis, aporta al conjunto pero
si el todo es exactamente igual
termina resultando cansino.
Tus preferidas serán
siempre las dos o tres primeras
canciones que oigas de ellos.
Además, el abuso del
piano y los medios tiempos invitan
a creerte que no es algo progresivo,
como así se definen,
sino más gothic metal,
no típico, pero gótico
al fin y al cabo. Únicamente
cuando se atisba algo distinto
como en la atmosférica
y melancólica “Thin
walls” o el dueto con
voz femenina de “The silent
empire” la temperatura
sube algún grado.
Creo sinceramente
que Soul Takers tenían
mimbres más que suficientes
para elaborar un mejor cesto
pero el empecinamiento en realzar
el piano les hace perderse en
modelo musical que, teóricamente,
es metal pero en la práctica
no puedes llegar a adivinar
qué es lo que esconde.
Un disco confuso.
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